Tiempo en movimiento  2 horas 19 minutos

Tiempo  3 horas 8 minutos

Coordenadas 1788

Fecha de subida 13 de abril de 2019

Fecha de realización abril 2019

  • Valoración

     
  • Información

     
  • Fácil de seguir

     
  • Entorno

     
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792 m
667 m
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2,6
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10,32 km

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cerca de Zamarra, Castilla y León (España)

El puente de Lerilla es uno de esos lugares cercanos pero escondidos, en los que crees que vas a estar solo y aparecen tres o cuatro motorizados arrasando los viejos caminos de las barreras del río Badillo-Agadón. Unos caminos que deberían arreglarse, rozar las zarzas y escobas y restaurar el firme antes de que los terminen de destrozar las ruedas de las motos. Algo contribuirían a paliar la despoblación de la España vacía.

En Zamarra no se ve un alma. Un pueblo con escasas señales de vida. Algún huerto labrado, casas cerradas, algunas nuevas, esperando los días festivos de la semana santa o el verano para levantar las persianas y regar el arriate del jardín delantero.

Saliendo por el camino hacia Lerilla las parcelas tienen el pasto intacto, los huertos abandonados y los almendros con ramas secas. Es curioso encontrarse con almendros y olivos viejos en lo alto del páramo mesetario.

El camino es llano hasta el encuentro repentino con las barreras o arribes del Badillo-Agadón, que trae sus aguas del Paso de los Lobos, al pie de la Peña, y del Río de Las Vegas. El antiguo camino que une Zamarra con su lejana pedanía de Villarejo, aguanta el olvido del tiempo y del hombre. Al doblar una curva aparecen los meandros del río y los dos puentes, el de pizarra mas viejo, que emerge con el estiaje, y el de cemento que salva los niveles mas altos del reculaje del pantano del Águeda.

El camino que sube a Lerilla serpenteando en zig zag necesitaría una buena limpieza y un mejor arreglo. Merece la pena subir ganando altura en cada curva, disfrutar de las vistas del río y los puentes, y descubrir las laderas del cerro del castro de Lerilla.

La portera de la finca está al final de la cuesta. Es privada y hay vacas que se inquietan y se encaran ante la presencia del caminante. Si están en la cerca de al lado no hay problema para seguir hasta el altozano de la antigua casa en ruinas. Siguiendo la vereda de las vacas se cruza la pared que delimita lo que debió ser la cerca del castro y se pueden apreciar montones de piedras y ruinas de muros antiguos.

El cerro del castro está perfectamente delimitado por los ríos Badillo-Agadón al norte, Burguillos al sur y Águeda al noroeste. Un enclave defensivo ideal para estos castros prerromanos de economía ganadera, que nos han dejado verracos como los de Miróbriga e Irueña, ídolos como el de este castro de Lerilla y estelas como la de Robleda.

Vuelvo sobre mis pasos bajo encinas retorcidas que han crecido protegidas por los montones de piedras del castro. Atravieso muros derrumbados y llego por unos peñascos a las traseras de la casa abandonada. Ya no vive nadie en estas casas solitarias de las fincas, lejos de todo. Se han venido abajo los tejados y las paredes maestras resisten entre zarzas, que salen por las rejas de las ventanas rotas.

Salgo de la finca y, tras los alambres de espino, a lo lejos, levantan la cabeza vigilante algunas vacas de la manada. Salen de estampida y comienzo a bajar por el camino hacia los puentes. Atrocho a veces por las roderas profundas de las motos, pero es más cómodo y seguro seguir el viejo sendero. Vuelvo a atravesar el puente de hormigón viejo y ahora regreso por un atajo a la derecha que enlaza con la pista muy cerca ya de Zamarra.

El pueblo sigue en silencio. La iglesia cerrada un Domingo de Ramos a la hora de misa. Alguna ventana tiene las persianas a medias. Llegan dos coches con gente forastera. Saco unas fotos de muros derrumbados, postigos de maderas gastadas y aleros de uralita. Al dejar atrás las casas recuerdo aquel dicho que escuché en el seminario hace miles de años: "De Pastores a Zamarra, poco marra".

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