Tiempo  7 horas 49 minutos

Coordenadas 2259

Fecha de subida 2 de diciembre de 2015

Fecha de realización noviembre 2015

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2.051 m
1.139 m
0
4,7
9,4
18,83 km

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cerca de Peñalba de la Sierra, Castilla-La Mancha (España)

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente.

Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta.

Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación.

Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles.

Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón.

Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso.

Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada.

Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo.

A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua.

También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena.

Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla.

Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
fuente

0051

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
amarre

Alambrada1

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
Río

Arroyo de Cañamar

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
cima

Camino Del Molino

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
foto

Cancela

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
Cascada

Cascada de Cañamar

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
Collado de montaña

Collado de la Fuente1

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
fuente

Fuente15

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
amarre

Gu-187

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
geotesoro

INICIO-FIN1

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
Ruinas arqueológicas

La Cebosa

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
amarre

Los Colladillos

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
campamento

Morra del Segoviano

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.
cima

Pista3

El acceso al pueblo se hace por la GU-187, hace unos años estaba muy mal conservada, pero en estos momentos se encuentra en perfecto estado pues la han asfaltado recientemente. Aparcamos los coches en Peñalba, un pueblo con mucho encanto, pues a pesar de sus escasos 4 habitantes, tiene su iglesia, fuente, muchos gatos ..., aunque echamos de menos un Bar donde reponer fuerzas después de la ruta. Iniciamos la ruta atravesando las Heras, el Rodeo y ganamos altura hacia el Pico del Águila, aunque sin alcanzarlo, donde cerca del mismo atravesamos una pista forestal que más bien parece una carretera por lo bien cuidada que esta. De camino atravesamos un par de bosques de pinos y algún que otro piornal, pero sin ninguna complicación. Una vez alcanzado el Cordel de Peñuelas, se abre una senda clara y ascendente que atraviela la Morra del Segoviano, Collado de la Fuente y el Collado Cimero, este tramo es uno de los más agradables de la ruta por la suavidad de sus desniveles. Y al final del Cordel llegamos a la Cebosa, no sin antes mencionar que para acceder a la cima, debemos realizar algunas trepadillas. No tienen peligro, pero cuidado si se padece de vértigo. Por otro lado, si se sospecha que hay nieve o hielo, se debe extremar la precaución, pues las piedras estarían muy resbaladizas. Las vistas desde la Cebosa son expectaculares, al frente según suvimos podemos ver el Santuy, a su derecha el Cerrón, y poco más a la derecha y más lejos se divisa el pico del Lobo y a nuestra espalda el Ocejón. Continuamos la ruta hacia la Loma del Rocín, hay dos sendas muy poco marcadas, pero so podría hacer por sus dos vertientes, nosotros cogimos la que estaba mirando hacia el interior del valle donde se encuentra el pueblo ya que pegaba el solecito y se hacía más agradable. Algunos hitos marcarán el camino, pero la senda está muy poco marcada. Dejamos el Rocín y llegaremos hasta una alambrada donde volvemos a retormar un camino que discurre paralelo a una alambrada, pronto dejaremos dicho camino, atravesaremos un par de collados y piornales de escasa vegetación hasta comenzar el descenso por el Picozo donde tras una buena bajadita, llegaremos a la pista forestal que llega hasta el cordel de la Quesera, donde un camino marcado nos devolverá hasta casi el pueblo. Dicho camino atraviesa un bosque de robles centenarios preciosos y muy buen cuidados. A parte de los robles, las vacas serán nuestras compañeras, muy observadores aunque inmoviles a nuestro paso. Poco antes de llegar al pueblo, descendemos por los llanos hasta llegar a la vereda del arroyo Cañamar. En función de la intensidad de agua que baje por él, podremos imaginar la cantidad de agua que descenderá por la cascada. Ahí retomaremos una senda que llega hasta una granja, que bordearemos por su izquierda. Tras atravesar un par de barrizales llegamos una roca solida desde la cual nos permitirá ver la cascada desde arriba, pero es una zona muy peligrosa, pues las piedras pueden ser resbaladiza, absternerse gente con vértigo. A menos de 50m, mirando a la derecha y hacia atrás, se puede ver el inicio de la cascada. La vegetación no nos dejará ver el resto, pues para ello, habrá que adentrarse en el espesor de las jaras, aproximarse a la orilla del rio y abriéndose paso entre la vegetación poder llegar hasta el salto de agua. También aprovechamos para visitar un viejo molino del pueblo, pero está completamente destruido, no merece la pena. Si van a seguir mi track, me quedé a escasos 50m de poder contemplar el salto de agua desde abajo, pero sería sencillo llegar hasta el final ya que lo único que hay que hacer es continuar por la orilla. Por último mencionar y destacar que la mayor parte de la ruta no transcurre por una senda marcada, sino atravesando bosques y piornales, pero que no son de complicado acceso.

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