Tiempo  9 horas 51 minutos

Coordenadas 3273

Fecha de subida 18 de enero de 2016

Fecha de realización enero 2016

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1.042 m
11 m
0
41
82
164,02 km

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cerca de Llíria, Valencia (España)

Ayer estaba muerto de sueño y antes de las seis de la tarde ya estaba durmiendo. Suponía que hasta bien entrada la mañana no me iba a despertar, porque mi cuerpo siempre recupera las horas de sueño perdidas aún a costa de estar durmiendo catorce horas sin despertarme siquiera para ir al baño, pero hoy a las cuatro ya tenía los ojos como platos.

Podía intentar en vano volverme a dormir o… ¿Por qué no? Planear un viaje en bici. Así que en un momento me hice la cena —si es que comerse un plato de pasta hervida a las cuatro y media de la madrugada se puede llamar cenar— y delante de un mapa, elegir algún camino que aún no haya explorado. Siempre que salgo me gusta descubrir nuevos lugares, pero se están agotando todos los que se pueden hacer saliendo desde Valencia.

Al final, para la ida he trazado un Pico del Águila a Barracas por dos tramos nuevos: En vez de bajar desde Gátova a Altura, lo haremos directamente a Segorbe por el camino de Rodana a Valero, y la parte más interesante, en vez de subir por el Ragudo lo haremos dando una vuelta por Pina de Montalgrao.

La vuelta también tiene un plato fuerte: En vez de bajar directos por la N-234 daremos una pequeña vuelta para entrar a Viver por la CV-2352, y despediremos el día subiendo al Oronet, Garbí y bajando por otra carretera que aún desconocía, la CV-329 por Segart.

Así que como odio salir de Valencia, a las 6:25 he cogido el primer metro del día y me he plantado en Llíria con las luces a toda potencia para ver amanecer mientras alcanzaba Marines Viejo.

Pero al empezar a bajar camino de Segorbe me he dado cuenta de la realidad. Como al subir tu cuerpo entra en calor, suda y la ropa se empapa, al bajar te pelas de frío el doble. Y no contento con eso, el valle del Palancia es bastante más frío que el Camp de Túria. Resultado: estaba entrando a Segorbe por el puente nuevo y ya sólo pensaba en abandonar. Los pies, sin escarpines, no me los sentía, pero aún peor tenía las manos. Me dolían tanto que no sabía como ponerlas y estaba empezando a perder el tacto a la hora de frenar. Mis guantes van bien cuando hace fresco, pero a dos grados sirven de poco.

Antes de salir de casa había mirado la previsión para saber que en Barracas a mediodía haría una temperatura confortable —al menos, compatible con la vida humana—, pero no había caído que Segorbe es Mordor. Podía meterme en un bar, volver a desayunar y regresar a Valencia, pero… ¡Si sólo quedan subidas! Sin parar a recapacitar y preguntándome quién me mandaría visitar el pueblo de las ventiscas y el Yeti el primer día de invierno que hace realmente frío, seguimos adelante. En un rato, tras la tregua que dan los dos kilómetros de bajada que hay pasado Navajas, llegamos a la subida de la variante de Jérica.

El hambre empieza a aparecer, pero por una vez en mi vida voy preparado de sobra para ello y llevo un montón de comida encima. Para no desviarme del camino pensaba parar en el bar de carretera que hay pasado Viver, pero poco más y me desmayo de camino. Parada imprevista en Viver. Dos sandwiches sentado en un banquito y antes de enfriarme demasiado, continuamos.

Por fin, tras pasar la Masada del Sordo entro al camino de Pina de Montalgrao. La primera en la frente: pese a que en el mapa la carretera —sí, carretera— se llama CV-209 y tenga más importancia que el Ragudo, la única indicación que tiene es una señal que indica «camino», así, en general, sin destino, ni nombre, ni nada… Y el firme hace que el puerto de Almedíjar en comparación parezca una pista de aterrizaje. Entro unos poco metros, a otear más que nada, y me encuentro un ciclista bajando. Con bici de carretera. «Tan mal no estará», pensé.

El camino te sumerge en mitad de una frondosa pinada, para que veas que es bonito y no salgas corriendo, que es lo que deberías hacer cuando te das cuenta que te va tocar hacer gravillaeslálom y subir aún más alto que la propia cima del Ragudo. El camino está plagado de señales de «Atención a los ciclistas» que no entiendo para qué. Primero, porque por ahí no pasan ni las águilas, y segundo, porque por el Ragudo tampoco pasa ni Cristo y al menos tiene asfalto y se hace con menos esfuerzo. Total, que al llegar a Pina y ver una carretera cuesta abajo te da un subidón desbordante. Alegrías baratas de ciclista dominguero.

Como las doce del mediodía no es una hora en la que apetezca ponerte a comer, tras descansar unos minutos al sol en la parada de autobús comienza una carrera desenfrenada por el Ragudo, dando buena cuenta de lo mal conductor que soy —y aún digo de sacarme el carnet de moto, vive Dios—.

Ni Viver, ni Jérica. Al final esperamos que se haga la una y media para comer en una terraza de Segorbe mientras veo pasar cantidad de Jinetes que habían llevado el caballo a bendecir a San Antón. Y con la comida aún a medio digerir, comienza el espectáculo. Subir el Oronet por el lado más duro —para mí, indudablemente, desde Algimia— con las fuerzas comenzando a flaquear, 130 kilómetros a las espaldas, usando desarrollos más cortos que de costumbre y con ciclistas vespertinos adelantándote como si nada y poniendo cara de «de dónde coño ha salido este».

Tras coronar el Garbí emprendemos una bajada llena de repechos entre parcelas urbanizables que apestan a corrupción y burbujazo, hasta llegar a un mirador que nos quita el mal sabor de boca ofreciendo unas vistas increíbles donde se pueden ver las islas en los días claros. La felicidad dura poco porque a continuación nos enfrentamos con una bajada tan tremenda que me parece casi temerario hacerlo con ruedas de 700x23. Agarra el manillar por los cuernos para frenar a fondo, echa el culo hacia atrás y en las curvas sin visibilidad frena con una antelación exagerada. Ni pensar quiero en subir por aquí.

Tras pasar Segart la carretera ya vuelve a ser «normal y corriente» y nos deja cerca de Albalat. Absolutamente reventados, con el día en sus últimos coletazos y con ganas de llegar a casa emprendemos camino hacia Rafelbunyol, donde en escasos minutos un metro nos dejará en casa.

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Parada de tren

Llegando en metro

Collado de montaña

Puerto de Chirivilla

Waypoint

Camino a Pina de Montalgrao

Waypoint

Pina de Montalgrao

Fuente

Fuente de la plaza de Pina

Waypoint

Barracas

Foto

Acercándonos al Ragudo

Fuente

Fuente del Baile

Avituallamiento

Comiendo en Segorbe

Waypoint

Comienza el Oronet

Collado de montaña

Cima del Oronet

Waypoint

Camino del Garbí

Collado de montaña

Cima del Garbí

Panorámica

Mirador de Segart

Riesgo

Inicio de la pendiente

Fuente

Fuente en Segart

Foto

Panel de altitudes

Parada de tren

Estación de Rafelbunyol

Waypoint

Inicio del camino a Pina de Montalgrao

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