Tiempo  5 horas un minuto

Coordenadas 2950

Fecha de subida 21 de marzo de 2019

Fecha de realización marzo 2019

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1.507 m
680 m
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12
25
49,12 km

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cerca de Huétor Vega, Andalucía (España)

Actividad propuesta por la Sierra de Huétor Santillán por el activo grupo PEDALEA CON NOSOTROS, donde pedalear en su grupo es todo un placer, y como este Parque Natural a las puertas de "casa" reúne todo lo que un Biker puede desear, de antemano sabemos que no defraudará, así pues, con ello (y con ellos) que vamos.

la granadina Plaza Nueva es el escenario del encuentro, y qué mejor lugar que a los pies de nuestra Torre de La Vela. La Torre insignia de la Alhambra que vigila nuestra ciudad y la vega como una Atalaya dominante e inexpugnable.

Nos dirigimos a otro lugar bien representativo de nuestra ciudad: La Abadía del Sacromonte (1) ubicada en el Monte Valparaíso-Manflor, desde la cual la visión del Valle del Río Darro es especial, pero sin ninguna duda, la imagen más contemplada y admirada desde la plaza de esta Abadía, es la fortaleza de la Ciudad Palatina de la Alhambra, bella entre las más bellas y Patrimonio de la Humanidad. La Alhambra situada en la Colina de La Sabica con el Valle del Río Darro (Dauro. Río que da oro) a sus pies, Granada al fondo y barrio árabe del Albaicín y las antiguas murallas de la ciudad, es una estampa muy difícil de olvidar quien la contempla.

Camino de La Abadía, desde Plaza Nueva continuamos por uno de los escenarios más sugestivos y acogedores de nuestra ciudad: la Carrera del Darro y Paseo de Los Tristes. Contemplar la ciudadela de la Alhambra desde la Carrera es sobrecogedor. De lo más bello y sugerente de España.

El inicio de la cuesta del Chapiz pone las piernas a tono, y desde el Peso de la Harina, el Camino del Monte nos abre la entrada al Sacromonte y el Valle del Darro camino a la Abadía. Aquí, un receso y amplia ración de vistas. Estamos en uno de los parajes más bellos de la ciudad de Granada.

Dejamos el Santo Lugar y por el camino al Fargue salvamos una de las tachuelas de la mañana. La carretera de La Abadía al Fargue.

En el Fargue aguamos en el Pilar del Barrio Alto y entre almendros al principio y bosque mediterráneo, salir a la Carretera de acceso al Centro de Visitantes de Puerto Lobo, donde una brisa fría nos recibe en el LLano de la Mimbre, donde corresponde un avituallamiento de solidos y liquidos.

Apenas puestos en camino, se presenta la "impresentable" y nunca bienvenida incidencia mecánica. Solucionada esta gracias a la colaboración de Pepe, Jesús y Ramón, y la espera y paciencia del resto del grupo que nos aguarda al resguardo del frío viento en la base del Cerro de Las Calaveras (pasado el mirador de Víznar), continuamos al Sanatorio de La Alfaguara (Ruinas) (2).

El lugar, la ubicación del emplazamiento del antiguo hospital con panorámicas a Sierra Nevada, es estratégico. Cualquiera diría que el lugar se eligió a conciencia para lo que iba destinado. Rodeado de bosque mediterráneo y plantas aromáticas,

Hoy, lo que fue un hospital creado para enfermedades pulmonares, solo es un conjunto de muros y escombros que duermen el sueño de los justos.

Abandonamos el lugar por la pista que circunda el antiguo hospital en dirección al carril principal de la Sierra de Huétor, y una vez en él, bajar al Cortijo de Carifaquín. Lo hacemos por la vereda del Llano del Fraile. Esta vereda une el carril principal con el carril Carifaquín, Collado de Las Minas.

En su inicio, el Sendero está bien, pero conforme vamos adentrándonos, la vegetación se va cerrando. Hay tramos que son ciclables pero técnicos. Otros hay que poner pie a tierra. Conforme descendemos por los Tajos de La Solana, al frente, en el horizonte, contemplamos la Cuerda de La Gallega, estribaciones del Majalijar, y el Peñón de La Mata.

Una vez en el carril, todo es un columpio bajando hasta seguir el cauce del Río Bermejo y la Acequia del Fardes hasta Nivar. Nivar sigue teniendo el aroma de pueblo no domesticado, lo que le hace ser natural y genuino. Continuamos camino siguiendo el Camino de los Yeseros a Pulianas para finalizar el recorrido en nuestra casa, nuestra querida Granada saboreando los compañeros una deliciosa cerveza en un cálido "tercer tiempo" que por premura de tiempo, me perdí.

Quiero agradecer al grupo PEDALEA CON NOSOTROS su paciencia en la espera y la oportunidad de disfrutar pedaleando a su vera de una excelente mañana de primavera.

(1) Abadía del Sacromonte:
Cuenta la historia que San Cecilio (Patrón de Granada) fue enviado junto con Isio y Tesifón por San Pedro a Hispania para su evangelización. Cuando estaban reunidos en las catacumbas de este monte con otros nueve sacerdotes fueron sorprendidos por los romanos y martirizados.
Sus discípulos escribieron la historia en unas láminas de plomo y las escondieron entre dos piedras, una blanca y otra negra, que fueron arrojadas al río Darro. Estas láminas fueron encontradas en 1595, y enviadas a Roma, donde se conservan las originales, para confirmar su autenticidad. A partir de este acontecimiento, se construyeron sobre las catacumbas una Abadía y una Colegiata. Es la Abadía del Sacromonte

Historia, tradición y leyenda se dan la mano en el Sacromonte cada mes de febrero cuando la ciudad celebra la romería de San Cecilio. Ya el Santo Patrón es en sí historia y leyenda. Fue el primer obispo de Granada cuando la ciudad, aún bajo la dominación romana, se llamaba Iliberis, y murió martirizado en un horno de cal en el monte Ilipulitano, junto al valle del Darro, asesinado por los soldados del emperador Nerón por no renegar de su fe en Jesucristo.

La historia también cuenta que, en 1595 en este monte de Valparaíso, «monte pelado de piedras azules», varios buscadores de oro encontraron una mina que los cristianos cerraron y taparon tras la conquista árabe para que sus riquezas no cayeran en manos enemigas. En ella, aparecieron unos restos humanos junto a una lámina de plomo que, en extraños caracteres grabados a buril, contaba el martirio que sufrió un tal Mesitón y que estaba enterrado ahí mismo.

El impacto que produjo en Granada tan sorprendente descubrimiento no sería más que el modesto comienzo de una vertiginosa serie de nuevos hallazgos que, el entonces arzobispo de Granada Pedro de Castro, entusiasmado, se encargaría de patrocinar y financiar. A los cinco días se localiza una nueva plancha esta vez con la historia de Hiscio, discípulo de Santiago, que había padecido martirio de fuego durante el segundo año de reinado de Nerón. Valparaíso se convertía así en un «Monte Sagrado». El tercer plomo encontrado narra la muerte de Tesifón, otro discípulo del apóstol que, según la lámina sepulcral que acompañaban a estos restos, era un árabe que antes de su conversión se llamaba Aben Attar.

Las excavaciones continuaron y poco después descubrieron unos libritos de hojas redondas de plomo, conservados en piedras horadadas. El arabista Miguel Hagerty, autor de la primera versión castellana de los libros plúmbeos, al reconstruir la historia de aquellos descubrimientos, cuenta cómo el propio Ambrosio de Vico, maestro mayor de las obras de la Catedral y autor del primer plano de la ciudad, fue también testigo de uno de esos hallazgos como también lo fue la niña Isabel Ruiz, que encontró la plancha más significativa, la que sería la primera piedra de la Abadía: una lámina cuya inscripción latina informaba del martirio de San Cecilio en aquel lugar, el 1 de febrero del año 55. Se encontraron un total de 22 libros de plomo.

El Sacromonte, «convertido en relicario de los restos» del patrón de Granada y de otros once mártires de la fe cristiana, como lo definió el profesor Roldán Hervás, se convirtió en un lugar de peregrinación para la ciudad que llenó de cruces la colina que subía hasta el Sacromonte mientras don Pedro de Castro asumió la ingente tarea de levantar junto a las cuevas, una gigantesca Abadía. «Granada por poco no se consume en llamas de devota alegría por las noticias de su patrono», escribe Hagerty. Al mismo tiempo hay quien niega en rotundidad la veracidad de lo que cuentan esos plomos. A esta apasionada confrontación Pastor de los Cobos la llamó ‘Guerras católicas granatenses’.

Historia escrita en plomo
El descubrimiento de los libros plúmbeos llegó en un momento crucial de la historia. En 1568 los moriscos de las Alpujarras se rebelan y la orden de su expulsión estaba cerca (lo ejecutaría Felipe III en 1609). «Con los libros religiosos legados por Valparaíso, los moriscos del antiguo reino de Granada no pretenden más que provocar una opinión favorable a su causa, que no era otra que la de continuar viviendo en la tierra que les había visto nacer», escribe César Girón. Los libros querían demostrar que existía una tradición cristiana en Granada anterior a la dominación musulmana. Y casi lo consiguen. Pero mientras que el Vaticano avaló la autenticidad de las reliquias, consideró heráticos los plomos que fueron trasladados al Vaticano en 1642 y devueltos a la ciudad tres siglos después. Estamos en la «ancha zona de los misterios de la historia» como apuntó Juan Sánchez Ocaña. Hoy se consideran unos documentos «falsos históricos» que «fueron escritos por extraños y depositados en aquellos parajes con una intención».

En 1599, ante el temor de que la ciudad sufriera una epidemia de peste que asolaba la Península, el Cabildo de Granada ofrece a su Patrón el voto de subir cada 1 de febrero al lugar donde estaban depositadas sus reliquias y honrarle con una ofrenda de incienso y flores.

(2) Sanatorio de La Alfaguara:
El Sanatorio Antituberculoso de Alfaguara se comenzó a construir en 1920, bajo el auspicio del Patronato Antituberculoso de La Alfaguara. Este patronato fue constituido por el Doctor Alejandro Otero y el Doctor José Blasco, junto con su fundadora y tesorera Berta Wilhelmi. Una singular mujer que merece un esbozo.

Berta Wilhelmi fue una filántropa y pedagoga alemana que recaló en Granada en 1870, a la edad de 12 años. De familia bien situada, llegó con sus padres y su hermano con la intención de fundar una fábrica de papel como la que tenían en Alemania y que sufrió un incendio. En un primer momento la situaron en el Paseo de la Bomba. Vivió en el Paseo del Salón de donde procede el pilar que se sitúa al final de la Gran Vía, adosado al muro de La Normal. Posteriormente trasladaron la fábrica y su vivienda a Pinos Genil, donde una joven Berta ya dejó su impronta creando una biblioteca y una escuela mixta.

De ideas progresistas, su afán por aprender y sus viajes constantes hicieron de ella una mujer adelantada a su tiempo. Se casó y tuvo hijos muy joven, y desde ese momento su dedicación a la infancia marcó su vida. Amante de la naturaleza y de la vida sana, creó las primeras Colonias escolares de la provincia.

El Sanatorio Berta Wilhelmi se inauguró en 1923. La idea partió de Berta Wilhelmi, a raíz de la muerte de su hermano por esta enfermedad. En aquellos tiempos, la tuberculosis era una gravísima dolencia que se contagiaba por vía aérea y que afectaba a los principales órganos del cuerpo. Con la industrialización, el hacinamiento de la población, las nulas medidas higiénicas y la guerra, la tuberculosis se convirtió en una epidemia.

El Sanatorio se construyó en la Sierra de La Alfaguara, al ser este, un lugar en plena naturaleza y a una altitud considerable (1.487 metros sobre el nivel del mar). Se situó muy cerca del manantial de Fuente Fría, de donde se surtía de agua. El edificio principal del Sanatorio contaba también con un dispensario y posteriormente con un preventorio. A su inauguración asistieron personalidades de los estamentos civiles, militares, eclesiásticos y científicos, y representantes del Ayuntamiento de Granada y Alfacar.

La edificación constaba de dos plantas y un gran porche y tenía capacidad para 24 enfermos. La mayoría de las plazas eran gratuitas y el mobiliario fue donado por la Reina Victoria Eugenia. El edificio estaba completamente equipado con consultas, salas de curas, agua corriente, baños, etc…

El Sanatorio de la Alfaguara estuvo dirigido por Berta hasta su enfermedad y posterior muerte en el año 1934. A partir de ahí fueron su hija Berta Dávila y su colaboradora Helene Bickman Altenhoff las que se hicieron cargo del mismo. Durante la Guerra Civil uno de los frentes se instaló muy cerca. Como el sanatorio disponía de buenas comunicaciones, electricidad y agua, fue elegido como puesto de mando de la Plana Mayor de la zona. En 1939 contaba dentro del recinto con más de 60 militares armados. El Sanatorio fue abandonado durante la posguerra.

Desde ese momento el edificio sufrió un deterioro que, unido a su situación aislada, ha hecho que surjan leyendas en torno a la aparición de fantasmas, psicofonías y otros sucesos paranormales.

Dicen que en este sanatorio se quitó la vida su dueña, Berta Wilhelmi, pero seguramente lo que sufrió fue un derrame cerebral.

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