Tiempo  3 horas 59 minutos

Coordenadas 857

Fecha de subida 3 de julio de 2017

Fecha de realización julio 2017

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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1.575 m
1.101 m
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2,7
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10,94 km

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cerca de Arguis, Aragón (España)

Englobada al Oeste del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, la sierra de Bónes, posee grandes contrastes entre su vertiente Norte (umbría), poblada por un bosque mixto de haya y pino silvestre por la que discurre el sendero circular S-10, con su vertiente Sur (solana) dominada principalmente por boj, erizón, además de algún que otro quejigo (roble), en la que se ubica el contrafuerte rocoso de la Raya d'as Tiñas.

Aprovechando que hasta mediodía las temperaturas no superarán los 25º, para la jornada de hoy he decidido unir ambos recorridos, trazando una pequeña circular para disfrutar de una ruta de media jornada, visitando las tiñas, palabra aragonesa con dos afecciones, que puede utilizarse dependiendo de las zona, como cobertizo para guardar la paja después de trillar o como cuadra, que se construía en el monte para guardar de forma esporádica el rebaño, que es la que se utilizaba en está zona de la sierra de Guara.

Como ayer tuve que trabajar, no me apetece madrugar. Unos minutos antes de las 10 de la mañana, llego por la autovía Mudéjar (A-23) hasta la población de Argüís, donde podría empezar el recorrido siguiendo el “Camino Natural de la Hoya de Huesca”, pero prefiero continuar durante un kilómetro más por la antigua carretera del Monrepós hacia Nocito, hasta pasar junto al poste de madera que indica el inicio del recorrido, por lo que unos metros más adelante, en un pequeño apeadero aparco la furgoneta.

Para aprovechar que la temperatura es suave a estas horas, no me entretengo mucho, preparo la mochila, echo un bocado mientras disfruto de las vistas hacia el centenario embalse de Argüís, que con sus aguas color turquesa rodeado de las sierras del Águila (izquierda) y Gratal (derecha), conforman un marco incomparable, del que me despido por unos minutos, para comenzar a perder caminando por la carretera, los pocos más de cien metros que me separan del inicio del recorrido.

Una vez lo alcanzo, abandono la carretera para coger a mano derecha un bonito sendero, por el que dirección Norte/Este voy ganando suavemente desnivel tomando de referencia las marcas verdes y blancas del sendero local S-10 Sierra de Bones, que comparte itinerario en esta primea parte del recorrido de la Raya d'as Tiñas, entre una vegetación arbustiva compuesta principalmente de boj, al que se le va sumando algún que otro roble, más conocidos en esta zona como quejigos.

Transcurridos apenas 300 metros, llego a una bifurcación en el que se inicia el tramo circular. Si bien se puede hacer en ambos sentidos, ahora en verano es preferible subir por la solana de la cara sur por la que discurre la Raya d'as Tiñas y bajar por la umbría de la cara Norte, por el collado de la Manzanera, es decir, en el sentido de las agujas del reloj.

Con esta premisa, tomo el sendero de la izquierda, en el que bajo la copa de un quejigo paso junto a un panel direccional que indica “Raya d'as Tiñas”, por el que continúo subiendo dirección Norte realizando pequeñas lazadas, pegado a viejos muros construidos en piedra seca, en cuya base puedo disfrutar de un amplio abanico de colores, en el que sin duda destaca el color rosáceo de la Arbeja tuberosa (Lathyrus tuberosus).

Sobre cota cota 1.230 metros, tras pasar por una gran roca que dejo a mi derecha, el sendero gira bruscamente hacia el Oeste, para continuar por una amplia cornisa que me lleva por la parte baja de la Solana de Artiales, tomando de referencia los hitos que hay colocados a lo largo de está, desde la que obtengo una bonita panorámica del embalse de Argüis, rodeado de derecha a izquierda por el pico del Águila, el Monte Piacuto y las Calmas (Alta y Baja)

Poco a poco, voy recorriendo la cornisa que me lleva por la cara Sur de la sierra de Bónes, donde tan solo algún joven quejigo me ofrece por unos segundos algo de sombra, aunque de momento el calor no es asfixiante. Tras un recodo, observo en una ladera las ruinas de las antiguas Tiñas que en su día sirvieron para resguardar el ganado y que en la actualidad dan nombre a este bello recorrido que estoy realizando, donde la vegetación arbustiva que compone la solana (piorno, enebro y boj) se va apoderando del terreno.

Siguiendo el sendero, atravieso una de las últimas franjas de vegetación de esta cara Sur, donde todavía aguantan algunos quejigos entre el boj y los piornos en flor, que con su intenso color amarillo comienzan a poblar la solana, con la vista puesta en la cima de la Peña Gratal, que despunta ligeramente por encima del monte Sarramiana.

Tomando de referencia los hitos, el terreno da una pequeña tregua, la vegetación desaparece y tan solo me dan sombra los esporádicos pinos que aguantan en un extremo del sendero, que de vez en cuando pica ligeramente, pudiendo disfrutar de unas fantásticas vistas hacia el embalse de Argüis, con el pico del Águila de fondo, fácilmente reconocible por las antenas que pueblan su cima.

Unos metros más adelante, cuando apenas he alcanzo la hora (kilómetro 2.2), paso junto a una laja de piedra en forma de hito que marca el inicio de una trocha a mano izquierda, donde ya se intuye la muela que conforma la Raya d'as Tiñas, que decido comprobar antes de coger la trocha, por lo cual avanzó unos metros más por el sendero principal hasta visualizarla por completo.

Aunque existe la posibilidad de seguir por el sendero hacia el collado Marallón, está opción se aleja de la Raya d'as Tiñas, que es mucho más bonita y aventurera. Siendo está opción la que llevaba en mente desde el principio, regreso sobre mis pasos hasta la laja que marca la entrada a la trocha, por la que por terreno descompuesto y entre piornos, desciendo con cuidado evitando arañarme las piernas hasta el comienzo de la cresta que finaliza en el pico d'o Pozo.

Ahora, continúo por la amplia cresta sorteando los pasos más expuestos por una trocha que entre erizones me devuelve a la cresta, caminando siempre que puedo por el borde del acantilado, hasta alcanzar un primer saliente de la muela, desde el que vuelvo a disfrutar de unas magníficas vistas hacia el Sur de la Peña Gratal, al Este de parte de la ladera Sur de la sierra de Bonés cubierta de piornos en flor, mientras en el fondo del valle mimetizados con las margas vuelan los buitres.

Tras la primera pausa de la jornada, continúo caminando por la roca coronando uno a uno los salientes, en los que me voy deteniendo para contemplar las vistas. Cerca del final de la cresta, rodeo con cuidado un bloque de roca seccionado en dos partes que me deja en la parte alta de la cresta, que se desarrolla por encima de la conocida Pared de Bonés, en la que se han instalado en los últimos años una escuela de escalada compuesta por 31 vías de una dificultad media de 6b, que dividida en dos sectores con una dificultad que oscila entre los de V+ de la vía Sendero Límite, hasta los 7a de las vías Bloka y Maldita sea mi Suerte, son utilizadas para la escalada en adherencia.

Con la vista puesta en los estratos verticales de roca caliza que conforman la cara Oeste del pico Peiro, que con sus 1.579 metros cuenta en su cara Norte con uno de los hayedos más meridionales de la provincia de Huesca, alcanzo lo que supongo es la cima del pico d'o Pozo, ya que no veo ningún hito en la zona, en el que rápidamente capta mi atención el ruido de las hélices de un helicóptero, que al igual que los buitres sobrevuela la silueta de la Peña Gratal.

Sin apenas detenerme, retrocedo por la cresta hasta llegar a la altura del bloque de roca, donde comienzo a descender monte a través dirección Norte, lo más directo posible hacia el visible collado Morallón, disfrutando del skiline que conforman las diferentes sierras que se alargan hacia el Oeste, pasando junto a los muros de piedra que delimitaban la Paridera de la Hoya del Reguera, desde la que disfruto de las vistas hacia la Peña Oroel y sino fuera por el mar de nubes que cubre esa zona de los pirineos, deberían ser visibles algunos importantes picos como el Bisaurín y la corona del Aspe (Llena de la Garganta, Llena del Bozo o el Aspe).

Unos metros más adelante, enlazo con el sendero principal que he abandonado hace un rato para seguir por el cordal de la Raya d'as Tiñas, por el que voy tomando de referencia los hitos hasta llegar a la encrucijada de caminos que supone el collado de Morallón (cota 1.479 metros), en el que los piornos en flor se apoderan del entorno, creando un bello contraste de colores con el verde de los erizones.

Marcado con un rústico panel direccional de madera que indica Argüis/Bonés, me encamino hacia este último por un amplio sendero que estratégicamente va salvando el pinchudo y espeso manto vegetativo que lo rodea, evitando despistarme para no aproximarme a los extremos, donde algún esporádico pino me hace sombra, en el que a medida que voy ganando desnivel de forma suave, los bojes empiezan a hacer acto de presencia, alcanzando justo cuando el reloj marca las once, el collado de la sierra de Bonés, que se encuentra marcado con un palo (cota 1.580 metros).

Ya en la cara Norte de la sierra de Bonés, inicio un tenue descenso atravesando pequeños corros de pinar, que indican claramente que la solana poco a poco va dando paso a la umbría, aunque todavía los piornos en flor dominan las partes bajas de la ladera, lo que permite disfrutar de un bonito contraste con las aguas turquesa del embalse de Argüis, donde tirando de zoom puedo ver entre el monte Tiacuto y las Calmas, las llanuras de la Hoya de Huesca.

Tras una pequeña subida, alcanzo un bloque de roca marcado con un hito, en el que tengo la posibilidad de continuar por el cordal hacia el Oeste, siguiendo las trazas de una trocha que se cierra entre erizones hasta la cima del pico Bonés y regresar por la fuente de Fuen Latar, que es uno de los nacimientos del río Flumen, aunque con el calor que comienza hacer, además de que no llevo pantalones largos, prefiero dejarlo para otra ocasión, ya que llevo en mente subir otro día al pico del Águila por la Raya d'as Tiñas.

En este punto, el cambio de vertiente se hace más notable, la vegetación arbustiva de la solana da paso a las verdes campas de la umbría de la cara Norte, poblada por un delicioso pinar, en el que me adentro en suave descenso con vistas al Macizo de Monte Perdido, que se va despojando de las nubes que lo cubrían a primeras horas de la mañana.

Moldeados por los elementos, voy dejando a derechas e izquierdas bonitos ejemplares de pino, tomando de referencia los hitos que hay colocados a lo largo del sendero que no tiene pérdida. Cuando alcanzo la llanura, paso junto a un banco de madera situado a la sombra de dos pinos, en el que aprovecho para descansar mientras almuerzo, observando como las polillas disfrazadas de mariposa revolotean entre las malas hierbas.

Luego, regreso al sendero por el que rápidamente enlazo con la pista que viene desde la fuente de Fuen Latar, por la que continúo en suave descenso a buen ritmo, evitando permanecer mucho tiempo en este pequeño tramo donde no tengo sombra, hasta llegar al desvío de la ermita de la Magdalena, que puedo visualizar en lo alto de un pequeño cerro, a la que me acerco rodeando una balsa, siguiendo un tenue sendero que a ratos se difumina.

Realizada entre los siglos XVI al XVIII, en la actualidad ha perdido su carácter religioso y solo se utiliza como refugio de pastores y senderistas, por lo que tan solo echo un vistazo a su interior por la ventana, ya que el acercarme hasta este humilde construcción, solo ha sido una escusa para intentar buscar el nacimiento del río Flumén, que por lo visto en muchas páginas no es fácil de encontrar, así que ayer en casa sobre el mapa, tracé un recorrido para tratar de encontrarlo.

Con el track cargado, me dirijo monte a través hacia el cauce del río Flumén, buscando siempre las zonas más despejadas de vegetación, hasta encontrar lo que parece un pequeño barranco por el que desciendo de forma directa hasta el cauce del río Flumen, donde el ruido de un jabalí capta mi atención aguas arriba, echando a correr el animal nada más notar mi presencia.

Intentando no mojarme las zapatillas, cruzo a la margen izquierda del río, por el que siguiendo una senda que va paralela al curso del río, voy remontando su cauce que atraviesa las conocidas campas de Bonés, que es una esponja natural salpicada por boj y pinos, en los que me voy fijando, hasta que definitivamente encuentro uno con una talla de la virgen María con su hijo en brazos, que marca el nacimiento del río Flumen, cuya fuente se encuentra entubada justo a mis pies, por lo que aprovecho para reponer agua.

Alegre con este descubrimiento, regreso sobre mis pasos disfrutando de este bonito tramo que forma el río Flumen, con vistas a la sierra de Guara en la que sin duda destaca su máxima elevación, el Tozal de Guara. Una vez en la pista, enlazo con recorrido circular S-10 Sierra de Bonés, en el que me cruzo con los primeros senderistas que están haciendo el recorrido a la inversa.

Durante medio kilómetro voy rodeando hacia el Este las lindes del pinar, hasta que a mano derecha sobre la cota 1.390 metros (kilómetro 7.5) sale a mano derecha un sendero que se adentra en el bosque, que es la opción que manejo para cerrar la circular, aunque bien podría continuar por la pista hasta llegar al Mesón Nuevo y desde allí bajar por el Camino Natural o subir al pico del Águila.

Como esa opción la quiero realizar otro día, hoy tomo el sendero marcado con un hito por el que me adentro en un bonito bosque, inicialmente compuesto por bojes y pinos, que enseguida dan paso a un precioso hayedo, en el que disfruto caminando por una alfombra de hojas que cubre el amplio sendero, al frescor que me proporcionan las vetustas hayas, aunque como suele ser habitual, lo bueno se acaba pronto. En apenas unos minutos, el bosque empieza a clarear hasta salir a cielo abierto, donde me detengo un instante junto a un pequeño mirador, para disfrutar de las vistas hacia los Pirineos y la sierra del Águila.

En este mismo punto, el sendero traza un giro de 90º a la derecha para ganar de nuevo la cara Sur de la sierra de Bonés, donde erizones, enebros y piornos vuelven a adueñarse de las laderas, acompañados tan solo de algún esporádico pino y quejigo, cuyas ramas me sirven para protegerme del calor mientras las utilizo como marco natural, para fotografiar el embalse de Argüis.

A medida que voy perdiendo desnivel, la pendiente se va suavizando hasta acabar casi en un terreno llano por el que tras atravesar una pequeña masa de quejigos, alcanzo el cruce de senderos donde está mañana inicie el tramo circular. Ahora, desando los 300 metros que me quedan para llegar a la carretera que va hacia Nocito y una vez en ella, camino en subida hasta el apeadero, donde tras cuatro horas doy por finalizada esta bonita circular, por una sierra de Bonés totalmente desconocida para mi, a la que seguro regresaré para recorrerla a pie o en bicicleta.

Ver más external

parquing

Aparcamiento (Apeadero carretera)

Collado de montaña

Collado (inicio descenso)

Collado de montaña

Collado (cambio de cara sur a cara norte)

Collado de montaña

Collado Marallón

Intersección

Cruce Ermita Madalena y Nacimiento río Flumen

Waypoint

Descenso hacia Collado Marañón

Intersección

Desvío (inicio sendero Bones)

Intersección

Desvío Drcha (enlace sendero Bones)

Intersección

Desvío Izda (sendero por la Raya)

Arquitectura religiosa

Ermita Madalena

Intersección

Inicio Circular (Izda Raya/Drcha Bónes)

Río

Nacimiento río Flumen

cima

Pico O' Pozo

Intersección

Enlace pista

Río

Río Flumen

Ruinas

Tiñas

2 comentarios

  • espaciograficozgz 11-feb-2019

    He realizado esta ruta  verificado  ver detalle

    Preciosa excursión para una mañana de invierno

  • Foto de Diario de un Caminante

    Diario de un Caminante 08-jun-2019

    Hola espaciograficozgz.

    Y si se hace en primavera aún mejor, ya que el bosque con hoja y la flor amarillenta de los piornos, le dan color al recorrido.

    Gracias por comentar.

Si quieres, puedes o esta ruta