Tiempo  5 horas 12 minutos

Coordenadas 1438

Fecha de subida 4 de febrero de 2014

Fecha de realización febrero 2014

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258 m
2 m
0
15
30
60,88 km

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cerca de Sagunto, Valencia (España)

Esta semana nuestra manada ha salido por Sagunto en una ruta un tanto... desconcertante. Aunque miembros del grupo ya habían hecho anteriormente el mismo camino, José Vicente me mandó el track por si acaso hubieran momentos de despiste y dudas al no saber cual es la dirección a tomar en un cruce. En el mapa algo no encajaba... El recorrido era muy corto. Y aunque acababa en un pueblo, en teoría almorzaríamos a mitad de camino. Se supone que también íbamos a subir a la cruz de Monte Picayo. Ya se vería.

Por fin llegó el sábado. Durante toda la semana la previsión del tiempo ha sido de llover a cántaros y finalmente ha hecho un día espléndido, así que a partir de ahora sólo miraré el tiempo el día de antes. ¿Para qué molestarse? Si total, nunca acierta.

Cuando llegó el tren a Sagunto ya estaba el resto del grupo esperándonos. Sí, Jorge ha vuelto a venir en bici desde su casa. Casi treinta kilómetros que lleva ya en las piernas y la ruta todavía no ha comenzado. Tras los saludos y mi escapadita al bar de la estación a comprarme un cruasán salimos por fin hacia la montaña.

El camino alterna de forma bastante variada pista, senda e incluso pequeños tramos de asfalto en caminos de esos por los que pasa un coche cada año bisiesto. El único momento del camino realmente inquietante fue una pequeña bajada en la que la tierra era tan fina como la harina y las ruedas no agarraban absolutamente nada. No sólo eso, sino que apenas se podía pasar andando.

Además, era el primer día que usaba mis frenos hidráulicos, y como todo cambio, conlleva una adaptación. Cambiar a mejor siempre se ha dicho que es más fácil, pero tiene sus matices. Usar unos frenos mecánicos no puede ser más simple. Si quieres frenar, los aprietas. Si ves que te vas a ahostiar, los estrujas como si quisieras dejar las manetas como la cubertería de Uri Geller. Pero con los hidráulicos, pasarse frenando equivale a bloquear la rueda. Y en una bajada con tierra no es una buena idea.

Ya estábamos llegando al plato fuerte de la mañana, el incio de una sendita por la orilla del barranco del Codoval. Justo en la bifurcación vimos a un hombre, vestido con protecciones de descenso que nos avisó:

"Esperad un momento antes de pasar, porque un chico, principiante, nada más entrar a la senda ha frenado en mitad de unos escalones que hay, se ha caído y se ha roto la nariz, se le ha quedado doblada hacia arriba y además ya sabeis, que la sangre es muy escandalosa, tiene heridas en la cara y además está un poco en shock. Esperad un momento y no lo miréis, que es muy desagradable."

No hizo falta decirme nada más para convencerme. La pista alternativa que va por la otra orilla del barranco era perfecta. Ya esperaría a los demás en la salida. Total, al ritmo que fueron no hizo falta esperar mucho.

Al poco de acabar la senda llegamos al final de la ruta marcada, en Quart de les Valls. Buscamos un bar para almorzar donde nos dejaron meter las bicis dentro. Almuerzo en bar, en idioma rutístico suele equivaler a ríos de cerveza, carajillo, y si el grupo ya es muy globero-dominguero, ronda de cubatas. En serio, lo he visto. Afortunadamente el Perro Verde sabe perfectamente que después de comer hay que volver a pedalear y se contiene antes de pasar la línea roja. Allí dejamos un grupo de ciclistas con bicis de cinco mil euros -cada una, no entre todas- y una camarera que no sólo usa la silicona para sellar las juntas del cuarto de baño.

A partir de aquí yo ya no sabía cuál era el plan. Como vi que empezábamos a deshacer el camino andado y era relativamente pronto, supuse que haríamos la misma ruta pero al revés. Al llegar a la senda del barranco veo que los más valientes comienzan a afrontar la subida por el pedrusquerío mientras el resto continuamos por la pista, pero al llegar al inicio de la senda, nos reunimos... ¡Y nos volvemos otra vez! Es decir, habíamos vuelto a subir exclusivamente para volver a bajar la dichosa senda. Si han subido aquí sólo por volver a bajar, algo bueno tendrá. Voy a intentarlo aunque tenga que ir andando la mitad del recorrido.

Y la verdad, salvo los quince primeros metros y un pequeño trozo al final, el recorrido era muy fácil. La mayor parte del tiempo tenía una dificultad digna de Verano Azul, y eso que iba con mi horquilla bloqueada. Los demás, mientras esperaban a que acabase se pusieron a ajustar sus superamortiguadores de aire. ¡Si ni siquiera sabía que una horquilla se podía hinchar! Y vuelta a Quart de les Valls. De cruz de Monte Picayo nada, que es fin de semana y los días de fiesta cierra. Es curioso que los ciclistas digan que para bajar hay que subir primero. En mi caso más bien es "Tú sube, pero que sepas que luego lo vas a tener que bajar. Y puede que andando".

Se acabó lo bonito. Toca volver a Valencia. Se puede intentar ir por el Puerto de Sagunto y el Grau Vell, por la Marjal dels Moros... Pero el tiempo apremia y los experimentos con gaseosa. Al final, pese a estar más visto que el tebeo, nos volvimos por el camino viejo de Llíria y por el carril bici de la vía xurra. Me gusta correr por asfalto, pero una cosa es el asfalto y otra el carril bici. Era una mañana de contrastes. Habíamos pasado de ir por pistas resbaladizas y sendas estrechas a campartir camino con niños en triciclo y gente haciendo su propia "ruta del colesterol". Era tan extraño el cambio que no paraba de bajar escalones y meterme por los arcenes de tierra por el mero hecho de creerme que no estaba volviendo a casa por un carril bici.

Cuando llegamos a Valencia el grupo se dispersó un poco, pero buena parte de los que quedábamos pedaleamos por todo el río. Y justo en mitad de un lugar donde prácticamente es imposible que pase nada malo, una mujer se cae con su bici prácticamente delante de nosotros, quedándose estirada en mitad del césped hasta que pase el dolor. No importa lo complicadas, duras o técnicas que sean las rutas. Al final, caerse se puede caer cualquiera. Lo malo es que, excepto en momentos de "esto lo bajo por mis huevos", realmente te puedes caer en el sitio más insospechado. Las rutas que seguimos -y mis pasteles para el almuerzo- no son caminos, sino surcos del azar.

Recuento de bajas: De nuestro grupo, nadie. Pero la mala suerte nos ha mirado muy de cerca esta vez.

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Waypoint

En la estación

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Comienzan las cuestas

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Rampa ¿insalvable?

Waypoint

Sorpresa final en la senda

Avituallamiento

Almuerzo

Waypoint

Esperando la subida de los más aguerridos

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Por el carril bici

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Carro

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Gaviotas

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