-
-
79 m
7 m
0
18
35
70,86 km

Vista 529 veces, descargada 4 veces

cerca de Tavernes Blanques, Valencia (España)

Dado que mañana tenemos planeado hacer una ruta donde Cristo dio las tres voces, si quería salir hoy tampoco debía hacer algo muy largo o muy cansado. Así que tirando de banquillo llamé a mi padre para salir esta mañana con el «Comando Patraix» con destino a Quart de les Valls.

Con la compañía de Cristóbal, Paco, Bobby, Patricio y Lázaro (Luis está convaleciente tras su operación en el hombro) los cerca de cuarenta kilómetros que nos separan de nuestra meta se han pasado volando. Y no precisamente por la velocidad que alcanza el grupo, sino por lo divertido que resulta ir con ellos.

Y es que no estamos con el equipo de cadetes de una escuela de ciclismo. Al más joven si no tiene sesenta años le faltarán pocos meses para cumplirlos. De hecho, Paco allá donde le veis, con sus setenta y siete primaveras sigue saliendo con más ganas e ilusión que el que se crea el mejor en su elitista grupo de bicis de carbono y escarpines a juego. Porque en este deporte se vive de ilusiones y metas que parecen no llegar nunca. Por ejemplo, llevan meses con el relativamente humilde objetivo de subir al castillo de Cullera, pero luego a última hora siempre hay algo que los echa atrás. Forma parte de la magia.

Rodar con ellos es garantía de saber que no te van a dejar atrás. Hoy he batido mi récord en cuanto a imprevistos. Antes de llegar a Puzol, pese a llevar las cámaras infladas a una presión correcta he reventado las dos ruedas. ¡Las dos y a la vez! Y sólo por pillar un pequeño bache con el borde algo afilado. Bobby insistía en que el pinchazo lo ha provocado un hierro caído de un camión o clavos que alguien ha tirado al arcén pensando exclusivamente en joder a un ciclista (¡Van como locos! ¡No respetan nada! ¡Son un peligro! Etc…) Sin embargo me resulta extraño que pase eso justo cundo le meto un guarrazo del quince a las llantas. Y lejos de continuar dejándome con mi padre sabiendo que el retraso les impediría llegar a almorzar a una hora decente, se han esperado todos para continuar, incluso buscando la manera de inflarlas a más presión de la que se puede con una humilde bomba de mano.

Para acabar de rematarlo, luego a la vuelta he vuelto a reventar la rueda trasera. Otra vez. Tres cámaras en un día. Pero hemos llegado juntos a Valencia sabiendo que ya era una hora que implicaba no llegar a tiempo para comer con la familia.

El grupo está bien engrasado y todos cumplen su cometido. Un poco como en los tebeos de los Pitufos, donde todo el mundo tiene un estado de ánimo que le caracteriza. Bobby renegando por cualquier cosa que a los cinco minutos ha olvidado totalmente, Paco poniendo la calma y la serenidad allá donde hace falta, y Patricio riéndose de su sombra y sacando la puntada bromista a cualquier tontería.

Un ejemplo: cuando hemos llegado al bar de Quart de les Valls, como hemos llegado tan tarde a causa de mi avería ya estaba a reventar. Pues cada uno a cumplido con su papel.

  • Bobby renegando por haber llegado tan tarde, que si está lleno, que si fuera hace viento —no soplaba ni una brisa—, que si van a tardar mucho en servirnos, que si llegaremos tarde a casa…
  • Paco calmado, apaciguando la situación, diciendo que no es tan tarde y que tampoco se va a tardar tanto en volver.
  • Y Patricio, como no, bromeando con que nos pongamos en fila para que Bobby se ponga a repartir hostias. ¡Y más vale que hagamos como que nos gusta que si no, nos calza otra!

Pero a decir verdad, en algo tenía razón. Han tardado casi una hora. ¡Casi una jod… hora para poner cinco bocadillos y dos huevos fritos! Pero siempre merece la pena compartir el tiempo con ellos.

Ver más external

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta