Tiempo  6 horas 41 minutos

Coordenadas 1567

Fecha de subida 25 de julio de 2018

Fecha de realización julio 2018

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2.539 m
1.498 m
0
2,7
5,3
10,62 km

Vista 476 veces, descargada 44 veces

cerca de Benasque, Aragón (España)

2018-07-11 Pico de Estós o tuca de Dalliú (2531 m) por el valle de Literola
https://photos.app.goo.gl/DrEzSA9qnLpyi1yi9

Todo el grupo realizó esta ruta desde el principio hasta la cabaña de Literola, donde una parte del grupo regresó por el mismo sitio y el resto continuó hasta la cima del Pico Estós o tuca de Dalliú.

La ruta fue organizada y guiada por David Molero y el grupo que hizo la mitad de la ruta fue conducido por Salvador García.

DESCRIPCIÓN
La Tuca el Dalliú (2531m) se encuentra en la divisoria entre los valles de Estós y Literola.
La ruta se inicia en el aparcamiento que hay tras cruzar el puente del barranco Literola. La primera parte se desarrolla por un buen sendero en un bosque de pinos, abetos y abedules. Tras salir a un prado conocido como la Pleta dél Llosero, seguimos la senda marcada con hitos y marcas verdes oscuras y verdes claras por una cuesta suave, excepto un tramo corto con más inclinación.
Antes de cruzar el río del barranco de Literola por un puente de madera, nos encontraremos con un panel de bifurcación que indica el camino tradicional para subir al Perdiguero (3.222 m). Hasta aquí hemos andado por el sendero S-5 Valle de Lliterosa - Ibonet de Lliterola (http://www.rednaturaldearagon.com/senderos/s-5-valle-de-lliterosa-ibonet-de-lliterola/).
Tomamos el de la izquierda que nos lleva a la cabaña del Forcallo o del Ubago de Lliterola (1.990 m), a la que se llega por un mar de bledos (Amaranthus retroflexus) y la hierba cicutaria (Anthriscus sylvestris). . Hasta aquí es una ruta bonita y adecuada a todo tipo de senderistas, regresando por el mismo sitio.
Quienes quieran continuar hasta la cima cruzarán el riachuelo de las Fites del Perdiguero y llegarán hasta el Collado del Dalliú (2.365 m) que separa el barranco Literola del Estós. Para algunos puede ser suficiente y darse la vuelta porque las vistas son únicas.
La subida final es por la preciosa y dura cresta. Casi al final se puede optar por un canutillo con piedra suelta y mucha pendiente. Hay que hacer este tramo con mucha precaución. El premio será llegar a la cima (2531m) con una espectacular panorámica del todo el parque Natural Posets–Maladeta

FUENTES
http://anetoseguro.com/pdf/TUCA_DEL_DALLIU.pdf

GLACIARES DE LOS PIRINEOS DEL PARQUE NATURAL POSETS–MALADETA

El circo glaciar está bastante más alto de nuestro recorrido, pero hemos transitado y visto restos de la antigua lengua del glaciar cerca de los 2.000 metros de altura.

La impronta más característica del relieve actual de la comarca de Ribagorza, al menos en la zona más alta, la generaron los glaciares, que ocuparon gran parte de la cordillera durante el último millón de años (Cuaternario: Pleistoceno superior). Durante este periodo se sucedieron diversas fases frías, conocidas como glaciaciones, en las que la acumulación de nieve y su posterior transformación en hielo dio origen a glaciares. Las glaciaciones más «recientes» son las denominadas Günz, Mindel, Riss y Würm, y de ellas la última, que ocurrió entre 80.000 y 30.000 años, es la mejor conocida, ya que parte de los sedimentos morrénicos depositados por los glaciares pueden reconocerse en la actualidad.

La Ribagorza es la comarca altoaragonesa que cuenta con mayor número de glaciares así como con la mayor extensión de superficie glaciar. Dado que el Pirineo, en su sector aragonés, es la única cordillera española que conserva glaciares funcionales o vivos, podemos señalar que dicha comarca es la principal, en todo el territorio español, en cuanto a representación glaciar. Este hecho, lejos de ser anecdótico, presenta gran importancia. Los glaciares altoaragoneses son los más meridionales de Europa y constituyen sistemas naturales de extraordinario valor ambiental y científico. Estas superficies de hielo representan los últimos restos de las glaciaciones cuaternarias, que afectaron a toda Europa septentrional, a buena parte de la Europa central y a la mayor parte de las cordilleras de este continente, incluyendo a las más importantes de la Península Ibérica.

La impronta del glaciarismo pleistoceno en los valles ribagorzanos (circos, valles en artesa, cubetas de sobreexcavación, depósitos morrénicos, etc.) nos habla de un fenómeno que alcanzó notables dimensiones, de las más importantes del contexto pirenaico.

Rocas aborregadas, por la erosión de la lengua del glaciar



Morrena del glaciar


Durante el último máximo glaciar (hace 50.000-45.000 años), cuando las temperaturas eran del orden de 6 o 7 grados inferiores a las actuales, la existencia de extensas superficies montañosas sometidas a las denominadas nieves perpetuas, provocó la acumulación de potentes masas de hielo que fluían desde los circos de cabecera hacia los dos principales valles de La Ribagorza: el del Ésera y el del Noguera Ribagorzana (este último limítrofe actualmente con Cataluña).

Coetáneo al desarrollo de la lengua glaciar del Noguera Ribagorzana durante el máximo pleistoceno, el valle del Ésera estaba ocupado por un glaciar que se deslizaba desde la cabecera del valle hasta las inmediaciones del congosto de Ventamillo, por debajo de la actual localidad de Castejón de Sos (900 m de altitud). Esta lengua de hielo alcanzó 36 km de longitud y pudo superar los 500 m de espesor en las cubetas de Benasque y Eriste. Su gran desarrollo glaciar durante el Pleistoceno final es explicable gracias a la presencia de los macizos montañosos más elevados de la cordillera pirenaica (Maladeta-Aneto, Posets, Perdiguero), un extenso territorio de alta montaña, entonces permanentemente innivada, que proporcionó ingentes volúmenes de hielo al valle del Ésera a través de destacados afluentes, algunos de grandes proporciones y con entidad glaciológica propia: Remuñe, Literola, Estós, Eriste, Cregüeña, Vallibierna, Ampriu, entre otros. Finalmente, cabe recordar que dos macizos ribagorzanos situados fuera del eje axial de la cordillera (Cotiella y Turbón), albergaron testimonios mucho más modestos del glaciarismo pleistoceno, limitados fundamentalmente al desarrollo de glaciares de circo. Poco tienen que ver aquellos colosos glaciares, que ocupaban los principales valles ribagorzanos, con los restos testimoniales que hoy podemos encontrar en estas montañas.
Actualmente, los glaciares ribagorzanos se reparten entre dos macizos: Posets y Maladeta. El primero, a caballo entre las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, cuenta con dos glaciares (La Paúl y Llardana), con una superficie total de unas 31 ha, mientras que el de Maladeta acoge seis aparatos (Maladeta Occidental, Maladeta Oriental, Aneto, Barrancs, Tempestades y Coronas), con superficie conjunta aproximada de 173 ha. Además de los glaciares en sentido estricto (masas de hielo que muestran señas de movilidad, con grietas de tracción), hay varios heleros (antiguos glaciares que han pasado a masas de hielo sin signos aparentes de movilidad) en los dos macizos reseñados y también en el de Perdiguero.

Limitándonos a los glaciares, los ubicados en la Ribagorza representan el 75% de las superficies glaciares del Pirineo aragonés. De todos ellos, el más importante es el de Aneto, con unas 90 ha (33% de dichas superficies), flanqueado por los glaciares de Maladeta Oriental, al oeste, y de Barrancs, al este. Es un glaciar más ancho que largo, con dos lóbulos o pequeñas lenguas claramente dibujadas y con unas dimensiones máximas de 1.700 m de anchura por 800 m de longitud, ubicado entre las cotas 3.330 m y 2.810 m. Es el mayor glaciar del Pirineo, incluyendo sus dos vertientes, la francesa o norte y la española o sur. El clima, responsable directo de la extensión y desarrollo de los glaciares, presenta actualmente unas precipitaciones que superan los 1.000 mm anuales en los valles y, probablemente, rebasa los 2.000 mm (gran parte en forma de nieve) en las cumbres de los principales macizos montañosos. La temperatura media anual se encuentra por debajo de los 10° en los valles y es inferior a 0° en las cumbres. Pero en nuestra latitud y con montañas que escasamente superan los 3.000 m de altitud, estos parámetros ambientales resultan actualmente insuficientes para el desarrollo glaciar, y no solo en La Ribagorza. Las actuales condiciones climáticas del Pirineo son críticas para el mantenimiento de los glaciares, lo cual explica su muy importante retroceso, especialmente marcado desde los años ochenta del siglo XX. Es fácil entender que, en su práctica totalidad, estén constreñidos en laderas de orientación norte (predominando la variante noreste), las menos insoladas, las más favorables para la persistencia de la nieve y del hielo. De todos los glaciares indicados solo uno escapa a esta norma, el de Coronas, a los pies del Aneto, con orientación suroeste y en un estado especialmente crítico que hace augurar su próxima desaparición. En su conjunto, los actuales glaciares ribagorzanos representan solo una tercera parte de las superficies glaciares existentes hasta el siglo XIX, en la fase final de un periodo frío conocido como la Pequeña Edad del Hielo (con temperaturas medias aproximadamente 1 °C más bajas que ahora). Si las actuales condiciones climáticas no varían y los procesos de calentamiento global no disminuyen drásticamente, estos glaciares desaparecerán con toda seguridad. Los más pequeños, en el plazo de pocos años. Los mayores, en varias décadas. Por esta razón resulta tan importante su estudio, ya que representan auténticas joyas ambientales en trance de extinción. De cualquier forma, y mientras duren, constituyen uno de los símbolos principales de La Ribagorza, que puede presumir con orgullo de contener en su territorio estos elementos de absoluta singularidad en el sur de Europa, seña de identidad de las más altas y bellas montañas. Ojalá las generaciones venideras puedan disfrutar de ellos de la misma forma que lo hemos hecho nosotros.

EVOLUCIÓN GEOLÓGICA
La estructura geológica que presenta actualmente el Pirineo es el resultado del último acontecimiento tectónico que tuvo lugar: la convergencia norte-sur de la Placa Ibérica con respecto a la Placa Europea desde el Cretácico superior hasta el Mioceno. Sin embargo, la historia geológica de los Pirineos puede decirse que comienza en el Triásico, hace unos 200 millones de años. Con anterioridad existió otra cordillera, formada durante la Orogenia Hercínica, en la que se vieron involucrados los materiales de edad paleozoica «recientemente» sedimentados. Al final del plegamiento se produce la intrusión de cuerpos ígneos, representados en La Ribagorza por los batolitos graníticos de Maladeta y Posets principalmente.

http://www.aragon.es/estaticos/GobiernoAragon/Departamentos/PoliticaTerritorialJusticiaInterior/Documentos/docs/Areas/Informaci%C3%B3n%20territorial/Publicaciones/Coleccion_Territorio/Comarca_Ribagorza/NA_2.PDF

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Cabaña de Lliterola

Comentarios

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