Descarga

Distancia

59,33 km

Desnivel positivo

635 m

Dificultad técnica

Moderado

Desnivel negativo

637 m

Altitud máxima

814 m

Trailrank

28

Altitud mínima

664 m

Tipo de ruta

Circular

Tiempo

3 horas 37 minutos

Coordenadas

2174

Fecha de subida

15 de octubre de 2017

Fecha de realización

octubre 2017
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814 m
664 m
59,33 km

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cerca de Venialbo, Castilla y León (España)

Bueno, pues no sé si os contaré mucho o poco porque ya se me agotan las ideas. Hoy hemos ido hasta Venialbo, donde disfrutamos de la II Marcha Titán Matacucos. Empezamos a las 9,30 con un frío que pelaba. Nos dieron una vuelta por el pueblo y salimos. Enseguida (km. 2,5) separaron a los que iban a la marcha corta o a la larga y ahí mismo me separé de Sergio y Javier, porque tuve que parame para dejar pasar a un chico y la marabunta me adelantó y se metió en la primera subida (era absurdo empeñarse recuperar la posición, así que no me pude juntar). En la primera bajada (km.6,7) parada obligatoria: un chaval se había metido una caída brutal (sangraba un poco por la cabeza y tenía una cara de susto tremenda, aunque luego supimos que no tenía nada gordo). Todo había sido por culpa de la principal protagonista de hoy: la arena. Bancos, bancos y más bancos, que han estado presentes de principio a fin de forma exagerada. Eso hace que el desgaste sea mucho mayor (porque el desnivel no era algo exagerado hoy) y que o bien se te pare la bici, o te derrape, o te caigas. Pese a ir adelantando para reencontrame con Javier y Sergio, hubo algún tramo en el que la gente se ponía en paralelo y no te dejaban pasar (por ejemplo, dos del club Tudela Bike, que iban tan panchos). Finalmente nos juntamos los tres, aunque Javier iba haciendo la goma aumentando y bajando el ritmo hasta que lo perdimos definitivamente. Lo esperamos en el avituallamiento del kilómetro 30 (muy bien, embutido a mogollón, fruta, agua, refrescos, Powerade, barritas...) Tras un cuarto de hora, volvimos a rodar (¡ay cómo cuesta después del parón!) Seguíamos con arena, pero el paisaje y los senderos la verdad es que merecían la pena, así que lo estábamos pasando bien. La alegría, a mí me duró poco, porque a partir del km 35-36 nos esperaba la llanura. Ufff. Javier aguanto unos cuantos kilómetros antes de quedar atrás. Y yo he tenido que sufrir mucho, mucho, mucho, para no quedarme descolgado. Tan encebollado iba sigiendo a Sergio y su ritmo de martillo pilón, que ya no me fijaba en la señalización y acabamos los dos perdiéndonos y haciendo un par km. de más. Era el km. 47. Lo que quedaba era la guinda del pastel: nuestros amigos los abrojos. En cuanto te salías del camino o pisabas la mediana te llevabas una buena ristra. Yo he quitado muchos de mi rueda (al principio con la mano y luego en marcha rozando con el pie) aunque he tenido suerte de no pinchar, porque muchísma gente paraba a los lados a cambiar la cámara y darle al bombín (ahí es donde el tubeless gana de calle). Y así estuvimos durante los últimos 10 km. con dos novedades: Sergio me volvió a adelantar y solo pude pillarlo porque levantó el pie. Y la segunda, Javier nos esperaba en la meta porque cuando nos perdimos nos ganó la partida. Gajes del oficio. Menos mal que me pude duchar con agua caliente antes de las cervezas de rigor. ¡Ains, qué cansancio!

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