Descarga

Distancia

74,88 km

Desnivel positivo

1.366 m

Dificultad técnica

Moderado

Desnivel negativo

931 m

Altitud máxima

833 m

Trailrank

32

Altitud mínima

-418 m

Tipo de ruta

Solo ida
  • Foto de Camino de San Juan de la Cruz: Linares-Baeza - Villanueva del Arzobispo
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Tiempo

8 horas 56 minutos

Coordenadas

2435

Fecha de subida

21 de noviembre de 2017

Fecha de realización

octubre 2017

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833 m
-418 m
74,88 km

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cerca de Valenzuela, Andalucía (España)

Camino Sanjuanista: jornada I

Comenzamos la mañana con las mismas tareas de todos los días a lo largo del viaje; recoger, empaquetar y desayunar, solo que hoy sentía un poco de nostalgia; viejos recuerdos de cuando mi padre ejercía de jefe estación en este importante nudo ferroviario en la década de los 70, la imagen de sus compañeros, Bonilla, Garrote, Ramírez…, desdibujada por el paso del tiempo, el viejo edificio, que salvo algunos retoques, sigue siendo el mismo. Hay menos movimientos de trenes y trabajadores pero eso es algo consustancial con los tiempos actuales. Una foto para el recuerdo y comenzamos a pedalear bajo un cielo limpio y fresco, con el olivar dominando el paisaje, tónica general que se repetirá a lo largo del día. El perfil resulto algo engañoso, sin aparentes puertos, pero de orondos montes que se repetían monótonos hasta el horizonte. No era un pedalear duro, pero se dejaba notar, en muchas ocasiones eran porcentajes sostenidos entorno al 6 por ciento que había que recomenzar una y otra vez durante los kilómetros que nos separaban de Baeza.

Ya en la ciudad, que junto a Úbeda son Patrimonio de la Humanidad desde 2003, recorrimos su casco antiguo impregnado de la monumentalidad renacentista. De especial importancia fue la iglesia de la Santa Cruz, raro ejemplo del románico en estas tierras meridionales y para nosotros lugar iniciático de nuestro Camino de San Juan. Camino temático, dotado de un carácter eminentemente religioso, no debe, al menos esa es nuestra opinión, dejar de lado los aspectos culturales o paisajísticos. Para algunos de nosotros el camino puede ser un fin en si mismo con su cambiante trazado entre Baeza y Caravaca De la Cruz. Surge aquí el primer, y casi único, contratiempo de nuestro viaje; nuestra máquina de fotos, una olympus tough prácticamente irrompible, dejó de funcionar, más bien su pantalla que se quedó en negro, dejándonos con la incertidumbre de si estábamos fotografiando algo o no. Esta avería deja la maquina prácticamente inservible, pues aunque pueda captar las fotos, no podemos encuadrar ni cambiar ningún parámetro que las puedan mejorar. Y la verdad es que me sorprende mucho este hecho, pues compré este modelo por su resistencia a los golpes, -y se ha llevado unos cuantos-, al agua, al polvo y a las bajas temperaturas. Ahora, sin ton ni son, sin golpe alguno, sin más, deja de funcionar. Uno no es de naturaleza desconfiada, ni cree demasiado en la obsolescencia programada, pero da que pensar, tenía poco más de dos años, si además sumamos la moda de la tarifa plana en los servicios técnicos, que andará por los 125€, será ya la tercera maquina de fotos que ira a parar al cajón del “por si acaso”.

Apenas diez kilómetros de un cómodo carril-bici nos separan de Úbeda y su impresionante casco antiguo evocador del monumental siglo XVI. En el entorno del carmelita convento de San Miguel, allá por 1627, se construyo el oratorio de San Juan de la Cruz, para albergar algunas de sus pertenencias más próximas y en 1978 se inauguró un Museo con objetos relacionados con la vida y obra del santo. La entereza y mansedumbre con la que soporto las penalidades y las feroces persecuciones a las que fue sometido, extendieron por la ciudad un olor de santidad. A su muerte, para evitar su desmembramiento por el afán de los fieles en conservar alguna parte de su cuerpo como reliquia, fue trasladado en secreto hasta Segovia, al convento de los Carmelitas descalzos donde reposa en la actualidad. Tras recorrer una buena parte del casco antiguo retomamos el camino en dirección a Sabiote, por carretera de poco tráfico y de pedalear fácil. Entramos en el pueblo, la carretera se transforma en calle principal, miramos a uno y otro lado y una especie de extrañeza se apodera de nosotros, es buena hora para el trapeo pero no vemos ningún bar. Es raro, tampoco se veía mucha gente por la calle. Al fin vemos unas señoras junto a un coche, preguntamos por un sitio para comer y nos mandan retroceder un par de calles:


-Vuelvan ustedes hacia tras y la segunda calle a la derecha, al final encontraran el restaurante, a la derecha también.


Damos las gracias y nos encaminamos al lugar, pero esta cerrado. Vemos venir un coche a toda velocidad y nos apartamos temerosos, eran las señoras que querían disculparse, tras hablar con nosotros se dieron cuenta que era el día de cierre del local. Solicitas nos indicaron otro, incluso se ofrecieron a acompañarnos. Nos negamos amablemente, estábamos seguros de que terminaríamos encontrándolo nosotros mismos como así sucedió.

Aproximadamente una hora después comenzábamos de nuevo a pedalear. Callejeamos un poco buscando el antiguo convento carmelita, hoy reconvertido en centro cultural, que a estas horas estaba cerrado. El final de la calle peatonal donde se encuentra el convento esta la estatua en bronce de un prohombre de la localidad, que aparenta estar sentado en un banco. Justo enfrente también sentado en un banco, un hombre vestido de chaqueta y corbata, de edad avanzada, en actitud pensativa, semejaba ser el reflejo del otro. Entablamos conversación llegando al conocimiento de que se trataba de Don José Torres Blanco, hombre cultivado que nos ha prometido, en cuanto se presente la ocasión, ilustrarnos sobre el pasado y el presente de este extraordinario pueblo, recomendándonos encarecidamente que visitáramos, como así hicimos, el castillo. Bajo su muralla una fresca fuente nos permitirá, si así lo deseamos, llenar nuestros bidones, se encuentra en el centro de un mirador que nos ofrece una extensa panorámica de los campos que se extienden por el este hasta el horizonte, donde transcurrirán nuestros próximos kilómetros. Salimos sujetando los frenos con firmeza, por un camino cementado a los pies del castillo, hasta enlazar con una carreterilla que serpentea trepando los cerros cuajados de olivos. Subida engañosa la de estos ceros que nos harán sudar. Coronados, bajamos hacia la carretera nacional. Seguimos bajando para llegar a Villacarrillo. Entramos en el pueblo en busca de una terraza para refrescarnos, la encontramos y desde la mesa de al lado, unos chiquillos miran con admiración las bicicletas, en especial la de Antonio que es eléctrica, y con orgullo nos comunican que ellos también tienen una; de montaña, puntualizan, aunque bajando la vista reconocen que no es eléctrica. El tramo hasta Villanueva del Arzobispo lo bueno que tiene es que es casi todo en bajada, pero el tráfico es alto por esta N-322 y nos sentimos incómodos. A su lado se construye la autovía, en el futuro no sabemos si podremos pasar por aquí. Llegados al hotel, nos facilitan con amabilidad un lugar para dejar las bicis, enchufe incluido. Tras la ducha recorremos el pueblo de bar en bar, tampoco encontramos cosa mejor que hacer, y a pesar del tapeo, terminamos cenando en el restaurante del hotel a nuestro regreso.

Mariano Vicente, noviembre de 2017

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