Coordenadas 6074

Fecha de subida 29 de junio de 2016

Fecha de realización junio 2016

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1.785 m
582 m
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206,08 km

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cerca de Las Cortes, Madrid (España)

En este año de 2016 se cumple el centenario de la aprobación de la primera Ley de Parques Nacionales en España. El Museo del Prado se ha querido unir a la celebración de este aniversario organizando un recorrido a través de algunas de sus obras en las que se ha tomado como modelo para sus paisajes la sierra de Guadarrama y su entorno, declarado parque nacional mediante la Ley 7/2013, de 25 de junio.
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Felipe IV a caballo, de Velázquez

Para la representación del monarca, en la que se conjugan domino, serenidad y majestad Velázquez siguió la fórmula utilizada por Tiziano casi un siglo antes en Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548) y situó al jinete ante un amplio paisaje que contribuye a transmitir la sensación de serenidad que domina el cuadro. Las curvas del horizonte nos recuerdan a la sierra de Hoyo de Manzanares vista desde el monte de El Pardo. Esta sierra sirve de barrera natural entre las cuencas de los ríos Manzanares y Guadarrama. Esta era una de las zonas frecuentadas por el monarca en sus sesiones de caza.
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La primavera, de Goya

En el boceto de La Primavera aparece en un amplio paisaje una muchacha arrodillada que ofrece flores a una mujer que pasea con una niña muy bien vestida. Detrás de ellas, un campesino sostiene un pequeño conejo con el que pretende asustar a la mujer, por lo que se lleva un dedo a los labios, como pidiendo al espectador que no le delate. La escena revela un humor directo y sencillo con una composición construida sobre los movimientos diagonales del grupo de figuras, que a la vez enlazan con el amplio paisaje. Este boceto fue presentado al Carlos III cuando se encontraba alojado en el Monasterio de El Escorial. Posteriormente en el cartón, Goya aclara la composición. El conejo es ahora el centro de la historia: lo cambia de posición para que adquiera más protagonismo y el paisaje se refuerza para encuadrar mejor la narración de la historia. Muy posiblemente, el paisaje que ahora aparece sea una vista de El Escorial con Las Machotas al fondo, muy similar al que acababa de ver al presentar sus bocetos al monarca.
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Cruz de la Horca, de Martín Rico

Obra de Martín Rico (1833-1908), discípulo de Pérez Villaamil, a quien acompañó en varias salidas al campo. Su inquietud por encontrar un nuevo método de acercamiento al paisaje le llevó a hacer excursiones por los alrededores de Madrid, especialmente por la zona más occidental de la sierra, hacia Abantos y Peguerinos, zonas que le resultaban más cercanas por la relación de su familia con El Escorial.
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Baltasar Carlos, cazador, de Velázquez

El paisaje en el que se situó al príncipe deja ver al fondo la vertiente sur de la sierra de Guadarrama, en concreto Las Machotas. Estos montes-islas están ubicados entre los términos municipales de Zarzalejo, El Escorial y San Lorenzo de El Escorial. Este cuadro se pintó para decorar La Torre de la Parada, en el Monte del Pardo. La Maliciosa, Abantos o Las Machotas eran perfiles habituales para el rey y sus cortesanos, cuando salían de caza o viajaban a El Escorial.
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El Principe Baltasar Carlos a caballo, de Velázquez

Al niño Baltasar Carlos, que por aquel entonces contaría con unos seis años, se le representa de una forma muy similar a la de su padre y su abuelo, con el caballo en corveta, con insignias que hacen referencia a las futuras obligaciones del príncipe. Lo sitúa con pico de La Maliciosa al fondo y, detrás de él, el alto de las Guarramillas, también conocido como La Bola del Mundo. Entre estos y el personaje se extiende una zona poco arbolada perteneciente a los Montes del Pardo.
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La gallina ciega, de Goya

La gallina ciega, en el que unos jóvenes juegan a orillas del río agarrados de la mano formando un círculo en torno a un joven con un cucharón y los ojos vendados al que tratan de esquivar. Los jóvenes visten trajes que hablan de su elevada posición, vestidos populares de majas que lucen diversos tocados y majos con redecillas en el pelo. El paisaje es muy similar al que podemos ver desde la orilla del río Samburiel, también conocido como Navacerrada, a la altura del actual embalse del mismo nombre, con Siete Picos a la izquierda, La Bola del Mundo y La Maliciosa.
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Paisaje del Pardo al disiparse la niebla de Muñoz Degrain

El lienzo muestra el remanso de un río al que se acerca un guarda de El Pardo a caballo. Tras ellos se despliega una tupida masa arbórea, ante la que se eleva un imponente árbol, que se recorta sobre el fondo nuboso de luces cambiantes. A lo lejos se aprecian las cimas de La Pedriza, en concreto la zona que pudiera ser la conocida como Los Fantasmas. Este paisaje, que Muñoz Degrain pintó a los veinticuatro años, plantea ya alguna de las fórmulas estéticas que definirían su producción posterior, con una interpretación de la naturaleza de le aleja de una visión objetiva. Así, el piedemonte es interpretado con una frondosidad exuberante.
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Puerto de la Morcuera de Jaime Morera

Uno de los discípulos más cercanos al maestro Haes fue Jaime Morera (1854-1927), que acompañó a su maestro en sus viajes por varios países. Siguiendo sus enseñanzas, a partir de 1890 pasó varios inviernos pintando en la sierra, realizando más de cincuenta cuadros dedicados a esta durante la estación invernal, que conformarían una de las series más importantes de paisaje en España durante el siglo XIX. En ella se realizó una descripción minuciosa de la topografía de la sierra, como podemos apreciar en la obra Piornos del Guadarrama (h. 1901), donde representó el puerto de la Morcuera.
Waypoint

Museo Nacional del Prado, Paseo del Prado, Madrid

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