• Foto de El Berrón-Artieta-Viergol-Opio-El Berrón
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Tiempo  2 horas 57 minutos

Coordenadas 1366

Fecha de subida 1 de noviembre de 2016

Fecha de realización noviembre 2016

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558 m
185 m
0
6,2
12
24,88 km

Vista 334 veces, descargada 11 veces

cerca de Bárcenas, Castilla y León (España)

IBP 54
Trayecto en solitario, corto pero divertido y resultón, que visita tres pueblos recónditos (aunque muy diferentes) del valle de Mena, en el confín oriental de las Merindades burgalesas: Artieta, Viergol y Opio. Modifico sustancialmente una ruta de tiggers y me apoyo en parte en otra más reciente de obekuri.

Salgo de El Berrón por la carreterilla que conduce a Bortedo, que dejo a un lado, y emboco con la de Santa Coloma. Ahí tomo el sendero que sube al pico Tablas (o Montenegro); un ascenso asequible con excepción de sus cortas rampas de inicio y final, muy pedregosas y empinadas y que obligan a empujar. Buenas vistas a todos lados desde la antecima: a la izquierda la sierra Sálvada, de frente la de Carbonilla y los cortados de Montes de la Peña, y a la derecha el macizo de Ordunte. Pocos metros más adelante se encuentra el desvío a la cumbre del Tablas, pero aquí la obvio por conocida.

Con la bajada comienza la diversión: senderillos herbosos, ganado disperso por las praderas y la impactante visión del Castrogrande, monte que preside la sierra de Carbonilla junto al Diente del ahorcado, su mascarón rocoso. No se tarda en alcanzar Artieta, núcleo señorial, bien cuidado y compuesto de palacios indianos blasonados. Viene a ser la antítesis del pueblo remoto en proceso de extinción que cabría encontrar en una zona repleta de despoblados. Salgo de Artieta por la carreterilla de Montiano para luego pillar la que sube a Viergol, pueblo, éste sí, al uso: agrícola, de escasa vecindad y futuro incierto.

El descenso desde Viergol hasta Opio circula por una sucesión de sendas cambiantes (herbosas, imperceptibles, pedregosas, de loseta...) entre predios y un bosque bien surtido. Justo al comienzo del tramo forestal hay vista de los despojos de Río de Mena, pueblo del silencio abandonado a finales de los 70. Este trecho (que no me gustaría hacer en sentido inverso) atraviesa las soledades de la media montaña, tierras alejadas de todo aun cuando nada esté realmente lejos. De Opio, también deshabitado, queda muy poco, apenas las ruinas de la iglesia y media docena de casas mal contadas y en distinto estado de conservación. En este universo urbanita, los pueblos minúsculos que aún se mantienen caerán irremediablemente en el abandono más pronto que tarde.

Opio no tiene acceso asfaltado ni parece haberlo tenido nunca. Se sale de allí por lo que semeja un empedrado de tiempos desaparecidos y una pista forestal que sólo encuentra carretera a la altura de las primeras casas de Santecilla.

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