Tiempo  7 horas 26 minutos

Coordenadas 3174

Fecha de subida 12 de febrero de 2019

Fecha de realización febrero 2019

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1.644 m
1.041 m
0
3,7
7,4
14,84 km

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cerca de Mata Bejid, Andalucía (España)

En muchas ocasiones, entre compañeros senderistas, hemos comentando, con pesadumbre, la pérdida progresiva de los antiguos caminos que plagaban nuestra geografía, sean de herradura o simples veredas, que el abandono, los cultivos, el parcelamiento o la reforestación han abocado a su deterioro y/o desaparición, y cuando digo “pérdida” no solo me refiero a su significado físico sino también en la memoria colectiva. Todos aquellos que aún mantienen el recuerdo de estos trazados son personas con edades muy avanzadas que atesoran una información que parece “haber caducado”, ya que ha perdido su utilidad, hasta el punto de diluirse en su memoria en el conjunto de tantas vivencias, y que salvo casos excepcionales, no transmiten ¿para qué? si ya hay estupendas carreteras o carriles que nos permiten el acercamiento a casi cualquier sitio.
Hoy en día, el colectivo heredero de esta valiosa información es el de los pastores, por el simple hecho de que a ellos aún les sigue siendo de utilidad, pero no solo las veredas, sino también la localización de fuentes –algunas ya extinguidas-, cuevas que en alguna ocasión les han servido de refugio, y el mantenimiento del nombre de los accidentes geográficos, necesarios para transmitir entre ellos la ubicación exacta de sus devenires por la sierra, aunque, el arrinconamiento de este oficio, la mejora de las vías de comunicación antes expuestas y de sus condiciones de vida, ponen también fecha de caducidad a la posibilidad de acceder a estos datos, de manera que, si alguien no lo remedia, quizás estemos ante la última generación de portadores de estos tesoros.
La ruta que aquí aporto es el regalo de un cambileño, hijo de pastor, que ejerció de pastor en su niñez-juventud y, tras emigrar y desarrollar su vida lejos de su tierra, ha vuelto ya jubilado, a rememorar los paisajes que eran su casa. Así, por ejemplo, lugares como las ruinas del cortijo de Llano Vaquero, con este hombre, adquieren otras connotaciones mucho más entrañables. Hablamos de la que fue su casa.
Evidentemente lo que aquí voy a reflejar es una ruta de senderismo pero, inevitablemente impregnada de matices emocionales de alguien para el que estos caminos fueron, sus caminos.
RUTA
Iniciamos nuestra andadura en la majá Vieja donde, al pasar por el tranco me comenta Manolo que la protección que este tiene, y sus escaleras, son un trabajo realizado por medio ambiente –Icona en los años 60-. A partir de aquí, y tras sorprenderse de las pinturas “modernas” que engalanan la cueva de la Solana, tomamos la vereda Corniquebrá,- importante paso que le permitía acceder al interior de Mágina desde la Majá Vieja y que descubrí de casualidad hace algún tiempo, https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/por-los-collaillos-canadas-de-los-cornicabrales-y-contadero-bordeando-serrezuela-barranco-del-peral-20816833 -, el covacho-refugio que hay en ella y la Hoya de Nevazo de arriba. Posteriormente realizamos una pequeña excursión hasta los restos del cortijo de Llano Vaquero y los callejones próximos a él, por donde Manolo pasaba a diario hacia el “Pocico” para recoger agua; desgraciadamente, como otras muchas fuentes, hace casi una década que está seca. Ahora nos encaminamos a los pies de la Morra Cerdón, -cuyo acceso efectuamos por una, hoy, peligrosa escaleruela, por los restos de hielo- y donde me enseña el material con el que lavaban sus cacharros, -una tierra, a la que llama Molinillo, que encontramos bajo algunas matas en terraplenes-y que hacía la doble función de detergente y estropajo. Antes de tomar este escurridizo acceso pasamos por una fuente de las Palomas, de la que había oído hablar hace tiempo, pero desconocía su ubicación exacta. Ya arriba, pasamos por la zona de los “Corrales” cuyo origen desconoce y su uso es anteriores a su época de pastor y la de su padre, con lo cual hay que irse, al menos, a finales del XIX.
Una vez visitada la sima del cerro de Mentiras de Arriba, comenzamos un descenso campo a través por zona descubierta buscando enlazar, en primer lugar con una senda pastoril, para después con la de de los puertos de Torres. Esta era usada, en su totalidad, por las gentes de la zona de Torres para acceder a la zona de la ermita de la Fuensanta de Huelma, en los intercambios entre estas 2 zonas y para desplazarse a celebrar la Romería de la Virgen de la Fuensanta; y parcialmente por los pastores y agricultores de Cambil para acceder a la sierra. En su tramo final coincide con la vereda de Cerro Soto hasta las proximidades de cortijo del mismo nombre y a su fuente –llamada ahora del Peralejo-, y desde aquí, por senda y pista hasta las proximidades de la Fuensanta. El tramo que hemos recorrido está muy perdido pero hay tramos donde indudablemente nos certifica que por aquí, hace tiempo, el hombre la usó para atravesar esta sierra.
Como remate a esta visita al pasado nos acercamos a ver la fuente de las Pocicas, muy próxima a la del Peralejo o cerro Soto, de la cual me cuenta que sus aguas“no eran buenas” para que las bebieran ellos. Así mismo me aclara que el nombre de Serrezuela es moderno, que antiguamente se llamaba Serrate y que la depresión que hay al este de su cima es el Descansadero.
Por último me comenta que le llama mucho la atención la escasez de conejos y perdices que en “sus tiempos” eran muy abundantes.
Casi toda la ruta transcurre por vereda, mas o menos clara, y pista, salvo los alrededores de cortijo Llano Vaquero, el descenso desde el cerro de Mentiras de Arriba -en ambos casos faciles de andar- y el bordeo de la Morra Cerdón hasta el collado previo a la fuente las Palomas, algo mas complicada, por la inclinación, y en la que el sentido común y las veredas de animales que vamos encontrando, nos facilitará la tarea.
Pasadilla..

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