Tiempo  una hora 59 minutos

Coordenadas 1402

Fecha de subida 14 de agosto de 2020

Fecha de realización agosto 2020

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850 m
627 m
0
15
30
60,72 km

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cerca de San Frontis, Castilla y León (España)

La crónica me la hizo Sergio mientras tomábamos algo después de la salida de hoy, así que vamos con ella. Por un lado están los datos y por otro las sensaciones. Los datos son claros: no estoy mal, porque hemos hecho una buena media (30,6 km/h), pero si estuviera bien (o estaría, que diría un vasco) las pulsaciones no irían por encima de las 160 en todos los esfuerzos, así que la conclusión es que de piernas no he estado mal, pero de respiración todavía falta mucho por recuperar. Hemos salido una multitud de tres personas: Javier, Sergio y yo, lo cual siempre es mucho más agradable que salir uno solo. El premio al más currante se lo ha llevado un día más Sergio, que ha ido tirando de nosotros casi todo el camino. Y el premio al más perro y el trofeo al compañerismo 0 ha sido para Javier, que no ha dado ni un solo relevo (se iba reservando -decía- para los últimos 20 km, pero nunca llegó a colaborar). Cuando salimos de Zamora (con temperatura ideal, por cierto) yo me encontraba fuerte y con ganas, y hasta me permití el lujo de esperar por mis compañeros en un par de ocasiones, pero enseguida me di cuenta de que no podría seguir a ese ritmo demasiado tiempo y me tocó claudicar. Cerca de Tardobispo Sergio se puso al mando y nos llevó a rueda todo el rato, salvo cuando le daba yo algún relevo muy breve (más por compañerismo que por poderío). El viento hoy soplaba suave y de lado, así que no le podemos echar la culpa de nuestro rendimiento. Cerca de Tamame me quedé descolgado, y aunque mis compañeros levantaron el pistón, tardé en alcanzarlos (me hubieran dado matarile con facilidad si hubiesen querido). También ahí adelantamos a otro trío que iba charlando relajadamente hasta nuestra llegada. Fue adelantarlos y ponerse a nuestra rueda: ya éramos seis. Nos dieron algún relevo que otro, lo que me permitió aprovechar los rebufos para no perder al grupo. Pasamos Peñausende y poco después nuestros amigüitos desaparecieron. Una pena. Hundí mi cabeza en el manillar y me puse a rueda de Sergio a buen ritmo, esforzándome en las cuestas para no perder comba, aunque en alguna no quedó más remedio que ver la silueta de mi amigo alejarse en la llanura (poético ¿eh?). San Marcial, Entrala y el polígono de los llanos nos vieron pasar en el mismo orden: Sergio, un servidor y Javier. Y ya llegando a Zamora, mi tocayo quiso atacar para picar un poco al locomotoro. No hizo falta mucho. Salió como un cohete detrás hasta alcanzarlo. Yo ahí ya no hice intento alguno, simplemente llegué a ciudad ayudado por el desnivel. Después, un rato de tertulia y unas cervezas a la sombra para culminar una jornada de diez. Espero que haya más.

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