Tiempo  4 horas 18 minutos

Coordenadas 2079

Fecha de subida 24 de julio de 2016

Fecha de realización julio 2016

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1.977 m
1.229 m
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38,47 km

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cerca de Capileira, Andalucía (España)



El municipio de La Taha se encuentra en la ladera sur de Sierra Nevada, en pleno corazón de la Alpujarra granadina, comprendido entre los ríos Trevélez y Poqueira, junto a los sonoros barrancos Bermejo y de la Sangre. Su población se halla dispersa entre siete núcleos de población, sin contar los numerosos cortijos y alojamientos rurales.
La Taha es Reserva de la Biosfera, y está en el Parque Natural y en el Parque Nacional de Sierra Nevada. En sus pueblos podemos hallar castaños centenarios, fuentes naturales, ríos, barrancos y unas vistas excepcionales del paisaje alpujarreño y de la sierra.

Este nido de pueblos es un lugar maravilloso para descansar en un entorno plenamente natural pero en el que se pueden encontrar todos los servicios necesarios para una estancia confortable.Por eso aquí se han asentado artistas, músicos y escritores, tanto españoles como de otras nacionalidades. De esta forma se aprovecha la riqueza paisajística y natural del entorno como marco de numerosas actividades culturales.

Precisamente eso forma parte del encanto de La Taha. Un municipio que merece la pena vivirlo despacio, recorrerlo, conocerlo. Una tierra más allá de la leyenda y el turismo. Un lugar de descanso y de trabajo. Un espacio entre la montaña y el cielo. Unas cumbres serenas.
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La central hidroeléctrica del río Poqueira está situada en la cabecera del río del que toma el nombre, en la confluencia de éste con los ríos Toril y Nante, a 3 Kilómetros al norte del núcleo urbano de Capileira (Granada). Esta central es el edificio principal de un conjunto hidroeléctrico formado por tres elementos: la central, la cámara de carga y el canal de conducción de aguas.

La Central se sitúa en la orilla izquierda del río, entre éste y una escarpada ladera, junto a un pequeño puente que salva el curso de agua. El entorno es de vegetación de ribera, frondosa, compuesta principalmente por chopos, sauces y zarzas, el relieve es escarpado, con fuertes pendientes y el sustrato silíceo con afloramientos de roca metamórfica.

El edificio de la central es de grandes dimensiones, de planta sensiblemente rectangular. Presenta dos cuerpos sobre rasante, el de planta baja con gran dimensión en altura y el cuerpo superior abuhardillado, coronado por una cubierta a dos aguas con teja plana morada. Bajo rasante posee otra planta sótano, aunque totalmente abierta por el costado del edificio que se orienta al río. Grandes ventanales, interrumpidos solamente por los elementos verticales estructurales de hormigón armado, iluminan y ventilan el interior, dotando al edificio de una apariencia liviana. Sobre la puerta principal de acceso se encuentra una placa conmemorativa que fecha su construcción en el año 1957.

Dos kilómetros al noroeste de la Central, junto al barranco Piedra del Rayo, se sitúa la cámara de carga destinada a almacenar el agua y darle paso a la Central a través del canal de agua. La cámara está compuesta por un gran estanque, el edificio principal y tres edificios auxiliares.

Desde la cámara, continúa el canal de agua conocido como canal de Sevillana, cuyo origen se sitúa 2,80 Kilómetros. al noroeste de la cámara y que conduce el agua desde los arroyos Peñón Colorado y Tajo Colorado.

El conjunto está en funcionamiento. El estado de conservación de la Central es bueno.
El valor, tanto arquitectónico como histórico-etnológico de este conjunto, hace que esté prevista una actuación integral de la mejora ambiental de conservación del entorno de esta central eléctrica.
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Sierra Nevada ha sido, muchas veces, a través de la historia, un codiciado refugio. Las cordilleras Béticas con una extensión de 500 kilómetros de longitud, desde el cabo de la Nao hasta Gibraltar, son una auténtica barrera. Estas cordilleras son el mayor conjunto orográfico y están formadas por dos alineaciones casi paralelas de montañas, llamadas costera y cordillera Bética. Las depresiones entre ambas forman un surco Intrabético que es la mayor línea de comunicación interna entre el Mediterráneo y el golfo de Cádiz.

Sierra Nevada en general y, sobre todo, la Alpujarra, recostada en su ladera sur y dividida en dos por el valle sinclinal que forman Sierra Nevada y la Contraviesa, surcado por el río Guadalfeo, siempre fue un foco específico de refugio de montaña, tanto para resistir a los que desde fuera intentaban penetrar en ella, como para los refugiados en su interior que trataban de conquistar las tierras periféricas a la región. Textos romanos hacen referencia y son una prueba de esta realidad. Ayer como hoy, aislamiento y fragosidad son las características de esta región. Como decía Hurtado de Mendoza: "La Alpujarra es montaña áspera, valles al abismo, sierras al cielo, caminos estrechos, barrancos y derrumbaderos sin salida".

Con la invasión musulmana la sierra se convirtió en el principal núcleo de resistencia españolista; eran los hispanovisigodos, llamados andalucíes, posteriormente, por los árabes y que se resistían a ser absorbidos por el Islam. Cuando el Emirato de Córdoba quiso dominar en todo el al-Andalus, Omar Ibn Hafsum contó con los españoles de la Cora de Elvira, cuya capital actual es Granada, y su refugio la Alpujarra.

Después de la conquista de Granada por los Reyes Católicos, la Alpujarra, fiel a sus características, fue igualmente refugio para los moriscos. Los temibles Monfíes de la Alpujarra, más que malhechores, fueron enemigos implacables contra los de su misma raza, para conservar su independencia. Las huellas de aquella gente feroz quedaban marcadas con sangre, ya en los humeantes escombros de un pueblo arrasado, o en los cadáveres arrojados en los barrancos, o en los linderos de los caminos. Tanto las cuadrillas de la Santa Hermandad, como los soldados de los Tercios pagaban con sus vidas las emboscadas, o el enfrentamiento con los Monfíes. Algunos nombres como el Nacoz de Nigüelas, el Partal de Narila, fueron ejemplo de terrorismo. Estos grupos Monfíes vivían en la sierra, se albergaban en cuevas o hendiduras de las rocas, siempre dispuestos al asalto y al combate.

Las pequeñas cuevas de la Alpujarra, tantas veces usadas como almacén de cereales y otras provisiones, también fueron buenos refugios para mujeres y niños moriscos (1570-71). Los españoles los perseguían hasta allí mismo y los expulsaban con humo, con lo que muchos murieron asfixiados, otros sacados vivos se vendía como esclavos. Nada más esclarecedor que algunos textos de Hurtado de Mendoza, Mármol de Carvajal y Pérez de Hita para comprobar esta realidad.

"En una gruta cerca de los Bérchules, se mantuvo escondido Aben Aboó, sucesor de Aben Humeya, junto con su familia, cuando ya su causa estaba totalmente perdida. Allí lo asesinaron dos amigos suyos, que enviaron su cadáver, atado a un caballo, como si fuera cabalgando, a sus enemigos de Granada" (Hurtado de Mendoza, p. 243). Los tajos del Reyecillo, frente a los Bérchules, fueron también refugio para Fernando de Válor, en la misma época de la rebelión de los moriscos.

"Aben Farax... encubierto en Güéjar... tan aborrecido de los moros como de los cristianos¼ Cuando Mondéjar triunfa en la Alpujarra, y Humeya queda solo, Farax huye a Güéjar y queda allí olvidado. A un amigo suyo, tintorero converso, lo convence de que deben entregarse a la Inquisición. Marchan, pero mientras Farax duerme, el tintorero le abre la cabeza con una piedra muy grande y lo tulle a palos, en la cueva donde estaban escondidos... dos noches y un día más tarde, unos moriscos de Güéjar lo encontraron a Farax hecho una masa sanguinolenta y agusanado; lo llevaron a Güéjar, lo curaron, pero Farax quedó ciego e informe, tienen que alimentarlo por una caña que le metían, por un pequeño agujero que le había quedado en la boca" (Hurtado de Mendoza, p. 289).

"Habíanse recogido en Güejar con Pedro de Mendoza el Hoscein tantos moros que, además... del presidio... que eran seiscientos hombres, se juntaban a veces tres y cuatro mil con los capitanes Xoaibí, Choconcillo (degollador), el Mocox y el Mojajar y otros (Hurtado de Mendoza, p. 318).

En la conquista de Güéjar Sierra, "la cabeza era Xoaybi (natural de Güéjar Sierra), por otro nombre llamado Pedro de Mendoza, que este apellido tomaban muchos por la naturaleza que tenía en la sierra la casta del marqués Iñigo López de Mendoza (primer Capitán General), Hoscein, Caracaxal turco, Chocón (que en su lengua quiere decir degollador), Macox, Moxaxar y otros... con la seguridad de la montaña... muchas mujeres, muchachos y viejos de lugares vecinos, que no querían apartarse de sus casas proveídos de pan y carne en abundancia... entendieron, días antes, la ida de don Juan y tuvieron tiempo de salvar lo mejor de su ropa, sus personas y ganado..." (Hurtado de Mendoza, p. 327). Mármol de Carvajal: "... los centinelas huyeron a Güéjar y los moriscos, preparados empezaron la huida a la Sierra Nevada, cruzando el cristalino río Genil". Se ocupó el lugar y el fuerte; la resistencia fue en el barrio bajo, junto al río, donde los escopeteros hacían frente para que las mujeres pudieran huir" (Hurtado de Mendoza, p. 327).

Pérez de Hita: "llegado el señor don Juan a donde estaba el duque, se tuvo noticia de que a la falda de la sierra habían aparecido grande cantidad de moros, según parecían blanqueando"... los cristianos creyeron que eran las moras que huían y fueron a saquearlas, "mas llegando fueron recibidos con gentil descarga de arcabucería, porque eran moros dallí a Válor, donde estaba Aben Aboó con su campo... En que matan al capitán Quijada de una pedrada en la cabeza..." (Hurtado de Mendoza, p. 329).

Aben Aboó reprendió a los moriscos que habían abandonado Güéjar..., el turco Noayte la contestaba "¿cómo en un presidio sin murallas y de poca importancia, quieres tú Abenaboó que resistiesen los soldados, sabiendo tú que tus fuerzas y las nuestras están en la fragosidad de las sierras nevadas?" (Hurtado de Mendoza, p. 330). Mucho más adelante, la Alpujarra fiel a sus características de difícil acceso, fue también foco de resistencia a la invasión napoleónica, que nunca pudo conseguir más ocupación que la simple del suelo que pisan sus soldados... Historia que vuelve a repetirse en la Guerra Civil de 1936, los grupos de maquis tenían su fortaleza y refugio en la sierra.

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