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789 m
635 m
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11
21
42,85 km

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cerca de Zamora, Castilla y León (España)

El gran mérito de la salida de hoy es precisamente ese: haber salido. Todo parecía conjugarse para que no lo hiciera. Primero se rajó Sergio, mi cuerpo me pedía descanso, por las agujetas del gimnasio y por el cansancio del día a día, el tiempo era muy desapacible, acababa de comer y tenía algunas obligaciones en casa. Total, que a las 5:15 salí de casa totalmente desmotivado. Pero hasta ahí duró el drama, porque fue empezar a pedalear y acabarse todos los males (o casi). He hecho caso a medias al plan de entrenamiento, que me marcaba un límite de pulsaciones que solo he respetado a ratos. Lo primero ha sido salir por la carretera de Bermillo de Sayago hacia Pereruela. Lo elegí así porque soplaba mucho el viento de cara. Además de eso, el terreno tiene bastantes subidas y bajadas, no es llano, por lo que el aliciente es mayor que si te vas hacia la llanura de Tierra de Campos. Con esas condiciones de viento y sube y baja, controlar bien el corazón es bastante difícil. Hice lo que pude pero sin obsesionarme. Eso sí, velocidad media hasta Pereruela 21 km/h. Lo bueno es que, una vez en el pueblo, el sufrimiento se había acabado. Giré a la izquierda para tomar lo que queda de un camino rural asfaltado que llega hasta La Tuda y que está en condiciones mucho peor que lamentables (ya se sabe que la Diputación está a uvas desde hace muuuuuchos años y que le importan una mierda los pueblos). Como ese tramo es de solo cuatro kilómetros, se pasa en un voleo. Y si el sufrimiento se acabó en Pereruela, ¿qué decir cuando llegué a La Tuda? Al girar de nuevo a la izquierda para volver a casa, el viento ahora me ayudaba con la misma fuerza con la que antes me frenaba (¡qué majo el viento!) así que velocidad gratis (o casi). Pasé por Pueblica de Campeán, donde decidí que ya no iba andar pendiente de mis pulsaciones en la subida, y por Tardobispo. Como tenía que hacer un poco más pero no disponía de tiempo suficiente para todo lo que tocaba, solución salomónica: me metí hacia Entrala alargando la ruta, pero no llegué ni al Perdigón ni a Morales del Vino. Como buen mochuelo, para mi olivo. Y así, fácil y rápido llegué a Zamora sudoroso y contento. Muchísimo más que cuando salí. Anda que si me llego a quedar en casa...

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