• Foto de Transpirenaica Etapa 3: Planoles - Tuixén
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Dificultad técnica   Muy difícil

Tiempo  4 horas 59 minutos

Coordenadas 1227

Fecha de subida 30 de junio de 2018

Fecha de realización julio 2006

-
-
2.106 m
797 m
0
23
45
90,22 km

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cerca de Planoles, Catalunya (España)

Travesía Transpirenaica, de Llançá a Hondarribia que realicé en solitario en el año 2.005 en 12 etapas.
Éste es el recorrido original hecho en ordenador, revisado sobre ortofoto y tomando como referencia los mapas que acompañan al libro "La Travesía de los Pirineos en B.T.T." de Jordi Laparra, publicado por la Editorial Prames y agotado desde hace tiempo. Es fiable según todos los ciclistas que lo han utilizado. Por cuestiones logísticas, tuve que hacer algunas variantes que comento en el blog, como iniciar la travesía desde Figueras en vez de Llançá, subir al Coll de Pal por La Torrentera, o desviarme a Villanúa a reparar la bicicleta, pero que no afectan a este track original, que es fiel al libro.

DESCRIPCIÓN

Etapa de belleza espectacular en la que disfrutaremos de una gran variedad de paisajes desde las puertas de La Cerdanya y la comarca del Berguedá hasta el valle del Llobregat, rodando por el Parque Natural de Cadí-Moixeró y las laderas meridionales de la Sierra del Cadí. Desde Bagá disfrutaremos de las vistas de la cara sur de las Peñas Altas de Moixeró para ascender, al Coll de Torn, junto a la impresionante pared de la cara norte del Pedraforca, descendiendo por último hasta Tuixén.
La jornada comienza con la larguísima ascensión, casi 40 kilómetros, al Coll de Pal. Para aproximarnos a él, deberemos superar antes la Collada de Toses y subir a Cap de Costa Rasa por los remontes de la estación de esquí de La Molina. Un descenso vertiginoso desde los remontes del Torrent Negre, rodeando la Muntanya Sagrada nos llevaría a la estación de La Masella, pero en esta ocasión optaremos por subir “a capón” por la durísima e incómoda Torrentera de Pal que nos llevará directamente hasta uno de los puntos culminantes de la jornada de hoy, el Coll de Pal. El descenso a Bagá lo haremos por el GR tras superar la Collada de la Bófia en la parte meridional del Cadí-Moixeró y por último tendremos que superar otros 20 kilómetros de dura ascensión hasta el Coll de Torn, siempre con la compañía del majestuoso Pedraforca para bajar al valle de Tuixén, primero por una larga trialera con tramos técnicos y después por carretera.

EN LA BICICLETA

Si tuviera que elegir una sola etapa de entre todas, sería difícil la respuesta, pero creo que me quedaría con ésta porque cada curva, cada cambio de rasante te sorprende con paisajes sobrecogedores donde el cansancio de las larguísimas ascensiones que hay que afrontar, se convierte en placer y éxtasis.
Bueno, ya está bien de filosofar y al grano que os voy a meter un buen ladrillo. Después de estudiar bien la etapa de hoy y ver el perfil que casi asusta, decido madrugar un poquito, así que a las 7:30 de la mañana estoy ya en Planés por la bonita senda que descubrí ayer caminando. Atravieso Toses y paro en la tiendecita, junto a la estación del tren, para comprar unos plátanos y barritas para el camino. Recuerdo a la mujer que me atendió ya que el año pasado hice escala en este pueblo y entonces también le compré provisiones. La subida a la Collada de Toses tiene unos 4 kilómetros con un desnivel del 10%, no demasiado, pero constante y os garantizo que desgasta. He dejado atrás las estribaciones del Puigmal para rodear la cumbre del Puigllançada hasta los extensos prados de Pla d’Anyella, donde vacas y caballos pastan a placer. Parece que la sequía no ha podido con el manto verde del Pla. Al fondo ya se atisba La Collada del Pedró con la base de los remontes del Alabau en La Molina y continuamos, sin dejar de subir, por un zizagueante camino hasta Cap de Costa Rasa. Volvemos a superar la cota 2.000. Desde la base de Torrent Negre, nos preparamos para un corto descenso, pero trepidante, con un suelo un tanto irregular y un desnivel que en ocasiones supera el 30%. La fuerza de la bajada, debido al peso de las alforjas, es difícil contrarrestarla con la frenada y duelen las manos de apretar las manetas de freno y se sobrecargan los tríceps de sujetar el peso del cuerpo y de intentar dirigir la bicicleta por el trazado correcto.
A mitad de la bajada me detengo, a duras penas ya que frenar en seco es prácticamente imposible y tomo la decisión de subir al Coll de Pal por la Torrentera de Pal y son varias las razones que me llevan a ello. Me ahorro unos 12 kilómetros de duro recorrido y las primeras rampas de subida desde La Masella que son infernales. Además evito recordar y pasar por el sitio donde comenzó mi calvario el año pasado al lesionarme la rodilla. No conozco la Torrentera, pero sobre el mapa he calculado unos dos kilómetros, así que por muy mal que se ponga, puedo tomármelo con calma y subir poco a poco. Parece un desprendimiento y las piedras y cantos rodados de menor tamaño, dan paso a considerables rocas entre las que tengo que abrirme paso como puedo. Mientras subo considero que la otra opción tampoco estaba tan mal, pero no puede quedar mucho. Sigo subiendo penosamente arrastrando la bicicleta hasta que por fin, diviso el Coll de Pal. Todavía queda un kilómetro de durísima subida pero al menos he dejado la Torrentera para acceder a la carretera por zona de prados. Por fin corono y contemplo las increíbles vistas desde lo alto de este puerto mítico en el que las nubes viajan por la ladera acariciándola suavemente. Tengo que abrigarme pues estoy empapado de sudor y me estoy quedando frío. Desciendo apenas 2,5 kilómetros cuando abandono la carretera que baja a Bagá para, después de superar la Collada de la Bófia, hacerlo por caminos y sendas abriéndose ante mí parajes idílicos de belleza difícilmente descriptible. El descenso es divertido, aunque agotador, como casi todos los descensos de la travesía, hasta tal punto que, cuando llevas muchos kilómetros, estás deseando volver a subir, ya que no se puede soñar con llanear en esta cordillera.
En Bagá busco una fuente para rellenar de nuevo mis bidones y el olor a panadería me abre el apetito, así que me doy un respiro para recargar energía y afrontar las últimas dificultades de la jornada, el Coll de la Bena, El Coll de Bauma, el Coll de la Jaça y el Coll de Torn, uno detrás de otro y por este orden que completan 20 kilómetros de ascenso. Tengo curiosidad ante este final de etapa ya que el año pasado lo hice con una espesa niebla que no me dejó ver más allá de mis narices. Y hay que ver lo que me perdí. He disfrutado como un niño con juguete nuevo, sobre todo al coronar el Coll de Bauma y abrirse ante mi el impresionante Pedraforca. Miraba hacia adelante y me maravillaba del paisaje. Echaba la vista atrás y no podía seguir sin disparar una foto. Allá donde fijara mi vista, encontraba detalles de una belleza singular y única en todo lo que llevaba visto de Pirineo y así, disfrutando fueron pasando los kilómetros y sin darme cuenta del esfuerzo estaba en otro de los puntos culminantes de hoy, el paso de Torn, otra vez a 2.000 metros de altitud. Inicio un rápido descenso, en el que hubiera agradecido un pasamontañas y hasta unos guantes polares, hasta El Collel, donde cambio de vertiente hacia el oeste, dejando atrás el Pedraforca para coger una senda trialera que me llevará a la carretera de Josa de Cadí. La trialera es divertidísima y tiene tramos técnicos pero rápidos a la vez. Si hubiera ido sin alforjas, habría disfrutado muchísimo, pero tengo que bajar con cabeza para procurar no irme al suelo y conservar a la vez la mecánica.
Ya por carretera paso por Josa de Cadí que está en un entorno impresionante y continúo bajando hasta Tuixén donde me espera un descanso reparador.
Ya es rutina diaria mi paseo en bicicleta por el pueblo buscando un buen alojamiento y la limpieza de la bicicleta. Después camino por los alrededores para estirar las piernas y recordar todo lo vivido y antes de cenar, estudio la etapa de mañana y escribo mi diario de donde extraigo estas vivencias.
Como veis, hoy me enrollado más de lo normal, pero es que el recorrido de esta jornada me ha enamorado. Ha sido un día de bicicleta épico. He avistado manadas de rebecos en los remontes de La Molina y del Torrent Negre, incluso casi he sido atropellado por un macho que acosaba a una hembra ajeno a mi presencia. Hasta la fina lluvia que me ha mojado durante la tarde, ha aliviado mi calor y ha despertado las mejores fragancias de la montaña.
Lo único negativo y que me tiene en vilo es ese dolorcillo leve en la rodilla izquierda, justo en el rotuliano, que me acosa y que puede amenazar con terminar en lesión como el año pasado. Sería terrible que me ocurriera de nuevo esta desgracia así que esta preocupación me quita el sueño.

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