Dificultad técnica   Moderado

Tiempo  3 horas un minuto

Coordenadas 2102

Fecha de subida 23 de julio de 2017

Fecha de realización junio 2017

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800 m
674 m
0
15
29
58,28 km

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cerca de Entrala, Castilla y León (España)

Hoy le copié la ruta a otro usuario de Wikiloc: Merayolu. Gracias a él he disfrutado de una ruta fácil por el desnivel, pero preciosa por el recorrido. Iba a salir desde casa en bici, pero como me tocaba ir solo (una vez más) me entró la paranoia de que me podía perder. Y no quería meterme 75-80km y perderme cuando más calor hacía. Total: en coche hasta Entrala. Y ha sido un acierto. El otro ha sido la hora: a las 8:40 estaba pedaleando (y eso que perdí diez minutos mientras cargaba en el reloj que tenía que guiarme por la ruta que iba a seguir). Da gusto pedalear a esas horas sin el agobio del calor. Salí de Entrala hacia Tardobispo por caminos llanos y por el famosísimo GR14. Lo conozco bien y llegué fácil. De allí a Pereruela sin novedad. Lo siguiente fue pasar por debajo de la carretera para ir hacia el puente de las Urrietas por un camino distinto con piedras y pequeños saltos mucho más divertido que
el GR: era el comienzo del tramo más bonito del día. Desde el puente de las Urrietas hasta Arcillo subidas entre bloques enormes de granito y senderos entre encinares. Eso (el bosque), y salir a primera hora, hacía que la temperatura fuera muy agradable. Lo próximo era el paso por Sogo, también por senderos estrechos y divertidos. De no ser porque llevaba el reloj guiándome hubiera sido imposible acertar con los caminos (contentísimo con él -sobre todo porque solo tengo que robárselo a su pobre dueño para usarlo, me ha salido barato, barato-). El caso es que pasé por el puente romano de Sogo (es una maravilla) pero el arroyo estaba seco. Después atravesé el pueblo y empecé el tramo menos agradecido de toda esa parte tan bonita y que va de Sogo a Malillos (el pueblo de mi familia ;-)...). Es un sendero oculto por las hierbas altas y despoblado de árboles, así que vas sin saber donde metes la rueda -con el peligro de tropezar con un hoyo o con una piedra-. Llevaba la mitad del camino y aproveché para comer un plantanito aunque me encontraba fuerte. Quedaba ahora otro tramo muy bonito hasta Sobradillo de Palomares: caminos casi de cuento completamente cubiertos por las ramas y senderitos estrechos entre bosques. Pasando el pueblo, solo quedaban tres o cuatro kilómetros de ese paisaje, porque lo siguiente era La Tuda y Las Enillas. Allí se acabó lo bueno. El resto era rutina por caminos anchos y despejados hasta el punto de partida. En fin, felicidad total.

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