Tiempo  6 horas 34 minutos

Coordenadas 1573

Fecha de subida 21 de marzo de 2014

Fecha de realización marzo 2014

-
-
693 m
20 m
0
18
36
72,24 km

Vista 1863 veces, descargada 21 veces

cerca de Buñol, Valencia (España)

La ruta del pasado sábado a Buñol empieza con una novedad importante. En vez de ir en mi propia bici -lo que me parecía una locura de cuestas y kilómetros- o en el tren, me voy con Damián, que como otras veces se ofrecen a llevarme en su coche. Pero hay que ir con tiempo y acabamos quedando en casa de Rafa… ¡A las siete menos cinco! Hay que ponerse en perspectiva. Es el primer fin de semana de fallas y a esa hora por la calle quedan los especímenes más dopados intentando alargar una noche que está en trámites de finalizar buscando un after que nadie sabe muy bien dónde está.

Al cruzar el túnel de Germanías me toca hacer un poco de slalom entre botellas de vodka rotas en mil pedazos y vómitos de gente que no ha sabido parar antes del punto de no retorno. Por fin salgo a la avenida y mi visión es la misma que tendría un superviviente en The Walking Dead. Sólo que aquí en vez de intentar comerte, los zombies sólo tienen la imperiosa necesidad de montar gresca y mear entre los coches. Pero pronto llego al punto acordado, y tras montar las bicis y los saludos y presentaciones con la gente nueva, salimos hacia Buñol dejando atrás una ciudad despertando entre trons de bac y pasacalles.

Tras un ameno viaje en el que llegamos los primeros esperamos en el párquing de la estación a que vayan llegando poco a poco los demás. Parece que va a ser una ruta concurrida, como ocurre siempre cuando se innova un poco en el itinerario. Ésta vez ha sido Juan Moya, de ZetaBike, quien nos promete una ruta de grandes vistas, grandes bajadas y aún más grandes subidas. El único que falta por llegar es Jorge, que nos dice que acaba de pasar Chiva. Eso son sólo ocho kilómetros. En un instante debería llegar… Pero es que lo había entendido mal. No viene en coche o en tren. ¡Viene en su propia bici! Como todavía tardará mínimo un cuarto de hora aprovecho para desayunar un café con leche y un bollo en un bar cercano. Al menos aguantaría hasta el almuerzo, porque con estos madrugones a uno no le apetece ni siquiera comerse un par de tostadas. Al poco llega y sin perder tiempo se escuchan los sonidos de los GPS encendiéndose y de las calas anclándose. Salimos.

Buñol está situado en una ladera del río del mismo nombre. Así que los primeros momentos son únicamente de bajada en una carretera asfaltada en la que pasamos una curva tras otra, por las que puedo demostrar lo «bueno» que soy eligiendo la trazada. Sin embargo enseguida llegamos al valle y comienza la primera subida del día, que pilla totalmente de improviso. Tanto que a Damián se le sale la cadena. De todos modos no pasa nada. Dado que los dos tenemos la misma percepción del peligro en cuanto el camino empieza a complicarse -mucha-, hemos decidido ir de los últimos para no entorpecer y además, poder estar atentos de no dejar a nadie atrás. Mientras tengamos el GPS no hay problemas ni temores por la posibilidad de perderse. Como no, un par de minutos más tarde nos reencontramos con el grupo.

En un momento nos metemos en la Charca del Turche. Un lugar habilitado con mesas de merendero y perfecto para darse un chapuzón en verano. Ya tenía el gusto de conocer el paraje de anteriores viajes Valencia - Cuenca con AMA. En este lugar se rodaron escenas de la película «El Capitán Trueno y el Santo Grial», que se granjeó calificaciones de la crítica a la altura de «deforme insensatez», «película catastrófica», «lamentable» o directamente «pestiño». Tras las fotos delante de la cueva ascendemos unos metros y llegamos a un mirador donde podemos ver las mismas vistas, pero desde cincuenta metros por encima.

Tras esta pausa la ruta continúa por unas cuantas pistas, cuando de pronto el camino se convierte en un sendero impracticable en bici y tan estrecho entre la maleza que difícilmente se podía recorrer a pie. Pero no hay mal que cien kilómetros dure. En un momento vuelve de nuevo la pista, y tras esa pequeña prueba ya hacía el calor suficiente para quitarse la manga larga. Nos vendrá bien para afrontar la subida del Alto de Chafarranas y el Alto de la Pichera, que si bien no tenía demasiada dificultad tanto por inclinación como por firme, su longitud hacía patente la necesidad de mejorar la resistencia de buena parte de la manada. Y más cuando te topas de frente con otro grupo de ciclistas que dicen que hemos ido «en el sentido fácil del itinerario».

Y poco antes de comer toca bajar lo que ya habíamos subido… Tras pasar por una línea de alta tensión que marca el inicio de la bajada llegamos hasta la vía del ferrocarril de Valencia a Aranjuez. En un abrir y cerrar de ojos nos quedamos solos Damián, Vicente García y yo. No me lo podía creer. Nos tocó bajar a pie toda la cuesta. Las piedras apenas dejaban caminar con las calas puestas con un mínimo de comodidad y en un abrir y cerrar de ojos los perdimos de vista. Me hacía cruces pensando en que todo el mundo bajase el camino subido en la bici. Llegamos a hacer una lista. Dábamos por hecho que Vicente Sanz, Adri o Jorge la habrían bajado perfectamente. De otros teníamos nuestras dudas, pero parecía increíble que todos la bajasen como Pedro por su casa. Pues así fue. Yo sólo necesité bajarme de la bici una única vez. Sólo que esa vez duró cerca de un kilómetro.

Tras esta «decepción» se hizo la hora de comer, justo al lado de la vía del tren, bajo un agradable sol de finales de invierno. Pasó un tren y ni siquiera hizo sonar la bocina. ¡Como si le costase mucho esfuerzo! Como teníamos planeado, no alargamos el almuerzo más allá de lo recomendable, así que poco después nos volvimos a poner en marcha. Así, sin cafés ni nada. A lo bruto.

Como bruta tuvo que ser la maniobra que hizo José Antonio para cargarse los tornillos que sujetan el plato pequeño de su bici a la biela. Justo antes de una subida inacabable se queda solo con el plato grande. Al menos podía disfrutar mientras tanto de las vistas del Río Buñol a la altura del puente de la Cueva Grande. Pero nos quedaba la subida hasta la torre de vigilancia forestal de la sierra de Malacara, y eso exigía esfuerzo.

La bajada de la sierra se puede afrontar por dos trayectos. Una pista con un largo tramo asfaltado, con curvas y muy rápida de bajar o un cortafuegos recto, bastante empinado y con un firme espantoso. Evidentemente tomé la primera decisión, pero algunos valientes llegaron hasta la N-III por la opción aventurera.

Al llegar al cruce, Vicente García se fue directo a Buñol por la carretera, pero para el resto Juan nos tenía preparado el postre. El ascenso hasta la cantera y su posterior descenso por el barranco de la Venta. La bajada por asfalto del Portillo de Buñol es emocionante, pero esta ruta alternativa es mucho más divertida. Sobre todo cuando de repente nos dimos de bruces con una valla de cerca de un metro setenta de alta que tuvimos que trepar y pasar las bicis al más puro estilo Almonteño.

Tras tantas emociones, cuestas y piedras nos merecíamos un pequeño descanso y una cerveza en el bar de la entrada a Buñol, tras el cual Jorge y yo decidimos volver a Valencia pedaleando, pasando por Alborache, Turís y Torrent, aprovechando para comer naranjas por el camino e intentando llegar lo menos desfallecido posible a casa.

Para la ruta de la próxima semana me conformo con que sea la mitad de divertida que esta.

http://www.elotrocuaderno.blogspot.com.es/
https://www.facebook.com/pages/El-Perro-Verde-btt/346482428780858

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta