Dificultad técnica   Moderado

Tiempo  9 horas 40 minutos

Coordenadas 2562

Fecha de subida 7 de octubre de 2016

Fecha de realización julio 2016

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646 m
21 m
0
33
66
132,36 km

Vista 752 veces, descargada 10 veces

cerca de Xirivella, Valencia (España)

Con el calor de final de julio por todo lo alto, a mi padre no se le ocurre otra cosa que subir a Dos Aguas a almorzar. Sin embargo la idea no me apetece demasiado. Los fines de semana aquello está infestado de moteros haciendo lo que mejor se les da hacer —el cretino— y además el plan ya está muy visto. Pero claro, si subir a Dos Aguas a mi padre ya se le hace demasiado largo, igual no es muy buena idea planear una ruta más dura. Pero aún así, pretendo hacer algo aún mejor. Llegar a El Oro pasando por el embalse de Forata.

Para ello saldremos de Valencia aún de noche por Torrente y subiremos «El Barco», pero en vez de seguir a Monserrat, tomaremos la carretera hacia Turís y Alborache. De esta manera nos evitaremos el paso por Dos Aguas. En Alborache, a una hora prudente pararemos para tomar un café. Necesitamos despejarnos un poco. Además el azúcar nos va a venir muy bien a la hora de subir las cuestas que hay aproximándose al valle del río Magro.

En cuanto atravesemos Macastre perderemos todo rastro de civilización durante más de treinta kilómetros y con el calor más vale ir bien cargado de agua. Aunque de camino puede haber fuentes, lo más normal es encontrarlas secas.

Cuando lleguemos al kilómetro quince de la CV-425 giraremos a la derecha por la antigua carretera de Cortes de Pallás, nombrada como CV-428. Las sorpresas son varias:

  • En primer lugar, es una carretera absolutamente desierta porque todos los coches suben a La Muela por la otra parte del barranco, que da menos vueltas y se puede ir más rápido.
  • Aunque sea claramente un camino aparte, nominalmente es parte de la carretera de Cortes de Pallás, que se reasfaltó por completo tras la reparación del derrumbe de la bajada al embalse de Cortes. Ha pasado de tener un asfalto infame a uno inmejorable.
  • Y para colmo pasamos al lado del acceso al embalse de Forata, que podremos visitar si vamos con tiempo. Y todo apunta que llegaremos a buena hora.

Nos desviaremos a la derecha para tomar el camino de acceso al embalse, al que se llega tras recorrer poco más de un kilómetro. Pese a que su presa de gravedad y sus 37 hectómetros cúbicos de capacidad son ridículos comparándolos con los colosos de Contreras, Benagéber o Tous, lo cierto es que tiene mucho encanto. Podremos pasar por una carretera que discurre por la coronación de la presa, formada por cuatro aliviaderos y una treintena de arcos que forman una composición bastante bonita.

Las vistas son espectaculares pese a que esté prácticamente seco. Tras cruzar el camino de la presa se puede acceder a una zona usada como playa, en la orilla norte del embalse.

Siguiendo el camino se puede llegar por una pista forestal hasta Yátova, y por lo que apuntan las fotos de Google Maps, tiene pinta de ser increíble. Desgraciadamente a los tres kilómetros se acaba el firme de cemento y deberemos dehacer lo pedaleado, pero esta vez cuesta abajo. Nos encontramos a varios ciclistas de montaña, así que supongo que no descubriríamos nada novedoso.

La vuelta de nuevo a la carretera hace recobrar nuestro objetivo principal de llegar a El Oro, y la subida a La Muela no será fácil. El GPS muestra un continuo venir de curvas y contracurvas, algunas de ellas con un radio de giro que prácticamente supone dar media vuelta. Nos ventilaremos una ascensión de doscientos metros en no llega a cuatro kilómetros.

Cuando llegué a la Fuente de la Chufa, poco antes de llegar a la cima, sentí una alegría tremenda. Un oasis en mitad del calor del verano y del esfuerzo de la subida. Para estar en mitad de ningún sitio, la fuente era muy extraña: un pequeño caño con un humilde grifo, pero situado delante de un tremendo muro de piedra, tras una monumental explanada, recios bolardos, molduras, balaustradas y escudos de Pedro IV el Ceremonioso. Sin embargo, de la fuente no pude ni llenar un bidón de agua. Se secó prácticamente al instante. Cuando llegó mi padre, la fuente no le dio ni las gracias. En cierta manera, esta fuente me recordó bastante a la idiosincrasia valenciana: mucho boato, mucho adorno supérfluo, mucho aparentar, pero en el fondo, prácticamente vacío.

La fuente nos había «troleado», pero la experiencia me ha ido enseñando que antes de tirar el agua caliente que te quede en el bidón hay que asegurarse de que tras abrir el grifo, de la fuente salga agua, que ésta parezca más o menos potable, y que además salga más fresca que la que llevas.

Los últimos metros tras pasar la Casa del Agrimensor son pan comido. Tras dos kilómetros de llaneo te plantas en el cruce con la carretera de Venta Gaeta. Nos encontraremos con El Oro tras la primera bajada de la carretera, que se adentra más en el valle del barranco de La Morera.

Fuimos a almorzar —aunque por la hora ya era más bien comer— al asador El Mirador. Ya casi no quedaba gente. Candamos las bicis al lado de una moto con adhesivos de banderas españolas de «tiempos pretéritos» —para que luego digan que Dios no castiga varias veces a la misma persona— y nos comimos los bocadillos en la terraza, frente a sus espectaculares vistas al valle. Debíamos hidratarnos porque en plena canícula tendríamos que bajar a Dos Aguas y desde allí, subir las tres cuestas que hay hasta el Balcón de Montroi. A esas horas, puestos a consolarnos, teníamos la carretera para nosotros solos. El problema era que el asfalto casi se derrite a nuestro paso. Forzosamente tuvimos que refrescarnos en la Fuente Nueva para reemprender el camino. La subida por la CV-435 junto al barranco de La Umbría fue demoledora. Cuando llegué a las Casas del Collado —donde empieza la subida al Pico del Ave— pensé que deberíamos habernos quedado hasta bien entrada la tarde refugiados en un bar. Mi padre subió más tarde y sorprendentemente entero.

Para complicar aún más las cosas, en plena bajada al Balcón de Montroi pinché la rueda delantera. Como pasa siempre que llevas prisa. La suerte es que teníamos algo de sombra, pero lo de llegar a casa antes de las cuatro de la tarde podíamos darlo por finiquitado. Y puestos a llegar tarde, qué mejor manera de hacerlo que parando en Montroi a tomarnos algo antes de caer desfallecidos por deshidratación. Como mi umbral alcohólico es de risa, impropio de alguien de mi edad y mi peso, esta vez no tenté a la suerte y sólo tomé un refresco. En estas condiciones un tercio de cerveza podía ponerme tan «contento» que hasta me creería los «adornos» que pongo en mi currículum.

La vuelta preferimos hacerla por la CV-415 y paseándonos por las huertas de El Realón. A lo tonto llevábamos casi ciento cuarenta kilómetros. La bici, esa afición que en verano vas al borde del golpe de calor y en invierno, como surja algún imprevisto, tienes el atardecer a la vuelta de la esquina.

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  • Foto de Final del cemento en la pista hasta Yátova
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  • Foto de Presa de Forata
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  • Foto de Vista del embalse de Forata
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  • Foto de Vista del embalse de Forata
  • Foto de Vista del embalse de Forata
  • Foto de Fuente de La Chufa
  • Foto de Fuente de La Chufa
  • Foto de Fuente de La Chufa
  • Foto de Asador El Mirador, en El Oro
  • Foto de Asador El Mirador, en El Oro
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  • Foto de Mirador del embalse del Naranjero
  • Foto de Mirador del embalse del Naranjero
  • Foto de Mirador del embalse del Naranjero
  • Foto de Pista cementada
  • Foto de Saliendo de El Oro

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