Tiempo  7 horas 25 minutos

Coordenadas 1854

Fecha de subida 11 de junio de 2014

Fecha de realización junio 2014

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335 m
19 m
0
20
40
79,74 km

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cerca de Paiporta, Valencia (España)

Este sábado Damián vuelve a rodar con nosotros tras la rehabilitación de su última operación del codo. Para ello nos vamos a pedalear por las proximidades de Montroy en una etapa corta, pero que suple su longitud con una dificultad mucho más alta de la que esperábamos.

El día aún empezaba a despuntar y ya estaba rodando camino a Torrent. Con camelback y unas cubiertas nuevas. Las mismas que lleva Paco Jorge o José Luis. Preveía que con semejante tanque tendría que salir pronto de casa si quería llegar pedaleando a Montroy, así que no pude venir con el comando pedalístico: Vicente, Jorge, Rafa y Guillermo. Desde luego, se nota la seguridad que dan las cubiertas a la hora de bajar, y el agarre que tienen en las subidas difíciles, pero «hacer kilómetros» con ellas es infernal. No son nada rodadoras. Aún así, conseguí llegar a una hora prudente a Montroy, y enseguida empezaron a llegar los demás.

Además Alicia ha venido acompañada por José, y por Anna y Eva, de la Peña Son Elles de Carlet. Era vertiginoso verlas subir y bajar, sacándonos rápidamente enormes distancias mientras los demás estábamos matándonos para subir un pequeño tobogán de tierra. También se unió a nosotoros Xuso, de Sueca. Esperemos no haber decepcionado a nuestros invitados más de lo recomendable y que vuelvan con nosotros. Se hace lo que se puede.

La ruta puede describirse perfectamente con la etiqueta de agotadora. Unas cuestas en las que pierdes el agarre, toboganes enormes que llegan sin avisar, pista fácil que se convierte en una trialera en un suspiro… Una dureza que nos afectó más de la cuenta. Por ejemplo, Rafa, que ya lo pasó muy mal la semana pasada, parecía no estar totalmente recuperado, mientras que Vicente Martínez diría que se iba a caer de un momento a otro. Como Damián y yo vamos casi siempre de «coche escoba» y con el track en el GPS podemos permitirnos el lujo de ir a nuestro aire en caso de necesidad, lo estuvimos acompañando. A la hora de bajar una rampa, esperándole, comenzamos a impacientarnos. ¿Cómo puede tardar tanto si estaba a diez metros de nosotros?

Al final no puedo esperar más y subo a pie en su búsqueda. Llamándolo «a grito pelao» sin obtener respuesta… Hasta que al fin le veo llegar derrengado. Había tenido que parar y estirar las piernas, convertidas ahora en un amasijo de rampas y tirones. Normal que estuviéramos todo el rato bromeando con Alicia de poner «no me gusta» en el facebook de sus viveros.

Cuando se estaba haciendo la hora de almorzar descubrimos que las amigas de Alicia no llevaban comida. Creían que sobraría tiempo para llegar a almorzar al bar. ¡No contaban con nuestra alucinante velocidad media! Así que decidimos no parar en toda la ruta. Yo, en esa situación y a esas horas debería estar muerto de hambre, pero iba dopado. José y Adri me recomendaron los polvos isotónicos con glucosa del Decathlon y un litro y medio de esa bebida te pone como una moto. Prácticamente te quita el hambre… ¡Pero no las ganas de cerveza!

Tras pasar por un pequeño circuito de tierra con varios toboganes llegamos los «últimos por la cola» al bar, cuando ya estaba el resto esperándonos con miradas de impaciencia ante las cervezas del resto de las mesas. La ruta había acabado, pero aún quedaba volver a Valencia, donde Vicente Sanz se infiltró en el grupo de ciclismo de carretera del Poli y pudo dejarme a la altura del betún cuando me alcanzó en Torrent. Yo, que iba intentando batir el record, desfallecido y casi derrumbado sobre el manillar. Él, tan fresco y calmado que a su lado un capítulo de Verano Azul parecería un thriller psicológico. ¡Qué mundo éste!

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