Tiempo  8 horas 36 minutos

Coordenadas 6480

Fecha de subida 4 de enero de 2018

Fecha de realización enero 2018

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  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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2.672 m
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92,27 km

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cerca de Casa Blanca, Boyacá (Republic of Colombia)

Es cómo una espina que hay que sacarla, no debiendo dejar que se amañe en el alma, porque puede doler; es el afán de “agradecer”, de no dejar pasar algo como un año nuevo, sin hacerlo, aunque este evento en el tiempo, es insignificante para la inmensidad universal, pero de igual manera, parto en bus a Chiquinquirá, con mi bicicleta desarmada y llego justo a medio día y la gala de una pequeña llovizna, imprimo las fotos de unos bautizos que he tomado en navidad, para ayudar a mi hermano en su trabajo.


Logrando terminar todo, busco con afán, la salida a San Miguel de Sema, una pequeña villa de Boyacá, enmarcada en la alta zona de la Laguna de Fúquene, por donde pocos días antes, recorría en ánimo de competencia aquel hermoso paraje, aunque sin calcar el recorrido exacto, pues sólo buscaba un punto en especial. Sólo quería encontrar el primer ascenso antes del poblado que nos acoge aquél día de mediados de diciembre y así regresar a casa y recibir el año nuevo con mi familia, cuando termine este propósito, cuando saque esta espina de no agradecer. Pasada una vía que luce muy bien sus altibajos, cual olas de los mares del sur, diviso la iglesia y me dedico a indagar, mientras almorzaba y quitaba el polvo de mi cara.

Le pregunto a una señora, cuál es el nombre de la primera escuela saliendo del poblado, en la vía a Ráquira y Capellanía y me contesta con un extrañado “Fátima”. Todo concuerda con mi ya vago recuerdo de una estatua de la Virgen María, vigilante a su entrada y me dispongo a buscar con ansía ese lugar. Otra persona que escucha, inquiere y busca un porqué yo anhelaba llegar a ese preciso sitio, antes que esa tarde, la última del 2017, cayera, entonces le he leído esa página de la historia reciente en la que en aquella competencia de días atrás, luego de un infernal camino plano, que pinchaba llantas de mis compañeros competidores, que bañaba con polvo y sol infinitos y que requería de un pedaleo fuerte y constante por su implacable planicie, se acababa y comenzaba así un ascenso que se vestía de grandes y frondosos pinos que daban sombra al antes soleado camino y revestía de fuerza mi cansado cuerpo, ya que aunque suene paradójico, a mí me fatiga y hostiga más el territorio plano, que un ascenso en el que puedo ir mejor.

Le respondo a la señora que mi búsqueda no es de un lugar sino de unas niñas, que salieron al paso aquel día de competencia a animar, a dar un alivio más grande que el que dieron los pinos y la brisa, era una sombra para alma del cansado ciclista que apunto estaba de descender de su bicicleta, poner píe en tierra y ponerse los harapos de la resignación; aquellas que con sus graciosas sonrisas, con sus bonitas voces que entonaban barras de ánimo, impulsaban con A de Alegría, con B de Bicicleta y con O de Optimismo, a todo el que por allí pasaba, casi derrotado por el inclemente camino, con un bonito presagio en el que al final, muchos kilómetros después, cuando la carrera terminara, se cumpliría, pues el canto terminaba con un “Serás el ganador”.

Cómo respuesta obtengo el nombre de una madre y una descripción de una de las niñas que aunque no concordaba, no daba píe para renunciar a su búsqueda, la cual se prolongó por que la gente insistía en el nombre de esa mujer y que la escuela era aún más abajo, de aquella estatua de la Virgen que observaba a la pequeña loma qué albergaba a aquellas dulces fanáticas de la bicicleta. Entonces me hallé perdido, pues ya habían pasado varios kilómetros, después de aquel lugar y preguntando por la mujer, sale de su humilde casa un hombre y una niña, su hija, quien tenía un soporte para su pierna que meses atrás se rompía en un fatal accidente donde el conductor de la moto en la que ella iba, su hermano mayor, perecía.

Ella no era una de las niñas, definitivamente, pues aquellos angelitos corrían intentando seguir el curso de mis ruedas, pero poco importaba. Con el permiso de su padre, algo extrañado y de su mamá, que poco después llegaba del pueblo con el mercado, les expliqué con más calma el porqué de mi búsqueda y con las correctas indicaciones, me han guiado a aquella casa de la Virgen, por donde ya había pasado, casi media hora atrás, con la sorpresa que aquello no era una escuela, sino una vivienda privada de alguien muy creyente y por esta equivocación, pensando la gente que la escuela, no era esa sino la que estaba cerca a la casa donde ahora me encontraba, surge este error de ubicación, convertido en bendición que me permitiría tener el gusto de conocer a aquella humilde, tímida y golpeada niña.

No me importaba que ella no fuera protagonista de aquel momento de apoyo y sin más, vacié mi maleta de dulces, algunos útiles escolares básicos y un pequeño Lego para armar. Entonces con el ánimo en las nubes, qué daban paso a la noche, con la vista espectacular de la laguna desde aquella pequeña casa en una loma de la omnipresente planicie y una foto con ella y su hermanito, me regreso por donde vine, buscando de nuevo el pueblo y pasando por aquel paraje donde había recibido aquel apoyo, con la sorpresa de ver a lo lejos en otra loma, una hermosa casa de dos plantas, encerrada por maya y custodiada por grandes perros, la silueta de una pequeña que no sé por qué, tenía la certeza que era una de ellas, entonces gritando a lo lejos un “Buenas, se puede subir”, sale en respuesta una señora y junto a la niña, responde con un dubitativo “Abra la reja y siga”. Llego arriba en pocos minutos a esa casa totalmente opuesta a la anterior, donde estaba y contando una vez más la historia, la niña interrumpe el relato y me dice que era ella y su hermanita, comenzando a cantar de nuevo aquel acróstico canto, donde brillaban las palabras más bonitas, tal cual como sus lindos ojos verdes y entonces pude encontrar por fin a aquellas hijas de la profesora que habita en esa bonita casa.

Agradecido con ellas y con la vida, termino de arrancar aquella espina del espíritu y me voy feliz, dejando unos dulces, dos cuadernos y una sonrisa correspondida, con otras de ellas y su mamá. Pasaba una vez más por el poblado y ya la noche a mi lado, me tomaba de la mano y me guiaba a mi regreso con la satisfacción de la misión cumplida. Llevaba unas uvas para luchar contra sed y hambre simultaneamente, siguiendo los consejos de Álvaro Neil, quien pocas semanas antes, finalizaba la vuelta al mundo en bicicleta en su natal Asturias, impartiendo sonrisas a los más desafortunados, en los cinco continentes, haciendo honor a la tradición de noche vieja, por sí esta me encontrase en el camino y no en mi casa con los míos, como estaba planeado.

Sigo mi camino en medio de la noche y una luna cómplice de una locura que de repente me hallé compartiendo con una pareja que venía en sentido contrario y con un hola, me detienen en el camino. Les doy uvas y con ellas brindamos por el año agonizante y les digo que el cruce a Simijacá en el vecino departamento de Cundinamarca, que era a donde ellos iban desde Villa de Leyva en sus bicicletas de MTB, había pasado hace pocos metros, haciéndolos regresar un poco para que no se pierdan en el camino.


Con una sonrisa como despedida, sigo adentrándome en la noche y el silencio, hasta que habiendo pasado por Chiquinquirá y descendido a Santander, llego a mi casa pocos minutos antes del año nuevo, repartiendo abrazos y alegría con mi linda tía Cecilia, mis primos, sobrinos y algunos de mis hermanos. Ahora en mi corazón y en mis recuerdos, brindaba también por ellos, por los niños que con su alegría, hacen mejor nuestras vidas, por aquellas niñas que con su ánimo y entusiasmo, dan fortaleza y un recuerdo hermoso para vivir cada vez qué se quiera. Feliz año nuevo y que las ruedas sigan girando, buscando historias para vivir y recordar.
El atrio de su iglesia, adornado con el arroz de un matrimonio que hacía poco allí se celebraba. bonita población con gente amable.
Casa de Liliana
Me encuentro en medio de la vía y en medio de la noche a una pareja ciclista y comprendí no ser el único con esta hermosa locura
Saboyá Boyacá
Garabito Saboyá Boyacá

4 comentarios

  • Foto de Oscar Upegui

    Oscar Upegui 09-ene-2018

    Felicitaciones compañero por esta buenísima ruta, acompañada de buenas fotos y una muy buena crónica.

  • Foto de diegono

    diegono 17-ene-2018

    Que buen relato. Aveces no rodamos por lograr objetivos o conocer lugares.
    otras veces rodamos por sentimientos totalmente diferentes que nos ayudan a crecer como personas. Pero al final sea lo que sea por lo que ruedes, todos tenemos una grandiosa recompensa.
    Saludos

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 17-ene-2018

    Exactamente Diego, es precisamente lo que quería demostrar con esta ruta y su relato. Gracias por tomarse el tiempo de leerla. Nos veremos por allá o aquí también en Santander tiene su casa y podemos rodar por las trochas cercanas. Buena noche

  • Foto de Josep Mª Dalmau

    Josep Mª Dalmau 17-ene-2018

    Excelente ruta para empezar el año nuevo con buen pie y buena rueda, acompañada de una gran descripción de esta fantástica aventura.
    Gracias por compartirla DXMARIUS y que puedas hacer muchas más.

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 19-ene-2018

    Moltes gràcies amic meu

Si quieres, puedes o esta ruta