Tiempo  4 horas 27 minutos

Coordenadas 5928

Fecha de subida 7 de noviembre de 2016

Fecha de realización noviembre 2016

-
-
1.551 m
644 m
0
9,2
18
36,76 km

Vista 567 veces, descargada 12 veces

cerca de El Tiemblo, Castilla y León (España)

Al terminar la Somosierra-Segovia, nuestros dos amigos de Ávila: David y Loren nos comentaron de una ruta espectacular por El Tiemblo. Veredas, subidas, bajadas veriginosas, vereditas técnicas,…y chuletón al final.

Ya te digo yo lo que tardamos en decidirnos, eso sí, tan solo Wandar, Jarri y finalmente de reengancho Fonsi.

Los tres nos metimos en la furgo de Wandar, con bicis, mochilas y…”coño, me falta la rueda delantera”- dijo Wandar cuando quedamos en mi casa, a punto de partir para Ávila. Otra vez pá cá Wandar. Una vez allí, Jarri dijo: “antes de salir, hay que hacer un chequeo de lo importante. A saber, bici (completa), casco y botas”. “Ostias, mis botas. Me las he dejado en el coche!!” (que estaba aparcado en mi casa)- dijo Fonsi-. Wandar le preguntó la talla de pie y menos mal que era la misma. Así que Wandar le dejó sus botas de invierno y él iría con las de verano. Estamos cojonudos…

Pocos minutos pasadas las 9 de la mañana nos encontramos con nuestros de Ávila en la plaza de toros. Sin apearnos del coche partimos para El Tiemblo. La carretera hasta allí es bastante sinuosa , con toboganes de subida y bajada contínua. No se puede correr mucho. Ve tranquilo y con tiempo.
Una vez en El Tiemblo, nos esperaban más compañeros de ruta. Mientras bajábamos las bicis de la furgo apareció alguno más. En total fuimos 11.

Partimos a las 10 en punto, en dirección a la vereda del Emabalse del Charco del Cura, del Río Alberche. Con un airecito cortante y de cara. La vereda es rápida y te hace entrar rápidamente en calor por los numerosos repechos que tiene. La rueda de Wandar volvió a dar guerra, pero David sacó una “mecha”, Loren cogió la mecha con una aguja un tanto extraña y lo metió por el agujero de la cubierta. Apañá pa tol día, oye!
Se terminó la vereda. Pasamos por la presa del Embalse del Burguillo y lo bordeamos por una carretera hasta la pista de subida al Puerto de Casillas. Peazo de embalse, casi como el nuestro…casi.
Empezamos a subir, tranquis, por pista asfaltada. De vez en cuando aparecía alguna rampa algo más empinada. El grupo se iba estirando, pero ahí íbamos todos. De repente alguien paró el grupo. “dejad las bicis aquí”- dijo David- En una barandilla de madera. Bajamos por unos escalones de madera y vimos un pino algo tocho, en medio de otros arbolillos, comparados con él. Unas fotos pal recuerdo. Seis de los compañeros se pusieron a abrazar al pino, para comprobar el diámetro del mismo.
Volvimos a montar en las bicis y, al llegar a un puente sobre un arroyo, nos preparamos para el ascenso librándonos de ropa. Hubo uno que subió en pelotas de cintura parriba. Si es que estos de Bilbao son la ostia!
A lo largo de la subida hay varias fuentes donde puedes coger agua rica, rica.

El grupo se estiró tanto que delante quedamos Fonsi, Jarri, Loren, David y Wandar. Aflojamos un poco y se reenganchó alguno, pero al volver a ritmo “tranqui” se volvió a quedar. Por el camino íbamos encontrando algún ciclista a ritmo más modesto, alguno parado y alguno subía andando. También demasiados coches y seteros. Según tomábamos dirección sur o norte en las curvas de herraduras se notaba calor o fresqui. Hubo unas cuantas. Fonsi y yo en cabeza, sin referencia, nos preguntábamos cuánto quedaría para la cima. Pero nos acordábamos de Wandar: “tú, tiiiira” y seguíamos dando pedales. Por fin coronamos y vimos allí más gente que un domingo soleado en la Fuenfría!!! Y todos arropados hasta la cara. Nos miraban asombarados, preguntando “de dónde coño son estos valientes??”, “qué pasa, que no tienen frío!!??” En seguida nos abrigamos. Estábamos sudando a chorro. Pero el airecito frío de la cima en breve nos dejó tiritando. Mientras subía el resto del grupo, aprovechábamos para comer y tomar unas fotos del lugar y del Valle de Iruelas. Espectacular. Como tardaban y hacía cada vez más frío, nos tuvimos que parapetar en los arbustos y piedras, agachados y calentándonos cual lagartos al sol.

Una vez que llegaron todos (alguno lo pasó realmente mal en la subida), el Loren tuvo la brillante idea de ir hasta el Pozo delas Nieves por “una veredita algo técnica”. Y tanto!! Está mal hasta para ir andando, así que no digo ná para ir en bici. Con más empujabike que pedaleando, recorrimos los 4,5km que llevan hasta el Pozo de las Nieves: una especie de refugio en cuyo interior hay un pozo de unos 6 metros de profundidad, donde acumulaban nieve en el invierno para tener agua durante el verano…si fuera cerveza, a nosotros no nos llegaba ni a la primavera.

Una vez que llegó todo el mundo y descansó-comió, vino la diversión: bajadas vertiginosas, con alguna veredita sinuosa. En una de las curvas, se me aflojó el cierre delantero y menos mal que me percaté de ello y frené a tiempo para volver a apretarlo. Seguimos bajando, con alguna paradiña para que no se perdieran los de atrás y poco a poco nos fuimos adentrando en el Castañar. Donde, nada más cruzar por un puentecillo de madera, aflojamos el ritmo notoriamente, pues había muchísimos senderistas, familias enteras con sus peques, para admirar tan bonito paisaje: un espléndido bosque de tonos ocres amarillos y anaranjados, rojos intensos, blanco de la luz del sol colándose entre los huecos y resaltando los negros troncos de los castaños. Hojarasca por doquier, imaginando por dónde discurre el camino por lo horadado del mismo, porque verse no se ve. Fotos y más fotos. Continuamos un poco más, hasta el castaño centenario conocido como “el Abuelo”. Una especie de refugio natural, para dar cobijo a más de uno en el pasado. Parece ser que dejó de ser útil para esta necesidad del hombre, cuando aprieta el frío o la lluvia y, poco más abajo, está el Refugio de Majalavilla.

A partir de aquí, tras ascender un repecho, continuamos por un camino descendente, rápido, entre piedras y raíces. Cruzamos rápidamente la carretera para continuar el camino, que se convirtió en vereda estrecha, con más pendiente y después, en una especie de camino roto a muy roto, con más pendiente aún, pedruscos sueltos y saltos, donde tuve una caída sin importancia al juntarse dos seguidos. Un par de pinos cruzando el camino, el primero se sortea por encima y el segundo por debajo. Posteriormente se convierte de nuevo en camino rápido, se cruza otro puente y en poco más se sale a la carretera, la cual seguimos 1 km, para tomar otra vereda muy pedregosa, algo técnica, donde otro integrante tuvo otra caída sin importancia. Al final de la misma: las calles de El Tiemblo. Final de la ruta.

Tras cambiarnos y acicalarnos un poco, 9 de los 11 fuimos a un restaurante (bastante petao, por cierto), donde unos pocos nos metimos entre pecho y espalda un buen chuletón, como corresponde.

Despedida y ciere. Pá casita, hablando en la furgo de la ruta del día y pensando en la próxima…toca Sexmo ya, sí….

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta