Tiempo  5 horas 55 minutos

Coordenadas 1349

Fecha de subida 8 de abril de 2019

Fecha de realización abril 2019

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1.936 m
1.178 m
0
3,0
6,0
12,04 km

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cerca de Cercedilla, Madrid (España)


Marcha realizada el sábado 6 de abril de 2019
Aunque no hay una buena previsión del tiempo y se puede decir que “nieva sobre nevado”, que buena falta hacía; hemos decidido celebrar las 500 marchas subidas, haciendo una ascensión invernal y circular por esta impresionante atalaya de descarnado granito, que se eleva hasta casi los dos mil metros. Realmente La Peñota está compuesta de tres cimas, aunque en realidad podríamos hablar de cuatro, ya que la principal es una cumbre con dos puntas gemelas, en una de las cuales se encuentra el vértice geodésico. Este impresionante macizo granítico se alza de Oeste a Este en lo alto de un cordal, que en realidad continua hacia el norte, pasando por la Peña del Águila, el Collado de Marichiva, Cerro Minguete, hasta llegar al mismísimo Montón de Trigo. La Peñota, que es como se conoce actualmente, en el pasado recibió otros topónimos: Tres Picos, Gibraltar y Pico Carpentier. Los dos primeros y más antiguos corresponderían a sus características morfológicas. El tercero es el más reciente y es un homenaje al naturalista Alejandro Carpentier que vivió en el siglo XIX. De los tres caminos más conocidos que llevan a la cima de La Peñota: desde Cercedilla por su vertiente meridional, desde el río Moros por su lado norte y partiendo del puerto del León, ni que decir tiene que este último es el menos trabajoso, pero también es el más largo; mientras que los desniveles a salvar, tanto desde el río Moros como desde Cercedilla, son considerables.
En cuanto a la dificultad, en más de una guía de montaña se puede leer que la ruta no tiene demasiadas dificultades y que discurre en todo momento por un camino franco y bien señalizado por hitos y marcas de pintura sobre las rocas, por tratarse de un tramo del sendero de gran recorrido GR-10, cuyas señales han sido repintadas recientemente. También dicen que el paso bajo las cimas de La Peñota tiene algunas breves trepadas sobre las rocas, lo que exige una buena forma física, y lo que en invierno puede comportar peligro por las placas de hielo. Pues bien, en nuestro caso y debido a la dirección que llevábamos tenemos por delante menos trepadas que destrepadas, lo que aumenta la dificultad estando la roca como estaba. Creo que para los amantes de la montaña esta es una ruta imprescindible, que hay que hacer en condiciones favorables, pero que no hay que perderse con nieve y hielo. Las sensaciones y emociones que se viven en este espectacular macizo rocoso son producto de la cantidad de neurotransmisores que el cerebro genera en dichas circunstancias, y que sólo al final se pueden procesar con la calma y el sosiego suficientes. Para ello será necesario un buen calzado, y equipo contra el frío, nada de vértigo por los pasos aéreos que se salvan sin mayor dificultad, y la necesaria experiencia en la montaña como para tomarse las cosas con la calma que se requiere; y baste como ejemplo que en recorrer el tramo más escarpado y delicado de las tres cumbres, que no sobrepasa el kilómetro, nosotros echamos poco más de una hora. Eso sí disfrutando de cada rincón, que se presentaban impolutos y sin huella alguna, además del tiempo empleado en las fotos de rigor.

Nosotros hoy hemos preferido salir desde Cercedilla para coger una de las vías menos conocidas, pero también más directas. Sabemos que hasta la cumbre tendremos que salvar un desnivel de unos novecientos metros en un trayecto que hasta la cumber no llegará a los cuatro kilómetros, y todo ello con un terreno nevado, lo que siempre supone un plus de esfuerzo y desgaste. Salimos desde la parte alta y noroeste del pueblo, muy cerca de las vías del tren, que pasando por Tablada y el Espinar se dirigen hacia Segovia. Rápidamente recorremos los seiscientos y pico metros en los que vamos bordeando una urbanización de Cercedilla por la calle/camino de los Campamentos, para acabar llegando hasta un paso canadiense tras el que vemos una bifurcación. Cogemos por la derecha para dirigirnos hacia una amplia calleja entre muros de piedra. Aquí la nieve hace más acto de presencia que a las afueras del pueblo.

Recorremos el medio kilómetro de dicha calleja, que en realidad separa dos grandes parcelas a izquierda y derecha. Cien metros después, y tras bordear por la izquierda una amplia pradera, que en realidad no es otra cosa que la parte baja del Cerro del Reajo, acabamos llegando hasta la zona conocida como “Los Campamentos”. Como en tantas otras zonas de la Sierra del Guadarrama, este enclave fue escenario de una novedosa tendencia. Aquí se instalaron los primeros campamentos juveniles campestres de España. Fue en 1912, cuando se constituyó la Asociación de Exploradores de España, que durante veinte temporadas acampó en este hermoso paraje, siguiendo las enseñanzas del general británico Robert Baden-Powell, creador de los Boy Scouts. Disuelta aquella agrupación juvenil al acabar la Guerra Civil, la Organización Juvenil Española, OJE, retomó el invento de los campamentos seudomilitares, multiplicándolo tanto en intensidad como ubicaciones por toda la geografía española. Un monolito situado a la entrada de la pradera donde se instalaban las tiendas de campaña recuerda con su inscripción la segunda época: 1940-1965, su segundo periodo de ocupación, marcado por la castrense advertencia. Actualmente y en este mismo espacio se encuentra el centro educativo de montaña, ocio y tiempo libre El Colladito, que situado en la Calle Campamentos 1, tiene vía directa a los diferentes miradores y collados que hay en el Valle de La Fuenfría y en la “Carretera de la República”.

Aunque son varias las opciones desde esta zona de campamentos, nosotros lo tenemos claro, y por eso continuamos de frente, dejando pistas y sendas a izquierda y derecha. En realidad hemos cogido el PR 30, que a los ciento cincuenta metros dejaremos por la derecha, para continuar por un sendero bastante pisado y que entre pinar nevado muy pronto se inclina hacia arriba.

El sendero cada vez se ha ido empinando más y es que desde el citado cruce anterior hasta el mirador, en el que nos encontramos, hemos ascendido casi doscientos metros en un trayecto de poco más de seiscientos metros. No importa un esfuerzo así, si la belleza del paisaje recién nevado nos va acompañando en todo este tramo se subida. En esta especie de mirador empezamos a ver buena parte del Valle de la Fuenfría y de la cuerda que se dirige hacia el puerto del mismo nombre. El pueblo de Cercedilla ya queda muy abajo, allá en el fondo, y es que prácticamente sin darnos cuenta ya hemos hecho la mitad del ascenso.

Con el mismo rumbo oeste que hemos traído todo el tiempo desde los campamentos continuamos subiendo para acabar saliendo hasta el Collado del Rey, tras otros cuatrocientos y pico metros desde el mirador y un ascenso de unos ochenta metros más. Unos setenta metros antes, hemos pasado muy próximos a la cerca de alambre del límite municipal, habiéndonos llamado la atención que los grandes bolos de granito que había al otro lado se encontraban totalmente congelados.

Cruzamos el solitario y un tanto desangelado Collado del Rey, que nos ha recibido y regalado unas cuantas ráfagas de viento con algarazos de una nieve que en toda la subida hacía de vez en cuando acto de presencia en forma granular. Dede el collado seguimos durante ciento y pico metros más por la pista forestal de la Calle Alta, para rápidamente dejarla por la izquierda, cogiendo un senderito que al principio está señalizado con unos cuantos hitos. Aunque la primera parte de este tramo está sin arbolado, es a la altura de la Pradera de Navalcampillo donde empiezan a aparecer buenos ejemplares de pinos, con una buena carga del blanco elemento.
VIDEO 6 ÚLTIMO TRAMO DE PINAR EN PRADERA DE NAVALCAMPILLO

Si el collado anterior se encontraba a unos mil seiscientos metros de altitud, nos queda el ultimo repechón de subida ya que hasta el inicio de la cuerda, propiamente dicha, tenemos que recorrer algo más de seiscientos metros con un ascenso de casi trescientos metros. Queda claro, que desde los campamentos hasta el punto en el que nos encontramos hemos salvado más del ochenta por ciento del desnivel de subida, y todo ello en un trayecto de poco más de kilómetro y ochocientos metros con un desnivel de casi seiscientos metros.

Muy pronto salvamos el límite municipal, que ahora siendo de piedra, supone por un lado el límite con el Espinar, y al mismo tiempo el limite provincial y de comunidad, con Segovia y Castilla-León. A partir de aquí las huellas/pisadas han desaparecido por completo, y es que en toda la mañana, tan solo nos cruzamos con dos senderistas que bajaban ya muy cerca de los campamentos, y otro corredor solitario, que subía, cuando yo hacía un pequeño descanso poco despés del Collado del Rey, y que algo más arriba ya regresaba y me cruzaba con él, nada más haber dado la vuelta en el citado límite municipal/provincial/de comunidad. Hemos hecho un brusco giro a la izquierda para nada más cruzar dicho límite hacia Madrid y sortear esta primera cumbre de 1939 m., recorrer un centenar de metros con rumbo este, para dar un largo rodeo por la vertiente segoviana, y así tras pasar por un monumental serval de los cazadores y siempre tutelados por las señales del GR-10, recorrer un tramo penoso que desciende entre una cerrada vegetación y los bloques cimeros del lado norte, hasta llegar al callejón que separa las puntas gemelas de la cima principal. Para alcanzar el vértice geodésico, que se encuentra a 1.945 metros hay que subir la corta pared de roca que se alza unos quince metros sobre el callejón por el acabamos de pasar. A destacar, que a pesar de lo delicado que está el terreno que pisamos, este primer tramo hasta el vértice geodesico de la Peñota, de poco más de trescientos metros es bastante fácil y llevadero.

El macizo sobre el que se encuentra el citado vértice geodesico lo bordeamos por la izquierda y tras una corta trepada que nos acerca aún más a dicho vértice, pero que nos lleva hasta una especie de balcón, desde el que podemos ver que el siguiente tramo no será un paseo fácil. Y es que tenemos por delante una fuerte bajada hasta el tercer resalte rocoso, en el que debemos salvar, nada más bajar de la Peñota, un espacio de grandes bloques de granito que con la abundante nieve acumulada aquí, junto al hielo que hemos visto debajo de la nieve caída en algunas rocas, nos obliga a extremar la precaución. Salvado ese corto pero laborioso tramo por la parte derecha, volvemos a entrar en la parte madrileña por la parte izquierda o sur de una cresta que para nada se ha acabado, ya que por delante tenemos otro tramo de unos trescientos metros más, en los que nos encontramos, que tras la breve bajada y salvados los bloques y una zona de vegetación, sigue una aérea travesía bajo las paredes de las rocas cimeras. Un nuevo destrepe entre grandes bloques nos llevan bajo el collado que separa la primera de la segunda cima. Una cruz de hierro situada algo más arriba del camino señala el camino que lleva a los 1.920 metros de la tercer y última cumbre, situado a mano derecha, una vez que se alcanza la arista.

Acabamos de salvar el anterior paso, y unos pocos metros más adelante y sin haber recuperado aún el resuello, un segundo paso tan difícil o más que el anterior nos vuelve a poner a prueba. Y es que hemos llegado hasta el principio de otro resalte en el que una gran mole de piedra cierra casi todo el camino. Al parecer, los grandes conocedores de la zona lo asemejan a la cabeza de Anubis, el dios perro egipcio, que pareciera estar sobre la montaña y vigilar este paso obligado, que a nosotros se nos hace de lo más incómodo y angosto, con lo que preferimos hacer una corta trepada por la derecha, para así contemplar el último pero tal vez más exigente callejón de bajada, que entre grandes bloques de granito nos resta para poder empezar a relajarnos.

A partir de esta última parte rocosa de la cresta, que en este punto queda más que claro el porqué habría sido mucho más fácil hacerla en el sentido contrario al que hoy la hemos hecho nosotros, continuamos el medio kilómetro de bajada, que casi siempre junto al muro de piedra o límite, nos resta para llegar hasta el Collado de Gibraltar.

Nada más llegar a dicho collado, el camino se vuelve una amplia y generosa pista con una nieve en polvo recién caída, sobre la que más que caminar nos parece ir flotando de lo fácil y cómoda que se hace la progresión por ella. En todo este tramo desde la bajada desde la Peñota seguimos sin ver una sola huella, lo que indica que a nadie le apetecía pasar los sudores que nosotros en unos cuantos tramos comprometidos, que por supuesto sin nieve y sin vértigo, no constituyen más que un paseo agradable. Frente a nosotros y a no más de trescientos metros ya podemos ver el Cerro del Mostajo, que rápidamente dejamos a nuestra izquierda.

Acabamos de iniciar la bajada desde el citado cerro y aprovechamos para estirar las piernas con zancadas mucho más generosas que las que podíamos dar en la Peñota. A los trescientos metros y pico vemos un hito y una sena que por la derecha se dirige hacia el refugio que hay en la Loma Ardiles, ya en pleno Valle del río Moros. Ciento y pico de metros más adelante llegamos al Collado del Mostajo, y aunque nuestros planes eran continuar un par de kilómetros más por esta fácil cuerda, para una vez alcanzar las Peñas del Arcipreste haber bajado hasta la pista de regreso, el caso es que se nos cruzan los cables y decidimos hacerlo desde el mismo collado ya citado. Una vez más se vuelve a confirma lo de que “no hay atajo sin trabajo”, y es que si los primeros ochocientos metros de bajada se hacen sin gran dificultad, los cuatrocientos metros finales y conforme nos vamos acercando a la pista se vuelven un tanto antipáticos por culpa de la densa vegatación que por momentos nos cierra la progresión. Nos tenemos que reír cuando al finalizar este tramo una cerca metálica, que tenemos que saltar por arriba aprovechando los postes para apoyarnos, aún nos lo pone más difícil. Una vez en la pista y cuando no llevamos andado, de regreso a Cercedilla, ni cien metros nos volvemos a reir (por no llorar), ya que nos encontramos un paso entre la cerca metálica, y otro poco más adelante, en el que ya no nos dan más ganas de reír. Llevamos poco más de seiscientos metros desde que cogimos la pista y cruzamos sobre el arroyo de la Peñota, que por cierto tiene una fuente al lado con un buen caño. El cielo en este momento se ha vuelto a cerrar y empieza a nevar con ganas, aunque en esta ocasión la nieve no es granulada, sino que son copos normales.

Tras otros setecientos y pico metros desde el arroyo de la Peñota, la pista da un fuerte giro a la derecha, pero nosotros la abandonamos de frente para conectar con un sendero que ya no dejaremos hasta llegar a unas fincas de ganado, que a la altura del Carrascal nos acabarán sacando hasta el mismo cruce con paso canadiense por el unas horas antes salíamos desde el pueblo.

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