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Distancia

12,16 km

Desnivel positivo

1.149 m

Dificultad técnica

Moderado

Desnivel negativo

1.149 m

Altitud máxima

817 m

Trailrank

96 4,9

Altitud mínima

242 m

Tipo de ruta

Circular

Tiempo

4 horas 19 minutos

Coordenadas

852

Fecha de subida

19 de julio de 2017

Fecha de realización

julio 2017
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817 m
242 m
12,16 km

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cerca de Camarmeña, Asturias (España)

Subida por el fonicular ,8 minutos tarda en Recorrer 2,2 kms.es la linea recta ,en el trak,rs caro pero a los peques le encanta mas que uno,adultos unos 18€ ida,
ida y vuelta 22,
niños ida y vuelta unos 7 € redondeando,
la bajada, la vuelta despues de recorrer el pueblo, por el sendero, La Canal de Texu, la realizamos.
Paseo por el pueblo de arriba ,el Castillo y por el de abajo la Villa.
Una joya visitar ver esta pequeña aldea pueblo,que hoy en dia casi el 70'porciento son restaurantes ,recomiendo las vistas desde el restaurante mirador del pueblo de arriba,vistas del paso del tejo ,la senda que sube.
Hasta el año 2001, únicamente se podía acceder a Bulnes por un sendero. En la actualidad, los vecinos disfrutan de un funicular, cuyo uso es también turístico. Este tren de cable, que discurre por un túnel rectilíneo de 2227 metros, atraviesa las calizas de los Picos de Europa, más concretamente, las entrañas de la Peña Maín. Desde el año 2001 hace regularmente el trayecto entre Poncebos y Bulnes.

El acceso a pie, el habitual de los habitantes de Bulnes hasta la construcción del funicular, se hace por una marcada senda a través de la Canal del Tejo, que serpentea en continua subida. Desde el puente de la Jaya, al lado del cruce de Poncebos, y hasta el mismo Bulnes, hay más de 400 metros de desnivel, con pendientes que llegan a alcanzar el 18 por ciento. El camino está jalonado por unas impresionantes paredes cortadas en vertical, entre las que destaca el Murallón de Amuesa. El camino -1 hora y 15 minutos de subida- discurre al lado del río Tejo, de aguas cristalinas
Bulnes ,Camarmeña
Bulnes es el único pueblo de Asturias al que puedes llegar a través de un tren cremallera. Pero también puedes hacerlo, y es una forma muy auténtica y recomendable, tal como lo hicieron durante cientos de años sus habitantes: por la Canal del Texu.

Ruta de la Canal del Texu ©Mampiris

Esta canal reúne todas las características de los senderos propios de los Picos de Europa. Empinada, de suelo rocoso calizo y zigzagueante, y con las aguas del río Tejo como telón de fondo sonoro y a veces visual.

Salvado el desnivel de la Canal del Texu, el regalo es inmejorable: el pueblo de Bulnes, con su cementerio de montañeros, su iglesia, su puente sobre el río, sus calles empedradas, sus casas engalanadas con flores, sus chigres a pie de río, donde corre la sidra y se degusta el mejor queso Cabrales. O su barrio alto, conocido como El Castillo, con preciosas vistas de todo el valle y de una parte de la Canal que acabas de ascender.

Mirador del Picu Urriellu en Bulnes ©Mampiris

Además, a escasos metros de Bulnes de Abajo, y tras otra pequeña ascensión, un espectacular mirador del Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes.

En definitiva, la ruta de la Canal del Texu es un camino de ida y vuelta que te dejará el mejor recuerdo montañero…

Mas info..
2020 Enero...
asturias.com
0

Bulnes, corazón de los Picos de Europa
Última parada: Bulnes
Actualizado el 23 diciembre 2020

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Hasta hace bien poco tan sólo se llegaba a Bulnes por un sendero serpenteante, tallado entre rocas de extraordinaria belleza. Solía existir un tráfico escaso de humanos y mulas con víveres y enseres, también el correo recorría habitualmente este trayecto. Una ruta que apenas tenía función alguna en invierno, cuando quedaba oculta entre la nieve y se precisaba de un helicóptero para alguna que otra urgencia o necesidad vecinal.

Funicular a Bulnes
Ahora, al que fuera último pueblo sin acceso rodado de Asturias se puede acceder bajo tierra en apenas siete minutos. Esto es posible gracias a los servicios de un funicular que se mueve a unos 22 kilómetros a la hora por un sistema de tracción por cable sobre vía.

Bulnes ha quedado a tan sólo dos kilómetros de distancia de la localidad de Poncebos, unido por un túnel subterráneo que atraviesa la Peña Maín.

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Qué ver en Bulnes
Bulnes merece una visita por muchos motivos, sea en funicular o a pie. Nosotros proponemos, por belleza paisajística y disfrute del senderismo, el clásico camino de montaña que usaron sus vecinos durante toda la vida y que apenas conlleva riesgo alguno, ni sobresaltos inesperados. El camino, eso sí, aparece ante nosotros empinado a las primeras de cambio. En la aldea se respira una atmósfera inusitada, una realidad rústica en la que apenas se dejan ver una decena de vecinos, y un buen número de casas asturianas, muchas en ruinas, incluida su parroquia. El pueblo que ahora ve reforzados sus servicios turísticos goza de algún bar popular, que no populoso, donde comer una buena fabada y algún que otro alojamiento para pasar la noche.

Hace tiempo había en las inmediaciones un lugar de acampada donde solían acudir los amantes de la naturaleza y también los del riesgo, pues Bulnes sirve de antesala al famoso Pico Urriellu (Naranjo de Bulnes), un reto clásico para alpinistas de toda la península. El pueblo está encaramado a unos asequibles 649 metros de altura, pero circundado por cumbres poderosas de 1.600 metros de altitud. Las nuevas posibilidades de alojamiento, y alguna comodidad extra predisponen ahora a otro tipo de estancias más cómodas a las que aquí no vamos a quitar ni méritos ni motivos. Simplemente es el deseo de Desdeasturias.com, como el de muchos otros asturianos amantes de la zona, que el uso y disfrute de este enclave natural conlleve en todo momento el respeto a sus pobladores y al hábitat existente. No se debe pasar por alto que esta aldea, en la que llegaron a vivir más de 50 personas, fue fundada por pastores que un buen día decidieron vivir permanentemente en este lugar, renunciando a demasiadas cosas. De esta forma no se puede llegar a Bulnes de forma irrespetuosa, rompiendo una forma de vida asumida por los montañeses, ni maltratando un paisaje que ellos cuidaron durante décadas.



El Canal del Texu
Hemos aparcado nuestro vehículo en la localidad de Poncebos, a escasos siete kilómetros de Arenas de Cabrales. La pista montañesa que aquí comienza no tiene nada que envidar a otras rutas clásicas de la montaña asturiana como la conocida Ruta del Cares que también tiene inicio en Poncebos. El trayecto a Bulnes es mucho más corto, pero apenas llanea y cuenta con la dureza justa para ir y volver, sentirse un tanto cansado y muy satisfecho por el recorrido. Es apto para todas las edades y no requiere una forma física especialmente atlética. Desde el puente de la Jaya, al lado mismo del cruce de Poncebos, y hasta al pueblo de Bulnes habremos ascendido más de 400 metros de desnivel, con pendientes que llegan a alcanzar el 18 por ciento. La ascensión es casi continuada por una vía embaldosada de viejas piedras, pulidas armónicamente por la metereología y los caminantes a lo largo de muchas décadas. En algunos tramos la roca llega a formar escalones a medida construidos pacientemente por la erosión, sin empastes ni más material que la roca misma. Enfrente vemos lo que popularmente se conoce como el Murallón de Amuesa. Igual de vertical y sorprendente que la Peña Maín que vamos bordeando, por una garganta abrupta y espectacular sobre el río Texu, un canal que lleva el mismo nombre del río y que separa ambas moles naturales.

El camino se prolonga cuatro kilómetros, una hora y media de camino que al final se va tornando llano y desemboca en una especie de valle coqueto y minúsculo en el que se inscribe Bulnes, como un descansillo menor para seguir ascendiendo en la escalera gigantesca que sube hacia las montañas más altas.

A un lado vemos, en un pequeño cerro, Bulnes de Arriba, más adelante: Bulnes de Abajo, unidos por el mismo camino. Son dos barrios que también son conocidos como el Castillo y la Villa. Durante el invierno viven del ganado y en verano del turismo y la afición a la montaña. La entrada a la villa la realizamos por su cementerio y la derruida casa rectoral, posiblemente el edificio con aire más noble del pueblo. En un lateral del cementerio encontramos la capilla que guarda la Virgen de las Nieves, la patrona del pueblo a la que se dedica la fiesta por excelencia de la localidad, a principios de agosto.

Un arroyo deja dos partes simétricas de la aldea a ambos márgenes: viviendas,albergues, alguna tienda, bar, tenadas que guardan todavía alimento para el ganado y cuadras. Las callejas tienen un firme natural, son calizas igual que la montaña, lo mismo que la mampostería de los muros que cercan los prados.

Una vez aquí sólo queda disfrutar de buena compañía o dedicar el resto del día a la contemplación, que es mucha. También puede ser que nos animemos a dormir para iniciar alguna de las varias rutas de alta montaña que nos propone, casi incita, el lugar.
https://asturias.com/bulnes-picos-de-europa/
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Mas info.


El Comercio
Sociedad
El día que la vida cambió en Bulnes
Aniversario. El próximo 17 de septiembre se cumplen veinte años de la inauguración del tren cremallera que unió el último pueblo sin carretera de Asturias con Poncebos y el mundo
Interior del funicular que recorre por el interior de Peña Maín una distancia de 2.227 metros en ocho minutos, a una velocidad de 5 metros por segundo. / FOTOS XUAN CUETO
Interior del funicular que recorre por el interior de Peña Maín una distancia de 2.227 metros en ocho minutos, a una velocidad de 5 metros por segundo. /
FOTOS XUAN CUETO

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA
Domingo, 6 junio 2021, 16:10

Apenas una semana antes, los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York habían cambiado el mundo, pero los habitantes de Bulnes recuerdan más nítidamente aquel 17 de septiembre de 2001 en que la llegada del funicular cambió la vida del pueblo para siempre. «En realidad de lo que más nos acordamos es de cómo teníamos que subir hasta ese día», coinciden en observar varios vecinos cuando están a punto de cumplirse los veinte años de la entrada en funcionamiento del tren cremallera que les conecta con Poncebos y el resto de Asturias a través de un túnel de 2.227 metros excavado en las entrañas de la Peña Maín. El trayecto actual, de ocho minutos, a una velocidad de 5 metros por segundo, los lleva irremediablemente a evocar la penosa travesía que muchos de ellos y generaciones de bulniegos debían de recorrer caminando por la Canal del Texu. Recién estrenado el siglo XXI, su lugar natal era el único núcleo habitado de la región sin acceso por carretera.


Arantza Martínez tenía once años cuando se inauguró el funicular en el que trabaja desde hace trece. A sus treinta y ún años, es una de las 'veteranas' en la plantilla, formada por jóvenes de la zona como ella. Reside en Arenas y de aquel día guarda memoria del ambiente festivo que se vivió en Bulnes, el pueblo de su familia. Hoy está contenta de tener un empleo estable al lado de casa y de los suyos. A escasos metros de la salida de la estación, su madre y su tía cocinan en dos de los restaurantes de La Villa -el barrio de abajo-, y poco más arriba, en El Pueblu, viven sus abuelos Hortensio Mier y Rosa Guerra. «Hombre, claro que nos cambió la vida, fue una ayuda muy grande», afirma el primero con rotundidad y su mujer matiza: «Más nos hubiere cambiao si hubieran hecho la carretera, pero dentro de lo que hay, é verdad que fue un aliviu». La lucha por conseguir un acceso viario que mantuvieron los vecinos durante décadas sigue siendo una espina clavada en la mayoría de ellos, aún cuando reconozcan los beneficios que ha traído la actual alternativa. Así lo expresa Rufino Mier, alcalde pedáneo, curtido en bregar con las distintas administraciones durante años: «Lo mejor habría sido la carretera, pero como eso no daba dinero para amortizarlo hicieron esto para explotación turística. Lo que trajo é claro. Ahí están las 120.000 personas que vienen a Bulnes. Pero esto cierra a las ocho de la tarde desde junio hasta el Pilar y el restu del añu a las seis estás encarceláu, aunque siempre haya alguien de guardia por si surge un problema pa un vecinu o un turista. Los dos vecinos que somos ganaderos podemos subir el forraje y los piensos en el vagón de carga, aunque en unos cuantos viajes. Mejor era que nos lo subiera un camión, pero é lo que hay», opina.


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Rubino Mier, alcalde pedáneo de Bulnes y ganadero, con el tractor con el que viaja en el vagón de carga.

Además de la cifra de visitantes citada por su alcalde o reconocimientos como la reciente incorporación de Bulnes a la red de Pueblos Más Bonitos de España anunciada en Fitur, el balance positivo de estas dos décadas para la localidad nadie parece ponerlo en duda. El cambio de vida a mejor tiene aquí nombre y apellidos. Alberto Fernández, propietario del restaurante Mirador de Lallende, exhibe en su local viejas fotografías familiares: en una de ellas su abuela Esperanza lo sostiene en brazos y en otra su abuelo Rafael conversa con un grupo de montañeros, ambos eran pastores -como la práctica totalidad de sus vecinos- y su casa es hoy el negocio que abrió el 5 de agosto de 2016, la fiesta de la Virgen de las Nieves. Nació aquí, se crió con una tía en Arenas, emigró de joven a Alemania y tras regresar, se quedó en el paro. «Me decidí a levantar esto por el funicular y sigo abierto gracias a él y a una ayuda del banco que aún estoy pagando. El turismo aquí te da para vivir. Sin el funicular, de veinte casas que hay ahora no sé si quedarían cuatro o cinco, porque todas estas que ves por aquí -señala desde la terraza del bar a las ruinas que lo rodean en El Pueblu- un día tuvieron tejáu y gente que vivía en ellas».

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Primer viaje oficial, el 17 de septiembre de 2002. En el centro, el consejero de Infraestructuras José Ramón García Secades. /
E. C.

Abajo, en La Villa, sentada a una mesa del bar restaurante Bulnes, Mercedes Mier encarna a otro de esos cambios vitales producidos por la llegada del tren cremallera. «A los pocos días de inaugurarse volví de Canarias donde tenía mi trabajo para hacerme cargo de este negocio que mis padres tuvieron toda la vida. Si no, habría seguido fuera, porque no quería que mis hijos conociesen lo que yo viví en carnes. Ahora tengo a mi hijo Sergio trabajando conmigo», relata. De aquellos días, evoca una anécdota con la que ilustra décadas de desconfianza de los bulniegos a los responsables de la administración: «El consejero de turno había prometido que en navidades traerían el turrón en el funicular, y efectivamente, en nochebuena subieron cuatro políticos con turrón, lo dejaron y se volvieron a marchar. Se armó la de San Quintín, como es normal», rememora. La hostelera reside en el pueblo durante todo el año y manifiesta que, aunque el nuevo medio «solucionó muchas cosas y no cabe duda de que el turismo es bueno para Bulnes y se puede vivir de él, no es el transporte ideal para el día a día, sobre todo por la restricción de horarios. Y seguimos teniendo muchas carencias: falta de limpieza y arreglo de los caminos, el tramo de salida de la estación está intransitable para personas y tractores, lo mismo el puente de madera por el que se accede al pueblo, no hay señal de teléfono y la cobertura de internet es mala». Sobre esto último avisa con humor a sus clientes un cartel sobre la barra: 'No tenemos wi-fi. Hablen entre ustedes'.

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El electricista llanisco Bruno Cué, maquinista del funicular de Bulnes, enla sala de mandos.
Adolfo Campillo nos muestra el otro puente de madera que cruza el río Texu. Lo construyeron él y Sergio, el hijo de Mercedes Mier. Corredor de maratones de montaña con un amplio medallero, decidió hace cuatro años transformar una antigua casa familiar en albergue. «El funicular trae a muchísima gente y vi que podía tener futuro si lo trabajaba yo. Hubo que hacer una inversión buena porque si abajo te cuesta 50.000, aquí son 80.000 o más. Preparo los desayunos y cenas para los clientes y por el día vendo bocadillos y refrescos a la gente que viene. Estando uno solu se saca para vivir, aunque ahora con la pandemia, de dieciocho plazas que tengo, solo puedo meter un 30 por ciento», detalla. Al igual que otros vecinos y hosteleros bulniegos lamenta las deficiencias visibles en el inicio de la temporada de verano como el estado del puente de madera principal con un boquete abierto en el entramado o el tramo de pista a la salida de la terminal: «Es un peligro tanto para los turistas, sobre todo si viene alguien en silla de ruedas o con un coche de bebés, como para nuestros tractores. Los caminos están también muy abandonados», denuncia. En cuanto al servicio del funicular expone una propuesta compartida por otros negocios de alojamiento: «Debería hacerse una especie de bono o precio especial para la gente que se queda aquí y que no tuvieran que pagar el billete completo cada vez que suban y bajen. Tal como está solo tenemos reservas de una noche, si se quedan más tou son problemas para ellos», afirma.

José Manuel Martínez señala en la fotografía a su madre, Guillermina Mier, en la que ambos saludan al entonces ministro Francisco Álvarez-Cascos.
Entre las razones que llevaron al joven deportista a abrir el albergue Villa de Bulnes, admite el peso de ser nieto de Guillermina Mier, la llorada pionera del turismo rural en la zona. Su ausencia se nota y duele especialmente en el negocio que fundó hace más de medio siglo con su marido Rafael, el bar y albergue Casa Guillermina. Al frente de él, su hijo José Manuel Martínez, se emociona al mostrar la foto en la que la matriarca, junto a él, saluda al entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, el día de la inauguración del funicular. De lo que aportó al pueblo es categórico: «Cambió muchísimo todo, gracias al turismo tamos aquí. En tiempos de mi madre la vida era dura, por eso aquí tamos acostumbraos a lo bueno y a lo malo. Esto fue siempre un hospital pa montañeros, los vecinos socorríanlos a todos. La pena é lo abandonáu que está. El pueblu más guapu d'España y unos por otros, no se cuida nada», se queja. Guillermina, desde otra de las imágenes que cuelgan en su casa, parece suscribir las palabras del hijo. Se fue un 20 de septiembre de hace tres años. En este de 2021 muchos en Bulnes la recordarán al celebrar el aniversario del día en que llegó el tren del futuro aquí.

TEMAS Bulnes, Asturias, Turistas, Funicular De Poncebos A Bulnes
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