Tiempo en movimiento  3 horas 24 minutos

Tiempo  4 horas 47 minutos

Coordenadas 4091

Fecha de subida 26 de marzo de 2018

Fecha de realización marzo 2018

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cerca de Turmequé, Boyacá (Republic of Colombia)

Sueño Extraño y Fugaz, tras los pasos de Liliwhale®🐳. Tierra Muisca de Turmequé y Nuevo Colón Boyacá, Marzo de 2018

Sabía qué el cielo poblado de nubes, desaparecería pronto, pues todas ellas salen aterradas con el brillo del sol, aunque por momentos, ellas parecen hacerlo huir, pero él en realidad solo acecha ahí detrás, esperando el momento de entrar en escena y volver a traer, para mí, el inferno sin nubes que todos aman; no yo, quien entro en gozo cuando el cielo se desparrama en llanto y todo es maravillosamente gris, fresco y torrencial.

Todo el mundo ama los días soleados, pero ellos no dan tanta vida, pues sin aquellos días en los que las gotas, los anfibios y los locos se atreven a salir, aquellos días diluviados que amo con vehemencia, donde la lluvia y las ranas gritan y presumen su existencia con alegría, no habría toda esta vibración, ni este tono clorofilado que refleja una inmensa, traviesa y omnipresente felicidad.

Para quienes saben de mi vida de altibajos, días grises felices y los otros de vómito y tedio, que me han pedido seguir en este camino que comenzó en algún lugar y no lleva a ninguna parte, mis paradisíacos días lluviosos, estaban por irse, para dar paso a los caniculares días de inerte verano, ausente de aquel gris en el cielo que garantiza seguir respirando feliz; estaban aquellos, por llegar; se sentían sus pasos inexorables, se veía venir ese exasperante azul celeste y habría que tomar fuerzas, habría que cerrar los ojos y tomar esa bocanada de aire para sobrevivir, a ese averno trascendente que huele a muerte, que seca la boca y que ataca la poca viva alegría que queda en el espíritu; aquel, llamado…. Destino.

Consciente de tal inevitable arribo, me vi preciso a tomar la bicicleta con fuerza, apretar los dientes, respirar hondo y obligarme a disfrutar lo poco que quedaba de estos instantes; algo que inevitablemente haría, con agrado en batalla, pues en las piernas, la cabeza, el pecho y el alma, ya se sentían aquellos pasos que me llevarían a esa quietud, que sin duda, me impedía vivir como quisiera. Desbaratar cada centímetro del paisaje, con los cinco sentidos, desmenuzar cada gota de color en la vista, cada saludo hermoso y sincera mirada, cada nube, árbol o montaña, cada vestigio de vida en la fértil y a veces estéril tierra bajo mis pies; el día gris pronto acabaría y habría que vivirlo con alegría mientras durase.

Querida amiga Liliwhale, a quien prometí acompañar en esta ruta, tiempo atrás o dicho de mejor forma, que ella me acompañase, me dejase seguir sus pasos, me mostrase estos parajes que guardan una magia similar a los antiguos días de mi distante niñez. Aquellas lejanas y borrosas fechas de viejos almanaques escritos en el Cirílico alfabeto de la vieja Europa Oriental, que se mostraban como una pequeña evocación, simulando esos paisajes que no veo hace ya décadas y que algún día besaría de nuevo, estoy seguro (…)

Pedaleaste con fuerza y te adelantaste, quedándome sólo pero siguiendo el rastro donde me muestras con él, estos caminos por donde paciente y solo he de seguir; sin duda alguna, similar a la “carpática” tierra donde se quedó una parte de mí y me espera. Aguardo con emoción el primer pedalazo, frente a un lugar de belleza adusta, que se deja ver sí se abraza con detalle y fuerza. Es un cementerio en ruinas, justo en el centro de la villa Muizhca del Cacique Turmequé , que se erige pocos metros adelante en su plaza principal, con una mirada a un horizonte perdido, una mirada que aluza y rompe las dudas de la oscuridad. La iglesia tan angosta y sobria, empero de belleza pura, con un piso que hipnotiza en su entramado de formas y tenues gamas, me invita un poco a husmear y buscar su paz.

Prosigo según tu huella, Lili y entre hortales y pinos, veo la más hermosa sonrisa, como un espejismo entre tanta soledad, pero sigo sin parar, guardándola e ignorándola al mismo tiempo, evitando sin éxito, que su fuego queme, con el arrepentimiento de no frenar y beber de ella, pensando que el destino era más importante que lo que se encuentra en la senda, inútilmente y ya tarde, me di cuenta de aquel error, de no detenerme (...) de seguir. Ya mirar atrás era inerte voluntad. No hice caso a los consejos del gran Confucio, en los que me advertía que no habría que abrumarse por lo que viene ni entristecerse por lo que fue, sino estar atento en el aquí y ahora, a todo a mí alrededor.

Traté de no pensar en ella, de no alegrar mi cansado rostro con sus matices, pero aun así ella llegaba y no se espantaba con mi fe. Ascendí por El Rosal, pasé junto a Volcán Blanco y llegando finalmente al desvío a las Piedras Muiscas, descansé, donde las huellas de los hermanos mayores se plasmaron imborrables en la historia para asesinar la indiferencia de quienes intentan olvidar a sus ancestros místicos mal llamados indígenas, de quienes sin duda, debimos aprender mucho más. La Cascajera con sus flores doradas y Rinchoque con sus pinos inquietos con las frecuentes visitas de ese haragán llamado viento, me dejan recuerdo agradable, junto al de ella, quien atrás se queda, pero eclipsa todo malestar.

De pronto asciendo, por pedregosas trochas con un inevitable aroma a tomate de árbol de la hacienda San Pedro y ya cuando se escuchan campanas de fiesta y pólvora a lo lejos, del Domingo de Resurrección, me atraen sus sonidos, que me avisan que ya pronto estaría en otro lugar, de dónde vienen aquellas ondas de alegría por la efeméride religiosa. Es allí cuando en lo alto de la colina, logro ver entre perales y maizales la villa de Nuevo Colón, que me mata toda duda del origen de tal algarabía y en lo que fue lo más alto del recorrido, al voltear la mirada, más distante un poco, se veía Turmequé, incrustado en la casi azul montaña.

Con el hedor de los perales, me sentía como aquel abuelo que descansaba para siempre a la sombra de sus ramas y frutos, como en la canción “Return to Innocence” de Enigma y simplemente me detuve y como sí mi vida se viera al revés, me sentía cansado, asustado y bajo las ruedas no iban ni veinte kilómetros, otra muestra más de lo que venía, horrenda pero ya aceptable premonición, de lo que me pondría en aquellas cuatro gélidas y blancas paredes en quietud, y enfermedad, semanas después, sin la esperanza de una fecha cercana de regreso a la ausencia de estos males. Era un gran lugar para detenerme, recuperar el aire que se iba; destrozar esa amnea impuesta por las circunstancias, que se vestía de muerte y traía a mi cabeza recuerdos traumáticos, de ver a quien más amaba sufriéndola en mucha más intensidad, mientras se apagaba su vida en mis brazos. Poco a poco volvía el aliento para poder seguir, había que hacerlo sin duda, tenía nueva oportunidad.

recordada Liliwhale, mil disculpas por no alcanzarte, por no hacer un tiempo decente en el que pudiese ver todo a tu ritmo, pues tuve que detenerme y andar con más cautela y espero que sepas que todo esto, acolita mi disfrute intencional y exageradamente pausado, de cada resquicio de paisaje y me hace ir a una lentitud tal, que hasta el ritmo más flemático se vería intrépido junto al mío.

La alegría de un par de niños, el suave pelaje y ronroneo de un hermoso gato y la curiosidad casi indagante de la multitud que me veía intentar entrar a la hacinada iglesia, me saludarían en Nuevo Colón, de allí me iría feliz, porque ya se percibía el aroma del retorno a Turmequé y la esperanza inmensa de atravesar el lugar donde esperaría ver aquella sonrisa de nuevo, que aún hoy no se sí fue real, pero abofeteó mi letárgico estado y me gritó, oye, estás vivo, ¿Qué no te das cuenta de una buena vez, egocéntrico inseguro?

Un atractivo atajo en descenso me saca de Nuevo Colón y me lleva de vuelta a Turmequé, cruzando por viejos pórticos coloniales, intentando no sucumbir con las rocas y el polvo que alfombraban esta senda, que resumía bastante el trayecto de regreso. Ya en tierras más planas, me mostraste puentes que se posan en calmados ríos y un pequeño castillo verde y naranja donde varios amigos besaban su cerveza. Nadie que no conociera estas tierras, me creería sí le dijera que esto es un país del trópico, pero que en su corazón guarda las vistas más europeas, cual la misma Transilvania. Es sorprendente esta inesperada similitud; "separadas al nacer", diría mi amigo Sebastian, quien la noche anterior me ofrece su casa para poder hacer este pequeño pero relevante viaje, temprano, al día siguiente contigo Lili, me graba toda la banda sonora del recorrido, me da sus consejos y su inigualable y agradable compañerismo, como buen soldado del rugby, con el que he tenido el honor de compartir muchas batallas, defendiendo los colores dorados y negros de los Búfalos de Tunja, familia a la que orgullosos, él y yo vimos nacer.

El polvoriento y duro ascenso que se mostraba después, no perturbaba mi ánimo en lo más mínimo, aunque en lo físico, debía reconocer, que ya esto era una locura total y un atrevimiento que rozaba los límites de la estupidez, por el estado de salud que pretendía disimular con esa alegría del propósito de seguir la ruta y cumplir esta promesa a Liliwhale y a mí mismo, de poder disfrutar los caminos y paisajes que alguien como ella sigue siempre y como yo, vive, siente y goza. Los saludos de la risueña y sencilla gente, los niños de rojizas mejillas y su curiosa e inocente mirada, el viento que besaba mí boca, e impulsaba con fuerza las velas, los violines y versos de Bittersweet Symphony, el piano de November Rain, las últimas líneas y notas de Chris Cornell, quien ya no estaba, o los acordes de torbellinos y la frenética Rapsodia Româna, me acompañaban en cada vuelta de biela, me daban fuerza como el saludo burlesco de los Pitangus Sulphuratus, o alguna otra ave amante de las espigas, lo que hacía aún más soportable el agonizante orage, que aún resguardaba algunas nubes en las alturas, ya que las dos agujas del reloj, estaban listas a encontrarse en lo alto del baile del tiempo y anunciar con él, el horrible mediodía donde toda nube huye, como yo lo haría.

Tenía que poner fin, a este ascenso y fatiga, cuya cima me llevaría a un horizonte donde una bella capilla en honor a Cristo Rey, de alba belleza en la altura de este paraje, me resguardaría y serviría como premonición perfecta para dar gracias por estos buenos caminos y desde allí divisar de nuevo la casa del Cacique que me ha dado visto bueno para el inicio y fin de este corto periplo.

No fue fácil llegar a sus predios y entrar a ese gran balcón que a lo lejos mostraba la esperanza de ser ungido una vez más por aquella risa bendita que se resistía a morir en mí cabeza, negándose a ser un recuerdo más. La señora que aguardaba en la entrada, haciendo los oficios propios de la capilla desierta de gente a estas horas, no me da la bienvenida, concentrada en su quehacer y es así como al salir de allí, restaurando la esperanza, me despide con un “Qué les vaya bien” y extrañado le preguntó el por qué de ese plural, sí no me acompañaba más que mí voluntad y sólo me responde que tal cual así como me ve, “no me ve sólo”, “yo sé que alguien lo acompaña” termina afirmando, lo que yo deduje como una compañía desde alturas, una bendición que yo siempre sentía, antes presencial con la hermosa mano de mi madre bosquejando una cruz protectora en el aire frente a mí, o aquella mirada de 天津 que no se va a ir nunca, pero que me dio licencia para seguir y disfrutar a pesar de su distancia, de su ausencia de este mundo terrenal; todo esto anterior, ahora algo más alto y espiritual que desde ellas mismas, se gesta antes de cada salida o de cada situación que rete la existencia.

Pero no sentí como la presión del pecho y la fatiga se marchaban, cuando ella percibía mi etérea compañía, sino en anteriores instantes, cuando ascendí a la cima de este alto, que en otras épocas sería un simple trámite del camino y vi a Turmequé a lo lejos y el Santuario de Cristo Rey a la diestra, mientras apenas podía esbozar una pequeña carcajada que nadie escucharía, entonces después de visitar la blanca capilla, sólo me restaba terminar en donde comencé y buscarla de nuevo, comprobar sí fue más qué el espejismo de alguien que se ve pocas veces en la vida y entonces así hice el descenso más urgente, hasta que frente a la iglesia me detuve a desprenderme de nuevo, de la fatiga que insistía, cuando una niña me pide que arregle su pequeña bicicleta, mientras le explicaba a ella y a su padre lo que ya sabía conocer de estas tierras boyacenses y así tomar un nuevo aliento e intentar un nuevo recorrido, por todo este camino que me alejaba y me traía de vuelta a la villa del Cacique Turmequé.


Busqué el estadio del pueblo, donde hacía poco tiempo había cruzado y donde por primera vez, todo se detuvo, hasta el tiempo, con el dibujo de aquella efímera sonrisa, que allí vería tiempo atrás; esta vez también yo lo hice y me senté en sus gradas, e increíblemente, a pesar del cansancio, continué poco después por ese mismo camino que horas antes había iniciado, pero esta vez, sólo llevado por la intuición y no por el track de la ruta GPS de Liliwhale; entonces tomé otros rumbos y llegué a un lugar fantástico, inmenso y apacible, de insondable naturaleza e inmenso verdor, donde mi corazón cambió a un tempestuoso ritmo. pues increíblemente fue el qué más me recordó los Alpii Transilvaniei, aunque sin nieve en las coronas de sus cimas y donde sin saber cómo ni porqué, de nuevo la vi. No podría creer tal fortuna, la misma; no que va, una sonrisa aún más directa y diciente, que con su clara mirada, como la luz reflejándose en el verde matutino de las montañas, no dejaba lugar a dudas. ¡Era ella!, con su lindo ramillete de nervios, su blanca piel como el Moldoveanu en marzo y su emoción por verme cuando aparecí en su puerta con mí bicicleta, a dónde me fui a socavar su rutina, sin dudarlo, a demoler y no dejar rastro de su cotidianidad, cambiándolo todo, por un pequeño instante diferente y evitar así lo que para ella y para mí, pasaría cualquier día. Volver añicos su rutina y sellar todo con un abrazo que lo dijo todo. Si, lo supe, lo entendí todo a la perfección, mejor que con palabras y no importaba nada más.

Mucho gusto, le dije, mientras me quitaba el guante derecho y extendía mi mano al unísono con mi inusual nombre y pocos minutos después, nos vimos caminando descalzos en la fría hierba, mi respiración aún agotada era notada por ella, pero era lo que menos valía. Nos sentamos a la orilla de ese pequeño río, con la gélida agua a nuestros pies y la vi tal cual como era, sin ninguna máscara, cuando sonreía de nuevo sólo para mí, también por mis malos chistes e intentos de burla hacia ella y besé su pálida frente mientras la abrazaba, mientras que su ártica mirada paraba los relojes de mi tiempo. No intento recrear una escena cursi o romántica, sino algo inolvidable, relevante, que evoca lo invaluable de lo simple, de lo inesperado que llega para romper esa línea recta llamada rutina; es tan agradable que dejó en el pasado toda fatiga, vómito, dolor, temor y dificultad para tomar un poco de aire y seguir, así no durara, eclipsando todo miedo por el amor, en todas las dimensiones de esa palabra que ha prostituido la gente del montón, solo para lo afectuoso de pareja, que debe sin duda extenderse práctica y semánticamente a la vida en sí misma y no sólo a lo que atañe a una relación sentimental.

El amor con el que se vive, como esencia y piedra angular, el amor propio; no tanto esa X marcada en un mapa del tesoro, sino el camino en sí para llegar a ella, el amor que es fuerte y vehemente, no posesivo ni egoísta, porque se ufana de ver al otro ser sí mismo y ser cada vez mejor, el amor como fuego con el que se emprende toda causa para crecer, gozar y resaltar el sentido de la misma oportunidad, llamada por todos nosotros, vida. Todo aquello se resumió en un gracias, “gracias por hacerme sentir viva y feliz”, mientras yo me sentía tan existente, noble, relevante para mí y para alguien y poderoso a la vez, como no lo recordaba en mucho tiempo y pensar que hacía poco, tenía ganas de parar de respirar, harto de la fatiga. Veía como temblaban sus manos al unísono que todo por dentro en mí mismo era un seísmo peor, pero grandioso de muchos puntos en la típica escala y me decía que nunca se había reído como ese día, que se desconocía, al mismo tiempo que después de tanto dolor en mí por las pérdidas de los últimos años, volvía a ser yo mismo y no quería más que la nada, porque con este día ya lo tenía todo por el solo “dar” y marcharme feliz, con la seguridad y conciencia de no querer nada más que lo que de su alma provenga sin ser forzado, con los trajes de gala de la espontaneidad, su autenticidad y la sincera voluntad y convicción de lo que le nazca entregar a ella, quien cómo yo, amaba lo diferente, lo hermosamente exclusivo y destacable.

“¿Quién diablos eres? ¿De dónde rayos saliste? me avisas cuando llegues por favor”, me decía, cuando le di la espalda sonriendo sin otra despedida que esa canción maldita que a ella también amaba, mientras no me dejaba ir al llamarme una última vez, al tiempo que su padre vigilante, rondaba la casa, antes de regresar a nuestros mundos y darme un abrazo más, sin pensar que ese fuese el último y definitivo, antes de la edionda “nada” que proseguía en mis futuros calendarios. Faltaron muchas cosas por decir, pero ¿Qué más da? después de hacernos saber todo con abrazos, miradas y sonrisa tanto de agrado como de burla por cualquier cosa, lo que menos hacía falta eran las comunes palabras. parodiaba a mi entrañable amigo Confucio y la hacíamos reír hasta el llanto, con nuestras ocurrencias, sin casi dejarla ir a dormir. Disfrutaba ella vencerme en todo lo que podía, en hacer contradecir mis actos, en lograr que hiciese cosas que no acostumbro o hasta que en otro momento odiaría. Llegué al extremo de saborear una sopa entera de ingredientes prohibidos y así mismo, exquisitos, aun sabiendo que para mí por salud, eso es casi imposible, pero poco me importaba, sí era servida por ella, mientras la terminaba con gusto y compartía con mi nueva amiga, su hermosa gata, quien me brindaba sin medida su afecto felino, mientras su dueña deducía qué era porque le compartía mi comida, aunque se acercara a mí, mucho antes de tener ese manjar frente a mí. Mientras explicaba con agrado a la dueña de casa, una hermosa señora de dulce mirada y confianza firme que inspira y me acoge, quién era ese viajero pedaleante que llegaba a robar la paz de su hija, en una cálida sala que dejaba entrar el olor y la luz de la colindante naturaleza, todo aquello que hacía tan inusual que paradójicamente me regresaba a mi remota esencia cuando en tiempos pasados lo tenía todo, pero que terminaba haciendo con gusto y sin querer, porque tenía ella que ver, aunque no fui el único que hizo lo no habitual, pues siempre ella enfatizaba en la frase “Me desconozco por haber hecho esto, pero me agrada; tenía que decirlo”

Sonreíste con las mismas canciones, con las que me sacudía el propio polvo de la tristeza y de cada cosa que podíamos, filosofábamos sin más nada que la lógica de cada quien y disfrutando hasta nuestras contradicciones. No podría ser mejor, te aceptaba tal cual como eras, aun con el afán de que nada te atara, pues nada era más hermoso de ti, que esa libertad, aunque tal vez el miedo a perderte y despertar, mostraran lo contrario de mi parte. Todo se despejó y se fue la última nube y entonces te alejaste con la firme convicción de ser tú y de ser libre, mientras yo intentaba evitar desaparecer sin éxito alguno, por petición tuya y tendría que volver a mi mundo como supuestamente debía ser, con la canción de I Wish You Where Here, como único equipaje, como sí nada hubiese pasado y así sin más debí hacerlo, y ya el cielo era de ese temido e inevitable azul y la vida me escupe, enviándome al cuarto de hospital donde escribo estas líneas, que no vienen de ningún lugar y no van a ninguna parte.

Todo se resume en agradecimiento, en felicidad sin importar lo fugaz que fuera el momento, ya que ella aun hoy, permanece y es un motivo para cambiar la fachada de la cansada cara y sacudirla con la curva en la boca que provoca un motivo de orgullo como esa constelación de pequeños y brillantes recuerdos, cual pléyade en el inmenso y nocturno cielo del tiempo que aparece sin importar cómo y dónde yo esté.

De repente, me siento fatigado de nuevo, el sudor frío se apodera y anega la piel, entonces, abro mis ojos en ese mismo estadio del pueblito donde había ido a aventurar y todo esto último, todo lo vivido con ella, aquello tan intenso pero indeleble y relevante, no fue más que un sueño extraño y fugaz. No sabía sí sentir rabia o una no convencional tranquilidad, tal vez burlarme de mí mismo o decir la famosa frase, de “demasiado bueno para ser verdad” y entonces al verme allí, despertando y no pasando ni una vuelta de la manecilla más corta en el reloj, me vi apurado por salir de allí, pues todo fue un espejismo aunque enseñase mucho y diera alegría y enseñanza al espíritu; era tarde y de Turmequé debía irme cuanto antes para llegar a mí rutina a tiempo pues era ya una tarde que mostraba ese típico traje rojizo de gala, para recibir la elegante y fría noche. (La noche es preciosa, decía ella en su rinconcito privado donde escapaba del mundo) Es así como en el autobus de regreso, escuchaba a “The Byrds” con Turn Turn Turn, esperanzado en su letra, como lo estaba Forrest esperando a su Yenny, para que al menos este sueño volviera junto con ella (...)

Amiga Liliwhale, me gustaría seguir acompañándote en las rutas, aquellas travesías épicas de caminatas en Perú, en las montañas de colores o en la Pampa y Patagonia Argentinas, la Región Quinta de Chile o mejor aún, en los caminos tan cercanos y propios como este, como los de nuestro país, o por qué no, en los que yo anduve en el lejano oriente o en mis natales Alpii Transilvaniei, que tanto admiraste. Espero que pueda seguir haciéndolo y desgarrar estos harapos de catalépsico diagnóstico, que no dejan vivir.

Y a ella, a pesar que está hecha del material de los efímeros y fantásticos sueños, de nuevo gracias, por la gran felicidad de hacerme retornar a mí mismo, de hacerme sentir de nuevo como era cuando lo tenía todo, ya sea a mi madre, toda ausencia de limitación física o el amor de mi 蜻蜓 cuando me acompañaba en este mundo y me adoraba; cuando sonreía y cuando hacía sonreír, cuando extrañaba y hacía extrañar, cuando escribía y hacía leer aquella carta en donde me comí una letra de su apellido y que dejé en su lugar favorito, que sólo decía, lo feliz que yo estaba, sólo por hacerla feliz a ella y que no quería lograr nada a cambio, más que esa simple calma, que tan hermosa, ella lucía; a ella que me hacía olvidar lo predecible y recordar lo simple, lo que vale la pena, reafirmar lo diferente, lo hermosamente distinto y distante del mundo normal, a ella que en mis sueños, me dijo que por mí fue feliz, a ella hoy le digo, que si algún día llega a este mundo normal y rutinario, daría la bienvenida, no importa que me quede esperando, pues mi amada que ya no está en este mundo, de ojitos negros de oriente y de piel de porcelana, quien partió deseando que yo fuera feliz como en este sueño, me ha dado permiso para vivir y luchar en la vocación de seguir siendo yo mismo, sea solo o con alguien, un egocéntrico inseguro, pero sincero y sonriente, porque así soy y no me voy a disculpar por ser yo mismo y a nadie juzgaré por querer ser libre, sentir temor y ser sí misma. Sí esa persona se materializa y regresa, bienvenida sea sin importar que me quede esperando un imposible. "AU REVOIR EXTRAÑA" Termino escribiendo todo esto, evocando aquella canción de Love Song de Tesla, en estas cuatro blancas paredes, vestido en resignación de un mal presente y bonito ayer. En ese sueño también me despedí de ella, con esa canción.
Arquitectura religiosa

Turmequé Boyacá

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https://www.youtube.com/watch?v=Rk_sAHh9s08
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9 comentarios

  • Foto de liliwhale®

    liliwhale® 18-ago-2018

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Hola DXMARIUS 🙏
    Pero que fantasía de relato has creado !!!

    Dios te bendiga y te llene de bendiciones por tanta gratitud. Debo decirte que hoy me emocioné mucho con toda esta historia. Primero, porque me siento honrada con el título y no me lo esperaba.

    Segundo, porque tu recorrido lingüístico me dejo descubrir aún más tu sensibilidad ante la vida y tus sueños, y me develó detalles íntimos de tu historia que no conocía.

    Me encanta tu analogía y tu gusto por las enseñanzas de Confucio que vas dejando ver en todos tus textos y todas tus vivencias, porque tu mismo representas la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo, la tolerancia, pero sobre todo el respeto a tus mayores y a tus antepasados.


    Hoy me sorprendí gratamente con tu historia y me sentí feliz porque alguien, y en especial tu, decidió seguir mi huella sobre la bici. Créeme que saber que dejo huella, me hace muy feliz. Y como siempre te he dicho, no importa la velocidad del recorrido sino el disfrute del mismo porque cada camino es como la vida. Es un cuaderno en blanco y nuestra bici es la pluma que va llenando las hojas con nuestros sueños. A veces las hojas se llenan rápido. A veces se llenan lento. A veces pasan días largos y no se llenan. Pero al final lo que importa es seguir llenando el libro.

    Te va un abrazo fraterno. Un saludo desde tierras paisas donde sabes que te espero con los brazos abiertos para escribir una página juntos.

    De corazón, Lili 🐳

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 21-ago-2018

    Gracias Lili por esta ruta y eres la
    mejor. Qué
    Mejor motivo para volver a Medellín, donde me alivié y me sacudí un poco la tristeza por perder a mi madre.
    Espero poder seguir esa buena huella en las rutas que siempre dejas. Un abrazo y el gusto es mío.

  • Foto de Oscar Upegui

    Oscar Upegui 22-ago-2018

    Tremenda Crónica Amigo mio, toca sacar tiempo para leer palabra por palabra y párrafo por párrafo, una ruta bien interesante que se que debe de ser maravillosa y encantadora como todas aquellas buenas rutas que siempre deja plasmados aquí en wikiloc, nuestra gran amiga Liliwhale, Felicitaciones a los dos por compartir estos buenos trazados y voz DXMARIUS por compartir este buen texto redactado con sentimiento, ademas de la buena ruta a seguir.
    Saludos Compañero.

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 22-ago-2018

    Gracias Oscar, aunque en verdad si me gustaría antes que acabe este año, hacer una ruta por Peñol con Liliwhale y con usted. Anhelo eso pero habría que mirar cuando se podría. Un abrazo

  • Foto de liliwhale®

    liliwhale® 03-sep-2018

    Hola DXMARIUS.
    Aparte de tu salud, que es la prioridad ahora, programa cuando gustes que por estos lados te sacamos el espacio. Y Dios mediante, hacemos una buena salida en los meses que aún están por llegar de 2018.
    Bienvenido siempre en Antioquia.
    Abrazo de oso, Lili🐳

  • Foto de diegono

    diegono 05-sep-2018

    Dxmarius. No hay nada mejor que hacer algo que te apacione y en especial la bici que con cada vuelta del pedal hace que cada dolencia o problema se olvide porque con cada curva, repecho, persona o paisaje plasmamos en nuestra retina una nueva imagen que al unirlas todas forman una gran historia que engrandece nuestro corazón sin tener que ganar una medalla ni reconocimiento. Qué gran relató compañero.

  • Foto de diegono

    diegono 05-sep-2018

    Dxmarius. No hay nada mejor que hacer algo que te apacione y en especial la bici que con cada vuelta del pedal hace que cada dolencia o problema se olvide porque con cada curva, repecho, persona o paisaje plasmamos en nuestra retina una nueva imagen que al unirlas todas forman una gran historia que engrandece nuestro corazón sin tener que ganar una medalla ni reconocimiento. Qué gran relató compañero.

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 16-sep-2018

    Gracias amigo Diegono.

    Es cierto que cuando uno hace algo con un gusto y propósito, el cuerpo pasa aun segundo plano, así grite. Por el momento, esta fue la última vez que he podido subirme a una bicicleta y hacer lo que más me gusta, que es pedalear y vivir historias, o en este caso una parte soñarlas, para luego escribirlas. Por lo que veo, será difícil viajar y pedalear en lo que queda de este año (Ojalá me equivoque) entonces creo que un viaje a inicios del 2019, a Antioquia, vendría bien. No conozco la Piedra Peñol y el embalse, tampoco Santa Fe de Antioquia o Jardín, entonces tanto por estos lugares como una nueva ruta urbana en Medellín, son las que me desvela hacer. Un abrazo y gracias por tomarse el tiempo de leer esta historia.

  • Foto de diegono

    diegono 16-sep-2018

    Pero estás muy bien dateado. En esos lugares hay rutas muy bonitas y esperemos que te equivoques para que puedas pedalear pronto. Un abrazo

Si quieres, puedes o esta ruta