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1.981 m
1.008 m
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27,79 km

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cerca de Casayo, Galicia (España)

Cuando encontréis el título de una ruta seguido por (1) o por (2) quiere decir que tengo dos tracks idénticos de la misma ruta. La única diferencia entre ellos es que el (2) está mejorado porque tiene añadidos los waypoints que no tiene el (1).


En la estimable compañía de Miguel de la Cal realizamos esta travesía en un solo día. En ocasiones anteriores con el Club Peña Trevinca de O Barco siempre se hizo en dos días (al igual que la mayoría de las demás rutas realizadas por el Parque Natural de Sanabria); si lo recuerdo bien siempre llegamos el primer día hasta Vega de Conde en la noche de San Juan (donde hacíamos la tradicional hoguera), pernoctábamos en el refugio y al día siguiente completábamos la marcha.
Partimos los dos desde la base de La Cabrita en Trevinca muy temprano (a las 6:30 horas de la mañana) cuando despuntaba el alba, casi de noche, con una temperatura de - 3º C y algo de niebla que poco a poco se disiparía para dejar paso a un espléndido día de sol. Durante la marcha dejamos a nuestra derecha el renombrado bosque del Teixadal, pasando la empinada divisoria del Portillo de Morteira Cabada, y a nuestra izquierda la Cota (2.030 m de altitud) y el Picón (2.078 m). Llegamos al comienzo del valle glaciar en forma de U del Tera, dejando a nuestra derecha: Peña Survia (2.112 m), Peña Negra (2.121 m), el nacimiento del río Tera (señalizado con un poste metálico pintado en blanco y verde) y Peña Trevinca (2.127 m, techo de Galicia). A continuación, llegamos a la altura del refugio de Río Pedro (a la izquierda), en donde se toma la ruta a las lagunas de las Yeguas y los Peces (desde ésta última se puede hacer el Cañón de la Forcadura que termina en Vigo de Sanabria). Aproximadamente a un kilómetro de este refugio de Río Pedro está el embalse de Vega de Conde (refugio y fuente), lugar en que hicimos un alto para reponer fuerzas, y Vega de Tera (también con refugio), donde comienza propiamente el cañón. En este último embalse se contempla parte del muro de contención derruido en su centro, debido a la riada que en la noche del 9 de enero de 1959 fallecieron 144 personas de Ribadelago Viejo.
Hago un inciso para mencionar que en Vega de Tera se pueden tomar otras rutas alternativas: 1) cogiendo la pista que asciende por la derecha, para hacer la ruta de los embalses de Garandones y de Cárdena (buena pista y mucho más fácil), llegando al poblado de Moncabril y desde éste a Ribadelago. 2) cogiendo a la altura del embalse de Garandones la pista de la izquierda, para hacer la ruta conocida como bajada por “el Tubo” (siendo ésta más complicada, pero a su favor tiene una estupenda vista sobre el Lago de Sanabria), dicha pista que luego se convierte en sendero zigzagueante con descenso de fuerte desnivel y mucha piedra, yendo próximo al carril cementado de las enormes tuberías aéreas. Tuberías de presión de la central que eran el antiguo camino por el que trabajadores y materiales ascendían y descendían diariamente durante el tiempo que duró la construcción de los embalses.
Continuando de nuevo con nuestra ruta, es de reseñar que en esta fecha del 18 de junio el río llevaba poca agua debido al estiaje y a la escasez de lluvias en primavera por lo que algunas cascadas, saltos de agua y numerosas pozas en todo el trayecto presentaban un caudal mermado aunque conservaban su espectacular belleza. Merecen especial mención la Cueva de San Martín y la Poza de las Ninfas. A medida que descendemos la ruta va adquiriendo un grado de dificultad realmente alto, pudiendo llegar a perder la orientación en algún momento (exigiendo un alto grado de concentración), no exento de ciertos riesgos ya que en los cuatro primeros kilómetros tuvimos que retroceder varias veces algunos metros para reconducir nuestro camino, ya que en este tramo no existe señalización aunque si algunos hitos a ambos lados del río lo que provocan que a veces no se sabe qué lado seguir (para facilitar la marcha es necesario cambiar de orilla en varios sitios). En ciertos tramos de roca tuvimos que “trepar y destrepar” para salvar algunos desniveles, requiriendo para ello cierta agilidad y destreza. Como resumen, decir que pasamos gran parte de este trayecto caminando y saltando sobre las rocas y peñascos así como entre intrincado matorral alto.
Llegamos a la Cueva de San Martín, paraje de singular belleza con sus pequeñas cascadas, hicimos un alto para darme un merecido baño relajante (en mi caso, Miguel prefirió gravar con la videocámara) y para comer. A partir de este lugar, ya se encuentra señalizada la ruta hasta el final con flechas de pintura de color verde sobre las rocas así como postes de madera del mismo color e hitos. El camino se va suavizando a medida que se acerca el final aunque no se debe descuidar la atención ya que el cansancio va haciendo mella en uno.
Aparte del considerable número de kilómetros a recorrer, la ruta en gran parte del cañón es tremendamente agreste especialmente en los cuatro o cinco kilómetros a partir de Vega de Tera hasta la Cueva de San Martín, en el que el terreno esta en estado puro, “casi virgen” (tramo en que caminas en la más absoluta soledad, de hecho, no encontramos en este tramo de la ruta a ningún senderista), por lo que sólo se la recomiendo a senderistas y montañeros con cierta experiencia y buena preparación física y, a poder ser, hacerla en grupos pequeños (3-5 personas).
Espero que estos comentarios sirvan para ayudaros a conocer mejor esta peculiar ruta tan poco frecuentada. ¡¡Buen camino!! Y hasta la próxima.



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