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1.225 m
907 m
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16
32
63,92 km

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cerca de Atienza, Castilla-La Mancha (España)

Ruta BTT con alforjas.

D5: Atienza-Sigüenza-Medinaceli
Dificultad física: IBP 77 - 1.660 Calorías

A siniestro dexan Atienza, una peña muy fuerte,
La sierra de Miedes pasaronla estonçes.


Dejo Atienza por el sur circulando por la senda de la Ruta de la Lana. Los primeros tramos están bien y ofrecen grandes vistas del pueblo. Después de descender por firme a ratos descarnado llego a Riofrío del Llano, en donde esperan varias rampas de dura subida por un robledal hasta las peñas de Valdegarcía. El paisaje es espectacular y la bajada hasta el bonito pueblo de Santamera, muy chula. Aunque pensaba que su itinerario no corría ya en mi dirección, subo hasta Olmeda de Jadraque por una senda que indica "Ruta de la Lana". En Las Salinas la pista comparte camino con la Ruta del Quijote y avanzo sin problema hasta Palazuelos, localidad monumental que encuentro semivacía a pesar de ser media mañana.

En Sigüenza por fin puedo desayunar en condiciones, y lo hago tan bien que después subo la cuesta del castillo sin despeinarme. Como El Burgo, Sigüenza es de esos lugares de los que cuesta marcharse. Me paso un buen rato en el pueblo y salgo por carretera hasta Alcuneza, en donde hay una buena pista que conduce a Horna. A pesar de ello, pincho. Cambio de cámara en un momento y dejo el arreglo para más tarde... que será 10 minutos después, cuando pincho la trasera al pasar Mojares. Reparación y por carretera hasta el desvío de Ambrona para pillar la dura y solitaria senda que desde el museo paleontológico sube al páramo. Aunque ciclable, la senda va empeorando según se avanza hasta que la bajada final me coloca en una excelente pista. El exigente ascenso al pueblo viejo de Medinaceli tendría que haber puesto fin a la etapa, pero como no hay dos sin tres, pincho de nuevo al pasar frente al arco romano.

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- HABITANTE DE FRONTERA -

Uno de los aspectos del Cid que más han fascinado a gentes de distintas épocas es su personalidad de hombre de frontera, más interesado por el riesgo en el campo de batalla que por el boato cortesano. Sólo después de la conquista de Valencia, remite su espíritu nómada en beneficio de un modo de vida acorde con su condición de príncipe de uno de los reinos más disputados de al-Ándalus. A partir de 1094, y hasta su muerte en 1099, Rodrigo parece más gobernante al uso que habitante de frontera.

El Cid se manejó con desenvoltura en ambos lados de las fronteras que conoció a lo largo de su vida y supo adaptarse quizá mejor que nadie a las diversas condiciones de la época tan cambiante que le tocó vivir: el tiempo de la formación de los reinos de taifas, del aumento del poder de los territorios cristianos y de la invasión almorávide. Un periodo tan complicado de entender y oscuro como interesante.

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