Descarga

Distancia

87,57 km

Desnivel positivo

1.195 m

Dificultad técnica

Difícil

Desnivel negativo

1.195 m

Altitud máxima

1.244 m

Trailrank

43

Altitud mínima

637 m

Tipo de ruta

Circular
  • Foto de Colmenar Viejo. San Agustín de Guadalix. Atalaya del Molar. Pedrezuela. Venturada. Torrelaguna. Alto de La Trampa. ValdeManco
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Tiempo en movimiento

3 horas 30 minutos

Tiempo

4 horas 35 minutos

Coordenadas

10151

Fecha de subida

9 de julio de 2020

Fecha de realización

julio 2020

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1.244 m
637 m
87,57 km

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cerca de Colmenar Viejo, Madrid (España)

Colmenar Viejo. San Agustín de Guadalix. Atalaya del Molar. Pedrezuela. Venturada. Torrelaguan. Alto de La Trampa. ValdeManco. bustarViejo. Miraflores de la Sierra. Soto del Real. Colmenar Viejo

Colmenar Viejo es un municipio español de la Comunidad de Madrid, situado en el área metropolitana de la capital o en la comarca de la Cuenca Alta del Manzanares, dependiendo de las fuentes.3​4​ En 2018, Colmenar Viejo contaba con una población de 49 498 habitantes.5​ Se encuentra situada a 35,5 km por carretera de la ciudad de Madrid.
Parece ser que los orígenes del nombre de la localidad se remontan siglos atrás y con motivo de ser lugar de paso de viajeros que iban por el camino de Alcalá de Henares a Segovia, cuando un viejo apicultor empezó a ofrecer alojamiento a los viajeros, optando algunos de ellos por asentarse en la zona y dando lugar así a una aldea que tomó como nombre el de referencia para los viajeros, «el colmenar del viejo», que iría evolucionando en lo que hoy se conoce como Colmenar Viejo.
Colmenar Viejo cuenta con un importante número de yacimientos arqueológicos. Gracias a los trabajos paleontológicos realizados en la zona, se conocen las características del clima, la flora y la fauna de hace más de 100 millones de años. Del Paleolítico se han encontrado algunas piezas talladas en sílex y de la Edad de Bronce, cerámicas con incisiones en los bordes.
Sin lugar a dudas, de la época que más restos se han encontrado es del Medievo, y más concretamente del período hispano-visigodo (siglo VI-siglo VII). En Colmenar Viejo, al igual que en otros municipios de la zona, se han encontrado vestigios de varias comunidades rurales dispersas. En Navalvillar se puede observar una zona de viviendas, con una calle que delimitaba dos espacios diferenciados: uno, dedicado al hábitat familiar y otro, a los servicios. También son destacables las áreas cementeriales, siendo las más conocidas la de Remedios y la de Fuente del Moro.
El ritual de enterramiento es parecido, aunque en el caso del yacimiento de Fuente del Moro, las sepulturas excavadas en la roca conviven con las cistas, formadas con lajas de piedra donde se metían los ataúdes o parihuelas, mientras que en las excavadas en la roca se realizaban con un simple sudario. En ambos casos se han encontrado ajuares, formados por pequeñas jarritas. En el caso de las excavadas en la roca, el ajuar es tardorromano: un ungüentario de vidrio de cuerpo bulboso.
En cuanto a la necrópolis de Remedios, donde está situado el Santuario de la Patrona de Colmenar Viejo, Nuestra Señora de los Remedios, cuenta con varias sepulturas, todas excavadas en la roca, con un caso muy singular: se reutilizaba el mismo espacio para incluir dos enterramientos. El ajuar funerario hallado es muy similar al de la Fuente del Moro, destacando una jarrita decorada con dos bandas de seis líneas incisas.
Restos arqueológicos encontrados en la zona permiten confirmar la existencia de asentamientos en la zona desde el siglo VI. Tras la Reconquista de Madrid (Magerit), a finales del siglo XI, Alfonso VI creó un alfoz (dada la escasa población de la zona) con límites geográficos poco definidos, dependiente de Madrid.
Fue asentamiento de segovianos y, estos límites poco definidos, provocaron conflictos entre Segovia y Madrid durante más de un siglo hasta que Alfonso X el Sabio puso fin a estas luchas, incorporando estos lugares a la Corona. Desde entonces se denominó a este amplio territorio «el Real de Manzanares», que comprendía pueblos como Colmenar Viejo, Soto del Real, Hoyo de Manzanares, Miraflores, Navacerrada, San Agustín del Guadalix, etc.
No fue hasta un siglo más tarde cuando Juan I de Castilla adjudica definitivamente el Real de Manzanares a Pedro González de Mendoza (1340-1385). Pero sería al segundo hijo de este, Íñigo López de Mendoza (1398-1458), a quien con posterioridad se le concediera el título de Conde del Real de Manzanares. En los siglos siguientes la localidad fue aumentando de población logrando el 22 de noviembre de 1504 la segregación jurisdiccional de Manzanares y el título de Villa y pronto se convertiría en el centro económico y administrativo del señorío.
En el siglo XVIII tuvo colegio de latín y humanidades, cuyo sencillo edificio aún se mantiene en pie en la plaza del Maestro Almeida. En el siglo XIX, se construyó la carretera de Fuencarral a Manzanares, en 1869 tenía correo diario y en 1888 llegó el telégrafo. De la mano de Arturo Soria se logró hacer llegar el primer convoy de Madrid a Colmenar Viejo, pasando por Chamartín, era el 30 de mayo de 1911. En 1891 se inauguró la plaza de toros en la que, el 30 de agosto de 1985, un astado de nombre Burlero, pondría fin a la vida de José Cubero, el Yiyo.
Su desarrollo continuaría con la acometida de aguas y energía eléctrica aunque la regulación del río Manzanares arruinaría los molinos y batanes que tanta importancia tuvieron para la economía colmenareña desde la Baja Edad Media. En 2008 fue seleccionado como depósito de CO2.

San Agustín del Guadalix es un municipio español de la Comunidad de Madrid, situado junto a la autovía Madrid-Burgos (A-1), al norte de la capital. Su superficie es de 38,30 km².
Limita con las siguientes poblaciones:
Al norte: términos municipales de El Molar y Pedrezuela.
Al este: términos municipales de El Molar y Algete.
Al sur: término municipal de Colmenar Viejo.
Al oeste: término municipal de Colmenar Viejo.
El término municipal es cruzado de norte a sur por el río Guadalix, al que vierten sus aguas (dentro del municipio) por el margen derecho los siguientes arroyos: del Caño, de la Sima y de la Fresnera.
Su actual alcalde es Roberto Ronda.
Por restos de cerámica y utensilios encontrados por labriegos y constructores, parece ser que fue fundado por los iberos junto al actual Camino ancho. Del período romano se han hallado columnas y un sarcófago de piedra en el Alto de la Iglesia. Igualmente se han hallado restos visigodos.
Durante la Reconquista muchos de los habitantes de la comarca son reclutados en 877 por el emir Mohamed I de Córdoba para luchar contra los cristianos. En 932, las tropas leonesas de Ramiro II de León atravesaron Somosierra y Guadarrama, expulsando a los árabes. Durante un tiempo el pueblo queda en tierra de nadie.
No será hasta 1084, que Alfonso VI de León y Castilla conquiste definitivamente San Agustín en su marcha hacia Toledo y manda repoblar la zona con gentes de Castilla.
Juan I de Castilla cede en 1382 la villa, que petenecía a la corona de Castilla a Pedro González de Mendoza. La villa permanece en manos de la familia de Mendoza hasta que en 1461 Pedro González de Mendoza, obispo de Calahorra la intercambia por otras posesiones a Diego Arias Dávila, Contador mayor de Enrique IV de Castilla. Su hijo Juan Arias de Ávila fue el primero de los Condes de Puñonrostro, cuyo escudo de armas continúa plasmado en el actual escudo de San Agustín.
Juana la Loca otorga a San Agustín, a principios del siglo XVI, el título de villa autorizándole el uso de horca, pica, cepo, cadena, azote y otras insignias y prerrogativas de jurisdicción y justicia.
En el siglo XVII es declarada dehesa boyal para el pasto de ganado mayor y menor, frente a la parte de Pedrezuela que se reparte entre los vecinos. Esto provoca conflictos entre el conde de Puñonrostro y el pueblo, pero así se libró de la desamortización de Mendizábal de 1798.
En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia el pueblo es ocupado por el ejército francés. En una sola noche, tras pernoctar en la Iglesia, la destruyeron e incendiaron, dejando el Archivo Municipal hecho cenizas.

Subida situada en el norte de la Comunidad de Madrid, donde además de los famosos puertos de la Sierra de Guadarrama (Morcuera, Navacerrada, Canencia,...), también se acumulan un buen número de ascensiones de relativo buen nivel, algunas con más sorpresas que otras. Si hay una ascensión que sobresale por encima de todas es la del Cerro de San Pedro, entre Colmenar Viejo y Guadalix de la Sierra. Cercana a ésta se encuentra la que a continuación os describo, la Atalaya del Molar (aunque también conocida como Monteoliva). Arranca la subida en San Agustín de Guadalix, en el puente sobre el río Guadalix, y poco después tomamos una rotonda en dirección a la urbanización (por la zona más empinada). Esta ascensión transcurre por la antigua carretera de Francia, y es bastante regular, con pendientes que oscilan entre el 5 y el 7%, salvo en dos zonas determinadas: antes del primer kilómetro y poco después del cruce del kilómetro 2,8, donde el firme se vuelve irregular y las pendientes que encontramos aquí son las más duras de toda la ascensión.

Venturada es un municipio español de la provincia y Comunidad de Madrid.
Está situado en una atalaya natural, lo cual le proporciona una panorámica casi completa de la cuenca del río Guadalix y la vega de Torrelaguna. Tiene una superficie de 9,79 km² con una población a principios de 2018 de 2.032 habitantes y una densidad de 207 hab/km².
Es el municipio más meridional de la comarca de la Sierra de La Cabrera, limitando con Navalafuente y Cabanillas de la Sierra, dentro de la misma comarca, Redueña y El Vellón, pertenecientes a la comarca del Valle del Jarama, y con Guadalix de la Sierra, de la Cuenca Alta del Manzanares.
El municipio está dividido geográficamente en dos núcleos urbanos: Al Este de la autovía A-1, se encuentra la urbanización Los Cotos de Monterrey y al oeste el casco urbano tradicional del municipio, junto con el resto de urbanizaciones existentes en el mismo: Tolle-Lege, Miravalle y Los Rosales.
El término contenía una considerable red de coladas por donde atravesaba el ganado en busca de pastos estacionales.
Las costumbres de esta comarca serrana se relacionan con toda el área celtíbera prerromana, tal como señalan los Mayos de El Molar o Colmenar Viejo. Las necrópolis altíberas de la provincia de Guadalajara, excavadas por el Marqués de Cerralbo y su relación con la zona oeste de la Sierra, colocan a Venturada en zona obligada de paso.
Antes de que Augusto en el año 19 a. .C., terminara de conquistar la península ibérica no podemos citar nada seguro en la historia de Venturada, pero desde mediados del siglo II d. .C., y a lo largo de los siglos III y IV tenemos atestiguada la presencia de población romanizada en Venturada. En la actual carretera de Torrelaguna vivía un grupo de villas que desde Guadalix de la Sierra hasta Torrelaguna y Talamanca de Jarama se repartían por los valles de Venturada y Redueña. Hoy en día pocos son los restos (Como el Puente Romano de Talamanca de Jarama) que quedan de esta vía transversal que iba desde Fuenfría hasta Guadalajara.
La presencia de población perdura desde el Bajo Imperio, sobre la base de asentamientos agrícolas rurales. A mediados del siglo V se empieza a sentir una separación de la zona norte respecto a la sur, y es en el segundo concilio toledano donde se presenta un co-obispo en Buitrago como ayudante del Obispo de Segovia para la región sur de este obispado. En el tercer concilio el Obispo de Buitrago aparece ya claramente diferenciado del de Segovia, y con derecho propio (Esto hará que siglos después los territorios del sur de Somosierra puedan separarse de esta villa y pasen a incluirse en Madrid o en Uceda).
Al-Tagr al-Awsat Marca media, Madrid.
Toda la zona era parte de una sociedad latifundísta, creada por los romanos y “cuidada” por los visigodos, pero con la invasión árabe, en el siglo VIII, esto terminó. Ya en el siglo IX Venturada empieza a tomar una identidad, ya que el avance cristiano sobre el Duero obligó a los emires cordobeses a fortificar toda la región fronteriza distribuida en tres zonas; La superior sobre el Ebro, la media, entre Ávila, Madrid y Guadalajara, y la inferior en Extremadura.
Con esta medida Venturada pasó a tener una Atalaya de enlace, cuya visión unía las Atalayas:
Atalaya de Arrebatacapas
Atalaya de El Berrueco
Atalaya de El Vellón
Atalaya de El Molar
Recinto fortificado de Talamanca de Jarama
La Atalaya de Venturada fue declarada Monumento de carácter Histórico-Artístico por el Real Decreto 2363/1983 de 14 de septiembre, Publicado en el BOE de 15 de noviembre de 1983.
En el siglo XIII, el asentamiento conocido como “Placer de ver”, a orillas del arroyo Albalá (Remolino en árabe), empieza a ser abandonado. Durante el periodo musulmán, el Placer de ver había sido un lugar de asentamiento de grupos agrícolas que aprovecharon la existencia de una villa romana explotada por los visigodos ubicada junto a la vía que unía Guadalix con Torrelaguna. La desaparición de Placer de Ver es paralela a la aparición de un pequeño núcleo de población cristiano más al este, que es precisamente donde se encuentra Venturada hoy en día. Durante los siglos XII, XIII y XIV el paso por Somosierra se convierte en el eje de unión imprescindible entre las dos Ciudades cristianas más importantes de Castilla, Burgos y Toledo, y Venturada es uno de los descansos en el camino.
Ya en Venturada, entre los siglos XII-XIII se comienza a construir la iglesia de Santiago (Venturada) (Una de las pocas piezas del Románico Serrano que hay), La Ermita de San Benito y una necrópolis alrededor de la misma, que sería descubierta en 1989 al realizar los trabajos para la construcción de la Autovía A-1. Venturada fue reconquistada y repoblada por Alfonso VI de León, y desde ese momento pasó a depender de la Villa de Uceda junto con Cabanillas de la Sierra, Torrelaguna, Redueña y El Berrueco como un alfor y con el rango de condado. En 1119 la Reina Doña Urraca donó este condado al infante navarro Don Fernando Garcés, llamado “El de Fito” o “El de Hito”, y a su esposa Doña Estefanía Ermenfot con carácter hereditario.
Años más tarde Fernando III de Castilla hizo que tanto este alfor, junto otros territorios de Andalucía pasaran a depender del Arzobispado de Toledo, pero el 24 de julio de 1593, Felipe II de España (de la Casa de Austria), concede a Venturada el privilegio de Villazgo, desanexionándola de esta forma, no sólo de la Villa de Uceda, sino también de la Archidiócesis de Toledo, pudiendo así impartir justicia. El escrito original se encuentra en el Archivo General de Simancas.
El siguiente hecho histórico relevante es el repliegue de las tropas napoleónicas hacia Somosierra:
Juan de Yuste, Alcalde de la Villa de Venturada, y Don Lorenzo de Estal Ballesteros, Párroco de la misma dicen, con el respeto debido: Que el día dos del corriente por la mañana entró en dicho pueblo parte del ejército francés tirando balazos, amenazando con la muerte a sus habitantes, pidiendo con furiosos gritos pan, vino, carne y agua, y abalanzándose al mismo tiempo á las casas y haciendo pedazos cuanto encontraban por delante, saqueándolas y robándolas aún en presencia de sus mismos dueños. En vano procuramos contenerlos por todos los medios posibles, suministrándoles el pan, que por orden de la justicia se había cocido toda esa noche, y suplicándoles que aguardasen por el vino, que se había ido a buscar al pueblo inmediato. Sólo sirvió esto para aumentar su insaciable codicia, su furor, y su rabia, amenazando á cada momento con la muerte, hasta que á balazos consiguieron arrojarnos de nuestras casas, sin darnos lugar á salvar otra cosa que las vidas, y estas a duros trances.
Echados de nuestras casas, caminábamos errantes por los montes, mientras que ellos como fieros vestigios saqueaban, robaban y hacían pedazos cuanto en nuestras casas hallaban. Pero donde descargaron todo su furor fue en el templo, profanaron el Sacramento, arrancaron el tabernáculo, acuchillaron y conculcaron las imágenes de Jesucristo, de María Santísima y demás Santos, demolieron altares, robando cuantas alhajas había en la Iglesia, y haciendo giras todas las ropas y ornamentos. ¡Mas para que me canso cuando está dicho con decir que incendiaron el pueblo, reduciendo a cenizas en menos de veinticuatro horas todas sus casas, sin excepción, y llegando su desvergüenza hasta tocar ellos mismos las campanas a fuego, pero esperando con cañón a los incautos que creyesen, si acaso venían a apagarlo!.
Para tan execrable atentado, para tamaño castigo no sabemos hayamos cometido ningún delito, como no sea el haberles suministrado desde que entraron en España camas, víveres y cuanto se nos ha pedido. En estas lamentables circunstancias acudimos al general Moncey, que á la sazón desde Cabanillas estaba mirando el fuego, para que teniendo en consideración cuanto nos habíamos esmerado con las tropas, mandase atajar tanto daño: cosa que le hubiera sido bien fácil teniendo a su disposición dieciséis mil hombres; pero el incendio creció, y el fuego se extendió hasta las tejas, quemando las mieses, quedando hecho un páramo el lugar, y sus habitantes reducidos a la más dolorosa mendicidad, aun aquellos mismos que en un momento hallaban una más que mediana sustentación. En cuya atención á V.S.I. humildemente suplican exunge las lágrimas de tantos desgraciados, bien haciendo que en mundo vuelva á haber Venturada, bien dándoles pronto socorro para domiciliarse en otros pueblos vecinos. En el Diario de Madrid del martes, 9 de agosto de 1808.

Ascensión situada en el norte de la comunidad de Madrid y conocida en el mundillo cicloturista como La Trampa. Se trata de 3 kilómetros muy duros situados en la carretera que une Torrelaguna con la Cabrera, puesto que como podéis comprobar en el perfil, tiene sentido ascendente desde el cruce con la N-320 hasta dicha localidad de La Cabrera.
Inicio la medición en dicho cruce, aunque no será hasta el paso bajo una enorme tubería del Canal cuando arranque la parte seria de esta ascensión, con pendientes que rápidamente se "colocan" en torno al 8%. Tres kilómetros espectaculares en donde nos vamos a encontrar rampas de hasta un 12% y una enorme herradura (se muestra en una de las fotos que tenéis debajo). Esta fase termina en un falso llano que nos conduce a La Cabrera, a más de 1000 metros de altitud.

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