Tiempo  10 horas 20 minutos

Coordenadas 708

Fecha de subida 8 de agosto de 2018

Fecha de realización agosto 2018

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2.695 m
1.259 m
0
2,2
4,5
8,94 km

Vista 1065 veces, descargada 52 veces

cerca de Torla, Aragón (España)

Como hoy nos espera una dura y larga jornada de alta montaña, sobre las 06:00 de la mañana partimos desde Cuarte Huerva hacia el Valle de Ordesa, donde cogemos la pista que va hasta Bujaruelo y una vez pasado el Camping Valle de Bujaruelo, al lado de una torre de alta tensión, aparcamos el coche en un apeadero con capacidad para unos 6/8 vehículos.

Sin perder mucho tiempo, cerca de las 09:00 de la mañana nos ponemos en marcha, echando un vistazo a las montañas cercanas iluminadas ya por el sol, mientras cruzamos la pista hasta detenernos junto una roca, donde escrito en pintura amarilla indica “Turbón. Cuevas-Simas de Arañonera. Collado Royo. Valle de Otal"; destinos que que poco a poco iremos encadenando, tomando de referencia unos puntos de color rojo por los que alcanzaremos el collado Royo o de Otal.

En este punto, iniciamos la ascensión, caminamos por la pradera en busca del comienzo del sendero, que vemos a nuestra derecha marcado con un hito, por el que nos adentramos en un cerrado bosque mixto de boj, abetos y hayas, por el que casi caminamos a ciegas, intentado realizar alguna fotografía que ni aun con el flash, conseguimos que salgan nítidas.

Tras unos primeros metros de tregua, el amplio sendero traza un giro a la izquierda, la pendiente se acentúa y nos muestra que hoy nos vamos a tener que ganar la cima!. A medida que vamos ganando desnivel, las hayas van ganando en protagonismo, el sol comienza a filtrarse entre las ramas y la ropa que nos hemos puesto empieza a sobrar, aunque de momento preferimos esperar un poco, ya que por unos instantes salimos a cielo abierto, atravesando una espesa pradera donde la alta vegetación impregnada de la humedad de la noche nos moja tanto las zapatillas como los pantalones, aunque no tardarán en secarse.

Siguiendo el sendero, dejamos atrás las pradera, nos adentramos dirección Oeste de nuevo en el precioso hayedo por el caminamos paralelos al barranco del Turbón o Fénes (depende del mapa que se mire), que discurre unos metros por debajo, a paso lento pero sin detenernos, con la intención de llegar a los tramos más delicados lo más frescos posibles, tanto de piernas como de cabeza, aunque las molestias que llevo arrastrando desde hace unas semanas del musculo tensor de la fascia de la pierna izquierda, ya llevan un rato dando la lata.

Poco a poco el bosque va clareando, así como vamos ganando altura las hayas son sustituidas por los pinos, hasta que sobre la cota 1.600 metros salimos del bosque, para continuar caminando por un estrecho sendero que cerca de las lindes del bosque nos aproxima hasta el cauce del barranco del Turbón, que en este tramo forma una sucesión de gradones, donde el exiguo caudal en vez de precipitarse al vació, resbala por la roca.

Como el sol ya nos pega de lleno y a partir de este punto apenas tendremos algún tramo de sombra, hacemos una pequeña pausa para quitarnos la ropa de abrigo, mientras disfrutamos de las vistas a contraluz del Macizo del Gallinero, que más tarde cuando el sol coja su máxima altura podremos disfrutar con mayor claridad, en el que sin duda destacan de izquierda a derecha las cimas de los Gabietos, el Taillón y Mondarruego o Escuzana, que tan bien se ve cuando entramos por Torla al valle de Ordesa.

Examinando el sendero, vemos que al otro lado del barranco hay un hito tirado, así que lo vadeamos, colocamos bien el hito, para continuar remontando por la margen derecha el barranco del Turbón, primero con unas cuantas lazadas que nos depositan en una zona de pastos, por la que vamos ganando desnivel pegados al cauce, que logramos sortear definitivamente por una bonita faja, hasta alcanzar la parte superior del barranco, donde el agua desaparece filtrándose en el sistema kárstico de Arañonera, en el que comprobamos como el terreno va cambiando, sustittuyendo los bosques por terreno de pasto y caliza.

Siguiendo el sendero, atravesamos pequeños tramos de roca, donde nos llama la atención un par losas que a modo de dolmen apuntan hacia el cielo. Unos metros más arriba el sendero se bifurca en dos, punto en el que iniciamos el tramo circular, por lo que proseguimos ya sin sendero todo recto dirección Oeste, por medio del barranco del Turbón, tomando de referencia los hitos y esporádicos puntos rojos que nos llevan hacia el sistema de cuevas y galerías de la Arañonera, que con un desarrollo de más de 43 kilómetros topografiados y un desnivel total de 1.338 metros, es uno de los más grandes de España, cuya boca intuimos en un resalte desplomado que hay a mano izquierda.

Por unos minutos, abandonamos el barranco del Turbón para caminar por la zona de pastos hacia el resalte, que es a donde nos conducen los puntos rojos. Un poco antes de llegar, encontramos la boca de entrada de la Grallera del Turbón o T1, que fue localizada en el año 1972, equipada con cuerdas pero que solo se puede acceder con un permiso de la Federación Aragonesa de Espeleología, pudiéndose enlazar con un desarrollo de 7.300 metros y un desnivel de 650 metros con la cueva de Santa Elena, situada a 1.391 metros cerca de la ermita de Santa Elena, a la que se accede por una senda desde la pista de Bujaruelo.

En contraste con el calor que está haciendo, del interior de la cueva sale un viento helador, proveniente de otras bocas más altas del sistema ubicadas cerca del collado Royo, que nos pone la piel de gallina y que también notamos en la segunda boca de acceso, ubicada a unos 10 metros pero de mayor diámetro aunque sin equipar, en la que hacemos una pausa al fresco, mientras disfrutamos de las vistas hacia el Taillon y los Gabietos, que a medida que vayamos cogiendo altura se ampliarán.

Tras el descanso, antes de regresar al barranco aprovechamos que estamos cerca de la boca de la cueva que veíamos desde abajo, para acercarnos realizando pequeñas lazadas y superar la pendiente cubierta de roca caliza, donde comprobamos como varios de grupos de grajos vuelan alrededor del resalte, introduciéndose en el interior de la cueva haciendo bueno el dicho de que “cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo”.

Una vez en la boca de la cueva, observamos como hace honor al nombre que aparece en los mapas, “Nevera del Turbón”, ya que a pesar de estar en el mes de agosto, tiene acumulada una buena cantidad de nieve especialmente en la rampa de acceso y todo el suelo se encuentra cubierto por una gruesa capa de hielo, por lo que preferimos verla desde arriba, porque si bien bajar no presenta ninguna dificultad, subir sin crampones puede ser resultar más complicado.

Con la mirada puesta en los Gabietos, nos ponemos de nuevo en marcha; abandonamos el frescor de la cueva para salir a la solana, realizando un corto flanqueo a la derecha hasta enlazar con los hitos que nos han guiado hasta aquí, donde continuamos dirección Norte por un extremo de la pedrera, buscando siempre las zonas más cómodas, observando como el en extremo contrario, pintadas en la roca están los puntos rojos que van hacia la sima del Turbón, aunque unos metros más arriba ambas opciones se unen.

Sobre la cota 2.000, nos adentramos en la cabecera del barranco del Turbón, que se cierra entre paredes de caliza que no permiten la entrada del viento, incrementando la sensación de calor, por el que vamos caminando evitando la zona central que acumula bastante piedra, para ir por un lateral donde la hierba aflora en varios tramos entre las piedras, tomando de referencia un lejano hito que marca un collado, que intuimos puede ser el de Otal, aunque viendo la altitud que marca el GPS ...

Para salir de dudas, lo mejor es seguir avanzando, así que chino a chano vamos ganando desnivel disfrutando del entorno, hasta llegar a la zona final del barranco donde la pendiente se acentúa, para lo cual, comenzamos a trazar una sucesión de pequeñas lazadas, ganando sin mucha dificultad el collado que veíamos desde la entrada a la cabecera del barranco, donde comprobamos que no solo el GPS no nos engañaba, sino que además aún no vemos el collado de Otal, aunque por primera vez aparece la figura anaranjada del pico Otal.

A pesar de que tan solo llevamos recorridos 3 kilómetros, ya tenemos en las piernas unos 900 metros de desnivel, a los que tenemos que sumarle otros 150 metros para alcanzar el collado de Otal (2.354 metros), así que tras echar un vistazo, seguimos nuestro camino atravesando una zona de bloques, que mientras Carlos supera por la parte inferior, yo lo hago por la superior a través de una corta portilla, para volver a juntarnos unos metros más adelante, donde salimos a una zona abierta en la que vuelve a soplar el viento, por lo que aprovechamos para hacer una parada a la sombra de una roca.

Comemos, bebemos, le meto un poco de glucosa al cuerpo y estiro un poco la pierna para evitar que vayan a más las molestias. Después, nos ponemos en marcha, comenzamos a caminar por terreno kárstico donde vemos hitos colocados a uno y otro lado, pasando un poco de ellos, para buscar siempre los pasos más cómodos que nos permiten avanzar sin muchas complicaciones, en el que en contadas ocasiones aparecen los puntos rojos, que ya no los necesitamos, porque no muy distante emerge el cordal que de Norte a Sur une la cima oriental (2.389 metros) con la cima principal del pico Royo (2.391 metros), cuyo collado del mismo nombre también conocido como collado de Otal se encuentra cerca de él, al que nos vamos aproximando, no sin echar de vez en cuando una mirada atrás, para disfrutar de las vistas que se van ampliando hacia la Peña Montañesa y el Cotiella.

Tras un último repecho, en el que emerge entre la caliza el pico Fenés o Fenez y parte de su famosa Pared Lisa, la pendiente se suaviza, la piedra va dando paso a un terreno de pastos, donde continuamos por un sendero que en un largo flanqueo recorre toda la cresta que une las dos cimas del pico Royo, en las que descansan varios buitres leonados.

Cuando llegamos a a la altura del collado de Otal, abandonamos el sendero para ir monte a través realizando un par de largas lazadas hasta alcanzar los 2.354 metros en los que se encuentra el collado de Otal o Royo, desde el que nos quedamos con la boca abierta al contemplar la verticalidad de la cara Norte del pico Otal con toda la cresta que lo une con el pico Tendeñera.

Sobrepasada la barrera de los 1.000 metros, nos quedan unos 350 metros más de desnivel hasta alcanzar la cima del pico Otal, por lo que tras echar un bocado, nos ponemos en marcha caminando dirección Sur por el cordal echando de vez en cuando una mirada atrás, para contemplar la vertiente Sur del Macizo del Vignemale que todavía mantiene algo de nieve, mientras seguimos una trocha por la que vamos atravesando el lapiaz, que nos conduce hacia un resalte.

Investigamos hacia uno y otro lado pero no tiene continuación, ya que un pequeño paso que se dirige hacia la cara Norte del pico Otal acaba en un patio considerable, por lo cual tomamos la decisión de subir directos por el resalte, en el que comenzamos a realizar sencillas trepadas sin apenas exposición, donde la roca ofrece múltiples agarres para las manos, pasando a la cara Este del pico Otal, desde la que disfrutamos de unas magnificas vistas hacia el cañón que atraviesa la pradera de Ordesa y la Pared Lisa del Fenés, en el que observamos la ubicación de la Cueva Helada que visitaremos en el descenso.

A partir de aquí, nos queda una larga pedrera que remontar para alcanzar la base de la canal de acceso al pico Otal, así que para quitarnos un tramo, preferimos aprovechar una estrecha banda de lapiaz que todavía se conserva en el extremo superior del resalte, por el que avanzamos ganando metros de forma más cómoda mirando al horizonte, donde la luna a pesar de ser mediodía todavía permanece visible y también hacia la hondonada, en la que un rebaño de ovejas se refugia del calor, a la sombra de un nevero, anda que no saben!.

Cuando estamos lo suficientemente cerca de la roca, trazamos una diagonal a la izquierda, hasta enlazar con el sendero de subida marcado con hitos, que va trazando continuas lazadas que nos permiten avanzar por la pedrera con no mucho esfuerzo, aunque a medida que subimos se pone más tieso, obligándonos a parar en algunas ocasiónes para recuperar la respiración que se acelera, mientras a nuestras espalda se hacen visibles las principales cimas del Macizo de Monte Perdido (Marboré, Cilindro, Monte Perdido y pico Añisclo o Soum de Ramond), aunque también acapara nuestra atención la serie de canales que ya tenemos a la vista, a cuya base llegamos tras un último esfuerzo, donde comprobamos lo lejos que ha quedado el collado de Otal.

Pese a que en esta cara existen varias canales, el sendero nos lleva de forma directa a un pequeño grupo, en el que la principal se encuentra marcada con un hito. Así que una vez localizada, atravesamos un derrubio por el que accedemos al interior de la amplia, tumbada y sucia canal, por la que avanzamos realizando sencillos pasos que no superan el Iº donde tan solo tenemos que apoyar las manos e ir lo más juntos posible, para evitar que las piedras que arrastramos cojan velocidad e impacten en el compañero, hasta alcanzar un punto en el que la canal se bifurca en dos, eligiendo el ramal de la izquierda marcado con un hito, donde hacemos una pausa para ver como un grupo de Edelweiss, también conocida como la flor de las nieves, nace entre las piedras.

Sin apenas detenernos, nos ponemos manos a la obra para seguir por la segunda canal, mucho más vertical que la primera pero con buenos agarres para las manos y más limpia que el anterior tramo, lo que nos permite progresar de forma segura, sin apenas sensación de vacío ya que está segunda sección es más cerrada.

En una pequeña repisa, le cambio el puesto a Carlos, para acto seguido continuar trepando hacia el final de la canal que vemos unos metros más arriba en forma de W, donde se divide en dos. Aunque la principal se encuentra con un par de hitos, ninguna de las dos parece tener continuación, así que mientras Carlos espera en la bifurcación, yo avanzo hasta el final de la canal, donde compruebo que en efecto acaba en un cortado, aunque por lo menos me sirve para ver que la cima esta a escasos 50 metros a nuestra izquierda.

Con mucho cuidado destrepo hasta llegar a la altura de Carlos, que empieza a trazar una vertical hacia la izquierda por una placa tumbada, que con algo de exposición pero con buenos agarres nos permiten alcanzar rápidamente la antecima, desde la que descendemos unos metros hasta llegar a un pequeño collado que la separa de la cima principal, donde tenemos una espectacular vista de toda la cresta que une el pico Otal con el pico Tendeñera, que disfrutaremos también desde la cima, a la que llegamos caminando tras cinco horas, en la que nos sorprende su gran amplitud.

Como la temperatura es agradable y corre algo de viento, permanecemos un buen rato reponiendo fuerzas, mientras disfrutamos de las vistas de 360º que tenemos al ser una cima solitaria, donde al Oeste podemos ver otros de los picos que componen la sierra Tendeñera (pico Tendeñera y detrás Sabocos), el Midi d'Ossau y varios de los picos del sector de Panticosa (Argualas, Garmo Negro e Infiernos); al Norte/Este la cara Sur del Macizo del Vignemale (Cerbillona,pic Central, Corredor de la Moskowa, Montferrat y Milieu); al Este del valle de Ordesa con los picos del Macizo de Monte Perdido (Gabietos, Taillón, Marboré, Cilindro, Monte Perdido, pico Añisclo y Tobacor) y al Sur el barranco de Sorrosal, donde vemos toda la pista que recorre el barranco desde Linas de Broto, que es la vía más utilizada para acceder al pico Otal.

Aunque la vía habitual para bajar hasta la pista de Bujaruelo, es deshaciendo el itinerario de subida, nosotros queremos visitar la Cueva Helada de Fenés, así que cerca de las tres de la tarde, comenzamos el descenso cogiendo la cresta Sur (Sur/Este) del pico Otal, que en sus primeros metros es bastante ancha, pero que a medida que avanzamos se va estrechando, intentando ir lo mas cerca del filo, realizando pequeños destrepes en los que tan solo apoyamos las manos y buscando los pasos más cómodos entre o sobre las rocas, atentos a no tropezar con ellas, ya que el patio a la cara Este es de las que quitan el hipo, dirección hacia la cual nos va enfilando la cresta.

Con la mirada puesta en el pico Fenés, que se encuentra justo enfrente nuestro, poco a poco vamos ganándole metros a la cresta, cuyo final intuimos unos metros más adelante en un pequeño collado marcado con un hito, que indica el inicio de una pronunciada y larga pedrera de más de un kilómetro que finaliza en la Cueva Helada de Fenés, que podemos identificar desde aquí, al situarse en la base de la Pared Lisa de Fenés.

Sin pensárnoslo mucho, iniciamos el descenso por el extremo derecho de la pedrera, en el que aprovechamos que afloran las rocas en un pequeño tramo para bajar asiéndonos a ellas. Una vez desaparecen, nos sentamos para sacar los bastones de la mochila y continuamos ahora si, por medio de la pedrera que tiene un buen espesor, lo que nos permite deslizarnos por ella, hasta conectar con un sendero que sube por el cauce seco del barranco, trazando a nuestra altura un largo flanqueo hacia la izquierda, que atraviesa toda la cara Este del pico Otal, que intuimos que enlazará con el que hemos utilizado en el ascenso …

Si bien está opción no nos interesa, no vemos con malos ojos dejar un poco el descenso directo, así que en este punto, decidimos tomar el sendero por el que realizando largas lazadas vamos perdiendo desnivel de forma gradual, siempre sin perder la mirada a la Cueva Helada de Fenés, que va quedando a nuestra derecha y que comprobamos que a medida que vamos perdiendo desnivel, el sendero nos aleja cada vez más; cosa que no nos preocupa tanto, como el desnivel que más tarde tendremos que remontar para llegar hasta la cueva.

Por tanto, al llegar a la altura de un pequeño muro de roca en linea con el Tozal del Cebollar, abandonamos el sendero que más tarde retomaremos, para bajar de forma directa hasta enlazar con una trocha que nos conduce a un terreno de bloques, que Carlos atraviesa en busca de un sendero que pasa por la zona baja, mientras yo prefiero seguir por la trocha por la que voy bordeándolo en ligero ascenso, hasta que unos metros más adelante, a la altura de la Pared Lisa de Fenés, ambos nos reencontramos.

Si a lo lejos impresionaba, ahora a sus pies sorprende aún más la gran placa calcárea que cubre la pared Norte del pico Fenés, donde nos llama la atención los canalizos que la recorren de arriba a abajo, sobre la que discurre la vía de escalada de "Las Canaletas Centrales" que con un un grado de 5c es perfecta para disfrutar de la escalada de adherencia, junto con la vía de "Las Marmotas", que recorre toda la arista.

En el extremo izquierdo, comprobamos como unos metros por encima de la base se ubica la Cueva Helada de Fenés, a la que tenemos que llegar atravesando una pequeña pedrera, por la que avanzamos siguiendo un sendero que en fuerte ascenso, va describiendo pequeñas lazadas que nos permiten sin mucho esfuerzo alcanzar la base de una placa, en la que practicamos la adherencia para llegar a la boca de la cueva, en la que comprobamos como se mantiene la nieve e incluso en el interior una gruesa capa de hielo, siendo con un desarrollo de 60 metros, la cueva helada situada a menor altitud del Pirineo.

Aprovechando el frescor de la cueva, hacemos una larga pausa para comer algo, echar un trago y comprobar las existencias de agua, que observamos como se van agotando. A Carlos apenas le queda un cuarto de litro, por lo que decide escarbar un poco en la nieve helada, para llenar parcialmente con nieve una de las botellas vacías que utilizará en caso de emergencia, ya que solo hemos visto agua en un pequeño arroyo a la entrada del bosque.

Aunque bajo la protección de la cueva estamos la mar de bien, el tiempo se pasa, así que recogemos todo y destrepamos la placa comprobando como las zapatillas se adhieren a la caliza, alcanzando rápidamente la pedriza por la que descendemos dirección Norte/Este hacia el Tozal del Cebollar, siguiendo un claro sendero que nos deja a los pies de una barrera rocosa que Carlos prefiere bajar esbarizando.

Unos metros más adelante, alcanzamos la barranquera hacia la que se dirigía el sendero que hemos dejado para visitar la Cueva Helada de Fenéz, junto a la que caminamos por la margen derecha, por medio de una zona mixta de pastos y roca, en el que el sendero a tramos desaparece, teniendo que echar un vistazo al GPS, que nos indica que crucemos a la otra margen para salvar un resalte, pero que preferimos obviar, ya que por donde vamos la bajada es más cómoda al estar más limpia de roca, pudiendo sortearla caminando.

Ya en la parte inferior, atravesamos por medio la barranquera, hasta que el sendero reaparece y nos encamina hacia una planicie en la que vemos varias bolas de sal dejadas para el consumo de los rebaños que pastan por la zona, lo que nos hace pensar que habiendo sal aquí, el agua no andará lejos!.

Pensando en el líquido elemento, continuamos ahora ya por un claro sendero, donde no tardamos en oír un ruido que se nos hace familiar … el agua, que vemos como discurre con fuerza entre las rocas por debajo del Tozal del Cebollar, que consultando el mapa indica que se trata de la Fuente del Cebollar, de la que mana un agua fresca y cristalina, que al salir de un manantial nos asegura que no estará contaminada por el ganado, que alegría!

Al pie de la fuente nos refrescamos, bebemos hasta saciar la sed y reponemos agua, porque a pesar de que en kilómetros no estamos muy lejos de la pista de Bujaruelo, todavía nos quedan casi 700 metros de desnivel por un terreno desconocido, hasta cerrar la circular.

Tomando de referencia el curso que forma la Fuente del Cebollar, decidimos bajar directos hasta llegar a la altura de la barranquera donde el track que llevamos nos indica que debemos descender por ella, aunque desde aquí vemos como a mitad del descenso, hay un resalte que cuando estemos a su altura no sabemos si podremos destrepar, por lo cual intentamos buscar otras opciones.

Mirando al Este, vemos que el sendero por el que hemos descendido a tramos reaparece, así que como no tenemos nada que perder, caminamos por el prado hasta enlazar con el sendero, que un poco más adelante esta balizado con un hito, que marca un giro hacia el Norte, para acercarnos hasta la margen derecha de la barranquera, por la que descendemos paralelos a ella sin mayor complicación que ir atentos de no tropezar con las piedras, llegando a una pequeña planicie donde están las dos losas que apuntan hacia el cielo, en la que cerramos la circular.

Ahora tan solo nos queda desandar nuestros pasos, siguiendo el curso de la barranquera por un claro sendero que desemboca en el barranco del Turbón, que vadeamos para acto seguido adentrarnos en el bosque inicialmente de pinos, donde realizamos un breve descanso para quitarnos las gorras, gafas y echar un trago de agua.

Después, Carlos se adelanta mientras yo ralentizo el paso porque las rodillas empiezan a pasarme factura, así que poco a poco voy desciendo por el bosque donde los pinos dan paso a un frondoso bosque de hayas en el que la luz desaparece, por el que voy con cuidado ya que la pronunciada pendiente me hace “ver las estrellas”.

Cerca del final, me cruzo con un grupo que sube paseando con los perros (las únicas personas que nos hemos encontrado en todo el recorrido). Cuando pasan unos minutos de las 10 horas, salgo a la pradera por la que camino hasta alcanzar la pista de Bujaruelo en la que me espera Carlos, dando por finalizada está magnifica ascensión al pico Otal, donde recogemos todo poniendo rumbo a Zaragoza porque se nos ha hecho muy tarde.

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