Tiempo  2 horas 57 minutos

Coordenadas 637

Fecha de subida 10 de agosto de 2017

Fecha de realización agosto 2017

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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1.156 m
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2,39 km

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cerca de Lamiana, Aragón (España)

¿Qué hacemos hoy?

Estamos en el camping de Lamiana (Sobrarbe-Huesca). Ayer, 5 de agosto nos diluvió justo dos minutos después de acabar la excursión al refugio de Forataruego y Gurrundué. Continuó intermitentemente hasta la hora de ir a la tienda a dormir. Siguió toda la noche con el cielo relampagueando casi sin parar, tronando y lloviendo a ratos en diferentes intensidades. Dentro de la tienda era parecido a una discoteca, así que, ¿qué hacemos hoy?

Pues nada, ¿por qué no vamos a Los Arnales, una cueva que está cerquita del camping?

Yo la tenía nombrada desde hacía muchos años, más de 40 como mínimo. Incluso estuve una vez en la boca de entrada con mi hermano Diego, uno de los mejores espeleólogos que ha tenido este país y que se trabajó durante 20 años estas montañas llamando Sistema Badalona al conjunto de todas las simas y cuevas que hay en Escuain, y que aún, todavía hoy, el GEB continúa explorando y aumentando cada año el kilometraje explorado y topografiado.

Como el tiempo continuaba inseguro, pregunté a Javier, que es de la familia que regenta el camping-restaurante-hotel y conocedor de toda la zona, además de poseer un rebajo de ovejas, según entendí.

Me dio cuatro indicaciones, o mejor dos. Ya que acercarse a la entrada de la cueva es de lo más fácil y rápido, y nos presentamos en ella en apenas 20 minutos en plan paseo. En la ida nos cogió un poco de lluvia en el trayecto, pero entre el bosque y el sirimiri que caía no nos dejó apenas mojados.

La entrada de la cueva es muy amplia. Dicen que antes había un molino allí. De hecho, se ven restos de bloques de piedra de algo parecido a una construcción.

En la entrada ya se ve que corre el agua por la cueva, estando algunas partes inundadas. No muchas, ni con profundidad. Pero yo iba con un equipaje muy ligero: sandalias para meterme en el agua, pantalón corto por encima de las rodillas, una camiseta, un frontal y el móvil para hacer fotos.

Muy rústico iba yo. Pero Javier ya me había advertido que la cueva era fácil y el agua estaba algo fría. En aguas más frías me he bañado. Al fin y al cabo, solo iba a llegarme el agua hasta un poco más abajo de las rodillas. En cambio, delante mío entró un pequeño grupo de turistas belgas, los cuales también cambiaron de plan, ya que pensaban hacer barranquismo, pero con la lluvia caída pensaron que era mejor no aventurarse en según qué sitios. Sin embargo, ellos sí que iban bien equipados, tanto que me hicieron dudar de mi vestimenta, iban vestidos con trajes de neopreno, arneses, zapatillas, cascos, mosquetones y hasta cuerdas. Claro que también iban acompañados por una monitora-guía belga que hace años está por estos lares. Por lo visto, esta zona el turismo belga es lo que más abunda, habiendo comprado casas en Rebilla, el último pueblo al final de la carretera.

Nada más entrar un poco en la cueva me encuentro con una culebra de agua. Asombrado yo y asombrada ella, sin embargo no se inmuta por mi presencia y empiezo hacerle fotos. Ella tenía medio cuerpo, o quizás más, metido en una especie de agujero. Quedo perplejo porque las serpientes son de sangre fría, y sin embargo está metida en una cueva y con el agua más fría que su sangre, pienso yo. Mi nieta, que nunca ha estado en una cueva, al nombrarle lo de la serpiente, decide no seguir y volver para atrás. La dejo en la entrada y le digo que seguramente estaré más de media hora adentro. En realidad, estuve una hora según me dijo ella. La verdad es que no conté el tiempo, pues estaba disfrutando tanto y pensando en mi hermano que el tiempo me pasó deprisa.

Como el grupo de belgas enseguida me pasó, habiendo entre ellos tres o cuatro menores y un adulto, aparte de la guía. Decidí seguirles para ver si yo tendría dificultades o no.

Pronto tuve que ir a gatas y agacharme para no tocar el techo con la cabeza, y aunque el suelo estaba embarrado y resbaladizo, no tuve problemas pues era bastante llano. También pasé por pasos estrechos por donde discurría el río nada profundo. Podía haber pasado poniendo los pies en los márgenes laterales del pasadizo, donde el agua y la cueva hacen como una especie de peldaño. Pero preferí poner los pies en el agua fría. La verdad es que tampoco era para tanto y al no estar rato en el agua, ni en la cueva, se soporta perfectamente.

Pronto me encontré con el grupo de belgas. Estaban en la gran sala central, impresionante toda ella. Se encontraban en el lateral izquierdo ascendiendo y para ello utilizaban unas cuerdas fijas ya instaladas para superar el repechón. A continuación había otra cuerda, esta recubierta como si tuviera una funda de plástico. después había dos más para superar un paso algo delicado y alto, con final inferior a la sala central, o quizás a un gran pasadizo que hace de conexión entre el final de las instalaciones de las cuerdas y la sala central.

La verdad es que fui un poco imprudente, pero yo estaba seguro de mí mismo. Estoy convencido que los belgas pensarían que yo estaba loco. Un señor mayor y más viendo la diferencia de equipo entre ellos y yo. Con todo, yo me así con fuerza a las cuerdas. Hubo un punto en que hice un poco de rappel sucio. Digo sucio porque me ensucié de barro los pantalones arrastrando parte del cuerpo en la pared.

Una vez se acabaron las cuerdas les pregunté a la guía belga, que hablaba bastante bien el castellano, cómo eran los tramos siguientes y si ellos continuaban. Al decirme que venían pasos algo estrechos, decidí darme la vuelta desde ese punto. Pero no volví por el mismo sitio, sino que lo hice por el pasadizo que enlazaba con la gran sala. Lo único de dificultad es que tuve que utilizar otra cuerda que bajaba al piso de la sala. Así que, con mucho cuidado me deslicé cogiéndome con fuerza a la cuerda y arrastrando mi cuerpo por la pared. No era un gran trecho, creo que como máximo serían tres metros de desnivel. Además, la pared era casi lisa. No me costó nada volver a tocar el suelo.

A la vuelta hice dos fotos de mariposas o polillas nocturnas, o quizás es que ya viven allí. También vi mosquitos en las paredes, pero bastante adentro de la cueva. Dicen que suele haber murciélagos en la entrada. Aunque yo no vi ninguno.

Creo que vale la pena ir a esta cueva. Está tan cerca de la carretera que en un plis-plas te encuentras en ella.

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