Avalanchas: peligros y consejos

Qué es un alud, por qué se producen, recomendaciones de seguridad y qué hacer en caso de avalancha

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Alud de nieve polvo en las montañas del Himalaya, en Nepal.
Alud de nieve polvo en Nepal - Foto de Guillem Casanova para @Off Trail Academy

La nieve es un gran atractivo para los amantes de la montaña y de los deportes de invierno, pero el peligro de avalanchas obliga a extremar las precauciones. Ya sea para practicar esquí de montaña, esquí de fondo, raquetas de nieve o cualquier otra actividad, es importante que estés bien informado y que sigas las recomendaciones de los expertos para evitar riesgos y saber cómo actuar en caso de alud

Para saber más sobre las avalanchas, hemos hablado con Jon Apodaka Saratxo, geólogo especialista en riesgos geológicos y nivología y, actualmente, investigador asociado en Andorra RI (Andorra Investigación + Innovación) y en la UdA (Universidad de Andorra).

¿Qué son las avalanchas?

Según la EAWS (European Avalanche Warning Services), una avalancha es una masa de nieve que se desplaza pendiente abajo rápidamente y que normalmente arrastra un volumen superior a 100 m³ por una longitud mínima de 50 m. Los aludes también pueden arrastrar otros materiales, como piedras o vegetación.

Las dimensiones, las características y la velocidad a la que se desplazan los aludes son variables y determinan su grado de peligrosidad.

¿Qué tipos de aludes hay?

Existen varias clasificaciones en el momento de determinar los tipos de aludes. La más habitual es la clasificación de las avalanchas en función del grado de cohesión de la nieve, distinguiendo tres tipos:

  • Alud de placa
  • Alud de nieve polvo
  • Alud de fusión

La EAWS explica que:

El alud de placa se produce por una “fractura brusca de una placa de nieve en una ladera de la montaña”. La placa se desliza por encima de las capas débiles del manto.

Fractura en la nieve tras un alud de placa.
Fractura en la nieve tras un alud de placa - Foto de Jon Apodaka (arRISKeus)

El alud de nieve polvo “es constituido por nieve reciente seca que forma una mezcla de aire y nieve que se eleva en forma de grandes nubes de nieve”. Alcanzan velocidades de entre 100 y 300 km/h.

El alud de fusión “está formado por nieve húmeda”. Aunque la velocidad es menor que la de los aludes de nieve seca y el recorrido total suele ser más corto, “el impacto sobre los obstáculos suele ser mayor debido a la alta densidad de la nieve húmeda”.

Además, Jon Apodaka nos explica otros dos tipos de avalanchas que debemos conocer:

  • Alud de hielo o por caída de seracs (bloques de hielo): rotura de hielo en zonas inclinadas de los glaciares. Algunos aludes de hielo evolucionan a aludes de nieve polvo.
  • Alud de fondo: tipo de avalancha que erosiona el suelo y arrastra tierra y detritus. Se dan a menudo en primavera.
Rastros de un alud de fondo desencadenado en los Alpes suizos.
Alud de fondo en los Alpes suizos - Foto de @jaspionsky

¿Por qué se producen las avalanchas?

Las avalanchas se producen cuando un manto de nieve situado en pendiente (por lo general de entre 28 y 45 grados) se desprende.

Jon nos cuenta que su origen puede ser:

  • Natural: Ocurren de manera espontánea, sin la intervención de un agente externo.
  • Accidental: Por una sobrecarga adicional sobre el manto, como puede ser el paso de un esquiador, de una persona que practica snowboard, de un animal o de una máquina.
  • Artificial: Provocadas, por ejemplo, con explosivos para mitigar el riesgo de aludes.

Se estima que más del 90% de accidentes producidos por avalanchas son causados por los mismos implicados.

Para que los amantes de la montaña invernal puedan evaluar los riesgos, es necesario conocer las situaciones propicias que producen las avalanchas. Jon Apodaka nos habla de los cinco problemas típicos de aludes definidos por la European Avalanche Warning Services:

  • Nieve reciente
  • Nieve venteada
  • Capas débiles persistentes
  • Nieve húmeda
  • Deslizamientos basales
Los iconos de los problemas típicos de aludes definidos por la European Avalanche Warning Services.
Iconos de los problemas típicos de aludes de la EAWS.

Tal y como clarifica la misma EAWS:

Los problemas por nieve reciente son causados por la nieve recién caída, tanto por la sobrecarga que esta puede realizar en un manto ya existente como por la falta de cohesión entre sus partículas. Generalmente, estos problemas se pueden dar durante la nevada o los días posteriores.

Las avalanchas generadas por nieve venteada se producen por la acumulación de nieve transportada por el viento sobre otras capas débiles. Las avalanchas se pueden desencadenar durante una ventisca o incluso pasados unos días.

Los aludes debidos a capas débiles persistentes se producen cuando se sobrecarga un manto viejo que tiene capas frágiles. Este peligro puede persistir durante semanas, meses o toda la temporada invernal.

Los problemas por nieve húmeda aparecen por la debilitación del manto debido a la lluvia o a la fusión por la subida de las temperaturas. Se debe tener precaución tanto durante estos hechos meteorológicos como en los días posteriores. 

Los deslizamientos basales son un peligro provocado por un manto grueso homogéneo o con pocas capas y que puede deslizarse sobre un suelo resbaladizo, como superficies herbosas o roca lisa. Este problema puede persistir durante días, meses o toda la temporada.

Fractura tras un deslizamiento basal sobre una superficie herbosa.
Fractura tras un deslizamiento basal sobre una superficie herbosa - Foto de Jon Apodaka (arRISKeus)

Cuando el manto nival se encuentra muy estable de forma generalizada se da la conocida como situación favorable. Cabe tener presente que el peligro cero no existe.

¿Qué peligros comportan los aludes?

Para acotar el grado de peligro de los aludes, existe la Escala Europea de Peligro de Aludes, una escala de cinco niveles donde el peligro varía en función del grado de estabilidad del manto nivoso y de la probabilidad de desencadenamiento, que tiene en cuenta el tamaño del potencial alud y el número de laderas en que pueden desencadenarse.

Leyenda de los iconos de la Escala Europea de Peligro de Aludes, con sus cinco niveles distintos.
Iconos de la Escala Europea de Peligro de Aludes.

En la Escala Europea de Peligro de Aludes, el grado de peligro 1 corresponde a un nivel de peligro bajo, mientras que el grado de peligro 5 significa un nivel de peligro muy fuerte.

Además de la europea, existen otras escalas, como por ejemplo la Escala Norteamericana de Peligro de Aludes, que es muy similar y también tiene cinco grados de peligro. Ambas utilizan los mismos iconos.

Si nos fijamos en los daños humanos, según recoge la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología de España), una persona arrastrada o enterrada por una avalancha principalmente puede sufrir congelaciones e hipotermia, traumatismos múltiples y asfixia. En los casos más catastróficos se produce la pérdida de vidas, frecuentemente de esquiadores fuera de pistas.

Jon Apodaka indica que el punto de inflexión en el tiempo de supervivencia de una víctima que ha quedado totalmente enterrada por un alud se sitúa en 18 minutos y añade que “estadísticamente, sabemos que la probabilidad de supervivencia a partir de estos poco más de 15 minutos disminuye de forma abrupta”. Por este motivo destaca la importancia de tener conocimientos de rescate y un entrenamiento específico: “En una situación de este tipo, de cada minuto ganado puede depender una vida.”

“En un rescate por un alud de nieve, de cada minuto ganado puede depender una vida”

Según Jon, “por aludes accidentales, en los Alpes se supera la centena de fallecidos la mayoría de temporadas; en Estados Unidos la media durante los últimos años ronda los 30; en Canadá las 10 personas, y en el conjunto de España, Andorra y el Pirineo francés la media de los últimos 20 años es de 3,5 fallecidos por temporada”. Además, también cita Chile, Argentina, India, Japón y Nueva Zelanda como algunos de los países donde se producen anualmente avalanchas accidentales con fatales consecuencias.

Consejos de seguridad ante aludes

Para hacer actividades de montaña en invierno con seguridad, la información y la formación son fundamentales: “Hay que conocer los mecanismos de toma de decisiones en base a la observación y el análisis de las condiciones del terreno y del grupo.” Además, durante la salida “es importante mantener una comunicación metódica entre todos los miembros, tener buenos hábitos de circulación, llevar y saber utilizar el material de autorrescate y no hacer excepciones a la hora de aplicar este protocolo.”

Equipo de seguridad para avalanchas

En caso de producirse un alud, el equipo de seguridad puede ser determinante. Se compone, como nos cuenta Apodaka, de cuatro elementos esenciales:

  • ARVA (Aparato de Rescate de Víctimas de Avalancha), también conocido como DVA (Detector de Víctimas de Aludes)
  • Pala
  • Sonda
  • Casco

Jon Apodaka con un ARVA, una pala y una sonda en sus manos.
Jon Apodaka con un ARVA, una pala y una sonda en sus manos - Foto de Jon Apodaka (arRISKeus)

En cuanto al casco, nos dice que “hay que tener en cuenta que en España, Andorra y los Pirineos de Francia el mayor factor de mortalidad en víctimas por aludes es el politraumatismo, por lo que tener la cabeza protegida es muy importante”.

Además, Jon señala que “existen en el mercado dos opciones que aumentarán la probabilidad de supervivencia en el caso de ser atrapados: las mochilas de tipo airbag y el Avalung, que es un aparato respirador para sepultamientos por aludes”.

El equipo de seguridad para avalanchas: ARVA, pala, sonda, casco, mochila tipo airbag y Avalung.
Equipo de seguridad para avalanchas: ARVA, pala, sonda, casco, mochila tipo airbag y Avalung.

Como es habitual en la práctica de actividades en la montaña, también es necesario llevar otros elementos de seguridad como un botiquín y una manta térmica, así como bebida y comida suficientes.

Prevención e información

Antes de empezar una ruta de montaña invernal, nos recuerda Apodaka que tenemos que informarnos sobre las condiciones meteorológicas y de la nieve, sobre las características del terreno y sobre el grupo que va a participar. De forma general, también se recomienda no ir solo, informar a terceros del itinerario previsto y evitar las horas de más calor. 

Jon nos comenta que “las condiciones de la nieve las podemos conocer consultado el BPA (Boletín de Peligro de Aludes) de la zona”. Además, añade que, a poder ser, debemos tratar de obtener más información hablando con los lugareños, los pisters o los guías locales. Por otro lado, la información del terreno la podemos obtener consultando la cartografía disponible, guías, croquis o reseñas. Tener conocimientos previos del lugar nos facilitará mucho las cosas.

En cuanto a la evaluación del grupo, recalca que “en toda ruta tenemos que añadir el análisis del factor humano, que incluye las características físicas, psicológicas y sociales de las personas que participarán en la actividad, el material del que disponen, su formación y su experiencia”.

Recomendaciones durante el itinerario

Una vez equipados, formados e informados, y ya durante nuestra ruta, tenemos que mantener una buena comunicación entre el grupo y trazar siempre por el lugar más seguro, exponiéndonos lo mínimo posible al peligro. Jon nos explica que “en todo momento tenemos que pensar en las consecuencias y reevaluar las decisiones, buscando, si es necesario, alternativas al peligro”.

Esquiadora de montaña siguiendo las trazas de su compañero para ascender por la ladera de una montaña.
Esquiadora de montaña siguiendo las trazas de su compañero - Foto de @jorgegdihinx

Para evaluar las condiciones de la nieve podemos hacer algunos de los muchos tests in situ rápidos que existen (como el del bastón, cizalla de mano, doble traza, vuelta maría o de la ladera) o más elaborados (como el de la columna extendida, compresión o el Rutschblock), pero “para ello hay que tener formación y saber interpretar los resultados”.

Durante el itinerario, tenemos que tener claras cuáles son las señales de aviso de que se desencadene un posible alud. Las cinco señales que todo el mundo tendría que conocer según Apodaka son:

  • Aludes recientes
  • Whumpfs (sonido hueco producido cuando una capa débil colapsa bajo una placa) y fisuras
  • Acumulaciones recientes de nieve venteada (cornisas, dunas, erosión…)
  • Espesor de la nieve reciente (más de 30 cm, generalmente)
  • Fusión brusca por aumento de temperaturas o lluvia

En caso de que detectemos un peligro real de avalancha en la posición en la que estamos o en la que tenemos que cruzar, recomienda “retroceder y evitar exponernos”. Y añade: “No hay que quitarse la mochila, que al fin y al cabo nos protegerá, nos dará más volumen para permanecer en superficie y en ella tendremos el material de autorrescate.” En su opinión, también debemos evitar quitarnos los esquís “para no enterrarnos a mayor profundidad y así alcanzar a sobrecargar alguna capa débil que desencadene el alud”.

Desde la Agencia Estatal de Meteorología de España, además, aconsejan aumentar la distancia entre los miembros del grupo para que solo uno se encuentre en zona peligrosa, observarse mutuamente entre todos, pararse solo en zonas seguras y desplazarse con suavidad para evitar giros bruscos o caídas.

Cornisa de nieve, una formación de nieve que sobresale de la cresta de una montaña.
Las cornisas son propensas a colapsar y provocar avalanchas - Foto de @Paolo Coccia

Qué hacer durante y después de una avalancha

Si a pesar de la prevención nos sorprende un alud, es importante “intentar mantener la calma, realizar movimientos natatorios para tratar de permanecer en la superficie del flujo y, en el momento en que la nieve se paraliza, intentar hacerse una cámara de aire alrededor de la cara”.

Una vez se detenga la avalancha, si estamos sepultados debemos “intentar estar relajados para consumir el menor oxígeno posible y exhalar menos aire, con la confianza de que pronto nuestros compañeros nos rescatarán”. Apodaka añade que no podremos saber dónde está la superficie y advierte que solamente podremos salir solos si se trata de un alud de tamaño 1 (alud pequeño) y de nieve muy seca.

“Si estamos sepultados por un alud es importante estar relajados para consumir poco oxígeno y confiar en nuestros compañeros”

¿Cuál es el protocolo de rescate?

Si la avalancha no nos ha afectado a nosotros, Jon Apodaka nos explica por pasos cómo hacer un rescate organizado: “Hay que detenerse (en un lugar seguro) y en escasos segundos pensar y planificar la actuación. Primero se debe escoger un líder que determine el área de búsqueda y el protocolo a seguir. En esta primera fase también es necesario llamar a los servicios de emergencia para activar los equipos de rescate profesionales y, si en el lugar del accidente no hay cobertura, algún miembro del grupo debe ir a buscar señal, ya que es muy importante activar la cadena de socorro.” En la mayoría de países del mundo, los servicios de emergencia responden al 112 (utilizado en Europa y algunas partes de Asia) o al 911 (establecido en algunos países de América).

Prosigue: “El siguiente paso será poner todos los DVA de los rescatadores en modo de búsqueda y apagar los teléfonos móviles y materiales electrónicos (como los GPS) para evitar interferencias de señal. Después, se buscarán indicios que puedan indicar dónde se encuentra la víctima hasta encontrar la primera señal del dispositivo enterrado. Esta fase se tiene que realizar con la mayor velocidad posible. A continuación, habrá que seguir las indicaciones del DVA y finalmente, de forma cuidadosa, hacer la búsqueda fina.”

Equipo rescate tras un alud.
Protocolo de rescate tras un alud - Foto de Jon Apodaka (arRISKeus)

Una vez se haya encontrado la localización exacta de la víctima, “se da inicio al sondeo y se finaliza con el paleo, la fase del rescate en la que más tiempo perdemos. El paleo finalizará cuando las vías respiratorias estén completamente despejadas y esté todo el cuerpo desenterrado”.

A partir de aquí hay que asistir a la víctima con los primeros auxilios, adaptados a si está consciente, o no, y a si respira, o no. Apodaka recomienda protegerla de la hipotermia, buscar la presencia de posibles hemorragias y manejar a la víctima como a un politraumatizado.

Ya finalizando la entrevista, Jon nos da un último consejo de seguridad en la montaña: “Sé cauteloso, no sobreestimes tus conocimientos ni dejes espacio a la incertidumbre. Es necesario ser humilde y conservador para poder perdurar en el tiempo en un terreno tan hostil y desafiante como lo es la montaña invernal.”

“Sé cauteloso, humilde y conservador, no sobreestimes tus conocimientos, ni dejes espacio a la incertidumbre en la montaña invernal”