Dificultad técnica   Moderado

Tiempo  2 horas 56 minutos

Coordenadas 2181

Fecha de subida 2 de marzo de 2018

Fecha de realización enero 2018

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713 m
550 m
0
14
28
56,14 km

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cerca de Zamora, Castilla y León (España)

Ya estamos aquí de nuevo. Después de unas semanas un tanto irregulares por unos motivos o por otros, había que aprovechar estos días estupendos para salir a pedalear. Hoy no os doy más la vara con la bici nueva, pero sí, sigue siendo maravillosa y sigo descubriendo que está a años luz de la que he llevado hasta ahora. Empecé pronto (9 de la mañana) con el cielo algo encapotado pero con temperatura agradable, 7º-8º C, que puede parecer poco pero está muy bien -sobre todo porque se mantiene o incluso sube algo, no como cuando sales hacia el anochecer y en cuanto baja el sol te quedas frío-. Había decidido seguir en parte una ruta que hice con los de Plato Grande hace un par de años (¡cómo pasa el tiempo!) pero con alguna variación. Empecé por Valorio, saliendo por el camino paralelo a la carretera, no por la zona más revirada y divertida, para ahorrar fuerzas. En cuanto llegué al puente que cruza por encima de la A11 (km. 5,4) supe que tocaba sufrir porque el viento soplaba de cara (o en diagonal, pero en contra). Pronto llegué a Palomares y me metí por una de nuestras bajadas habituales pero evitando los dos rampones. Luego un pequeño desvío hacia la parte trasera de la fuente del Caño (paisaje de cuento) y salida por el Camino del Lomo hacia la carretera de Alcañices. Todavía me quedaban 10 kilómetros de lucha contra el viento, pero mantenía un buen ritmo gracias a...la máquina, ya sabéis. Algo más adelante (km. 21 y sbre todo km. 22,5) encuentro con cazadores: el primero sin problemas, pero en el segundo tres o cuatro perros se acercaron hacia mí ladrando. Los cazadores no hicieron el menor esfuerzo por sujetarlos, se limitaron a decir que no hacían nada y me tocó probar suerte. Efectivamente, no me hicieron nada. Eran vagos como sus dueños. Empezaba a notar el cansancio en las piernas, pero solo quedaban tres kilómetros para llegar a Muelas del Pan. Una vez allí, y con algún despiste que otro, bajé por un camino hasta el poblado del salto y de ahí al aliviadero. Yo creo que más que por el agua, se llama así porque los ciclistas aliviamos allí un poco el cansancio con un pequeño tentempié, aaaahhh. El caso es que comí y bebí un poco y emprendí el regreso bajando el tramo que faltaba hasta las compuertas para luego subir la cuesta de asfalto. No me costó demasiado -ahora el viento empujaba-. Pasé otra vez por Muelas del Pan y tooodo recto hacia la zona de Almaraz. Entre el viento, y que la mayoría del tramo por ahí es bajada, iba a toda pastilla y sin apenas esfuerzo, una gozada. Del km 37 al 39, bajando al Arroyo de Joyalada, la pendiente es todavía mayor, asi que el pelo se me puso p'atrás, p'atrás (que dirían los de Gomaespuma). Estupendo. Luego un tramo paralelo al arroyo (divertidísimo) y salida a la carretera de los Infiernos. Tocaba sufrir otro poco con las subidas, aunque al ser asfalto no llegó la sangre al río. Una vez arriba, solo quedaba girar a la derecha en dirección a las hoyas de San Julián (que hoy me salté porque no quería hacer más esfuerzos) y bajar por la cuesta de Matarranas todo lo rápido que pudiera. Una pena que cerca de la parte baja me tocara frenar porque había más ciclistas por la zona. De ahí hasta casa sin novedad. Muy cansado, empapado de sudor y ya sabéis: feliz de la vida.

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