Tiempo  4 horas 29 minutos

Coordenadas 1174

Fecha de subida 14 de mayo de 2018

Fecha de realización mayo 2018

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646 m
373 m
0
3,5
7,0
14,09 km

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cerca de Valareña, Aragón (España)

Para llegar al punto de inicio cogemos la carretera que va de Tauste a Valareña, cerca de llegar a esta población, tomamos una pista de tierra en buen estado por la que llegamos a un cruce, en el que se ubica la Casa Forestal.

Aunque podríamos continuar durante un kilómetro más hacia el inicio del sendero de la Negra, decidimos dejar la furgoneta aparcada junto al edificio, sin molestar.

En este punto, iniciamos la circular, cogemos la pista que va hacía el sendero de la Negra, hasta llegar a un cruce de pistas, en el que comenzamos la circular, continuando por la pista principal en sentido antihorario, hasta llegar al barranco de Juan Ramón, en el que se inicia el sendero de la Negra, donde preferimos no adentrarnos en el, para seguir por la pista y verlo desde arriba, ya que el barranco no está muy definido y el suelo es arcilloso, por lo cual al estar húmedo, no tenemos ganas de ponernos de barro hasta arriba.

Medio kilómetro después, el barranco desemboca de nuevo en la pista, caminamos unos metros por ella en suave ascenso, hasta alcanzar la balsa del Capuchino, donde abandonamos la pista, para tomar un agradable sendero a nuestra derecha, por el que vamos suavemente ganando desnivel, por un precioso pinar colonizado por el madroño, siempre paralelos al barranco de Capuchinos, llegando a la Plana de Cazuelas, en la que nada más pasar, enlazamos con un camino de tierra, por el que retrocedemos unos metros, hasta encontrar la continuidad del sendero, en la conocida como Facera de Capuchinos.

Casi sin percatarnos, vamos ganando desnivel, el sendero gira a la izquierda, para adentrarnos en la ladera del Modrollar, desde la que disfrutamos de unas fantásticas vistas hacia la sierra de Guara y los pirineos, alcanzando la espectacular Ralla del Modrollar, que flanqueamos por una sendero pegados a ella.

Tras un último repecho, salimos a la parte alta de la Punta de la Negra, donde el camino más evidente nos lleva hacia la casa del Pinar, que nosotros obviamos, para seguir por un sendero que en un par de minutos nos lleva hasta el vértice geodésico de la Punta de la Negra, al que me encaramo subiendo por unas grapas metálicas.

Bajo la sombra de un pino, paramos a comer, después, cogemos un sendero que en fuerte descenso y con el piso con piedrecitas, nos hace bajar despacio, para evitar dar algún traspiés, alcanzando un saliente, desde el que observamos la Ralla de la Negra, además de obtener unas espectaculares vistas hacia los pirineos, con los campos de cultivos, con un color verde espectacular, que hacen un bonito contraste.

Sin apenas detenernos, continuamos bajando por el sendero, que ahora pierde inclinación, nos adentramos en el pinar viejo, donde los esbeltos pinos tan solo tienen follaje en la parte superior, echando cuando nos lo permite el pinar, una mirada atrás para ver de nuevo la Ralla del Modrollar.

Sobre el kilómetro 5.6, salimos al Pastizal del Andador, en el que enlazamos con una pista de tierra por la que continuamos durante cien metros, hasta llegar a un cruce en el que abandonamos el sendero de la Negra, para continuar ahora con la Ruta Roja, tomando la pista de la derecha hacia la Balsa Roya, que se encuentra a unos metros junto a la pista, en la que nos detenemos un instante.

Después, continuamos por la pista durante medio kilómetro, llegamos a un nuevo cruce perfectamente señalizado, donde tomamos la pista de la izquierda, para comenzar el descenso disfrutando de las vistas hacia los pirineos, con los verdes prados de la Plana de Fernandico y echando una mirada atrás para disfrutar de nuevo de la Ralla de la Negra.

Bajando por la pista, nos vamos deteniendo de vez en cuando, para otear las dolinas, margas y barrancos arcillosos, moldeados por los elementos, en los que se posan los buitres que al notar nuestra presencia salen volando, dejándonos con la boca abierta.

A medida que vamos perdiendo desnivel, nos vamos acercando a la llanura, a derecha e izquierda se unen otras pistas, aunque nosotros siempre vamos por la principal, dejando pequeñas balsas en las que nos detenemos para ver saltar a las ranas que habitan en ellas, hasta llegar a la zona baja, donde cerramos la circular, al alcanzar el Rincón del Capazo, una pequeña pradera salpicada de pinos.

Ahora tan solo, nos queda desandar el tramo inicial de pista, con una sonrisa en nuestra cara, ante la alegría de haber descubierto un lugar de gran belleza, aunque poco conocida, a la sombra de las Bardenas Reales, más conocidas pero no tan bellas como la aragonesa, pero es lo que tiene la fama y una buena promoción!

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    Si quieres, puedes o esta ruta