Tiempo  2 horas 29 minutos

Coordenadas 1008

Fecha de subida 8 de octubre de 2018

Fecha de realización septiembre 2018

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400 m
313 m
0
0,9
1,9
3,72 km

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cerca de Vegas de Tegoyo, Canarias (España)

Por fin fui a las Canarias, y la primera isla que quería conocer era Lanzarote por varios motivos. Mi hija había estado dos veces, la primera en su viaje de novios. También habían ido más familia y amigos, y todos me hablaban maravillas de la isla. Nos decidimos, planifiqué todos los días de nuestra estancia y me sobraban horas para hacer senderismo y adentrarme por ese paisaje increíble, espectacular y único que son los volcanes de Lanzarote.

Las rutas ya las tenía grabadas en mi móvil, así que no me costó nada encontrar el camino para la aproximación. Me acerqué hasta Tinguatón, y poco antes de llegar torcí por una pista a la izquierda, cogiendo a su vez el siguiente camino de la izquierda. Era una pista ancha y polvorienta. A mi derecha, y porque lo he visto después en mapas, me quedaba Montaña Coruja, o del Cortijo como dice Google y Montaña de los Rostros. La pista iba recta hacia la Montaña de la Peña de Santa Catalina o de los Rodeos como está bautizada en Google. En esta última, a la otra vertiente tiene una pista de color rojo que conduce hasta su cumbre.

Cuando llegué hasta su base, vi que la pista continuaba por su margen derecho. No era tan buena como la anterior, pero yo seguí y seguí. Sin darme cuenta me había pasado de camino y llegué hasta el inicio de aquella pista que llegaba hasta la cumbre. Miré alrededor y vi una pista algo evidente que se acercaba más a la base de la Caldera de la Rilla. Subí al coche, y bajando un buen trecho, torcí a la izquierda por esa pista ya más difícil y cubierta de piroclastos o lapilli, hasta que se acabó. Hice las maniobras necesarias y puse el coche aparcado y en dirección contraria, ya puesto para volver por el mismo camino. Esta decisión me ahorró bien, bien, un par de kilómetros de andar. ¿Porqué lo hice así en vez de ir andando como hacen otros? Iba justo de tiempo y quería llegar al mediodía a la villa donde estábamos alojados.

Cogí mis palos de senderismo y me puse en camino. No hizo falta ver la ruta por el GPS, la ruta es evidente por el paso de senderistas y porque no hay otro lugar donde pisar. Si te sales del camino todo son bloques cortantes de lava negra imposible de ser pisada. El camino está en la base misma y rodea todo el volcán. Lo más curioso es que al pisar el lapilli hace un ruido muy característico que te acompaña todo el recorrido. Es un cric, cric, continuo que, en mi imaginación lo transformaba en palabras que me decían: “Vaig fent, vaig fent, vaig fent”.

Al llegar a su lado oeste hay un ligero ascenso hasta llegar al punto más bajo de la cima que circunda el cráter, me encontraba a 385 metros. El coche lo había dejado a unos 325 metros de altura.

Empecé a rodear todo el cráter, abajo del mismo, en su interior a unos 60 o 70 metros por debajo mío, estaba el final. Se veía una gran planicie con grietas y algo abombada. Da la impresión que aquello fue magma ardiendo que al enfriarse quedo su superficie con aquella forma. Por su tamaño me imagino que debe ser como diez campos de tenis irregulares.

Di la vuelta a todo el cráter. En su totalidad tiene casi un kilómetro de circunferencia. En una de las paredes de su interior se veían trazas de haber pisadas. Lo que no vi claro es cómo bajaron desde arriba hasta llegar a la zona de las pisadas. No debe ser un terreno muy seguro que digamos. En la mayoría del recorrido todo era bastante vertical y peligroso. Era mejor no asomarse justo al borde mismo por si acaso.

Conforme iba dando la vuelta al cráter me percaté que sus paredes interiores no todas eran del mismo color. Las que estaban orientadas al sur tenían un color amarillento, las otras eran más rojizas. Fijándome bien, me di cuenta que el color amarillo era debido a unos líquenes que, curiosamente, están orientados hacia el sur. Al contrario que en nuestra zona de montaña, donde los líquenes de rocas y árboles están orientados al norte.

Cuando estaba al lado contrario por donde ascendí, vi que habían subido cinco o seis personas. Uno de ellas tenía todas las trazas de ser un guía porque todos estaban alrededor de él, como escuchando sus explicaciones.

Desde allí arriba el paisaje era fenomenal, al sur veía el volcán abierto de Montaña del Señalo, con su cumbre rajada mira al norte, donde yo estaba. La parte final de la montaña tiene un llamativo color rojizo. Las laderas abiertas de los volcanes son por derrumbe de la pared del cráter por donde, imagino, salían las coladas de lavas que inundaban todo a su paso. Es ese mar de lavas que tanto impresiona al verlo y que es imposible atravesarlo a pie por muy buen calzado que lleves.

Continué dando la vuelta a la cima del volcán. A veces pisando un senderillo de lapilli que da la sensación que no te aguante y te vayas ladera abajo. No da sensación de peligro, aunque tenga un ángulo de 45 grados. Al fin y al cabo, las laderas tienen la forma de cono típico de un volcán. Algunas veces ese camino estaba más cerca del cráter, otras, se alejaba algo más de uno o dos metros. En una ocasión vi salir una ave del interior del cráter volando hacia abajo lo que me pareció un halcón. No lo vi bien, pero era grande y con plumas manchadas. No tuve tiempo de fijarme.

Desde allí arriba vi a lo lejos el color rojo resplandeciente de mi coche aparcado. Bastante más lejos una forma blanca que me pareció una furgoneta que debía ser de las personas que vi en la cima. También se veía a lo lejos el pueblo de Yaiza y el de Uga, y el valle de Fena. Más cerca está el volcán del Cuervo, donde estuve el domingo 23. Curiosamente en mis dos excursiones a los volcanes, fueron los dos primeros que que en 1730 erupcionaron.

Todo el paisaje es impresionante y espectacular, llamándome mucho la atención las preciosas zonas de lapilli con sus escasos arbustos. Parecen un jardín bien cuidado donde hay algunos surcos por haber sido hechos por las pisadas de humanos. Entre el Volcán de El Cuervo y la Caldera de la Rilla, hay una elevación cubierta toda ella de este fino manto en medio de la caótica lava que se ve por todas partes donde alcanza la vista. Debió ser un volcán pequeñito que tan solo escupió ese adorno de jardín. Del resto se encargaron sus hermanos mayores.

Continué mi camino hasta que llegué al punto donde empecé a dar la vuelta al cráter. Bajé hasta alcanzar el sendero donde inicié la subida y seguí dando la vuelta a la base del volcán para cerrar todo el círculo.

Hubo un punto en que parecía que el camino se bifurcaba, no era muy evidente, pero si hubiese ido recto habría salido a la base de donde dejé el coche en primer lugar, así que tomé lo que parecía el sendero de la izquierda y, siempre pisando el lapilli o piroclasto en franca bajada, incluso hundiéndome algo los pies, llegué a ver el coche y comprobé que no me había equivocado de ruta.

Pero tuve una sorpresa mayúscula muy desagradable cuando vi el coche. Tenía pinchada la rueda derecha delantera. ¡Qué suerte la mía! Allí me encontraba solitario en medio de la nada y sin nadie a quien divisar. Toda la ruta la hice solo, únicamente vi dos ciclistas en la otra pista que subía donde dejé el coche la primera vez cuando llegué. Pero donde yo estaba no iban porque era imposible rodar para una bicicleta, se hubiesen hundido las ruedas como si fuese arena de playa.

Tampoco tenía cobertura de móvil. En según qué sitios no alcanza por los desniveles y porque no hay repetidores de telefonía. Así que me puse a cambiar la rueda.

Esperaba que tuviera rueda de recambio. Levanté la tapa del maletero y vi allí una rueda nueva e inflada. Por comparación, la rueda pinchada nunca había sido cambiada desde que salió de fábrica el coche, unos 73.000 km. Estaba desgastadísima y cuarteada y apenas tenía dibujo. Vi que también había un gato y una manivela que estaban limpísimos, como s nunca se hubiesen hecho servir. Me puse manos a la obra.

No podía avisar a mi esposa y decir qué me había pasado. Para agacharme y colocar el gato hube de poner las rodillas en aquel suelo lleno de lapilli. No me importó que se me clavaran en las rodillas y me las pelaran. Hacía años que no había cambiado una rueda y me costó mover los dos primeros tornillos de lo duros que estaban. Los otros cedieron y al final, con bastante esfuerzo, también cedieron los dos primeros.

Yo estaba sudando de verdad, no hacía mucho calor, pues trabajar bajo aquel sol era demasiado para alguien que no está acostumbrado a hacerlo. Coloqué los tornillos, el embellecedor, guardé las herramientas, y todo eso lo hice en 25 minutos, todo un récord para mí.

Procuré salir rápido de aquel laberinto rogando que no tuviera otro pinchazo. Llegué a la carretera y al tener otra vez cobertura llamé a mi esposa y se lo expliqué. También llamé al restaurante Mar Azul de El Golfo para reservar mesa, les pedí la mesa a primera línea de terraza junto al mar. Me dijeron que me la guardaban si llegaba antes de las dos. Como era la una de la tarde, decidí no ducharme, lavarme la cara, recoger a mi mujer e ir a comer.

En total estuve 1 hora y 10 m en movimiento, para un total de casi 2 horas.

La distancia que recorrí fue de unos 3,5 km, y el desnivel fue de unos 100 m aproximadamente.

El recorrido es muy fácil. Eso sí, se ha de ir bien calzado y si es bota mejor que zapatilla. Más que nada porque si se te mete el pequeño lapilli en el calzado, te lo has de quitar de seguida. Molesta una barbaridad.
Foto

340 1022

El único mojón evidente. Tampoco hacía falta.
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344 1028

Lapilli o piroclastos
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345 1035

Camino que rodea la base derecha del volcán
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348 y 350 1040

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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351 1045

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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356 1057

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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360 Y 8489 1104

Interior del cráter
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367 y 368 y 8496 Y 8497 1124

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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369 Y 8500 1131

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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374 1145

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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376 1151

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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380 381 1215

Pinchazo rueda, antes y después
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8494 Y 8495 1117

Caldera de la Rilla (Lanzarote) 002
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8498 1129

El coche herido (pinchado), y yo sin saberlo, en el camino

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    Si quieres, puedes o esta ruta