Tiempo  10 horas 29 minutos

Coordenadas 1837

Fecha de subida 2 de agosto de 2019

Fecha de realización julio 2019

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2.946 m
2.439 m
0
6,4
13
25,78 km

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cerca de Sierra Nevada, Andalucía (España)

Esta andanza es uno de esos regalos que los senderistas nos damos a nosotros mismos de vez en cuando. Una ruta en solitario sin apenas dificultad técnica y bastante machaque físico -no hay mas que mirar el perfil unido al kilometraje-, donde la ausencia de acercamiento o recogida mediante lanzadera te permite disfrutar sin horario.
Lo que se llama un palizón "rico".
Si una vez llegado al lagunillo del Carnero hubiera girado al norte en busca la la laguna de la Mula y vuelta a la zona de inicio, hubiera quedado una excelente ruta de un nivel físico moderado, con unos 1000 metros de desnivel y algo menos de 20 kms de longitud pero, es precisamente el paso de un valle a otro y la visita a la preciosa laguna del Puesto del Cura y la acequia de los Hechos, lo que le da ese punto extra que te exprime hasta el último gramo de energia -al menos a mi- y te deja vacío y pleno, todo en uno.
Pocas semanas después volví a realizar el paso del valle de Durcal al del Dilar, pero esta vez por un paso mucho mas progresivo además de evitar gran parte del cascajar, por lo cual recomiendo: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/posiciones-loma-pua-tajos-de-la-virgen-del-nevero-elorrieta-cascajar-cartujo-lagunas-del-valle-de-l-39675245
Una pena que la laguna de la Mula y la de Torcales Dilar estuviesen secas pero es que este año el verano ha avanzado con rapidez.
A propósito de esta situación me gustaría transcribir un artículo relativo a este gran atractivo de estas sierras, las lagunas:
"Hasta hace un suspiro en el tiempo geológico, digamos que 10.000
años, las cumbres de Sierra Nevada estaban cubiertas por hielos,
que bajaban por sus valles barrenándolos en U. Con la deglaciación
(la fusión del hielo) del periodo cálido posterior, en el que estamos
inmersos, la cota nival fue ascendiendo poco a poco, dejando al
desnudo los circos glaciares. Fue entonces cuando en el centro de
ellos, en las cubetas sobre-excavadas, algunas recrecidas por morrenas frontales, empezaron a quedar retenidas las primeras aguas de
los deshielos. ¡Habían nacido las lagunas glaciares! Nada nuevo ni
extraño. Realmente eran descendientes de otras más antiguas. Pero
esa es una historia que se alarga “algo” más en el tiempo geológico,
pongamos que 10 millones de años, que es lo que Sierra Nevada
lleva emergida y sometida a los agentes erosivos propios de alternantes pulsaciones cíclicas frías y cálidas.
Pero el nacimiento de las lagunas que hoy conocemos tampoco fue
contemporáneo en todos los valles. No era solo porque necesitaban
que el hielo se retirara de sus cuencos, era también porque se requería que los fondos de las cubetas dispusieran de suficiente impermeabilización. Y ambas cosas llevaron sus ritmos y sus tiempos,
diferentes según los lugares. Esas morfologías cóncavas de erosión,
tipo cuchara, se convirtieron en una trampa para las aguas, pero
también para los sedimentos que estas y los vientos arrastraban. Y
es a esas frágiles capas de materiales finos a las que debemos en
última instancia la retención y el almacenamiento de las aguas.
Arcillas y limos que a lo largo del tiempo han ido dando lugar, además, a un excelente registro (una especie de libro) del clima y de los
ecosistemas del pasado reciente.
Ahora, en pleno periodo de calentamiento global, tras el último
evento relativamente frío de la Pequeña Edad del Hielo (siglos XIV XIX), estas lagunas glaciares de Sierra Nevada, verdaderos oasis de
verdes praderas y translúcidas aguas, incrustados entre vastas laderas de negras pizarras, resultan al ojo experto cada vez más anacrónicas. Con acierto, se las ha asemejado a arcaicos seres, a fósiles
vivientes o a reliquias del pasado. Aunque puedan aparentar lozanía
y esplendor, caminan, de forma desigual, eso sí, hacia su muerte o
extinción. De hecho, en el repertorio de las aproximadamente 74
láminas de aguas (lagunas, lagunillos y charcas) que hoy atesora
Sierra Nevada, no se han contabilizado las ya extintas, mientras
que, curiosamente, otras se pueden considerar jóvenes o recientes.
Aparentes misterios lagunares. En todo caso, será cuestión de tiempo que la mayoría de las lagunas de Sierra Nevada se vean abocadas
a su colmatación, porque en ausencia de nieve, el proceso natural
será el progresivo relleno de depresiones y vaguadas glaciares.
Algunas, las más profundas y elevadas, se salvarán. En cualquier
caso, sea sepultadas por sedimentos o por los hielos de la próxima
glaciación, estas lagunas tienen los días contados. Nada que
deba sorprendernos, es lo que les ocurrió a las lagunas antecesoras
de glaciaciones más antiguas. Es la fascinante historia de la climatología y de la geología, dos ruedas que no tienen prisa y que nunca
dejarán de rodar, al menos durante los próximos 4.000 millones de
años, que es el tiempo que algunos científicos la dan al planeta
Tierra. Pero, ¡vaya usted a saber!"
Boletín nº 33 de conoce tus fuentes.

Comentarios

    Si quieres, puedes o esta ruta