Tiempo  4 horas 38 minutos

Coordenadas 5754

Fecha de subida 23 de octubre de 2019

Fecha de realización octubre 2019

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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1.743 m
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67,39 km

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cerca de Pago Aguilar Bajo, Andalucía (España)

La venganza es un plato que se sirve frío.

El verano pasado (2018) mi amigo Ángel, de Roquetas, me preguntó si conocía la sierra de los Filabres, de Almería, con sus bonitos pueblos y parajes, y particularmente, el puerto de Velefique, por donde ha pasado la Vuelta ciclista a España este mismo año. Yo no la había visitado nunca, así que un buen día nos fuimos Ángel y su Sra. y un servidor y la propia a recorrerla. Fuimos con mi coche, un buen coche que me lleva acompañando 18 años con total fiabilidad y nunca, jamás, ha dado problemas.
Después de pasar el pueblo de Tabernas, comienza la subida, suave durante los primeros 10 kilómetros, pero llegamos al pueblo de Velefique, y aquí se desata el infierno y se pone delante de nosotros en forma de 13 kilómetros de cuesta arriba sin compasión. Pero no importa, vamos seguros y tranquilos, sin prisa, a baja velocidad en primera y segunda marcha del coche, disfrutando del paisaje y charlando animadamente. Cuando vamos más o menos por la mitad del camino, observo que la aguja de la temperatura del coche va subiendo más de la cuenta, lo que es raro porque nunca ha hecho eso, por lo que tampoco le presto demasiada atención. Seguimos la subida, pero la aguja no para de subir también, hasta que se enciende un piloto rojo que indica que el coche se ha recalentado y hay que parar inmediatamente, lo que me pilla totalmente de sorpresa, así que busco rápidamente un sitio por el que salir de la carretera y poder parar. Me bajo, subo el capó al coche para que se ventile y paramos durante unos 10 minutos a esperar que se enfríe un poco. No doy crédito a lo que nos está pasando. Qué fastidio, y qué vergüenza. Mi amigo Angel pensará que soy un zarrapastroso y que tengo un coche que es una birria, a pesar de que sea un BMW. En fin, nos volvemos a montar y observo que ha bajado la temperatura del motor, así que seguimos cuesta arriba, pero unos tres o cuatro kilómetros más arriba vuelve a encenderse el piloto rojo de temperatura excesiva, así que volvemos a parar en un anchurón, levanto el capó al coche y volvemos a esperar unos 15 minutos para que se enfríe otro poco. ¡Qué vergüenza! En fin, nos volvemos a montar en el coche y seguimos subiendo hasta llegar a la cumbre, al Alto de Velefique, donde paramos a echar unas fotos y seguimos sin problema nuestro periplo por la Sierra de los Filabres y sus incomparables parajes y pueblos. Por cierto recomiendo a quien lea estas letras visitar esta zona porque es una belleza. Ha pasado más de un año y no paro de darle vueltas al suceso y quiero venganza, necesito vengarme de este puerto de montaña. Pero la venganza es un plato que sirve frío. Tranquilo, Alto de Velefique. Pero, ¿y cómo se puede uno vengar de un puerto de montaña?

18 de octubre de 2019, día de S. Lucas, Patrón de Jaén, día de fiesta en el que quiero hacer una rutita de bicicleta, pero algo especial, y creo que es el momento perfecto para sacarme la dolorosa espina del Alto de Velefique. Así que a eso de las 6 de la mañana me monto en mi coche (otro nuevo, pero también BMW) con la bicicleta dentro y me dirijo a Tabernas, pueblo famoso por la multitud de películas del Oeste que se rodaron por esta zona en los años 60 y 70 (La muerte tenía un precio, Por un puñado de dólares, etc.). Dejo el coche en el pueblo y a eso de las 8 de la mañana (falta media hora para que amanezca) ya estoy montado sobre mi bicicleta, con una linterna delante y mi nueva lucecita trasera. Hace frío, unos 11 grados, y no sé si ponerme ropa de verano o de invierno, porque después, cuando salga el sol, subirá bastante el termómetro. Al final me pongo la ropa de verano, pero cuando llego a la salida del pueblo estoy a punto de volverme a ponerme el culote largo, porque voy helado, pero me hago el fuerte y sigo adelante. La emoción me embarga. Creo que el Garmin no va bien, probablemente porque entre mi vista cansada y la oscuridad, no he visto bien los botones que pulsaba, por lo que lo reinicio para que comience a contar desde cero, aunque ya he hecho unos 3 kms, que tendré que sumar después a la distancia que me dé.
La subida es constante desde el primer momento, por carretera asfaltada en buen estado y aunque son 18 kms. los que tengo por delante hasta el pueblo de Velefique, son suaves, lo justo para ir calentando un poquito mis piernas heladas y poner a punto mi corazón para lo que viene a continuación.
Llego a Velefique y aquí comienza lo bueno. Un cartel al lado de la carretera me advierte de lo que se me viene encima, literalmente encima diría yo. 13 kms de distancia con 1040 metros de desnivel positivo. Tranquilidad, que no cunda el pánico. Ya conozco la cuesta, es la misma que por poco me quema el coche el año pasado, pero aquí estoy yo para tomarme mi cumplida venganza.
Ya es de día y comienzo la subida con un ligero cosquilleo en el estómago porque aunque he procurado mentalizarme, no sé cómo me responderá el cuerpo. Es una subida larga, tendida, sin descanso que me tomo con tranquilidad, son suavidad, disfrutando cada metro que voy avanzando. Unas veces voy sentado y otras veces voy de pie sobre la bici pero sobre todo porque no quiero que se me fatigue demasiado el trasero. Los paisajes de Almería son de una grandeza impresionante pues aunque la vegetación es pobre, poco más que esparto y retama, la montaña se te levanta por delante como una pared vertical, pero si miras para atrás, tienes kilómetros y kilómetros de vista franca hacia abajo, sin que nada te obstaculice el horizonte que queda muy, muy lejos, donde se quiere divisar el mar. Paro a menudo para tomar algunas fotos, pero la verdad es que lo hago por inmortalizar el momento y me fastidia ligeramente porque me habría gustado hacer la subida de un tirón.
Paso por el punto en el que se me calentó el coche por primera vez. Me río un poco porque voy bien (mejor que el coche), no tengo problema, mis piernas responden y mi corazón se mueve entre 150 y 160 pulsaciones; estoy en zona aeróbica y me quedan reservas para cualquier cosa que haga falta. Llevo más de la mitad del camino y mis piernas comienzan a sentir el esfuerzo, pero mi determinación es fuerte y mi cerebro manda señales poderosas a mis miembros para que no paren de mover los pedales. Paso por el lugar en que tuve que hacer la segunda parada con el coche y se me abre una sonrisa de oreja a oreja y me pongo a canturrear alguna canción que da vueltas en mi cabeza; estoy alegre, o quizás feliz. Supongo que la felicidad es otra casa más profunda y duradera, pero creo que lo que sentía en ese momento era, al menos, una pequeña felicidad.
Llevo ya camino de dos horas de bicicleta y no he visto un alma en todo el camino recorrido y no me ha adelantado ni me he cruzado con nadie. Me gusta esta soledad porque me hace parecer que todo aquello es mío, como si se hubiera hecho para mí: las montañas, la carretera, las curvas que zigzaguean perezosamente una detrás de otra escalando la pared de piedra, la inmensidad del paisaje. Todo es increíblemente bonito, el sol ya alumbra fuerte pero calienta poco, lo que me viene bien para no sobrecalentarme con el esfuerzo.
Quedaban pocos kilómetros para llegar a la cumbre cuando veo allí abajo, unos dos o tres kilómetros más atrás unas 4 o 5 motos que suben aullando la cuesta arriba. La fuerte pendiente y las curvas encadenadas hacen que las vea literalmente debajo de mí. Pero no me preocupa porque yo voy bien, a mi ritmo, sin parar, sin compasión conmigo mismo. Poco después me adelantan y algunos me pitan y me saludan quizás creyendo que somos como una especie de “colegas en el sufrimiento” y yo también los saludo y me sonrío.
Sigo subiendo y veo a los moteros unas curvas más arriba, asomados en una curva sobre una piedra prominente, echando fotos y mirando el horizonte. Están en el mirador que hay muy cerca de la cumbre. Eso quiere decir que la cumbre está cerca. También llego al mirador y allí los tengo, parados mirando el paisaje, y los saludo y nos sonreímos. Las vistas desde el mirador son realmente alucinantes cuando miras para abajo desde aquel peñón privilegiado desde el que se puede contemplar casi en su totalidad el trabajo que llevo hecho durante las tres horas precedentes. Desde allí se ve Tabernas, los primeros kilómetros suaves, y la carretera que parece una serpiente que se enrosca alrededor de la montaña, escalándola por laderas imposibles. Ese paisaje ha lo he visto con anterioridad, pero no deja de sobrecoger. Estoy contento, muy contento porque estoy arriba, a 1860 metros de altitud y he vencido al gigante, que ahora yace a mis pies, exangüe, mientras yo bailo sobre su cadáver. Bueno, no hay que ponerse tan dramático, porque a pesar de haberlo vendido, reconozco que está vivo, orgulloso e inmensamente bello.
Se ha acabado la cuesta arriba y ahora cojo la pista de tierra que parte para la derecha, ancha, y con buen firme y pendiente entre moderada y fuerte, que me hace disfrutar de lo lindo. He puesto la música en mi MP3 y todos mis sentidos disfrutan al mismo tiempo. Todo lo que veo, huelo, oigo, el viento que acaricia, todo me gusta y me hace sonreír. Creo que voy bailando sobre el sillín de la bici y si alguien me viera desde detrás probablemente pensaría que me falta un tornillo o que el esfuerzo me ha hecho enloquecer.
Unos 10 kms. más adelante, la pista de tierra se convierte en una carreterita de montaña asfaltada, estrecha, pero en buen estado. Se mantiene la fuerte pendiente por lo que aumenta mi velocidad y mi disfrute. Llego a Senes que es un pueblecito pequeño, antiguo y muy bonito, como los de la Alpujarra, pero en la Sierra de los Filabres. Me doy un garbeo por el mismo y admiro sus bonitos tejados de grandes losas de pizarra y sus calles empinadas y estrechas. Lleno agua y sigo para abajo.
Ya solo quedan 20 kms. hasta Tabernas, por buena carretera, casi toda cuesta abajo excepto algunos tramos llanos o con ligera subida. Voy bien de tiempo porque son las 12:30 de la mañana. Algunos coches me adelantan, pero tampoco muchos, y aunque los coches me ponen nervioso, no es nada preocupante.
Llego a Tabernas y allí está mi vehículo, esperando mi llegada, y le cuento brevemente cómo me ha ido la mañana y como la ofensa al honor de su padre ha sido convenientemente vengada y cómo el gigante ha sido vencido, aunque sigue fuerte y altivo, como siempre lo ha estado. No me preocupa, porque así me dará la oportunidad de volver aquí para derrotarlo de nuevo.
Me tomo una cerveza en un bar (sin alcohol) delante de una figura silueta gigante de la altura de una casa, de Clint Eastwood, quizás de la película “Por un puñado de dólares”. Lo saludo con una ligera sonrisa de medio lado, le doy la espalda, me toco el ala del sobrero, me monto en mi coche y me voy para mi casa, a 200 kms. de distancia, donde me espera mi Sra.

Ha sido una jornada inolvidable.
Waypoint

MiniHolywood

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Senes

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Mirador Alto Velefique

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Alto de Velefique

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Velefique

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Tabernas

2 comentarios

  • Foto de Oscar Upegui

    Oscar Upegui 29-oct-2019

    Una ruta sencillamente espectacular, me encanta esa vía como serpentea la montaña, la cual contrasta muy bien con ese bello telón de fondo, felicitaciones vicerruiz una magnífica narración, realmente sí que debe de ser un honor llegar a la cima para vencer este duro puerto de montaña y al final tener la dicha de apreciar el entorno desde lo más alto, valió la pena la venganza.
    Saludos amigo.

  • Foto de vicerruiz

    vicerruiz 30-oct-2019

    Gracias, Oscar. Muy amable.
    Nuestros paisajes no son tan verdes y feraces como los de tu tierra, pero su inmensidad también ofrece una gran belleza.
    Un amigo me dijo que hasta que no te gusten las cuestas (para arriba, claro), no te gusta la bicicleta. Y creo que es la pura verdad.

Si quieres, puedes o esta ruta