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cerca de Villafranca del Bierzo, Castilla y León (España)

Amanece que no es poco!!! No lo he comentado anteriormente porque ya lo dice todo el mundo por la red, pero efectivamente los peregrinos tienen la sana costumbre de madrugar mucho y hacer todo el ruido posible y así es imposible dormir a partir de las 6 de la mañana si no antes. Sin embargo hoy, como nos alojaron en un cuarto para nosotros sólos hemos descansado y nos hemos despertado con nuestro despertador y no por el jaleo de los demás.
La mañana vuelve a estar fresca pero lo que más me preocupa es mi cuadriceps derecho. Empezamos a pedalear saliendo de Villafranca y de momento las sensaciones son buenas y avanzamos a buen ritmo adelantando y saludando a los peregrinos con los que hemos compartido albergue. Vamos atravesando pueblos sin mucha más historia hasta que llegamos a las Herrerías. Hemos decidido subir O'Cebreiro por carretera ya que todo el mundo nos ha comentado que es imposible subirlo por el camino. En la primera rampa del puerto el cuadriceps me da el primer latigazo del día y me veo obligado a echar pie a tierra. Les digo a los Jorges que continúen y me comentan que me esperan en el primer bar tomando una cerveza. Me vuelvo a montar en la bici y trato de subir muy despacio sin forzar pero no consigo hacer 200m sin que el dolor me haga parar. Me invade una gran sensación de agobio ya que hacer 100m sobre la bici me suponen un esfuerzo titánico, y no porque me fallen las fuerzas sino porque no puedo soportar el dolor. Me fastidia no poder ir más deprisa, no sólo por mí, sino porque los Jorges se van a aburrir de esperar. Ahora si que estoy convencido de que hoy no voy a ir muy lejos. Intentaré subir O'Cebreiro aunque sea andando y luego hacer el descenso y así avanzar todo lo que pueda para, si mañana estoy recuperado, hacer un etapón e intentar llegar a Santiago. Así voy avanzando, 100m sobre la bici y otros 100m tirando de ella. Sí, 100m no son nada pero en estas condiciones para mi son un esfuerzo descomunal. Estoy tan obcecado que ni siquiera puedo disfrutar del paisaje. Sólo voy mirando la carretera buscando el final de está tortura que no llega nunca. Casi me equivoco en un cruce y voy para La Faba pero aquí coincido con otro bicigrino y, después de echar un vistazo al libro, continuamos los dos por el buen camino. Sigo algún kilómetro con mi nuevo compañero haciendo la goma, le pillo cuando me monto en la bici y me deja atrás cuando me bajo a empujar, hasta que él decide hacer un descanso y yo sigo para adelante como buenamente puedo. Para colmo, al llegar a La Laguna aparece una densa niebla que además de agobiarme más me está dejando helado. Después de ni sé el tiempo que me ha llevado el ascenso llego a O'Cebreiro pero tal como voy, helado, muerto y cabreado con el mundo no paro ni a sacar una triste foto. Voy mirando si veo a los Jorges o sus bicis en las terrazas de los bares pero imagino que con lo que me ha costado subir habrán continuado ruta. Seguro que me han mandado un wassap para decírmelo así que sigo y cuando vea el sol y se me quite el frío de encima ya lo miraré. Porque además ya sé que después de O'Cebreiro está el alto do Poio que me va a rematar. Efectivamente enseguida me encuentro otro tramo de cuesta arriba y sigo avanzando poco a poco, 100m sobre la bici y otros tantos a empujones. Para mi sorpresa, lo que acabo de subir no es el alto do Poio sino el alto de San Roque con lo que todavía me va a quedar otra subida por sufrir. No sabría decir si las subidas a O'Cebreiro, San Roque y Poio son duras o no porque mi sufrimiento venía por el dolor y no por las propias rampas. Supongo que, al menos por carretera, se puede subir sin mucho problema, sólo será cuestión de coger tu ritmo.
Todo lo que sube tiende a bajar así que ahora si que voy a poder ir sobre la bici durante un rato largo. Comienzo la bajada por carretera, que uno no está para hacer ningún tipo de exceso, pero enseguida veo a dos bicigrinos en el camino y con lo harto que estoy de chupar asfalto, me tiro por el camino. La verdad que es todo un acierto ya que el descenso es para disfrutarlo, muy bonito. Por primera vez en todo el día disfruto yendo sobre la bici, aunque también hay que decir que ahora no tengo que dar pedales hasta que llego a Triacastela.
Aquí tampoco paro ya que tampoco veo a los Jorges y tiro para Samos. Creo que ya no coincidiré con los Jorges porque ellos no tenían previsto ir por Samos y yo dudo mucho que pueda ir mucho más lejos en el día de hoy. Ahora me va a tocar nuevamente darle a los pedales y seguro que sufrir. Sin embargo, debe ser que la trialera del descenso me ha puesto los músculos en su sitio pero voy dando pedales sin mayor problema... Veremos cuanto dura la alegría en la casa del pobre...
Este tramo, tanto previo a Samos como después, para mi es de lo más bonito de todo el Camino. No encuentro peregrinos y voy cubierto por vegetación en un entorno típicamente Gallego. Así, la llegada al Monasterio de Samos no sólo es espectacular sino que además tengo la suerte de poder ir disfrutándola. Cuando uno llega al Monasterio de Samos sólo puede quedarse con la boca abierta por la grandiosidad del propio Monasterio y por la belleza del entorno en el que se encuentra. Tengo muchas ganas de sentarme a tomar algo pero me llama mucho más contemplar el Monasterio por lo que lo recorro a su alrededor entrando en el Albergue para sellar también la credencial. No esperaba tanta belleza. Debería ser paso obligatorio del Camino de Santiago. No sé como será la ruta alternativa pero quién no pase por aquí no es consciente de lo que se llega a perder. Me siento a comer en la terraza de un bar frente al Monasterio. Compruebo que los Jorges habían parado a tomar una cerveza en La Faba. La Faba? Si no he pasado por ahí!!
Cuando les estoy escribiendo para decirles que estoy comiendo en Samos los veo aparecer por el Camino. Como puede ser que vengan detrás? Supongo que sí que debían estar en algún otro pueblo parados y no los he visto. Mientras comemos nos contaremos nuestras batallitas... Resulta que ellos también se equivocaron y fueron a parar a La Faba, donde pararon a tomar una cerveza y a esperarme. Luego se percataron de que yo no iba a pasar por La Faba y siguieron, esta vez por camino para no tener que desandar hacia la carretera. Con todo, acabé llegando a O'Cebreiro yo antes que ellos que volvieron a parar a esperarme. Cuando llegó el chico que me acompañó parte de la subida y que dejé atrás, le preguntaron si me había visto y les dijo que iba por delante así que siguieron ruta y se metieron por Samos como yo les había recomendado. Y aquí estamos los tres, comiendo un poco pulpo y unos huevos con jamón y patatas que levantan un muerto, y felicitándonos por haber superado lo más complicado del Camino.
De aquí al final de etapa el terreno es un continuo rompepiernas pero todo lo que tiene de duro lo tiene de bonito así que se disfruta más que se sufre.
Los últimos kilómetros hasta llegar a Portomarín vuelven a aparecer los calambres por lo que nuevamente vuelvo a terminar el día echo polvo de dolor.
Ya en Portomarín cogemos un pequeño albergue (Albergue Ultreia) muy acogedor, nos damos una ducha y salimos a hacer un poco de turismo y cenar antes de irnos a descansar.
Aprovecho para llamar a casa y mi prima que ha estudiado INEF me dice que lo mejor para los calambres son los plátanos así que compro una buena ración de ellos tanto para hoy como para mañana. Los geles y los masajes no han dado sus efectos, veremos si los plátanos van mejor...

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Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta