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cerca de Benasque, Aragón (España)

La tuca de Escorbets (2.904 m) es una cima que se encuentra a medio camino entre los refugios de montaña de Estós (1.890 m) y Ángel Orús (2.150 m). Por sí misma, esta información puede que no diga mucho pero, si añadimos que esta mole de granito cercana a los tres mil metros de altitud es uno de los dos vigías que custodian el Collado de la Pllana (2.702 m), por donde pasa el sendero que recorre íntegramente el Pirineo (GR-11), el interés por conquistarla se hace patente.

Este enorme peñasco es fácilmente reconocible desde diversos puntos. Más allá de su ubicación dominante de las cuencas de Perramó y Batisielles o su sobria pared oscura frente al refugio de Ángel Orús, resulta sumamente característico su perfil al recorrer la carretera A-139, concretamente desde los grandes prados que hay antes de Villanova subiendo hacia Benasque. Desde allí, un gran pico destaca en un segundo plano, a la derecha de la fachada Bocs-Comaguana-Cambra-El Mallo, que desaparece al aproximarse a la localidad de Sahún.

Ascender el Escorbets presenta un reto ambicioso, básicamente, por el desnivel a superar y la distancia que habrá que recorrer. El terreno es generalmente amable y sólo ensombrece a la hora de afrontar la atalaya rocosa que, sin ser difícil, es más complejo, técnico y entretenido que la parte inferior. Dos son las rutas habituales de aproximación: por el valle de Estós o por el valle de Eriste. Ambas son exigentes y bonitas si bien la opción primera incrementa notablemente desnivel y distancia. En nuestro caso optamos por el valle de Estós, ascendiendo a través del valle de Batisielles y realizando un descenso novedoso y salvaje hacia la cuenca de Perramó. Un itinerario alpino fantástico, trasponiendo un elevadísimo número de ibones y con continuos paisaje de postal. Un recorrido diferente con los alicientes suficientes para hacer la jornada inolvidable.

El itinerario tiene su origen en el aparcamiento habilitado en la parte baja del valle de Estós. Desde ahí, se avanza río arriba por la pista que discurre paralela al curso fluvial. Es una pista cerrada a vehículos durante todo el año que, aunque larga, es siempre fácil de caminar. Si no se abandonara, se alcanzaría la cabaña del Turmo (1.743 m) y, posteriormente, el refugio guardado de Estós. En este caso, será a medio camino donde se renuncia a la pista y se progresa por senda hasta retornar a ese mismo punto tras haber hecho cima. La pista se deja poco después de la Fuen de Corones (1.515 m), en el desvío que indica el valle e ibones de Batisielles.

La senda que conduce hacia las cuencas de Batisielles y Perramó es un camino muy marcado que cada año transitan miles de personas. No en vano, aquí se encuentran algunos de los rincones más apreciados del Valle de Benasque. Los Ibones de Batisielles, los Ibones de Escarpinosa y las Agujas de Perramó son tres imprescindibles que no pueden faltar al visitar esta parte del Pirineo. La ruta de hoy pasa por todos ellos y más paisajes fascinantes. Desde la pista, el sendero se encarama a la ladera umbría del valle de Estós. Siempre a la sombra de grandes árboles -hayas primero y pino negro después- se alcanza el Ibonet de Batisielles (1.865 m). Este cruce de caminos es el punto donde se dividen las cuencas de Batisielles y de Perramó. Aquí, la primera será el valle de ascenso y la segunda el de descenso.

El archiconocido valle de Batisielles es un paseo brutal al Pirineo más paradisíaco. Un conjunto de ibones de gran tamaño bañan el fondo de un valle de características plenamente alpinas. Una rampa que prolonga la inclinación de aquella que quedó más abajo del Ibonet de Batisielles conduce inequívocamente hasta el mayor de los lagos. El Ibón Gran de Batisielles (2.216 m) es la puerta a una zona más o menos llana que salva el resto de los ibones de Batisielles. El último de ellos, un pequeño remanso de agua, está al pie mismo del contrafuerte que lleva al collado (2.495 m) que aísla las Agujas de Perramó del resto de la cuenca y que, a su vez, dividen el valle de Perramó del de Batisielles. De nuevo aquí la pendiente es acusada hasta alcanzar el citado collado. Este sector más llano permite que el agua vuelva a ser protagonista. Les Basetes salpican toda la zona.

Desde aquí ya se distingue claramente el Collado de La Pllana (2.702 m). Reconozco que la primera vez que realicé este tramo (aunque era en sentido contrario, corriendo y con una tormenta incipiente) no me pareció nada cómodo. Nada más lejos de la realidad. Es un camino cosido de mojones que progresa por roca firme, si no se abandonan las marcas, prácticamente hasta el collado mismo.

A partir del Collado de La Pllana el terreno cambia en rotundo y se vuelve más vertical. Para ascender al Escorbets habrá que estar atento y progresar con cierta cautela. En primer lugar se asciende por una traza descompuesta, fácilmente identificable, que hay en la vertiente oeste o de Eriste. Tras ganar muchos metros se cambia a la vertiente este o de Estós y ya no se deja. El camino que queda por recorrer no es difícil pero sí requerirá pericia. Este avanza cerca de la arista, traspasando varios canales de aludes en perpendicular. Hay sucesivos pasos de grado II máximo no muy expuestos hasta salir a la base misma de la cima. Desde este canalón se intuyen dos cimas de parecidas dimensiones. Nosotros subimos a la de la derecha (norte) y desde la cima pensamos que la sur se alzaba más. Al llegar a la sur dedujimos que la cota más elevada era la norte por muy pocos centímetros.

El descenso se realizó esbozando una línea alternativa imaginaria, fuera de cualquier trazado balizado, hacia los visibles ibones de Perramó. Desde la cúspide de la montaña se barajó la posibilidad de trazar una directa que ahorrara tiempo hasta alcanzar la cuenca de los ibones de Perramó. Aunque luego no fue así, la ruta elegida conducía directamente hasta los ibones superiores. Optar por este itinerario requiere una paciencia infinita ya que el caos de bloques, el enorme desnivel y la constante pendiente alargan la caminata y las piernas llegan al sector de los lagos bastante mermadas. Sin embargo el camino no es especialmente difícil, y la asegurada soledad que proporciona este rincón, generan una mezcla de emociones interesante.

Desde la cota más alta de este torreón de roca se toma el canal de aludes principal, aquel que dividía la doble cima. En pronunciada pendiente y sobre terreno mixto (hierba, roca firme y roca suelta) se pierden quinientos metros de desnivel hasta los ibones situados más cerca de la cabecera del valle de Perramó. Generalmente el itinerario toma rumbo sureste, no obstante, hay que reconducir la dirección cada pocos metros. El quiebro -con forma de cuatro- que se aprecia en el track entre la cima del Escorbets y los pequeños ibones de Perramó es debido a que un gran abismo domina la zona y hay que bordearlo por el norte aprovechando alguna de las canales menos verticales (I+). Superado ese punto llegar a los desconocidos ibones altos de Perramó es casi inmediato. La parte más técnica del descenso ya ha pasado.

El tramo de los ibones de Perramó es exquisito para los sentidos. Un conjunto de lagos, más numerosos pero menos conocidos que los del vecino valle de Batisielles, salpican una amplia porción del valle hasta los muros de Escarpinosa. Es también una zona más amable de caminar pues la pendiente y la irregularidad del terreno cae en rotundo. Los ibones altos de Perramó (2.408 m) son las primeras masas de agua que se encuentran. Muy pequeñitos y sin nombre aparente, personalmente me parecieron los más bonitos. No se si sería por lo larga que se me hizo la bajada hasta ellos o simplemente porque tengo predilección por los lugares solitarios.

Muy cerquita está el segundo ibón más grande del valle. El ibón de La Tartera de Perramó (2.323 m) es un gran lago, fuera del circuito habitual, que recibe menos visitas de las que debiera una balsa de sus dimensiones. Se bordea por el norte y, siguiendo el curso de agua que parte de la desembocadura, se trasponen un ibón de tamaño medio y algunas charcas. Pronto se alcanza la orilla occidental del mayor de todos, el ibón de Perramó (2.255 m).

La ruta normal que permite llegar hasta los ibones de Escarpinosa (2.025 m) utiliza los canchales orientales, esos que se desprenden de las Tucas de Ixeia y sus satélites septentrionales. No obstante, de nuevo optamos por un descenso más directo y bravo. Siguiendo el barranco de desagüe del ibón de Perramó, una sucesión de pequeños ibones y charcas distribuidas en escalones naturales pierde altitud de forma constante. Al llegar a una zona más llana, con bastante componente herbosa y algún pequeño ibón, el camino se pierde definitivamente. Nosotros avanzamos por un pronunciado canal estrecho que marcha cercano a los abismos de Escarpinosa. No es peligroso pero la sensación de estar perdido y tener que retroceder en algún paso excesivamente complicado es constante. Termina al oeste de los ibones de Escarpinosa en un trazado plagado de hitos que une estos ibones con los de Batisielles, pasando al pie de la Aguja Noreste de Perramó (2.542 m).

Desde Escarpinosa el camino de vuelta es ya evidente y no se deja la senda más. Mención especial requieren estos lagos ya que las vistas que ofrecen están consideradas una de las mejores de todo el Pirineo. Un ibón alpino, a más de dos mil metros de altitud, rodeado de pinos y otras especies, y cuyo horizonte lo dibujan cimas superiores a los tres mil metros no es, sino, un verdadero regalo de la naturaleza. El sendero de bajada parte de la misma desembocadura del lago norte. Es un camino menos pendiente que los precedentes y bastante disfrutón. Una gran pradera es el preludio del Ibonet de Batisielles. El camino a partir de aquí es ya conocido. Se desciende hasta la pista de Estós y se continúa por ella hasta el aparcamiento donde se tomó la salida.

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