Tiempo  5 horas 54 minutos

Coordenadas 1642

Fecha de subida 22 de mayo de 2017

Fecha de realización mayo 2017

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2.133 m
1.192 m
0
5,1
10
20,24 km

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cerca de San Ildefonso, Castilla y León (España)

Por el centro de la sierra de Guadarrama me quedan cinco dosmiles que tengo que subir. Ya los hice alguna vez, pero fue hace tanto tiempo que no recuerdo nada. Creo que por aquella época fue cuando los romanos estaban abriendo el paso por la Fuenfría…

Empiezo a subir desde la Granja de San Ildefonso, pasado el palacio, en una zona de chalets.

Cojo la pista que sale desde allí directamente, y que sube de manera bastante brusca. Me pilla un poco desprevenido esto, así tan de repente. Esta pista la usan para transportar troncos de los bosques. A pesar de ser domingo, había un trabajador por allí con un camión, bajando y subiendo.

La pista se va estrechando, y llega un punto en el que no creo que el camión pueda llegar a pasar. Pero esto no para de subir…

En un rato llego al mirador de Tere, un rinconcito muy bien puesto, con su banquito y todo. Supongo que se llama así porque alguien colgó un cartel en un árbol y le puso ese nombre… Me da que no es oficial, pero qué más da.

Más subida, siempre con una ventolera que me empuja hacia abajo. No es un viento frío, afortunadamente, pero hace la subida más dura.

Enseguida me salgo del camino para llegar a otro mirador, el del Poyo Judío. Este nombre es más oficial.

Desde aquí se ve toda la zona de la Granja. Es impresionante lo verde que está todo. Una maravilla de sitio. Sí que supieron elegir bien el sitio para colocar el palacio. Da gusto estar aquí sentado viendo el paisaje, pero las nubes se están poniendo un poco negras, el viento sopla de lo lindo y prefiero continuar, que aún me queda un buen rato de paseo.

El camino empieza a llanear, lo que agradezco. Se abren los árboles. Estoy llegando a la parte alta.

Me encuentro con el Chozo de la Fuente del Infante, una pequeña choza muy bien cuidada, que me imagino que utilizarían los pastores y se ha remodelado en algún momento. En realidad no sé para qué servía, pero casi me parto la cabeza cuando me acerco a echarle un vistazo. Por saltar un murete de piedra que no llegaba ni a medio metro… En fin, gajes del oficio.

Vuelvo a saltar el muro, ahora con más cuidado, y casi sin enterarme estoy en el puerto del Reventón. La última parte es un poco más dura, pero se alcanza sin ningún problema.

Hago un descanso y como algo, junto a un mojón de una sociedad excursionista de hace más de cien años.

Empieza a chispear y me da que me va a caer un chaparrón. Pero no hace frío, así que no me preocupo mucho.

Cuando me dispongo a seguir el camino, subiendo hacia el cerro Morete, me sorprendo por una pareja que viene de allí, bajando al puerto. Llevan un perro que es casi más grande que yo, y… un par de mulos que cargan con mochilas, cacharros y una tienda de campaña. Nunca había visto nada igual. Y el caso es que tiene que ser de lo más cómodo. Te llevan la carga, y cuando te apetece, montas la tienda y a dormir.

Bueno, yo sigo con lo mío. Primero subo a una cota sin nombre, y luego llego al cerro Morete. Toda esta zona está plagada de ruinas de construcciones, supongo que de la Guerra Civil, de las que quedan poco más que un poco de muro, y que ahora pueden servir para vivaquear. Hay muchísimas, a cada paso te tropiezas con una.

El cordal es muy suave. No hay grandes desniveles, y es una gozada el día que hace. Sin sol, algo de fresco, y de vez en cuando caen cuatro gotas que refrescan el ambiente. Me está gustando mucho la ruta.

Después del cerro Morete, donde me cuesta encontrar la cima, por ser tan redondo, bajo un poco y vuelvo a subir para llegar sin problemas a las dos Poyatas.

Empieza a llover un poco más, y me apresuro para llegar al Cerro Claveles, por si esto acaba siendo una tormenta. Esta es la subida más larga, pero no cuesta gran cosa.

Me pongo a subir las piedras de la cima, y cuando llego arriba miro veo que esto no es la cima aún. Es el típico pico trampa que parece que es, pero que no es en absoluto. Me quedan unos cincuenta metros para el cerro… Vaya, eso duele.

En fin, cinco minutos y ahora sí que sí. El último dosmil del día, y yo encantado. Desde aquí se ve Peñalara mucho más abrupta que desde Dos Hermanas, una visión no muy habitual.

Cae un poco más de agua, así que bajo rápidamente al collado de Quebrantaherraduras, que no es el de la Pedriza, aunque se llame igual, y empizo un descenso rápido.

Esta bajada me resultó fabulosa. La más bonita que recuerdo. Senderos, caminitos… Todo árboles, todo verde, la lloviznilla cayendo… Una pasada. Sobre todo la bajada desde la cima del Cerro del Moño de la Tía Andrea. Sí, el nombre del monte es ese, en serio…

En fin, desde Quebrantaherraduras sigo el sendero, todo para abajo, disfrutando todo el camino. En un momento dado el sendero sale a una pista asfaltada, puaj, pero que afortunadamente dura poco. En la primera curva me salgo de la pista y empiezo la subida al Cerro del Moño. Vaya con la subidita, buf, pero tampoco hay que quejarse.

En la cima, unas piedras musgosas donde esperarías ver una reunión de druidas, y la Silla del Rey. Es una piedra tallada donde aposentaba sus reales posaderas Francisco de Asís de Borbón, esposo de Isabel II.

Desde allí se debería ver la Granja, pero los árboles han crecido mucho y no se ve prácticamente nada. Después de un descansito en la silla, inicio la bajada por el lado norte.

Esta bajada es tremenda. Disfruté como nunca. Hay un senderillo que no se debe de usar desde hace muchísimo tiempo, porque está prácticamente desaparecido. A veces lo conseguía seguir, a veces no, daba igual. La bajada es empinada, pero cómoda. El bosque está muy cerrado, no se oye nada salvo los pájaros y los bichos, y no me habría sorprendido si en algún momento se me hubiese aparecido algún duendecillo del bosque. Una gozada total.

Pero todo lo bueno acaba, y al final vuelvo a salir a una pista. Ando un poco hasta la fuente del Chochete, bebo un trago y me salgo de la pista a un senderillo.

Otro tramo bien bonito y agradable, ahora con lluvia un poco más intensa, pero sin llegar nunca a molestar. Sigo por aquí hasta llegar al muro del palacio. El sendero lo bordea, bajando, y continúo por aquí. Un poco más adelante entro en la pista que cogí para subir. Desde aquí es un paseo hasta el coche.

Una ruta verdaderamente agradable. Es verdad que el día que hizo fue perfecto, con nubes y algo de lluvia, pero de cualquier manera toda la parte final merece la pena. Una maravilla.
A pisar asfalto
Alto de los Poyales Este
Alto de los Poyales Oeste
Arroyo Morete
Cerro Claveles

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