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782 m
674 m
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26
52,06 km

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cerca de Pereruela, Castilla y León (España)

Pues cuando recibí el aviso de Toño para que me acercara con él a dar una vuelta por el GR-14 hasta la presa de Villalcampo tenía muuuchas dudas. Dudas sobre si aguantaría los 46 kilómetros previstos con la bici de montaña. Finalmente acepté. Y cómo me alegro de haberlo hecho. Hemos disfrutado de la ruta y de la compañía a partes iguales. El camino lo conozco de otras veces, pero me sigue gustando un montón. La pena es que han arreglado muchos de los caminos y, lo que antes era diversión (y dificultad) sobre la bici, ahora ha perdido un poco de encanto. Empezamos poco antes de las nueve de camino a Arcillo pasando por el primer punto destacado: el puente de las Urrietas. Una pena que la ribera esté completamente seca. Y también una pena que hayan cambiado el camino, evitando la subida pedregosa, aunque seguro que la gente de la zona no la echa tanto de menos... Así y todo el sendero es muy bonito, merece la pena. Lo siguiente es pasar por Arcillo de camino al siguiente puente: el de la Albañeza. Llegamos a él sin problemas, disfrutando de la compañía y charlando de nuestras cosas. En esa zona aparecen los primeros pasos holandeses que anuncian lo que nos vamos a encontrar enseguida: vacas. En principio inofensivas, pero cuando te miran con esos enormes ojos... Nos abrimos paso al grito de 'vaaaaaaaca' y seguimos nuestro camino recordando algunas anécdotas de la primera vez que pasé por allí haciendo la épica ruta mirandesa con Jose. Y así llegamos a Abelón. Desde ahí era fácil llegar hasta la explanada de la nuclear de Moral, aunque nuestro objetivo (bueno, el de Toño, que era el organizador) era bajar hasta la represa del Arroyo de los Arroyos (¡qué nombre más rimbombante!). Para bajar a la carretera nos perdimos un par de veces, pero finalmente lo conseguimos (la bajada es divertida y peligrosa, con cuidadín ahí). Fotos de rigor en el arroyo y vuelta para casa. El regreso fue también muy tranquilo, así que no tengo nada que comentar. El único chasco fue el que se llevó Toño cuando llegamos a Pereruela y le dije que no había bar (¡que esto es la España vaciada!). Yo en cambio estaba muy contento, contentísimo. Por haber llegado bien físicamente (claro que hemos ido muy despacio, pero no las tenía todas conmigo), por la mañana tan agradable y, sobre todo, por haber recuperado el contacto con Toño, con el que hacía tanto tiempo que no hablaba. Y es que lo que no consiga la bici...

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