“Un chimpancé me salvó la vida”

Entrevista a Rebeca Atencia, veterinaria que protege chimpancés en África junto al Instituto Jane Goodall

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Rebeca Atencia en un río de la selva junto a Koungoulou, un chimpancé que está apoyado en un árbol.
Rebeca Atencia junto a Koungoulou - Foto de Fernando Turmo

La veterinaria Rebeca Atencia nació en Galicia (España). Desde 2004 está centrada en la protección de los chimpancés en el Congo donde, actualmente, es directora ejecutiva del Instituto Jane Goodall (organización sin ánimo de lucro con la que trabaja desde hace 16 años) y directora del Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga. Ha recibido el Premio Nacional 2019-2020 de la Sociedad Geográfica Española y fue nominada por la revista Newsweek como una de las 20 mujeres que inspirarán a las próximas generaciones. Para ella estar con un chimpancé es como estar con un humano y ha dedicado casi toda su vida a intentar recuperar la especie y proteger su hábitat.

Pregunta. ¿Siempre quisiste ser veterinaria?

Respuesta. Cuando tenía ocho o nueve años me dije “quiero pasar el resto de mi vida con animales”. Y pensé que siendo veterinaria podría ayudarles cuando estuvieran enfermos. El referente que tuve fue un guardabosques que salvó muchos animales después de un incendio cerca de mi casa. Cuando eres tan pequeño y ves algo así, te impacta.

P. En 2004 fuiste a África a reintroducir chimpancés.

R. Lo que tenía claro es que yo quería proteger animales salvajes. Desde el primer año de mis estudios de veterinaria me vinculé con algunos proyectos relacionados con África y con animales salvajes, y estuve en el zoo de Madrid haciendo prácticas. Quería formarme en todos los ámbitos que pudieran abrirme puertas, para que cuando hubiese una oportunidad, tuviese conocimientos. Para mí la vida es como una partida de ajedrez: cuando juegas vas dejando jugadas pendientes y, si hay la oportunidad, mueves.

P. ¡Y la oportunidad llegó!

R. Buscaba algún proyecto donde se hiciese reintroducción de chimpancés, y el único en el mundo era Help Congo. Fue cuestión de contactar con la veterinaria española Carmen Vidal, y ahorrar dinero para poder ir a África a verla. Y como yo ya tenía experiencia con chimpancés en cautividad y con animales salvajes, me ofrecieron trabajar para ellos todo el año dirigiendo el centro de recuperación. Digamos que hay que tener suerte, pero la suerte no aparece de repente, la suerte se busca.

Lib, una cría de chimpancé, trasladada a hombros por Luci.
Lib trasladada a hombros por Luci - Foto de Fernando Turmo

P. ¿Cómo diste el salto al Instituto Jane Goodall?

R. Cuando fui a trabajar con Help Congo me llevé mi microscopio, lo primero que compré cuando empecé a ganar un poco de dinero, y al llegar al aeropuerto bloquearon la maleta porque les pareció raro que llevara esto. La directora en ese momento me decía, “pero ¿por qué lo has traído?, ¡si ya tenemos!”. Pero al final lo pudimos sacar del aeropuerto y nos permitió diagnosticar un montón de cosas, porque los que ya había allí eran malos o estaban estropeados. Esto fue lo que me dio más credibilidad. Entonces, la directora misma fue la que me recomendó cuando el Instituto Jane Goodall estaba buscando alternativas para el centro de Tchimpounga.

P. ¿Y cómo fue tu primer encuentro con Jane?

R. La primera vez que la vi, yo estaba en el Triángulo, la zona de la selva del Parque Nacional de Conkouati-Douli en la que trabajábamos con Help Congo, y ella vino a ver el proyecto de reintroducción. Jane no estaba acostumbrada a trabajar con chimpancés reintroducidos, y cuando quiso ir al baño, me preguntó: “¿Qué hago si me encuentro a un chimpancé?”. Y yo pensé: “¡Jane Goodall me está preguntando a mí qué tiene que hacer si se encuentra a un chimpancé!”. Después Jane me contó que le sorprendió verme allí dirigiendo un equipo de congoleños, todos muy fuertes y vestidos de militar.

El chimpancé Mpili Nitu subido a un árbol mirando firmemente a la cámara de fotos.
Mpili Nitu subido a un árbol - Foto de Fernando Turmo

P. ¿Trabajar para Jane Goodall cambió mucho tu día a día?

R. Sí, porque en ese momento yo estaba siguiendo chimpancés reintroducidos en mitad de la selva. Los seguía cara a cara. Aprendí botánica para asegurarme que sabía lo que comían, aprendí su idioma o cosas que parecen básicas como utilizar una brújula para guiarme. Ellos me aceptaron en el grupo y fue todo muy intenso y bonito. Te entra un amor muy fuerte por la tierra, por la naturaleza y te sientes integrado a ella. Pero te das cuenta de que eres muy frágil y es duro porque estás con un grupo de gente y a veces faltan cosas, y tienes luchas por cuestiones básicas como el agua, el fuego o la comida. Cuando pasé a trabajar con Jane Goodall, ella tenía un centro de recuperación en el que los chimpancés estaban en zonas de selva con vallado, más como un safari en Europa o como un zoo grande. Allí aprendí mucho de construcción para hacer mejores instalaciones. Me sentí más cómoda porque era más parecido a lo que había hecho antes de ir a África.

“Los chimpancés llegan con un trauma psicológico muy fuerte porque han perdido a sus familias”

P. ¿Cómo es la rehabilitación y reintegración de estos primates?

R. Llegan con un trauma psicológico muy fuerte porque han perdido a sus familias y han sido testigos de violencia. Tienen una trauma tan fuerte que les puedes dar todos los medicamentos que quieras, que si no les das amor y cariño se mueren, porque han perdido su espacio de confort. Hay que pensar que un chimpancé es como un humano, tarda muchos años en ser adulto, y tienen que aprender a desplazarse, a detectar una serpiente, a comer… Después buscamos instalaciones grandes en la selva donde pueden estar con otros chimpancés. Nuestra idea con el grupo con el que estamos trabajando ahora es reintroducirlo entero (todo el grupo) y que se puedan proteger entre ellos.

Rebeca Atencia mientras recibe un cariñoso abrazo de Zanaga.
Rebeca Atencia recibe un abrazo de Zanaga - Foto de Fernando Turmo

P. ¿En qué más se parecen a los humanos?

R. Tienen comportamientos muy similares y tienen las mismas necesidades que tenemos nosotros. El humano es muy social, necesita tener una vida social rica para ser feliz, y el chimpancé también. Les hacemos estudios de personalidad y estudios psicológicos para poder determinar si están felices y qué quieren.

P. ¿Y qué quieren los chimpancés?

R. Una cosa que he aprendido en Congo es que cada individuo es diferente y la selva no es para todo el mundo. Cuando llegué, para mí la selva era la libertad, pero luego me di cuenta de que no es el paraíso que imaginamos, es muy peligrosa. Hay chimpancés salvajes, elefantes, gorilas, cocodrilos, serpientes, la comida la tienes que encontrar… Hay chimpancés que prefieren estar en grupos más pequeños, en una instalación de 30 hectáreas donde reciben comida todos los días, otros prefieren estar en una isla… Cada uno tiene una elección diferente de su espacio de confort.

“Estar con un chimpancé es como estar con un ser humano. La única diferencia es que no habla como un humano”

P. ¿Cuánto ADN compartimos con ellos?

R. Alrededor del 99%. Mi experiencia personal es que estar con un chimpancé es como estar con un ser humano. La única diferencia es que no habla como un humano.

P. ¿Cómo es su lenguaje?

R. Es gestual, de gestos con la cara, con movimientos de las manos y del cuerpo. No vocalizan como nosotros. Y nosotros somos capaces de hablar del pasado y de cosas que no existen, mientras que ellos se comunican por cosas del momento. Te avisan si viene una serpiente: “uuuh uuuh”, y con la mirada. Pero no suelen comunicarse con humanos. Conmigo sí, porque estoy en mitad de la selva con ellos, me conocen desde pequeñitos y saben que si me hacen algún gesto yo les voy a responder, yo les copio.

P. ¿Puedes expresar mensajes que entiendan?

R. Claro, cosas muy básicas como “aquí hay comida”, o un peligro, “ven conmigo” o “perdona”. La reconciliación es importantísima, porque a veces, como veterinaria, tengo que anestesiarles, y para anestesiarles les tengo que pinchar y se enfadan. Y yo les pido perdón y me perdonan. Si no les pido perdón, luego pueden hacerme daño.

“No me podía imaginar que un chimpancé se enfrentaría a los suyos para defenderme. Me salvó la vida”

P. Tu vínculo con ellos es tan fuerte que uno de tus hijos se llama Kutu en honor a un chimpancé.

R. En una circunstancia en la que yo pensaba que no iba a sobrevivir, que iba a morir sola en mitad de la selva, con chimpancés atacándome, Kutu me defendió. Y fue algo que me impactó mucho, no me podía imaginar que un chimpancé se enfrentaría a los suyos para defenderme. Me salvó la vida.

Al frente de la imagen, Wounda y Kiminu, dos chimpancés que están sentados en el suelo de la selva. Al fondo, Hope junto al cuidador Chris, quien está recogiendo datos de comportamiento de los chimpancés.
Wounda y Kiminu sentados en el suelo de la selva - Foto de Fernando Turmo

P. ¿Qué has aprendido de ellos después de todos estos años?

R. Los chimpancés y África me han enseñado a tener esperanza, a luchar por tener esperanza, y que se puede recuperar. Porque he visto chimpancés que los tocabas con las manos y eran todo hueso y parecía que se iban a morir y ahora forman parte de grupos de más de veinte chimpancés y son dominantes. Y he visto cómo ha cambiado la situación en el Congo.

P. ¿La situación ha mejorado?

R. En Congo en concreto, sí. Usamos la estrategia del triángulo: educación, aplicación de la ley y cuidado de los animales rescatados. Y si ves las gráficas de cómo ha bajado el tráfico ilegal de especies… Incluso algunos furtivos los contratamos para que sean cuidadores. El esfuerzo que hemos hecho todo el equipo ha marcado una diferencia. Como llevo tanto tiempo he podido ver el cambio, la reducción de los chimpancés que llegan al santuario, cómo ya no se venden chimpancés en la calle como antes… Entonces te dices que es increíble. Planificando bien y poniendo fuerza, perseverando en tus ideas y transmitiendo tu pasión, se consiguen las cosas.

Rebeca Atencia ya trabaja en sus planes de futuro: compartir con otros países la estrategia de los tres pilares y ayudarlos a desplegarla para que, a través de la educación, el respeto a la ley y el cuidado de los animales, se consiga mejorar no solo las condiciones de los chimpancés, sino de todo el planeta.

Para ampliar la información, puedes consultar la página web del Instituto Jane Goodall en España.