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2,8
5,6
11,21 km

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cerca de Pech, Midi-Pyrénées (France)

RUTA REALIZADA EL 24/02/2014
CÓMO LLEGAR: Desde Tarascon a Les Cabannes, subir a las pistas de esquí del Plateau de Beille. Dejar el coche en el aparcamiento.
ITINERARIO: DEPART / L’OMBRÉE / LAPARAN / CRÊTES / DEPART.
COMPONENTES: VICENTE. SUSI Y CAROL
RECORRIDO: CIRCULAR.
AGUA EN RUTA: NO.
DISTANCIA: 10,2 KM.
TIEMPO: 03: 50 HORAS
ALTURA MÁXIMA: 1.990 M.
ALTURA MÍNIMA: 1.770 M. (Aparcamiento)
DESNIVEL POSITIVO: 359 M.
DESNIVEL NEGATIVO: 361 M.
DIFICULTAD: MODERADO.
LA RUTA: Hoy es nuestro último día en Pyrénées Ariége y hemos dejado para el final que estaríamos juntos los tres, quizás la opción más esperada: disfrutar de una larga caminata por las pistas del Plateau de Beille con raquetas de nieve. Un colofón espectacular.
Como siempre, a las ocho estamos desayunando en nuestro hotelito. Sorpresa al ir a coger el coche, han bajado las temperaturas esta noche y el parabrisas tiene una fina capa de hielo. Hay ricos que encienden sus puros con billetes de 100€, nosotros que somos ricos en optimismo rascamos el hielo con las tarjetas de crédito.
Poco antes de llegar a Les Cabannes alquilamos tres pares de raquetas de nieve con sus correspondientes bastones a 7€ per cápita, lo cual me parece razonable. Comenzamos a subir por la limpia y bien cuidada carretera, son unos 12 km con un desnivel de 1.300 m, imaginaros la de rampas y curvas. Al llegar al aparcamiento, nos sorprende la gran cantidad de coches e incluso autobuses. Pero son fechas en que los escolares suelen tener algunos días de vacaciones.
Antes de colocamos las raquetas, compramos tres forfait para poder usar las pistas, y observamos el gran movimiento de gente que hay en ellas. A lo lejos vemos varios trineos tirados por perros que van a comenzar alguna travesía. Hace un día fresco, con una ligera brisa pero con un sol impresionante.
Bien abrigados nos dirigimos al inicio de las pistas para raquetas, y elegimos la L’Ombrée, algo menos concurrida que las demás, que transcurre subiendo y bajando lomas entre un inmenso pinar de abetos. Poco a poco le pillamos el truquillo y nos vamos soltando, disfrutando en los claros soleados.
Salimos del bosque por una soleada cuesta que nos eleva hasta la gran planicie. El esfuerzo nos ha hecho entrar en calor y guardamos algunas prendas en la mochila. A cielo abierto el espectáculo de las altas cimas nevadas es maravilloso, las nubes de algodón se deshilachan decorando la bóveda celeste.
Nos vamos acercando a un gran cruce de pistas muy concurrido. Se entrelazan pistas de raquetas con pistas de esquí nórdico. Tiene estacas con paletas informativas, bancos, y alguna mesa donde descansar, tomar alimentos y decisiones de ruta.
El día sigue siendo pletórico. Llevamos un pequeño mapa con descripción de las pistas enlaces y distancias. Decidimos llegar hasta Laparan que es una de las partes más elevadas y cercana a las grandes montañas nevadas.
Comienza una larga pero suave cuesta entre extensas praderas nevadas, interrumpidas por esporádicos grupitos de abetos. En la lejanía vemos moverse a la gente por otras pistas. Está permitido transitar fuera de ellas pero poca gente lo hace, hemos visto a un grupo dirigidos por un guía. Para caminar por nieve más blanda hay que pulsar el clip del talón de la raqueta para que quede sujeta, sin articulación.
El aire sopla y nos obliga a ponernos más ropa. Las nubes se siguen deshilachando y parecen pinceladas blancas hechas al azar en el azul celeste del cielo. En Laparan estamos separados del las grandes cumbres por un profundo barranco, es como si tuviéramos un escenario portátil donde posar. Hacemos y nos hacen fotos.
Volvemos al cruce por una pista paralela y tomamos dirección a Les Crêtes, un pequeño montículo aislado con algo de vegetación, el itinerario es de ida y vuelta, serán unos tres kilómetros y alcanzaremos una altura de 1.980 m., similar a la de Laparan.
Magníficas vistas desde esta posición. Hay gente comiendo entre las rocas de la loma y nos hacemos un hueco. La verdad es que nos hemos dejado las viandas en la otra mochila en el coche, pensábamos comer en el bar, pero en mi mochila siempre hay cosas…pistachos, barritas, geles y chocolate en la de Carol. Solo echamos de menos el té, calentito vendría muy bien ahora.
Poco a poco volvemos hasta el cruce de pistas y seguimos por la de retorno, distinta a la de esta mañana. Marchamos un largo trecho hasta llegar a un refugio de montaña que dejamos por la izquierda. Alguien en francés nos pregunta por el refugio, cuando lo tiene delante de sus ojos.
Arribamos a otro cruce, con mesa y bancos como los anteriores, las paletas informativas indican que estamos a 1,2 km del inicio, donde cerraremos el círculo. Entramos en un pequeño bosque de abetos y a la salida tenemos las instalaciones de la estación a la vista.
Hay mucha animación. Nuestra pista va paralela a otra en donde monitores y padres, están atentos a las evoluciones de los pequeños alumnos, todos ellos de corta edad que hacen sus primeras prácticas con los esquís. Otros padres, con un fondo incomparable de montañas nevadas, han confeccionado un tosco iglú donde guardan sus mochilas.
Mientras ellas consiguen una mesa en la soleada terraza del bar mirando a las pistas, yo llevo los bastones al coche y traigo la barra de pan rustica, los embutidos y quesos del mercadillo de Foix; al llegar, tres rubias cervezas me esperan.
Regresamos a Tarascon, buena ducha y descanso hasta la hora de la cena. Volvemos de nuevo a Les Cabannes, al restaurante A la Montanha, lo tenemos reservado desde el primer día, es insólito, un lunes y está completo. El ambiente es tranquilo y por 20€ tenemos un extenso menú con productos cultivados, criados y elaborados en la zona. En cada plato se acerca el camarero con la chápela pirenaica calada a comentarnos sus excelencias. Exquisito.

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