Tiempo en movimiento  2 horas 42 minutos

Tiempo  4 horas 21 minutos

Coordenadas 1925

Fecha de subida 3 de febrero de 2019

Fecha de realización febrero 2019

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1.147 m
821 m
0
2,7
5,4
10,89 km

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cerca de Munilla, La Rioja (España)

Aprovechando las nevadas generalizadas, hemos elegido un itinerario que nos permitiera disfrutar de la nieve en lugares donde su presencia es más bien esporádica como es el caso de los montes aledaños a la localidad riojabajeña de Munilla, y de paso, practicar una modalidad que no realizamos con demasiada frecuencia, la marcha con raquetas de nieve.

El itinerario en sí es bastante sencillo y conocido, ya que discurre por una pista que recorre el trayecto que hay entre Munilla y la Ermita de Santa Ana, lugar de devoción y romerías de los vecinos no solo de Munilla sino también de Zarzosa y en su día también de Lasanta.

El matiz original que incorporamos en esta marcha es el de realizar gran parte del itinerario mencionado bajo unas condiciones inusuales debido a la fuerte nevada que solo permitía el tránsito a pie por la pista. Por otra parte, aportamos un buen número de fotografías que nos permiten conocer mejor los parajes por los que pasamos así como todos los montes que se pueden divisar a lo largo de la ruta.

La ruta se inicia en la localidad de Munilla, justo antes de pasar por el puente que cruza el Rio Manzanares tomando un desvío a la derecha según hemos llegado desde Arnedillo. Desde aquí hemos de remontar ochenta metros de desnivel hasta alcanzar la pista propiamente dicha que discurre en alto, paralela al Barranco de Aidillo, y desde aquí ya no la dejaremos hasta llegar al punto culminante.

Tras haber recorrido casi dos kilómetros, la pista se situa al nivel de otro barranco tributario del anterior, el Barranco Ezquerra junto al cual seguiremos por la misma pista por la que iniciamos la ruta hasta llegar al paraje de Fuente Piquillo donde el camino experimenta una revuelta a la derecha para empezar a realizar un remonte que nos llevaría hasta la Ermita de Santa Ana, pero en nuestro caso nos conformamos con llegar a una pequeña planicie en el paraje de Poyal de Hogara, punto en el cual dimos por finalizado el camino de ida ya que teníamos limitaciones de tiempo. El regreso no tuvo otro misterio que el de volver sobre nuestros pasos hasta volver a situarnos encima de Munilla. El tramo de descenso final lo hicimos por la misma pista que realiza una amplia revuelta de bajada antes de entrar al pueblo.
A modo introductorio, adjuntamos unas pocas fotos tomadas desde el coche, ya que no estamos acostumbrados a transitar por la carretera con todo el entorno nevado. Advertir que en estos casos no hay que olvidarse de llevar un par de fundas para las ruedas por si surge alguna situación comprometida. Aunque no fue nuestro caso, sí que hubo que extremar precauciones en el tramo de carretera que conecta la LR115 con Munilla (fotos 5 y 6) ya que a primera hora de la mañana todavía no había llegado la quitanieves.
El punto de inicio de la marcha se sitúa prácticamente en el centro de la localidad de Munilla, en el punto donde se unen el Arroyo de Aidillo y el Rio Manzanares, de modo que a partir de aquí nos desviaremos por la calle que discurre paralela al barranco (foto 4) y que nos a de llevar a la parte alta del pueblo. Antes de llegar arriba, pasaremos junto a un corral o nave ganadera (foto 6), y en este punto hemos de decidir si desviarnos hacia la pista que sale del pueblo o bien seguir subiendo hacia la parte alta de Munilla (opción elegida por nosotros).
Seguimos subiendo sin salir del pueblo hasta llegar junto a una cancilla metálica o portera (foto 3)dispuesta al efecto de que no pase el ganado hacia el pueblo. Mientras llegamos aquí, tenemos oportunidad de divisar el pueblo de San Vicente encaramado en un monte situado al norte de Munilla. Pasamos al otro lado y enseguida encontraremos las pesebreras (fotos 4 y 6) utilizadas para alimentar el ganado que en días como este no tiene ninguna otra alternativa para aliviar el hambre. Para alcanzar la pista por la que hemos de proseguir la ruta lo que hacemos es atravesar toda la explanada de las pesebreras y subir una pendiente hasta que lleguemos al camino.
Una vez ubicados en la pista,ya no dejaremos esta hasta finalizar la marcha. En el primer tramo que recorrreremos, iremos paralelos al Barranco de Aidillo, de forma que desde arriba obtendremos una buena visión de toda la hondonada de dicho barranco cuyo tramo final se introduce en la propia localidad de Munilla que también tenemos a la vista (fotos 3 y 6). Elevando más la vista en sentido contrario a la marcha obtenemos una sucesión de montes entre los que destacan en la lejanía, Peñalmonte (fotos 2 y 3) y la Sierra de Alcarama (foto 6). Más cercanamente veremos algunos montes cercanos a Munilla como La Dehesa (foto 5) y Cabezo Lobo (foto 1). En el sentido de la marcha iremos divisando San Vicente y un conjunto de pequeños montes (foto 2) que preceden la cresta donde se sitúa el parque eólico y que viene a ser como una prolongación de Sierra Lahez.
Según avanzamos por la pista, nos vamos situando frente a la cresta en la que se asienta la localidad de San Vicente de Munilla (fotos 1 y 3), hoy día semideshabitada. Contemplando el pueblo nos podemos hacer una idea del tesón de nuestros antepasados por instalarse en lugares tan originales como este. A la izquierda del pueblo distinguimos perfectamente una hilera de chopos en el empinado barranco que desciende a un lado de la cresta sobre la que se asienta aquel. También veremos ya con más claridad, toda la cumbrera (foto 2) en la que se asienta un parque eólico en cuyas inmediaciones se encuentra la Ermita de Santa Ana a la que se puede llegar siguiendo el trazado de la pista por la que vamos caminando.
Seguimos por la pista que poco a poco va ganando altura (foto 1) discurriendo paralela a la hondonada ocupada por el llamado Barranco de Aidillo cuyo nacimiento se sitúa prácticamente a los pies de la Ermita de Santa Ana y que viene a desembocar en el Rio Manzanares a su paso por el centro de Munilla. Nuestro recorrido abarca el tramo medio y final constituyendo el principal referente de la ruta. Mientras vamos avanzando nos encontraremos con un pequeño refugio de piedra (foto 3) que imaginamos habrá proporcionado importantes servicios a los antiguos habitantes del lugar.
Seguidamente pasamos a otro tramo que esta vez se sitúa en la margen del Barranco Ezquerra, tributario del anterior. En esta zona tenemos un cercado dispuesto para reunir el ganado vacuno con fines diversos, y en distintos puntos, vemos varios comederos (fotos 1 y 3) dispuestos para complementar la alimentación de los animales en las épocas en que el pasto resulta insuficiente. Como podemos imaginar en días como éste, el ganado no le hace ascos a ningún recurso que se le proporcione, le preocupa más que las bajas temperaturas, la falta de un bocado que echarse a la boca.
A medida que vamos ganado altura vamos viendo el barranco más encajado (foto 2), sobre todo tras haberlo cruzado inmediatamente después de la zona de los corrales. Durante este tramo tuvimos oportunidad de contemplar el rebaño de vacas en el que se mezclan ejemplares autóctonos con razas de origen foráneo (Limusína), que a pesar de sus mejores rendimientos productivos, en esta época se adapta peor a las condiciones adversas. Mientras avanzamos tendremos oportunidad de ver la hilera de chopos que marca el trazado del barranco situado a nuestra izquierda según subimos.
A continuación llegamos a la cabecera del barranco, en el paraje de Fuente Piquillo. En dicha zona encontramos un buen abrevadero para el ganado que se alimenta del arroyo que pasa por sus inmediaciones. Enseguida veremos ya el final de todo el tramo que hemos ido recorriendo paralelos al arroyo, llegando a una curva cerrada para realizar un pequeño remonte.
Una vez tomada la curva, comenzamos un pequeño remonte (fotos 1 y 6) que nos ha de conducir hasta el paraje del Poyal de Hogara. Mientras vamos subiendo, tenemos oportunidad de contemplar el último tramo que realizamos paralelos al barranco. A lo lejos, podremos identificar el conjunto de Peñalmonte y peña Isasa (foto 2). Otra de las elevaciones que podremos identificar es el monte Cabezo en dirección suroeste (foto 3). Y por último conseguimos alcanzar una pequeña explanada (foto 4) desde la cual tenemos una buena perspectiva del camino recorrido y el que queda por remontar hasta la ermita. En nuestro caso, no teníamos mayores pretensiones que la de probar las raquetas, por lo que nos reservamos la subida para mejor ocasión.
El regreso lo hicimos siguiendo nuestros propios pasos, excepto en el tramo final, en que optamos por recorrer la pista completamente, de modo que al llegar a las inmediaciones de Munilla en su barrio alto, tomamos la determinación de seguir la pista dispuesta al efecto para facilitar el tráfico rodado. No reviste más complicación. Aprovechamos para realizar las últimas tomas fotográficas de la hondonada, el pueblo de Munilla y los montes que lo rodean que ya tenemos a la vista (fotos 2 y 4). La pista nos conduce a una portera que impide que el ganado se interne en el pueblo (foto 5). Una vez en el pueblo acabamos los últimos metros por el mismo itinerario que seguimos a la ida, dando por terminada una marcha poco esforzada pero que nos ha permitido ir cogiendo algo de soltura caminando con raquetas.

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    Si quieres, puedes o esta ruta