Tiempo  7 horas 44 minutos

Coordenadas 1559

Fecha de subida 17 de junio de 2014

Fecha de realización junio 2014

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611 m
11 m
0
16
32
64,64 km

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cerca de Chiva, Valencia (España)

Este fin de semana El Perro Verde BTT se va a la comarca de la Hoya de Buñol para intentar seguir la marcha de la Sierra de Chiva de este año. Un camino duro, exigente y con subidas a menudo exageradas serán el escenario en el que celebraré seis meses de rutas con la manada. Amigos de Jorge ya nos advertían de dónde nos estábamos metiendo. Tenían razón.

A la ruta acudió gente que hace tiempo que no salía con nosotros. A Paco Márquez o Rafa Gómez hace un montón que no los veíamos. También vino Víctor, un biker que conozco de las salidas con Juan Deler. Sin embargo, uno de nuestros fijos, Rafa Folgado, se toma una merecida semana de descanso para recuperarse del sobreesfuerzo de las dos últimas semanas. ¡Hay que estar fresco para ir a Bronchales! Y si hay que descansar una semana, tras ver el perfil de la ruta, se me ocurren pocas que sean mejores que ésta.

Y lo más increíble: Xuso Ortells, biker suecà que tuvimos el gusto de conocer la semana pasada en Montroy… ¡Vuelve con nosotros! Este grupo funciona así: El primer día es la prueba de fuego. El segundo se viene para descubrir si lo del primer día fue una excepción. Pero si viene un tercer día, ¡ya ha superado el reto!

Tras un pequeño rato de espera al fin llegó pedaleando Jorge, y no venía solo. Le acompañaba Vicente Sanz. Ya estábamos todos y por fin podía dar comienzo la ruta.

El primer tramo son cerca de seis kilómetros de interminable cuesta en los que hay que ganar trescientos metros de altura. Antes de llegar a la cima Vicente se queda atrás. No se encuentra con fuerzas de hacer la ruta de hoy. Venir pedaleando desde casa con el tiempo justo le ha jugado una mala pasada y piensa en volverse a Valencia en el próximo tren. José Vicente se vuelve a por él. Finalmente deciden bajar de nuevo a Chiva, almorzar en condiciones y afrontar más tarde parte de la ruta de forma más descansada.

Los demás nos quedamos arriba a la espera hasta que recibimos un mensaje: «Id haciendo marcha, que ya intentaremos cruzarnos en algún tramo»

A la hora de continuar tuvimos un problema con el track. Siempre que oigo noticias de que un conductor ha caído con su coche a un río porque el GPS le indicaba que continuase recto y cruzase por un puente inexistente alucino, incapaz de comprender cómo demonios no se ha dado cuenta. Pues a nosotros nos pasó algo parecido. Teniendo un camino a escasos cincuenta metros, el track nos indicaba que nos metiésemos en un zarzal reseco y pedregoso, llevando la bici al hombro durante unos diez minutos y rezando para no chafar una alimaña que te pegase un bocado en las pantorrillas. Cuando conseguí salir de ahí, casi besando el suelo como hacía Juan Pablo II en sus viajes, tenía las piernas como si Freddy Krueger me hubiese dado un masaje en las piernas.

Pero tras este momento de agobio comenzaron las bajadas. ¡Y de qué manera! Pedregales y fantásticas sendas ladera abajo que han pasado de ser un suplicio a toda una experiencia gracias a mis cubiertas nuevas. Es como estrenar otra bicicleta. El agarre, frenado, tracción y ausencia de rebotes y derrapes son sensaciones increíbles. Tanto es así que ya le voy comentado a Damián que la confianza da asco y algún día me meteré una galleta si sigo dejando de ver los riesgos donde antes veía caminos impracticables.

La hora de almorzar llegó más pronto que de costumbre y el calor ya era matador. Paramos bajo la sombra de un árbol para comer algo, pero el problema era la bebida. Si no encontrábamos una fuente lo íbamos a pasar muy mal. No habíamos planeado que hiciese tanta calor. Me merecía el adjetivo que había pintado en la fachada de una casa por la que pasamos: «Tarugos». Para colmo, nada más salir Víctor pincha. Por lo menos pudimos ponernos en una sombra. Mientras, Rafa y yo nos infiltrábamos en las casas de campo de alrededor, cerradas a cal y canto para ver si veíamos un pozo, un depósito o lo que fuera. No tuvimos suerte.

Pero a los pocos metros… ¡Milagro! De una pequeña fuente, señalizada por una placa que indicaba que no era potable, manaba un pequeño chorro de agua fresca entre avispas, maleza y con algún trozo de musgo incorporado. ¡Loco! ¡Bebiendo agua no potable! Lo siento, pero no podía aguantarme. ¿Qué podía pasar? Como mucho, que al día siguiente tuviese unas cagaleras que no pudiese alejarme a más de quince metros del baño, pero estas cosas hay que planteárselas así: La muerte por sed es de las más horribles que existen. Por contra, cagar está dentro de mis cinco placeres fisiológicos favoritos. Sí. Los otros cuatro os los podéis imaginar.

El track comienza a guiarnos por donde nos da la gana. De pronto, delante de nosotros aparece una verja de casi dos metros de altura cortando el camino que debíamos seguir. A partir de entonces decidimos fiarnos más del track que llevava Xuso, que nos evitaba vallas, zarzas y malezas.

Y llegó el oasis en mitad del desierto. ¡Una fuente en condiciones! La verdad es que no la veía mucho más potable que la anterior, y de sabor… Sabía igual. Pero al no ver el cartelito, pues ojos que no ven, gérmenes que te bebes… Tentados estuvimos de meternos dentro del abrevadero, pero al final, con remojarnos un poco la cabeza tuvimos bastante. Damián me advirtió que hay larvas que sobreviven a los ácidos del estómago, se desarrollan y a los pocos días eclosionan en tu barriga en forma de un mini Jordi Pujol, en una mezcla entre Alien y Kuato de «Desafío Total» diciéndonos lo que sirve y lo que no. ¡Vaya imaginación!

Estábamos ya deshechos y teníamos ganas de volvernos. Pero al estar al otro lado de la montaña, para llegar a Chiva no quedaba otra que volverla a subir. Con un sol cada vez más asfixiante, se nos plantó ante nosotros una subida de 180 metros durante poco más de un kilómetro y medio. Llevando el cambio en plan «molinillo» ya nos costaba subir, pero además el firme no animaba precisamente a ir encima de la bici, así que nos tocó subir a pie. Hasta en esas condiciones Damián se cayó al suelo. Sólo la esperanza de bajar la cuesta que subimos al empezar la mañana nos hacía continuar adelante.

Tras un pequeño descanso en lo alto de la sierra iniciamos una bajada vertiginosa en la que sólo pararemos hasta llegar al bar donde ya estaban Vicente y José Vicente. Tras las cervezas y el picoteo de rigor todos se fueron marchando, pero Jorge y yo habíamos planeado volver a Valencia sobre los pedales. Por caminos distintos, además. Él por el norte de la A3, y yo siempre por el sur y entrando a Valencia desde Torrent, adaptando el track del usuario Bering. Al final hice más kilómetros en la vuelta que en la ruta. El dolor de espalda, de brazos, de piernas, de culo y hasta de orejas que tenía cuando llegué a casa era colosal. Y luego por la noche tenía 50 kilómetros más de ruta nocturna…

El próximo fin de semana no sé como estaré, porque llevo un par de días con el estómago revuelto. Como si fuesen gases. Y además me siento muy pesado. De hecho, a veces es como si notase pinchazos en la zona del ombligldksjfghhhhhhhhhh

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2 comentarios

  • Foto de El Perro Verde btt

    El Perro Verde btt 23-jun-2014

    plas, plas, plas,plas,......(aplausos)

  • Foto de Pibe Arg

    Pibe Arg 16-feb-2017

    Hola. Te acuerdas cuanto es el tiempo que tardaste en hacer el regreso?

    Quiero ir hasta Chiva para hacer una ruta con la Peña a las 8:30hs, y quiero estimar mas o menos el tiempo para estar a tiempo!
    Gracias y buen relato!!!

    Saludos

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