Descarga

Distancia

103,27 km

Desnivel positivo

3.723 m

Dificultad técnica

Moderado

Desnivel negativo

3.723 m

Altitud máxima

1.512 m

Trailrank

21

Altitud mínima

415 m

Tipo de ruta

Circular

Tiempo

9 horas 51 minutos

Coordenadas

4094

Fecha de subida

11 de mayo de 2017

Fecha de realización

abril 2017
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1.512 m
415 m
103,27 km

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cerca de Ponferrada, Castilla y León (España)

Versión corta: una magnífica ruta muy bien organizada que pone a prueba tanto la resistencia de los ciclistas (y corredores) como la de sus máquinas.


Versión muy larga: Bueno, pues llegó el gran día. La verdad es que la cosa ha ido muy bien en todos los aspectos: buen tiempo, ningún problema mecánico ni pinchazo y ninguna caída ni desfallecimiento físico. La prueba, como ya sabíamos, es muy dura. Aunque una cosa es saberlo y otra muy diferente es sufrirlo. Las subidas son tremendas y las bajadas iguales o peores, algunas con muchas piedras muy empinadas, lo que te exige ir frenando casi contínuamente (me he quedado sin pastillas en el freno delantero) y te provoca un dolor de antebrazos y hombros exagerado. La salida se organiza por bloques en función del tiempo estimado en hacer la ruta (algo totalmente subjetivo, pero que curiosamente funciona). El caso es que a las 8:30 la prueba se puso en marcha y salimos de Ponferrada en paralelo al río (el Sil). Tras tres o cuatro quilómetros, empezamos a pisar la tierra en dirección a Toral de Merayo. Primero una bajada aunque pronto descubrimos cual iba a ser nuestro acompañante durante toda la jornada: el polvo. Un polvo fino que se mete por todos los rincones. Lo peor es que, con 2000 ciclistas, hace que la visibilidad sea nula. Así que mucho freno en esa primera bajada para intentar ver por dónde bajar seguro y no caerte. En esos momentos hacía frío (3 grados) y las manos se me quedaron heladas, pero pronto entramos en calor, así que acertamos yendo de corto (una decisión importante en un recorrido tan largo). Tras esa bajada polvorienta, vino la primera subida: como los ñus del Serengueti, los ciclistas caminando con la bici de la mano hacían imposible cualquier intento de subir montado. Renuncié a intentarlo. Siguiente bajada: más polvo. Siguente subida en Villalibre de la Jurisdicción: otro tapón de ñus ciclistas, sin embargo ahí ya pude subir más o menos la mitad sobre la bici: empezaba la fiesta. El siguiente pueblo era Santalla y llegamos enseguida (a una media de 14 km/h, que estaba muy bien si la manteníamos). Ya entonces empezamos a disfrutar del espectacular paisaje berciano. Estábamos, lógicamente, muy frescos, pero yo me comí uno de los (tres) minibocatas de jamón serrano que me había preparado. Eso ha sido clave: comer y beber mucho. Para llegar a la siguiente parada (Borrenes) nos premiaron con otra bajada y otra subidita de unos 4 o 5 km. donde la gente ya empezó a sufir. Al llegar al pueblo (km 26) un amigo de Sergio -Javi- que otras veces nos ha acompañado con la bici, nos debía estar esperando para hacer los siguientes 26 km. juntos, pero las carreteras estaban cortadas y no pudo pasar. No nos quedamos a esperarlo. Nos encontramos con él en Yeres (km 56). El pobre se había dejado los hígados intentando pillarnos, mientras nosotros habíamos parado en Puente de Domingo Flórez (km 46) a comer un plato de pasta, porque ya nos habían castigado con unas cuantas subidas y bajadas. Eso sí, por el camino pudimos contemplar el impresionante paisaje de Las Médulas o el Lago de Carucedo. Tras el avituallamiento de Yeres, llegó la terrible subida que estábamos esperando. Empezamos mal, con un cortafuegos en el que me tuve que bajar de la bici en la parte central (no sé cuánto ¿200-500 m?), pero desde la parte final hasta la llegada a meta, he hecho todo el recorrido montado, lo que (como a nuesto rey emérito) me llena de orgullo y satisfacción. El caso es que esa subida tan larga y tan pronunciada en muchas ocasiones es muy exigente y los quilómetros caen muy despacio (Endomondo tardaba una eternidad en cantármelos) y en el quilómetro 63 notaba que no tenía ya fuerzas (¡y todavía faltaban 40 km más!). Fue el peor momento, porque también se me había acabado el agua y cuando Sergio me alcanzó lo primero que hizo fue decirme que si le podía dar un poco de beber porque su mochila estaba vacía... Afortunadamente un chaval majísimo (lástima no haber mirado el dorsal para darle las gracias) nos dio un par de generosos tragos a cada uno y pudimos parar a reponer agua poco después. Allí también tomamos (aparte de fruta) el segundo o tercer gel de la jornada y ¡magia potagia! el cansancio y el dolor de piernas desaparecio por completo. Yo ya tenía claro que iba a terminar si no pasaba nada raro. Coronamos por fin la dichosa subida en el km 73 y empezamos el descenso. Sergio, que en todas las subidas había ido sufriendo rezagado, me pasó como un avión (a 70 km/h según su Garmin). Y así llegamos a nuestra última parada antes de meta en Priaranza del Bierzo, donde estuve de charleta con unas lugareñas. Quedaban algunas subidas duras, pero ya estaba hecho. Llegamos a Ponferrada por un camino fácil junto al río y entramos juntos en meta. Lo más normal tras haber estado 10 horas pedaleando y sufriendo juntos. Un día memorable. Por cierto, muchas gracias a todos por vuestros ánimos y vuestras felicitaciones. Lo creais o no, ayudan. Mención aparte merecen los corredores. El ganador entró poco después de nosotros (os recuerdo que vamos en bici) y Eugenio y Toño -esperamos crónicas- consiguieron llegar después de 15 y 17 horas respectivamente haciendo las últimas horas de noche. Impresionante.

Comentarios

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