Tiempo en movimiento  una hora 41 minutos

Tiempo  2 horas 12 minutos

Coordenadas 1198

Fecha de subida 3 de enero de 2021

Fecha de realización enero 2021

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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363 m
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7,63 km

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cerca de La Ermita, Valencia (España)

Primera salida del año. Un año en el que iniciamos un cambio de gran importancia social: el rejuvenecimiento del grupo y la apertura a las nuevas realidades sociales de un "club" absolutamente machista hasta ahora, una integración por la que algunos de nosotros hemos suspirado durante años. Claro que tampoco es fácil integrar de primeras a los recién llegados, con lo que parece necesario establecer una estrategia de motivación.
El primer aspecto importante es escoger un lugar de indudable belleza, escasa exigencia física, potencial de desarrollo y abundantes puntos de interés en los que concentrar la atención del equipo. Esta parte era fácil: las Hoces del Turia, al lado de Chulilla, son un punto ideal para construir una ruta que reúna las características citadas antes. Ocho caminantes, pertenecientes a dos generaciones y grupos familiares distintos, conforman el grupo que se cita en la Plaza de la Baronía de Chulilla para tomar un café (alguno se dopa con un sandwich de jamón y queso, pero ya se sabe que tienen que crecer), manteniendo las normas de convivencia que la actual pandemia obliga a respetar. El guía ya se había hecho unos kilómetros por las hoces antes de empezar la ruta conjunta, para dejar una ruta grabada de longitud razonable, pero esa parte inicial fue borrada tras comprobar el batiburrillo de trazado en que se había convertido el track mientras los dos grupos iban y venían por la plaza, antes de empezar la ruta conjunta.
La ruta grabada comienza, pues, al salir de la Plaza de la Baronía para continuar por la calle de la bajada al Túria; cerca del final veremos la salida por la derecha de un sendero de firme bastante irregular que nos llevará al SL-CV-74, por el que transcurre buena parte de nuestro recorrido. En esta zona vemos restos de antiguas acequias, por las que sigue pasando agua, pero los puntos de mayor interés son el Castillo que ocupa la cima de la montaña y, en la otra ladera de la hoz, otro relieve montañoso en cuyo frente hay una roca desgajada de la montaña, con un aspecto muy especial. Es El Frailecico y ambos relieves montañosos forman la puerta de entrada, por el este, de la Hoz del Túria en esta parte de su curso.
Avanzamos por una zona de huertas y poco más adelante nos encontramos con dos puntos que despiertan el interés del grupo: la enorme cueva del Gollizmo y, por encima de ella, el barranco de las cuevas donde se encuentra, escondida su entrada entre la vegetación, la Cueva del Tesoro. Un poco de adorno sobre los hombres que en la prehistoria utilizaron abrigos similares, o los tesoros que se escondían antaño para prevenir un posible robo, encienden las mentes abiertas de un grupo de entre 10 y 3 años de edad siempre dispuesto a apreciar al héroe o valorar la grandeza, o a inventarse lo que haga falta. Viéndoles así es difícil no pensar, como Maeterlinck, que "las horas heroicas son menos visibles..., solo nos resta la vida cotidiana y, sin embargo, no podemos vivir sin grandeza". ¿A cuento de qué viene la cita?. Tenemos un pequeño problema: nuestro benjamín se encuentra más cómodo viajando en mochila, mientras su padre se desloma llevando su peso. ¿Qué hacer?. Bajarlo, plegar uno de los bastones para que quede a su altura y conferirle el rango de explorador en el territorio semisalvaje de la Hoz. Cuela, no se queja y camina diligente hasta que, a la vuelta, tengamos que ascender por la ladera hasta la población, mientras atraviesa caudalosos ríos (bueno uno, pero varias veces), varias zonas de escape ante posibles crecidas, cascadas que se originan en el canal que transcurre por la ladera oeste, e incluso túneles creados por gigantescas piedras que, sin duda, han movido aviesos cíclopes para esconder el acceso al lugar más bello del recorrido: el Charco Azul, con limpias aguas en una laguna de notable profundidad, donde se ha dispuesto un pantalán flotante que permite asomarse a la parte central y tener desde allí vistas privilegiadas a la zona de los estrechos de las Hoces, por debajo de los miradores de las compuertas y de la Carrucha.
La fértil imaginación de los más jóvenes se desborda en exploraciones de las laderas, de la ribera del Charco y de las diferentes construcciones que allí se encuentran, bajo la vigilancia de unos padres más atentos a que no se junten demasiado que a otra cosa. Este es un lugar bellísimo, y tal vez no haga falta mencionar que el azud del Charco Azul existía ya en la época musulmana, en la que se construyó el sistema de regadío por acequias de las huertas de la hoz, que se iniciaba precisamente en el Charco. Pero hay un sitio que llama la atención sobremanera, sobre todo al ver a un par de jóvenes que han llegado hasta las bocas que se ven en la vertical ladera rocosa, sobre el agua, pasando por unas pasarelas de hormigón y madera. No sólo la pandemia es contagiosa, también lo es el entusiasmo, así que vamos en busca del sendero que cruza el río ayudado por unos pasos de piedra, para llegar al lugar donde se inician las pasarelas. ¡Gran decepción!. El acceso parece cerrado por una red de alambre, y los largueros de madera del inicio faltan o no parecen en buenas condiciones. La avanzadilla del grupo ve volver a otros visitantes y aprecia la amplia abertura por la que salieron sin problemas, y la forma en que subieron a la pasarela. La sensatez es una cosa, pero ya ha habido contagio y mentes infantiles, las más respetadas de todas, observan qué hacen los mayores. No hay más remedio, suben a la pasarela (sólo los animales de carga, de edad provecta y sensatez, es un decir, garantizada) y avanzan por ella, mientras los jóvenes se quedan pasmados ante la superación del desafío y prorrumpen en cerrado aplauso, que es el mejor reconocimiento para esos carrozas, o casi, capaces de tamaña insensatez.
Ya se ha completado la parte de los héroes (bastante inflada, pero si Uds supieran cómo fueron de verdad algunas de las que nos han contado de tanto personaje a lo largo de los siglos....), y es momento de pensar en comer, para lo que es necesario volver al inicio. Y lo hacemos, deshaciendo el camino que hemos recorrido anteriormente hasta llegar al lugar donde, por la izquierda, sale un sendero que sube por la ladera hasta la población de Chulilla, en las inmediaciones de la Plaza de la Baronía.
Para este momento ya sabrán, aunque no se lo he dicho anteriormente, que es casi imposible aparcar en Chulilla (menos aún con tres coches, para mantener el aislamiento), y que los aparcamientos más cercanos a la población suelen llenarse muy pronto, con lo que a veces hay que recorrer varios cientos de metros antes de encontrar un lugar donde poder dejar el coche. Eso nos pasó también a nosotros, así la parte final de esta ruta es la vuelta hasta los coches, para luego recoger a alguno de los caminantes en un lugar más favorable. Ese es un pequeño precio a pagar por el placer de caminar en tal compañía y por las experiencias vividas junto a ellos. El Covid19 ha sembrado muchas dudas en nuestra sociedad, como seguramente hicieron antes el cólera, la peste y otras epidemias, pero no acaba con la ilusión de ver crecer a los que nos sucederán, de compartir siquiera por un momento ilusiones y belleza, o de pensar que ha sido un pequeño gran día.
Les deseo que la vida les ofrezca muchos momentos similares y también que los disfruten tanto o más. La enfermedad pasará y, aunque nunca podremos olvidar los estragos y el dolor que ha causado, la vida continuará ofreciendo momentos inolvidables. Disfrutar en lo posible y salir de este dolor reforzados como sociedad seria nuestro triunfo o, al menos, algo por lo que habría merecido la pena seguir viviendo.
Y, por supuesto, hay que recordar llevar abrigo suficiente, agua y vigilar estrechamente los movimientos de la tropa, para que no se extravíe o se desmande. Un sólo punto requiere atención especial, al cruzar sobre la acequia en la subida a Chulilla, donde parte de un puente de hormigón se ha caído y los niños cruzaron de la mano de un adulto; el resto es fácil, seguro y bastante cómodo.
Waypoint

Chulilla

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Bajada por la calle Turia e inicio de la ruta

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El Frailecico e inicio de la Hoz

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Cueva del Gollizmo y barranco de la Cueva del Tesoro

Foto

Primer puente sobre el Turia

Puente

Segundo puente

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El Turía y drenaje de la cascada

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Cascada y canal

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Pasarela

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Hacia el túnel de piedra

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Puente y paredes de la Hoz

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Túnel de piedras

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Charco Azul

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Charco Azul

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Saliendo del Charco Azul

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Pasarela

Foto

Inicio de la vuelta

Foto

Paredes y escaladores

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Sendero de ascenso a Chulilla

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Entrando a Chulilla

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Chulilla

7 comentarios

  • Foto de manuelruizapatero

    manuelruizapatero 03-ene-2021

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Excelente ruta.

  • Foto de pasaporteblog

    pasaporteblog 04-ene-2021

    Hemos hecho la ruta y nos ha gustado mucho. Fácil y cómoda para los niños. 😀

  • sofia salas 05-ene-2021

    Preciosa y entrañable ruta con tan buena compañía. Excelentes reflexiones filosóficas.

  • Foto de Julio G. de I.

    Julio G. de I. 05-ene-2021

    Ruta interesante

  • César Argilés 06-ene-2021

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Con familia, instructiva y divertida

  • Ricardo Jose 09-ene-2021

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Preciosa ruta impactante entorno

  • javeadeverano 15-ene-2021

    He realizado esta ruta  ver detalle

    Bonita ruta y buena compañía.

Si quieres, puedes o esta ruta