Coordenadas 418

Fecha de subida 25 de marzo de 2014

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46,65 km

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cerca de Chiquinquirá, Boyacá (Republic of Colombia)

Día 4
Un viaje al pasado

estaba en aquel café internet en Chiquinquirá resguardándome de una lluvia muy leve pero fría y mientras les escribía las últimas líneas de este viaje y luego de una visita muy breve a la basílica en la que se resguarda la imagen de la patrona de Colombia, la virgen de Chiquinquirá, donde me sentía como hipócrita pues tantas veces que ataque la iglesia católica y sus contradicciones, pero era lo más cercano que tenía hacia dios (…) escuchaba las preguntas de mi nueva amiga Camila, a quien le interesó mucho el viaje que estaba emprendiendo.
Recordando lo vivido en el día anterior que había sido el más exigente y duro hasta ahora, para inmortalizarlo con las palabras, decidí afanarme después de haber visto el reloj que casi marcaba las 2 de una tarde muy fría y monótona pero que me dejó la posibilidad de hablar con la gente y poder contarles lo que hasta ahora había transcurrido y las tierras que las dos ruedas de la poderosa habían pisado.
Un trueque de una fruta que guardaba en mi bolsa de provisiones por un chocolatito ofrecido por Camila, fue la despedida de la capital religiosa y todo enmarcado en la amenaza de una lluvia que no pararía en horas. Cruzando por la vieja estación del tren que es uno de los edificios más emblemáticos de la región, recordé que por allí ha debido pasar en sus años mozos, aquel hombre solitario y lleno de historias que encontré en el caserío del páramo del crucero, con un destino en común y también allí recordé la historia de aquel personaje que hacía tantos lustros abandonó un amor en Vélez. Partiendo ya de aquella ciudad que anhelaba por fin pisar después de una noche casi de pesadilla, pude comprobar que cómo meteorólogo me muero de hambre y agradeciendo tal condición por que la lluvia nunca llegó, logré remontar la vía a mi siguiente destino y posible parada.
La vía se burlaba de mi paciencia con sus constantes subidas y bajadas leves pero que sin duda eran un fastidio para mis piernas que ese día habían descansado de más. Lo único gratificante de tal ruta fue notar cómo el paisaje cambiaba bruscamente y la temperatura también, ya que cuando en Chiquinquirá estaba protegido contra el frio con mis abrigos e impermeables, llegando a Tinjacá, el paraíso de artesanías del famoso marfil vegetal o tagua, que estaba a unos 30 kilómetros de mi punto de partida del día, me vi en la obligación de despojarme de tales prendas y esto sumado a un letrero que me daba la bienvenida al lugar con el mejor clima de Colombia.
Pasé de ver pinos, eucaliptos y robles a ver árboles más de tierra templada que evocaban cruel y copiosamente mi destino de ruta, como matas de plátano y muchas, muchas flores como el cayeno, la buganvilia o las campanillas. La llegada a Tinjacá fue enmarcada por el temor del movimiento constante de mi rueda trasera que no paraba de bailar de lado a lado a medida que avanzaba, pero todo esto fue eclipsado por las constantes y cambiantes escenas paisajísticas que se plasmaban en mis horizontes. Tinjacá me pareció una de las poblaciones más pequeñas y tal vez sin ningún atractivo para hacer allí una parada, pero como era de mi acostumbrar busque el parque principal y allí su iglesia a la que por fortuna pude entrar y admirar. Tal iglesia era como salida de un sueño ya que por fuera era como cualquier iglesia de cualquier pueblo pero dentro de ella había unos vitrales maravillosos con tintes mágicos de azules oscuros y ocres. No sé cómo explicarlo, pero era como en una catedral en miniatura porque era en verdad pequeña pero su altar y sus naves gozaban de una belleza que se podría encontrar en cualquier importante templo.


Cuando salí de ésta población lo único que pude ver interesante y que dejaba unas ganas de volver era su condición de ser el municipio de los dinosaurios. le pregunté el por qué a un joven lugareño que me respondió con un frio “ no se” bhaaaaaa , si le hubiese preguntado quien ganó el partido entre santa fe y equidad o si la doctora por fin le dio el “si” a Oscar en la telenovela vecinos, me hubiera tenido que quedar a escuchar amplias respuestas.
La rabia de saber que la cultura general ya no lo es tanto…es más de la elite de los valientes, quienes se toman la molestia de leer. Especie que se ve reducida por las idioteces que entretienen en la tv de la que yo también he sido víctima.

Una tentación de cambio de ruta me tomo el pelo por unos segundos… bueeeno está bien…ya sé que se preguntaran lo de siempre…. ¿cuál pelo? jejejeje, pero ¿De qué se trata tal desvío?
Bueno…era simple, pues apenas salí de Tinjacá vi un aviso que me invitaba a una población muy conocida por sus artes manuales y su belleza cultural. Ráquira 7 km…hmmmmmmm bhaaaaa para qué, si no tengo ni cinco para artesanías….entonces allí seguí mi senda. Tampoco saque mi guía de ruta en la que cada pueblo y lugar se describía, por que la había guardado en un lugar del equipaje que no estaba tan a la mano y el tiempo tampoco permitía una parada de más tiempo.
Me agradó mucho lo florido del camino y la buena condición de la vía a la que yo había prejuzgado mal, antes del viaje cuando jugaba con el mouse en los mapas de Google y a continuación de haber devorado otros 10 kilómetros con incontables pedalazos por una vía que ya sólo era plana sin molestas pendientes o bajadas inoportunas que me robaban el paisaje logré arribar con mi nave a Sutamarchan donde se decía que existía la mejor fritanga de Colombia. Es duro estar en un pueblo en el que el único atractivo sea su comida y no poder sino sentarse en el parque y almorzar con un plátano y dos mandarinas. Pero bueeeno, no podemos ser desagradecidos por la falta de dinero ¿verdad?, hay es que trabajar mucho para poder mejorar estos detallitos que hacen las cosas un poquillo más difíciles.
El clima era aún más cálido, pues el punto más bajo en el que había estado desde que comencé a pedalear en Bogotá. Apenas 1800 metros sobre el nivel del mar
No pude soportar a mi conciencia que como en las caricaturas me pedía por un lado un platillo exquisito de este pueblo y por el otro lado la revisión y centrada de mi rueda trasera. Cuando fui a cumplir con la última de éstas empresas y luego de llamar varias veces al encargado de una bicicletería sin que apareciera pronto, al fin vi a un muchacho como con cara de mala gana quien luego de preguntarle por una revisada y una centrada que en Bogotá no valía más de $10.000 me estaba cobrando la tontería de $15.000 con los que tal vez él hubiese hecho la venta del día…pero conmigo “no”… (Una rebaja le dije…en Bogotá no vale más de $8.000, a lo que respondió que eso era allá porque acá valía eso) upss…me disculpé por quitarle tiempo a este trabajador y dedicado joven y salí haciendo improperios mentales contra la educación y el buen servicio de las nuevas generaciones que en su mayoría creen que el trabajo es una “mamera” y que si no le gustó pues no vuelva.
una visitica a la iglesia de Sutamarchan para pedir ayuda divina para con la rueda y el hambre y una tercera mandarina al son de la canción del muñeco de vitrina y unas carrangueras que le daban un toque a mi almuerzo más “típico”…o de cantina fueron casi lo último que me acompañó en este pueblo. Recordé que allí nació este señor llamado pedro González, más conocido en la farandulilla chibchombiana como el famoso “don jediondo”...bhaaaa que emoción.
Cuando vi a un grupo de lugareños bebiendo sus cervezas heladas recordé cuando perdía el tiempo de esta forma hablando sandeces y estando con personas que muy seguramente hoy ni sabrán donde estoy, alimentando mi mente de tonterías y a cada sorbo creyéndome más macho y atrayente con el sexo opuesto….buenno a veces funcionaba porque a algunas damillas que no es menester recordar les gustaba tal condición. También recordé que no tenía ya casi agua en mi botella…y andar otros 20 kilómetros sin una gota de mi combustible era como más estúpido de lo que yo solía ser.
Me dirigí al comando de policía para que me regalaran un poco y me contestaron que el agua de allí no era potable y que salía amarilla de la llave. Allí recordé cómo en mi puente uno puede beber directamente de la llave sin problema y es en un momento así cuando se aprecia lo que uno tiene a la mano y lo que muchos no tiene la chance de disfrutar. Aproveche a estos hombrecillos verdes para preguntarles la vía más rápida a la siguiente villa y mientras comparaba mis mapas con sus explicaciones y preguntas sobre las razones del viaje, pude tener un bosquejo de saber cuál ruta era mejor seguir.
con más fuerza y ánimos para el pedaleo por haber felicitado por teléfono a mi sobrinito que llegaba ese día a sus 10 primeros añitos comencé a subir 10 kilómetros más para así llegar a una de las villas más famosas de Colombia antes que la noche rasgara los cielos con sus frías pinceladas de oscuridad.
Entre paisajes y bonitas vistas me sorprendí al ver como por el lento avanzar de mi bici y el agotamiento de mis piernas que ya reclamaban una parada definitiva por ese día. Podía disfrutar aún mejor lo que comenzó a ser una razón para atravesar por estas antiguas tierras muiscas. Luego de un puesto policial de control de velocidad en la que la máxima marcaba los 60 km por hora y después de saludar a aquellos personajes verdes que recién se estaban yendo y levantando todo lo del puesto de control, coroné una bajada que me alentaría a llegar a mi más reciente record de velocidad, ya que en tan solo 5 km pude llegar a los deliciosos 82 km por hora. El desierto de la candelaria. espectacular pues hacia no muchas horas disfrutaba del aroma de los árboles de climas fríos y en ese momento estaba rodeado de un rojo y naranja intenso, adornado con manchitas verdes llamadas cactus suculentas quienes advertían con sus espinas afiladas de su presencia imponente como los únicos seres vegetales por estas arenosas y rocosas tierras.
Mientras el sol poniente daba un rojo más intenso a las montañas arenosas de fondo y el cielo se pintaba de cálidos tonos encendidos me pregunté si algunos animales podrían vivir en tan áridos ambientes y allí fue cuando a 20 metros frente a mí y atravesando la carretera de forma osada y suicida un roedor que era como una ardilla me respondía la cuestión.
Allí había un sugestivo letrero de “no pase propiedad privada” que me invitaba a desobedecerle ya que luego de él, existía un campo plano como del tamaño de un campo de futbol y tras de él una vista maravillosa y la primera de villa de Leiva tal cual como en un pesebre navideño de antaño con algunas de sus lucecitas que tímidamente rompía la naciente oscuridad.
Era fascinante atravesar estos campos arenosos y sentir como por el peso se hundía un poco la bici en la arena y ver como dejaba una huella que no viviría mucho físicamente pero si mucho en mi memoria. “por aquí pasamos, la poderosa y yo” y al son de nuevas tentaciones que luego desobedecía como las lagunas azules o la tierra de los fósiles que desviaban como brazos del ramal empedrado por donde transcurría mi andar, el cual en algunos de sus postes de cercado se asentaban a descansar los famosos chulos o buitres negros que se sentirían atraídos por una eventual montañita de basura que me dañaba el paisaje tanto de vista como de aroma. Llego por fin a la villa de Andrés Díaz venero de Leiva, quien también fundó hace más de medio milenio a mi puente nacional y allí también por vez primera logre con ayuda de mi brújula ubicar y divisar el alto filo que marcaba la frontera entre el departamento de Boyacá donde me encontraba y Santander a donde quería llegar.. Villa de Leiva donde recordé la experiencia de Cucunubá por sus empedradas calles que casi no permitían rodar con una bicicleta tan pesada y atrofiada como la mía. Si llegué hasta aquí llegaré a puente sin tropezar… ¿Sería así?
<“señora por favor, ¿dónde encuentro la plaza principal?
< “a tan solo 4 calles su merced”

Villa de Leiva era estar en el pasado y envuelto en ese aroma tan bohemio y circundante me preguntaba lo bueno que sería si las paredes de tapia pudiesen hablar y contar viejas historias y a pesar que me imagine que mi apariencia de turista loco y cansado no sorprendería por la cantidad de estos ejemplares en estas tierras boyacenses, notaria no mucho después que estaba equivocado. Pareciera que jamás hubiesen visto a un hombre y su bici llena de corotos atravesar esa plaza que sale en postales de correo y en almanaques.


Directo a la siguiente sucursal del cielo para agradecer mi buena marcha sin contratiempos y logre contar con la gran fortuna de llegar a las seis en punto de aquella tarde rojiza para escuchar los versos de las repetitivas letanías de las misas católicas, no sin antes padecer el mismo mini calvario de cada arribo a los templos, que significa subir a la poderosa al atrio, escalón por escalón.
era supremamente hostigante en pleno atrio de este templo tan típico escuchar a un anciano de estos que te encuentras en cualquier lugar del norte de Bogotá, peleando por teléfono con un pobre empleado bancario porque su tarjeta no le permite hacer una compra o porque su cheque bla bla bla bla….al igual que ver tanto turista extranjero que se gozaba los beneficios de sus viajes en la cara de la gente de a pie, de la gente nativa de allí que en su vida
pudieran al menos soñar con cenar en uno de aquellos restaurantes o hacer compras en la plaza mayor….esto era irritante y confieso que alguna vez tuve el infortunio de mezclarme entre esta chusma consumista que llena sus vacíos corazones con las facturas de su superficialidad. Gracias a dios el lugar lucía diferente a como lo vi la última vez cuando estuve en ese plan tan aburrido y absurdo.
La noche ya era la dueña del cielo y viendo cómo se agotaba la misa cruce dos palabras por teléfono con Edwin mi amigo que con gusto recibía las noticias del nuevo lugar en el que yo existía por ese día. Mientras le comentaba el que hacer para dormir un señor que estaba con su familia en esos antiquísimos escalones me miraba como escuchando lo que yo le afirmaba a mi mejor amigo y me sentí un tanto incomodo por la intromisión aunque esto me serviría luego de gran ayuda pues apenas le nombre a Edwin la posibilidad de un acampamiento sin costo alguno en un paraíso para hippies y ladrones llamado “periquera” el señor negó con la cabeza mientras me miraba y me decía que ni de riesgos se podía. cuando corte la llamada me senté junto a él para exponerle mi situación tan escasa de fondos y bajo la cacofonía de sus hijos en pleno juego me dijo que existía una zona de camping muy segura en la que por solo la mitad del total de lo que llevaba, es decir $5.000 podría dormir tranquilo con mis pertenencias a salvo, una ducha al otro día, la posibilidad de concina y baños limpios, despidiéndome del señor Omar que no se veía como un turista sino como un local al estar con su familia y vestirse humildemente, no lo dudé y me dirigí a dos calles de la plaza mayor cual hotel de cinco estrellas de $200.000 la noche. Me deseó buen viento y buena mar y era la segunda vez que esto me pasaba y me fue bien…era muy bueno este augurio. Allí logré ver a un grupo de muchachos dándole fuerza a un fuego cada vez más inexorable y que eventualmente asesinaría ese frio que rondaba sobre los verdes pastos.
esto era un oasis en medio del desierto blanco y marrón que era este pueblo porque a pocos metros del centro y con una zona amplia y totalmente cerrada y segura se podría comenzar todo el ritual que significaría construir la nave hacia el país de los sueños…haaaa mejor dicho armar la carpa pa´ dormir.
Cuando la encargada me saludó mientras con extrañeza miraba lo que ella llamaría mi moto le pregunte con ansia el costo de la noche y a lo que tenía derecho y sin vacilar me dijo que eran $8.000 por comenzar la temporada de vacaciones de puente festivo y tras muchos ruegos y explicaciones y tratar de encontrar con su mirada un motor inexistente en la poderosa logré convencerla de un descuento que cambió las cosas y me dejó la posibilidad de un desayuno merecido como los anteriores.
recordando lo anterior a la llegada a esta zona de acampamiento se me cruzo en el camino una de estas chicas que ofrecen en plena calle ya con carta de menú y todo una rica cena casera económica en un buen ambiente colonial y familiar. Era como si el mismo diablo se burlara de mi hambre y de mi poca plata por que insistió tanto con su mirada y sus palabras que no pude evitar detenerme y escucharle por educación para que no pensara que soy uno de estos turistas humillantes y por qué no es bueno dejar a alguien hablando solo…mucho menos sola jejejej…
Su mirada era cálida y su voz era como de alguien que le hablase a uno cuando ya se lleva mucho tiempo de conocerle y eso me atrajo en cierta forma porque siempre se necesita alguien con quien hablar de una forma no tan política ni tan desconfiada. Me preguntó si quería cenar y al decirle que no con las manos y con mis dedos afirmarle mi falta de dinero me dijo ¿y mañana? le dije que si tenía un descuento en la zona de camping vendría a desayunar a ese lugar que no estaba mal…
< “si vienes en la mañana yo misma te sirvo el desayunito”
De esta forma tan familiar ¿quién no se siente comprometido?
Con su nombre a cuestas y luego de armar mi carpa mientras hablaba por teléfono un poco con mi amigo Omar, antiguo dueño de la poderosa y con Jaqui su esposa, quienes celebraron mi llegada a tan bonita población logré conocer a Julián y sus amigos quienes estaban allí hasta ahora, como los únicos huéspedes de este verdor en medio de la selva colonial de paredes blancas y balcones republicanos.
Al saber que disponía de toda la leña que quisiera y poder hasta lavar mi ropa o cocinar me sentí lo más tranquilo del mundo y me prometí volver pero en una más grata compañía. Obviamente. Escuchando a estos chicos arreglar el país y quejándose de la fuerza pública al tener a uno de los suyos en un calabozo, no recuerdo por qué, terminaba como a eso de las diez de instalarme pero aun sin poder encontrar un lugar seguro donde dejar a mi bici, donde la pudiese ver y seguir oyendo como a estos chicos les fastidiaba tanto el sistema y las injusticias que ellos Vivian. Bueeeeno, esta palabra era un poco exagerada para lo que realmente viven muchas otras personas que ni cerca estaban de su realidad, pero se veían buenas gentes aquellos jóvenes que intentaban infructuosamente cortar leña con sus pies y ponerse de acuerdo en algunos temas que trataban entre algunas ironías típicas de estas edades en las que se comienza a afrontar la vida como tal.
Yo me sentía muy bien hablándoles y haciéndoles reír con mis típicos comentarios ya conocidos por mis allegados, y a la luz de una fogata ya nutrida por un calor considerable que me sirvió para secar algunas prendas que tenía húmedas, me bebí el primer sorbo de alcohol después de que comenzara a pedalear, siendo un solo trago de vino tinto dulce y sabroso para esa ocasión de tertulia, ofrecido por ellos. luego de la golosina típica de la noche para el engaño de mi estómago me dispuse a descansar y a seguir escuchando esas charlas que se prolongaron hasta las tres de la mañana y que desde mi carpa se hacían ridículamente grandes obstáculos para poder dormir en paz. Me causó gracia, que sus maletas y sus carpas eran enormes pero no traían nada útil pues se evidenciaba cuando me pedían prestada cada cosa que necesitarían para hacer la actividad más básica.
Las últimas cifras de mi viaje
Hora de inicio de pedaleo: 2pm (Chiquinquirá)
Temperatura: frio y templado
Paradas. : desvió a san miguel de sema, Tinjacá, Sutamarchan, desierto de la candelaria, villa de Leiva
Hora final: 6:00 pm
km recorridos: 55.6 kilómetros (Chiquinquirá-villa de Leiva)
km recorridos en total: 241,1 km
Velocidad máxima: 82 km por hora bajando de Sutamarchan a villa de Leiva luego de un puesto de control policial (nuevo record)
Tiempo real de pedaleo: 18h45m 15s
Altura máxima: 2580 metros sobre el nivel del mar (Chiquinquirá)

Cantidad de flores: agradablemente numerosas
Arquitectura religiosa

Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá

Puente

Antiguo Puente

panoramica

Iglesia de Tinjacá y artesanías de tagua

Waypoint

Iglesia de Sutamerchan y buena gastronomía

panoramica

Desierto de la Candelaria

panoramica

Plaza Mayor Villa de Leyva

refugio libre

Zona de Camping

5 comentarios

  • Ivan el Terricola 01-sep-2014

    Hola !

    Gran relato...!! (no puedo creer que no tenga comentarios...)

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 01-sep-2014

    Gracias Iván, lo que puede pasar es que se duermen y para cuando van a escribir están profundos. Un abrazo gracias por seguir las rutas

  • german caro 27-jun-2016

    super, el viaje,, una pregunta que otra ruta puedes recomendar para un puente cerca a bogota, que sea de categoria facil, soy nuevo en la bici de aventura y hasta ahora estoy tomando ritmo.gracias

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 27-jun-2016

    Gracias amigo Germán. Le puedo recomendar salir de Bogotá hacia el norte y dar la vuelta al Neusa para llegar a Tausa. Pasaría por Cajicá, Chia, Cogua y el paisaje del embalse.

    También sé que hay rutas bonitas para Tenjo y Tabio o como en el inicio de este viaje ir a Sopó y bordear Tominé pasando por Guatavita, Sesquilé o Suesca.

    Si quiere por acá en el sur de Santander hay buenas vías y paisaje diferente al de la sabana pasando por lo municipios por donde entrena Nairo. Un abrazo

  • Foto de Oscar Upegui

    Oscar Upegui 03-ago-2018

    Como siempre una buena ruta acompañada de una excelente crónica, Gracias Amigo por compartir el trazado, poco a poco iré valorando sus rutas, pues a cada una hay que sacarle el tiempo para leer hasta el final.

Si quieres, puedes o esta ruta