Tiempo  8 horas 27 minutos

Coordenadas 1822

Fecha de subida 8 de marzo de 2015

Fecha de realización marzo 2015

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2.149 m
1.067 m
0
3,1
6,1
12,26 km

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cerca de Peñalba de Santiago, Castilla y León (España)

Aunque cronológicamente sí fue una ruta invernal, hizo un día más que primaveral y sólo se puede catalogar como tal el inicio del descenso donde la presencia de nieve dura y placas de hielo obligaban al uso del material invernal (piolet y crampones). Es una ruta físicamente exigente (desnivel acumulado más de 1250 metros en un recorrido de poco más de 12 km), o por lo menos para mí así lo fue, y que sólo precisa de músculo y corazón ya que se hace toda sin necesidad de usar las manos. No quiere eso decir que sea recomendable para principiantes, al menos en condiciones invernales, ya que aunque no tiene patio ni zonas expuestas en ningún momento sí que el grado de inclinación es lo suficientemente importante como para poder hacerse daño.

Salí del precioso pueblo de Peñalba de Santiago con mucho tiempo por delante, como me gusta hacer siempre que hago una ruta de montaña que desconozco. Tuve la inmensa suerte de descubrir un sitio excelente donde pasar la noche: Aromas del Oza, dónde aparte del muy agradable trato prodigado por su dueño (gracias Desi) me quedé anonadado por la calidad gastronómica que oferta. El camino parte del final del pueblo, y está claramente señalizado ya que su inicio es el mismo que lleva a la cueva de San Genadio (León 865 – Peñalba de Santiago 936), que entre otras curiosidades es el primer santo relacionado con el ajedrez, pues de Peñalba de Santiago proceden las piezas de marfil denominadas Piezas de San Genadio, las cuales se consideran las figuras de ajedrez más antiguas de Europa, y que pertenecieron al santo.
Nada más salir del pueblo tenemos una fuente con un agua rica rica, y que será la primera y última que encontremos en todo el camino. En un rato pasamos al lado de un muy curioso cementerio y ya en nada vemos un cartel que nos indica cuál es la dirección a seguir hacia los montes Aquilianos, camino que sin nieve se ve claramente y además está señalizado en todo su recorrido con pintura roja hasta nuestro destino. Seguimos en la dirección señalada y en nada el camino se nos pone pindio de verdad; son sólo algo menos de 4500 metros hasta la cumbre de Cabeza de la Yegua (2142 m), pero el desnivel es de casi 1100 m. con zonas que superan el 40%, aunque por lo demás carece de dificultad, así que con el correspondiente plátano y alguna paradita para hidratarme lo hice con alegría, disfrutando del maravilloso día que me estaba regalando la montaña. Según vamos ascendiendo empezamos a tener una panorámica sorprendente de la cordillera cantábrica, que es alucinante en la cima. Es una cima redondeada, en la que supongo que había una pista de esquí que la habitual chapuza nacional hizo que no se utilice más, aunque eso sí, nos dejó algo de chatarra para que no nos olvidáramos. Desde arriba creo distinguir al norte el Catoute, el Cornón y el precioso macizo de las Ubiñas, al este el Teleno, y hacia el sur la cadena de Peña Trevinca. En esta cumbre hay un gran hito, en cuya base reza algo muy muy bonito en una placa en memoria de Óscar Pollán Tabuyo, montañero fallecido en estas montañas hace 5 años, y que, en la soledad y belleza de la montaña, me emocionó profundamente. Descanse en Paz.
Bajamos ahora hacia el collado que nos llevará hasta el Pico de las Berdiaínas, desde dónde tenemos una preciosa panorámica del Valle del Aro. En dos zancadas nos plantamos en esa cima, donde realicé el picnic habitual y me recuperé del palizón anterior. Volvemos pues al camino que nos llevaría hacia el Pico Tuerto, pero yo preferí descender por el Valle del Silencio, que algún romántico pensará que es porque hay un silencio absoluto, pero que en realidad, coge, como siempre, el nombre del río que lo desciende, que en este caso es el Silencio.
Abandonamos por tanto el camino hacia el susodicho valle, cada uno por dónde mejor le parezca y pueda, dependiendo de la nieve y de su calidad, ya que alterna zona de vegetación con roca, nieve y hielo; yo me tuve que quitar y poner los crampones tres veces, una de ellas para unos ridículos 20 metros, pero mis posaderas ya habían probado la dureza de la nieve y no es cuestión de correr riesgos, sobre todo cuando hay zonas con más del 40% de desnivel. Todo el tiempo tenemos enfrente un precioso valle, y en ocasiones se atisba Peñalba en su final. Hay aquí un ancho y poco profundo canal que puede que ni merezca tal nombre, pero que creo que sino es paso obligado, sí es el mejor para seguir descendiendo, y que llamaré de La Mallada, por ser como se denomina esta zona.
Tras un par de campas bastante inundadas llega la peor parte, piornos y retama, que puede llegar a hacerse desesperante, con agujeros en la nieve donde cabría un elefante, zonas encharcadas….y por tanto toda la variedad de trompadas, leches, o sustantivos que nos permita nuestro vocabulario; hay en los mapas una senda que no es tal, igual lo fue, pero ya no lo es, y cuando ya estaba a punto de tomarme la cápsula de cianuro por no saber cuando terminaba ese suplicio..¡zas!, aparece un hito de mediana altura que a mí se me asemejó un milagro de San Genadio, ya que de él parte una senda, que aunque muy en pendiente, llena de piedras y haciendo llorar nuestros cuádriceps nos lleva hasta el río, que habrá que cruzar por uno u otro sitio dependiendo de lo crecido que venga, que en mi caso era mucho. Ya en nada encontramos un ancho camino, y tras pasar un par de puentes de madera estamos de vuelta, cansados, pero con la retina llena de imágenes y tranquilidad, y con la habitual satisfacción de estos casos.
La calificación es una vez más complicada y subjetiva; sin nieve la consideraría de senderismo difícil ya que en un buen tramo no hay sendero que valga y es físicamente exigente; la he catalogado como de alpinismo fácil, por la necesidad de piolet y crampones, sin los cuales el descenso hubiera sido imposible, pero que no tiene ninguna dificultad técnica.
Disfrutad.

Comentarios

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