Tiempo en movimiento  2 horas 31 minutos

Tiempo  4 horas 21 minutos

Coordenadas 1912

Fecha de subida 3 de febrero de 2018

Fecha de realización febrero 2018

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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1.407 m
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11,87 km

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cerca de Villavieja del Lozoya, Madrid (España)

CHORRERA DE CANCHO LITERO (Villavieja del Lozoya):

Ruta desde el pueblo de Villavieja de Lozoya, con salida en la urbanización Los Llanos, hasta la cascada de Cancho Litero, salto de agua que salva unos 15 metros de desnivel del arroyo homónimo y que visitamos tanto en su tramo superior como inferior (1.55 horas hasta ella, con paradas).

Caminata sencilla de 11,5 km, según la aplicación Wikiloc (10,1 km, según la app del Instituto Geográfico Nacional), por la vertiente sur del puerto Linera, que permite disfrutar de cierta variedad paisajística: robledales, pinares, campas y arroyos. Dos horas y media de marcha sin contar paradas (4.20 horas con descansos).

El punto de salida es la última casa de la urbanización Los Llanos, a las afueras de Villavieja. A 200 metros escasos de ella se cruza, por puente, la vía de tren que comunicaba la capital con los pueblos norteños de Madrid, Riaza (Segovia) y Aranda de Duero (Burgos).

La primera parte del recorrido atraviesa un robledal, siempre por la pista que conduce al puerto Linera, hasta dar con el descansadero y sestil del Raso de la Cruz. A cielo abierto, se disfruta de una panorámica del pequeño valle que conforma el arroyo de los Robles, principal cauce de la zona y afluente del río Lozoya ya bajo el nombre arroyo de la Trinidad (el trueque semántico se produce cuando las aguas alcanzan el núcleo urbano de Villavieja).

Al norte, bajo las cumbres de los montes Carpetanos [intuimos que Lomo Gordo (2.067 m) y no sabemos si Reajo Alto (2.103 m)] , ya despunta, entre la espesura de los pinos, el roquedal Cancho Litero, que cobija la cascada por donde se despeñan las aguas que andamos buscando hoy.

Un cartel explicativo informa del interés natural de la zona, donde se ubicaba la antigua Casa de los Pinos, con una cuadra adosada. Hoy desaparecida, la habitaban el guarda forestal y su familia, que vigilaban el pinar de posibles daños (principalmente, el fuego) y al ganado que pastaba en los prados antes de ascender al puerto Linera (de ahí el nombre de sestil y descansadero). La autoridad franquista demolió la construcción en los años 50, según el cartel informativo, al ser utilizada por los maquis (guerrilleros de la resistencia) como refugio tras la guerra civil.

Tras el sestil, la pista desciende ligeramente para atravesar dos arroyos: el de las Cortes (justo pasado su cauce hay una bifurcación: se coge la pista que baja a la derecha) y el mencionado de los Robles. Nada más superar este último por puente cementado, y tras dejar a nuestra izquierda una señal que sigue marcando el rumbo al puerto Linera, debemos abandonar la pista para descender a derecha, y por donde buenamente se pueda, hasta el anchísimo cortafuegos perpendicular a nuestros pasos. Buscamos entonces el sendero señalizado con postes verticales, situado a la izquierda del cortafuegos según se baja, justo donde empieza el muro de pinos, y que nos guiará pinar adentro hasta el arroyo que da nombre a la cascada: Cancho Litero.

Para superar este pequeño cauce, se han apalancado cinco maderos paralelos de orilla a orilla (unos 3-4 metros de anchura). Pero la helada de la noche anterior (la ruta se hizo un 4 de febrero invernal) convierten el paso en una trampa resbaladiza: optamos por vadear el caudal 20 metros más arriba, saltando entre piedras.

Una vez franqueado el arroyo de Cancho Litero, el pinar se revela en toda su hermosura: aunque se trata de ejemplares replantados, su altura es considerable, y el juego de la luz solar filtrándose entre los troncos produce un apacible efecto lumínico. El arroyo va quedando a nuestra izquierda, cada vez más abajo. Es ahora cuando llegan las pendientes más pronunciadas de la ruta (aunque será por poco tiempo), especialmente cuando los pinos desaparecen y quedamos, de nuevo, a cielo abierto, siguiendo los hitos de piedras y disfrutando de una imponente vista del roquerío de la cascada (en el margen izquierdo del cauce según se sube, pues nosotros vamos por la derecha) y de algunas cimas de los montes Carpetanos.

El senderito nos guía hasta el punto donde se puede optar por continuar recto, y visitar la parte alta de la cascada, o descender a la parte baja (izquierda), la poza donde rompen las aguas.

Optamos por la primera opción, y merece la pena: el entorno es muy chulo, con el arroyo discurriendo tranquilamente entre rocas y emboscado en arboleda singular antes de precipitarse caída abajo. El salto de agua no se ve desde aquí, pues queda oculto tras la vegetación del lugar y varios cantiles voluminosos.

A continuación, retornamos al senderillo para visitar la parte baja. Aviso: los más intrépidos quizá puedan desviarse a derecha y asomarse por entre las rocas para ver el salto de agua en todo su esplendor, pero hay que hacerlo con muchísimo cuidado: el riesgo de caída es importante.

Una vez en el cuenco de la cascada, donde el chorro golpea intensamente, decidimos reponer fuerzas: es febrero, hace frío y no hay nadie en un lugar que, suponemos, debe de estar concurrido en jornadas de buen tiempo.

Para regresar a Villavieja, volvemos al pinar por el que subimos, para descenderlo parcialmente hasta dar con el arroyo del Montarrón (justo cuando acaba el pinar). En ese punto se hace visible la colada de la Solana, una vía pecuaria ya a cielo raso, ligeramente pedregosa, que discurre en paralelo al arroyo de los Robles (por su orilla izquierda según se baja), pero a una cota superior de entre 60-80 metros (abajo, más que ver, se intuye el cauce).

Al otro lado de la colada podemos ver el trazo de la pista que seguíamos en la ida (el primer robledal y el descansadero y sestil del raso de la Cruz). Estamos deshaciendo el camino en un itinerario paralelo.

La colada nos introduce por jugosas campas (en la zona llamada Quiñón de la Calleja) que nos regalan vistas de la sierra de la Cabrera, al oeste, y de la sierra Norte, al este. El tramo es un pelín molesto en ocasiones por las zarzas que lo jalonan, que nos enredan de vez en cuando: recomendable llevar ropa que cubra todo el cuerpo.

A la altura de la Majada del Cabrero, y ya finalizando el recorrido, intersección de caminos: surge un desvío a nuestra derecha, señalizado con poste indicativo y panel informativo, que cogeremos para descender ligeralmente hasta dar, de nuevo, con el arroyo de los Robles, que superamos por segunda vez, esta vez en un tramo más inferior y por un puente formado por travesaños de madera.

El entorno es muy bonito: robledal, canalizaciones de agua con restos de construcciones que suponemos eran antiguos molinos y túneles surcados por las aguas del arroyo y los mencionados canales bajo la vía del tren, aupada sobre una inmesa mole de piedras que permite a los raíles salvar la depresión fluvial.

A continuación, empalmamos con la pista por la que iniciamos la caminata, para atravesar de nuevo el puente sobre la vía del tren y regresar a la urbanización Los Llanos. La cervecita, en Villavieja del Lozoya, pueblo que bien merece una visita por el buen estado de conversación de su casco urbano.
Puente

Puente tren

árbol

Fin robledal

Información

Descansadero y sextil

Puente

Arroyo de los Robles

Intersección

Derecha

Información

Poste

Río

Arroyo de Cancho Litero

Río

Cascada: parte superior

Cascada

Cascada: abajo

Río

Arroyo del Montarrón

foto

Parada

fuente

Pilón

Intersección

Derecha

Puente

Puente arroyo de los Robles

1 comentario

  • Foto de jjosero

    jjosero 04-mar-2018

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Bonita chorrera que hice hace muchos años y por lo que veo en las fotos sigue siendo igual de espectacular. Un saludo.

Si quieres, puedes o esta ruta